_Capellán_.
El presentado, Fray Juan Simon Rodriguez, del órden militar.
Todos los expresados, á excepcion del capellan, son vecinos de la
jurisdiccion de la Villa de Nuestra Señora de Lujan.
Cuatro carretillas, que conducian dos cañoncitos de menudear, y las
municiones de boca y guerra.
_Los Caciques que concurrieron á dicha expedicion, son_:
Lepin Naguel, que en nuestro idioma significa _la pluma con el
tigre_.
Lincon Naguel, _el grillo con el tigre_.
Lican Naguel, _piedra de tigre_.
Caulla Mantu, _brilla el sol_.
Calfingere, _zorro azul_.
Epullanca, _dos piedras verdes_.
Alcaluan, _guanaco macho_.
Tanamanque, _buitre arrojado_.
Cadupani, _leon negro_.
Guente Naguel, _el tigre encima_.
Lepiguala, _pluma de cuervo_.
Pallaguala, _echado de espaldas_.
Guayquibilu, _lanza de víbora_.
El número de indios que estos caciques llevaban, se componia de 291: los
123 de lanza, y el resto de bolas potriadoras y sueltas, que llaman los
indios _sacay_.
En 1.º de dicho mes de Octubre, caminó esta armada de la laguna que
llaman Palantelen, hasta el Médano Partido, distancia 14 leguas, á que
fué preciso hacer alto á esperar la resulta de un chasque que el
comandante habia hecho al Señor Gobernador. En todo el tiempo que dicha
armada estuvo parada en el mèdano dicho, no acaeció otra novedad que la
de haber muerto la gente algunos leones y tigres, de que abunda mucho
este campo.
Dia 2. Nos mantuvimos en dicho mèdano, de donde se despachó al alferez
D. Gerónimo Gonzalez con 18 hombres en busca de ganado para la
subsistencia de dicha armada: cuya partida llegó á las cuatro de la
tarde, conduciendo 80 cabezas y algunos toros. A las cinco de la tarde
llegó el chasque que se esperaba, con las cartas de nuestro Capitan
General, en las que ordenaba se incorporase la compañía de la frontera
del Salto á dicho cuerpo.
Dia 3. A las ocho de la mañana llegó el Sargento Mayor D. Pascual
Martinez con 66 hombres, y en su compañía venia la de dicha frontera del
Salto, mandada por su alferez. Esta misma tarde nos llovió desde
temprano hasta ponerse el sol.
Dia 4. Marchamos de dicho médano á las siete de la mañana, y llegamos á
la Cruz de Guerra á las once del dia, siguiendo el camino de Salinas; y
á distancia de dos leguas mas adelante dejamos dicho camino y tomamos el
rumbo de SE, al que caminamos como once leguas, parando en una laguna
bastantemente grande, dejando otras dos á nuestra retaguardia, aunque
crecidas, pero sus aguas salobres. Estas dos últimas son bien conocidas,
por unos médanos de arena que están inmediatos, y el uno de ellos de
lejos parece la tolda de una carreta: llámase la laguna en donde paró
dicha armada, de María de la Cruz; y hasta ella se anduvieron 17 legua,
poco mas ó menos.
Dia 5. Se marchó de mañana al rumbo de SSE, pasando unos grandes
esteros, donde se maltrató la caballada que conducia el tren: este mismo
dia pasamos por unos médanos de arena muy altos, que en su concavidad
conservan una laguna de agua dulce, y á su orilla vimos un toldo, y en
él un indio muerto, pariente de nuestro aliado el cacique Lepin, el que
hacia poco tiempo habia fallecido de viruelas, por cuyo motivo se le
puso á dichos médanos, el nombre de _Indio muerto_. Y habiendo pasado
adelante como 5 leguas, llegamos á otros médanos, á donde paramos por
ser ya casi puesto el sol: á cuya hora se divisaron dos humos, el uno al
E, que dijo Lepin ser en sus toldos, y el otro al S, que le parecia era
hácia la Laguna Amarilla. Este dia se caminaría como 18 leguas, y por
haber muerto unos toros se le dió el nombre de _Médanos de los toros
muertos_.
Dia 6. Caminamos de mañana, y á una distancia de 5 leguas se divisó la
Sierra de Cairú. Este dia empezò á llover desde muy temprano hasta las
tres de la tarde: se atravesaron unos grandes esteros, dejando dicha
sierra sobre nuestra izquierda, siguiendo el camino al SE, y á la tarde
paramos á la orilla de un arroyo crecido y pantanoso, y se le puso el
nombre de _San Bruno_. Se caminaron este dia 14 leguas, poco mas ó
menos, llegando todos mojados.
Dia 7. Se marchó de mañana, atravesando grandes esteros, hasta que
llegamos á una gran laguna, que los indios llaman en su idioma
_Tenemeche_, y nosotros le pusimos el nombre de Santiago Apóstol. Tiene
dicha laguna de circunferencia cosa de cinco leguas, y de N á S como
dos, antes mas que menos: es muy honda, pues inmediatamente que cae el
caballo nada; su fondo es arena, tiene por partes barrancas; es agua muy
dulce, suave y clara, no tiene pajonal ni broza alguna: mantiene mucho
pescado, como bagres amarillos, blancos y otros peces que parecen
truchas. Le entran por la parte del S dos arroyos, y desagua por otro
que corre al E: al N de dicha laguna tiene dos médanos pequeños, en los
que se crian mariscos, en el cual parage acampamos: y á las 6 de la
tarde llegaron dos indios del Cacique Lepin, enviados del capitan Lican
(que manda la gente de dicho Lepin, y es el heredero del cacicazgo por
fallecimiento del Cacique Lepin). Estos dieron noticia al Comandante,
que estaban acampados hacia la Sierra del Cairú, á distancia de cinco
leguas de nuestro acampamento para unirse á nosotros; con cuya noticia
volvió á despachar el Comandante estos dos indios, mandando llamar á
Lican, el que con efecto llegó á las ocho de la noche, y dando razon del
número de los indios que tenia, se retiró.
Dia 8. Marchamos de mañana, y llegamos á donde estaban acampados los
indios á cosa de las tres, y estos nos esperaron formados en línea,
armados con sus coletos y lanzas, saludándonos con escaramusas y
griterias (que es su costumbre), viéndonos precisados á usar aquellas
mismas acciones en correspondencia: y uniéndonos, marchamos, dejando la
Sierra del Cairú al E, acampando á media tarde, por habernos sobrevenido
una gran tormenta, y habernos llovido todo el resto de ella. Esta misma
tarde llegaron á nuestro campamento dