Muy Señor mio:--En egecucion de la superior órden de V.E., en que me
manda exprese mi dictámen sobre los establecimientos de la Costa
Patagónica, en vista de los documentos y oficios que se han producido
desde que se dió principio al importante objeto de estos
descubrimientos, siendo el de mayor consideracion el de evitar que otra
cualquier nacion se pueda establecer en aquella costa, en grave
perjuicio del derecho incontestable que tiene el Rey Nuestro Señor á
aquellos terrenos: de que igualmente podria resultar el grande
inconveniente de que se internasen por aquel continente, procurando la
comunicacion con nuestras poblaciones inmediatas á la cordillera de
Chile: y que siendo este el fin principal, no es de menor consecuencia
el útil establecimiento de la pescaria de la ballena, formándose una
fábrica en lugar á propósito para conseguirse; sin perder de vista la
extraccion de la sal, ramo tan considerable para el abasto de esta
provincia, como para la salazon de carnes que se mandan conducir á
España: lo que todo consta con evidencia por el contesto de las reales
órdenes expedidas á este superior gobierno.
Sin embargo de que considero estos delicados é importantes puntos
superiores á mi débil capacidad, no puedo dejar de sugetar mi obediencia
á los preceptos de V.E., exponiendo mi dictámen, sino con el acierto que
deseára, con aquel celo y fidelidad con que mi deseo procura acreditarse
en el real servicio.
En consecuencia de las averiguaciones y exámenes que se han producido
hasta el presente en la costa Patagónica, consta no haberse descubierto
puerto mas á propósito que el de San José, en que puedan entrar toda
calidad de embarcaciones, aunque sean de alto bordo, sin embarazos ni
bajios, ni falta de fondo que pongan en peligro su navegacion: y sin
embargo de haber en sobre dicha costa otros puertos, estos solamente
pueden dar entrada á las embarcaciones, con la circunstancia de deber
esperar la subida de las mareas y vientos favorables para introducirse
en ellos, siendo obligados á fondear sobre la costa con el peligro de un
viento de travesia que las estrelle en ella, lo que no sucede en el de
San José, pues en la bahía que antecede á este puerto, que tiene 20
leguas de abra, y mas de profundidad, con un fondo admirable, no hay que
temer su entrada. De esta se pasa, al lado del sur por un estrecbo de
tres cuartos de legua de ancho, que dá tránsito al puerto, que es otra
bahía capaz de contener en su seno una armada, de la misma suerte limpio
y de buen fondo.
Si alguna potencia extrangera intentase establecerte en esta costa, no
despreciaría el puerto de San José, no solo por lo que llevo expuesto,
mas porque podria entrar en él con mayor número de navios, para con
ellos poder hacer oposicion, cuando se intentase expulsarla de allí: por
ser natural que no emprendiese una conquista en país ageno, sin fuerzas
suficientes para sostentarla.
En la informacion que presentó á V.E. el teniente de infanteria D. José
Salazar, sobre las calidades de la situacion del Puerto de San José,
donde existió 17 meses, se expresa que el temperamento es saludable, sus
aguas sanas, aunque algo gruesas; que son muchos los manantiales de
ellas; que el trigo y cebada que sembró, produció, que tiene abundante
leña de arbustos de espinillo y poleo: que la península es abundante de
pastos y muy defendida, porque su garganta ó angostura no tiene mas de
media legua, y que está segura, y cierra 50 ó 60 leguas que dicha
península tiene de largo. Que en el puerto entran muchas ballenas; que
vió una salina de sal de piedra de 4 ó 5 leguas de circunferencia; que
en aquella costa hay ricos y abundantes pescados y mariscos, y que aquel
campo abunda de liebres, huanacos y leones, de que se sustenta aquel
destacamento.
De cuya exposicion se debe inferir que las primeras informaciones se
dieron sin preceder las exactas averiguaciones que pedia un asunto de
tanta consecuencia, y que por sus circunstancias, sino debe despreciar
aquel puerto y su continente, es de necesidad explorarlo con mas
proligidad, antes de decidirse por ningun proyecto de poblaciones.
Se ha supuesto segun las primeras noticias, que el terreno de dicho
puerto no es propio para sementeras; pero esto era preciso que la
experiencia lo demostrase, haciendo repetidas pruebas en diferentes
situaciones. Alegan que no hay aguas suficientes, sin embargo, de haber
algunos pozos en que la hay salobre; mas que á distancia de 3 ó 5 leguas
se hallan manantiales de agua muy buena, de donde se puede conducir para
gasto del establecimiento. Tambien en este se pueden fabricar balsas ó
algibes en que se puedan recoger las llovedizas, supliendo el arte el
defecto de la naturaleza. La falta de leñas es otro obstáculo que se
propone para su permanencia, pero no se niega que hay bastantes de
pequeños y delgados arbustos. La última dificultad consiste en ser el
puerto desabrigado en su fondeadero, por ser el terreno que lo cerca
bajo; pero esto se puede vencer con buenas amarras, buscando el fondo
mas adaptado para las anclas, y me consta lo hay y mas abrigado al lado
del oeste, próximo á tierra. Hay muchos puertos que tienen este y
mayores defectos; pero con todo no se abandonan, cuando de ellos resulta
utilidad al soberano que los posee.
Es innegable que este Puerto de San José es el mas á propósito para el
establecimiento de una armazon de ballenas, pues antes de entrar á él,
existe la gran bahía, en donde se podrá hacer la pesca, sin salir al mar
largo, aun dentro del mismo puerto; pues en él, en menos de dos meses,
se pescaron y beneficiaron 14 ballenas, como lo afirma el teniente D.
Juan Salazar.
Los Portugueses, en todas las armazones que tienen establecidas en la
costa del Brasil, salen en lanchas pequeñas al mar alto á hacer la
pesca, y á remolque con las mismas lanchas conducen á tierra las
ballenas para beneficiarlas. Me hago cargo de no haber en esta situacion
leñas gruesas para el abasto de una semejante fábrica, pero esta falta
se puede prevenir conduciéndola de donde la haya mas próxima, en
embarcaciones proporcionadas á este tragin. Mayor inconveniente tienen
las embarcaciones extrangeras que vienen de tan lejos á estos mares, y
benefician las ballenas y la esperma sobre sus cubiertas; para lo que
necesariamente deben conducir leñas, y este embarazo no los priva de
continuar en este trabajo todos los años, en la estacion propia.
Es tambien dicho Puerto de San José muy útil para la extraccion de la
sal, por la gran cantidad y buena calidad que en él existe, de cuyo
artículo podrán cargar las embarcaciones, que á él naveguen con víveres
ó comercio; siendo tan importante este ramo para el abasto de estas
provincias, y salazon de carnes que deben pasar á España.
Semejantes establecimientos en sus principios, Exmo. Señor, no se pueden
conseguir sin expensas y sin inconvenientes; pues si todo se hallase á
medida de nuestros deseos, ni el arte, ni las diligencias y trabajos
tendrian mérito.
De la conservacion de este puerto y de este establecimiento se sigue
igualmente la utilidad de que nuestros navios que pasan al mar del sur,
y de este al del norte, sabiendo que pueden en él recalar ó arribar en
urgente necesidad, tendrán la consolacion de hallar un tal abrigo en
unos mares tan tempestuosos y en los dominios de su Agusto Soberano.
Bien considero que las embarcaciones que alli arriben no hallarán los
socorros que necesiten; pero los podrá haber con el tiempo, formándose
un depósito de los géneros mas precisos, para poder con ellos acudir á
las necesidades de las embarcaciones arribadas. Y siendo las aguadas
para las mismas el renglon mas importante, ninguna dificultad considero
en que se vayan á hacer en el puerto del Rio Negro, que se halla tan
próximo de aquella bahía, enviando los toneles ó pipas en embarcaciones
que demanden poco fondo.
Parece que la Providencia ha permitido que las naciones extrangeras,
principalmente la inglesa, no haya descubierto este puerto, porque si
esto hubiera acontecido, sin embargo de sus incomodidades, que me
parecen insignificantes, se hubiera aprovechado de él; pues ansiosamente
lo ha solicitado conseguir en la costa Patagónica.
El Rey de Inglaterra, Carlos II, expresamente ordenó al Caballero Juan
Narborough, pasase á reconocer el Estrecho de Magallanes y la costa
Patagónica entre dicho estrecho y las poblaciones españolas, con órden
de abrir, si le fuese posible, alguna correspondencia con los indios de
Chile, estableciendo con ellos cualquiera especie de comercio. Las
vistas de este soberano en ordenar este viage, no eran solamente de
hacer alianza con estos pueblos bárbaros para intimidar á los españoles
y encerrarlos por este lado, mas se extendian á otras ventajas
independientes de estos motivos políticos. Consideraba que el comercio
inmediato con estos indios, podria ser sumamente útil á la nacion
inglesa, extrayendo por los mismos indios el oro de las minas mas ricas
que los indios de Chile ocultan á los españoles, dándoles en cambio
armas y municiones de guerra y otras comodidades que les hiciesen abrir
sus minas; y que por la asistencia de los ingleses y su proteccion,
vendrian á formar estos indios un pueblo considerable, eta. (_Voyage de
Anson tom. I, pág. 231_.) Estos mismos pensamientos y deseos pueden aun
existir, y me parece muy importante el prevenirlos en semejante caso, y
mucho mas despues de llegar á su noticia esta descubierta, y teniendo
noticia de ser este un puerto capaz de contener la mayor armada, y de
una entrada tan fácil y segura.
Paso á reflexionar que, sin embargo de no poder entrar en el puerto del
Rio Negro sino embarcaciones de pequeño porte, con todo no debemos
abandonarlo, porque de las márgenes de su rio é islas, se pueden extraer
leñas para el abasto de la armazon que se pretende establecer en el de
San José, por ser el lugar mas vecino de este; se pueden en dicho rio
hacer las aguadas para los buques que la necesiten, siendo para este y
otros fines indispensable conservar aquel presidio, para que cubra y
defienda de los indios estos trabajos, y para procurar de atraer estos
bárbaros al comercio de ganados y caballos, que pueden pasar de allí,
como han pasado por tierra 100 caballos y 80 reses vacunas el año de
1783, tiempo en que dicho Salazar pasó desde San José al establecimiento
del Rio Negro: y segun la extension de aquella península y sus
abundantes pastos, se podrá aumentar el ganado, de suerte que pueda
ministrar carnes á todas las poblaciones que se establecen en la costa
Patagónica; pues si los ingleses pretendian tener habilidad para extraer
por medio de los indios el oro de Chile, y comerciar con ellos, ¿porqué
no la tendremos nosotros para extraer de los indios Pampas ganado y
caballos?
El descubrimiento de este Rio Negro no se ha concluido: el piloto de la
real armada, D. Basilio Villarino, lo hizo hasta la latitud de 39
grados, y me parece muy conveniente que se concluya; pues con bien
fundadas razones debemos arguir, que desde su orígen encamina su curso
hácia las inmediaciones de la ciudad de Mendoza; y verificándose, como
es de presumir, podrá dar la mano esta ciudad y las poblaciones
circunvecinas, con la del Rio Negro, trayendo víveres á ella, y llevando
en retorno la sal: cuya averiguacion tambien facilitaria un camino de
tierra, para de Mendoza conducir ganados y caballos al Rio Negro. No
dejo de advertir que el camino de tierra no se podrá transitar sin que
sea por un cuerpo de tropas milicianas: pero como esto no se practicaria
sino raras veces, no cansaria grande incómodo, quedando el camino del
rio conocido para los viages mas repetidos. Este camino de tierra
tambien seria importante en caso de ser preciso bajar un socorro de
gente al Rio Negro ó Puerto de San José, desde Mendoza y demas ciudades
vecinas; pues de no haberlo se veria en la precision de hacer el gran
rodeo de venir á buscar las campañas de Buenos Aires.
Esta averiguacion y exámen no se debe hacer en faluas ni pequeñas
embarcaciones de quilla, mas sí en canoas, porque encontrando estas
obstáculos en el rio, se sirgan con facilidad, pasándolas por encima de
los arrecifes, y si encuentran saltos, se descargan y arrastran por
tierra hasta vencer las dificultades en donde se vuelve á cargar; lo que
no se puede practicar con embarcaciones de quilla. De esta suerte
navegan los portugueses por todos los rios del Brasil, sin que les
impida ni saltos ni arrecifes. Yo mismo navegué en canoas 324 leguas,
desde la ciudad de San Pablo, en el Brasil, hasta la poblacion del Rio
Igatimí, bajando por el Rio Tieté, que tiene 30 arrecifes y dos grandes
saltos, la mayor parte de aquellos en que es preciso descargar las
canoas, y saliendo al rio Paraná, que navegué 80 leguas aguas abajo,
subí el rio Igatimí que tiene 16 ó 17 arrecifes, trabajosos de subir, y
los mas de descargar las canoas y subirlas á la carga; y en dos meses
llegué á aquella poblacion, con ocho canoas cargadas de gente y víveres.
Igual tiempo gasté en el regreso á San Pablo, y cuando se quiera adoptar
este método, que es el mas propio, lo circunstanciaré con toda claridad.
De abandonarse la poblacion del Rio Negro, se signe el abandonar los
medios que nos pueden facilitar el descubrimiento de los terrenos
incultos que median entre nuestras poblaciones de Mendoza vecinas á la
cordillera de Chile y este establecimiento, por ser incontestable, que
por este rio y sus brazos se facilitará con mas comodidad, de que por
tierra: ni me hacen fuerza las dificultades halladas por el piloto
Villarino en la navegacion del rio; pues así como él lo descubrió hasta
el parage donde llegó y dejó de continuar por falta de socorro, ¿porqué
no se podrá continuar lo que falta hasta donde sea posible? Ademas, que
en semejantes rios hay cierta estacion del año en que corren mas
caudalosos, que es el tiempo de las lluvias, y en este rio con mayor
razon, en el tiempo en que se derriten las nieves de la cordillera, de
la cual necesariamente han de bajar muchos brazos y orígenes que le
forman, y escogiéndose esta estacion para la navegacion, se hará la
misma con mas facilidad y menos inconvenientes; mas siempre en las
embarcaciones que quedan indicadas.
A V.E. he oido reflexionar muchas veces cuanto seria importante al real
servicio y en utilidad de los moradores de esta capital, que las
guardias que guarnecen la frontera para embarazar las incursiones de los
indios Pampas, se avanzasen á mas distancia de la en que se hallan, no
solo para desahogo de las estancias de ganados, como para prevenir á que
los indios no llegasen con tanta facilidad á los sitios poblados á robar
y matar los pobladores. Este proyecto seria muy conveniente poderle
poner en práctica, pues vemos la opresion en que está la frontera há
tantos años, sin poderse dilatar sus moradores fuera del cordon que
forman las guardias.
Por esta misma razon, sobre las que llevo expuestas, me parece
importantísima la conservacion del establecimiento del Rio Negro, que dá
la mano al de San José, y queda mas próximo de esta capital: así fuera
posible formar á lo menos otro en la punta del E de la Sierra del
Volcan, que podria ser en el sitio donde los Jesuitas habian dado
principio á una reduccion de indios pampas, llamada _Nuestra Señora del
Pilar_, que se abandonó. Sin duda se pondrán muchas objeciones á un tal
establecimiento tan separado de la capital; pero es cierto que si no se
procura el ir avanzando terreno, siempre nos conservaremos en el mismo
estado oprimidos.
Esta poblacion, ó presidio en un sitio del Volcan, me parece
importante, porque con ella iremos poco á poco facilitando y asegurando
un camino de tierra para los establecimientos de la costa Patagónica que
juzgo indispensablemente preciso, ya para la comunicacion con ellos, ya
para en caso de ser necesario por algun incidente enviar de aquí socorro
de tropas, tener estos puestos de reserva para víveres, pertrechos y
transportes por un camino carretero hasta el Rio Negro, y mas adelante.
El estar el Volcan 80 leguas de esta capital, no debe servir de
obstáculo á su fundacion, pues todos los establecimientos de América
tuvieron sus principios distantes de los socorros, y no por esto dejaron
de conservarse. Mucho mas distantes están los del Rio Negro y San José,
rodeados de indios bárbaros, y con todo no recelamos que los indios nos
obliguen á desalojarlos[5].
[Nota 5: Lo mismo se verifica respecto del establecimiento del Rio
Negro, segun la informacion de D. Francisco Viedma, en que muestra
que aquel terreno tiene todas las circunstancias propias para deber
existir la poblacion en él.]
Despues que V.E. se dignó facilitarme el parecer del Super-intendente D.
Antonio Viedma, sobre los establecimientos del puerto Deseado, y Bahía
de San Julian, he mudado el concepto que formaba de estas situaciones,
que se habian figurado antecedentemente con un aspecto melancólico,
faltos de todas aquellas circunstancias que pudiesen animar la empresa
de poblarlos. Pero este Ministro, celoso del servicio del Rey, y muy
inteligente observador, demuestra con evidencia las ventajas que él
mismo experimentó, y que principalmente el puerto de San Julian merece
todas las atenciones para repoblarse. Su informe es expresivo,
convincente y claro, y contiene cuanto se puede desear sobre el asunto.
Presento el mapa geográfico que V.E. fué servido mandarme ordenase de
los terrenos descubiertos, lo que hice por las noticiar adquiridas, y
planos que se han elevado de los nuevos puertos descubiertos: por él se
conocerá la correspondencia que tienen unos con otros, y la que tiene
esta capital con ellos. Sería yo feliz si V.E. aprobase el celo con que
deseo desempeñar el concepto con que V.E. me honra, cuando me dispensa
las ocasiones de emplearme en el real servicio, y de haberlo hecho con
acierto.
Dios guarde á V.E. muchos años. Buenos Aires, 12 de Agosto de 1786.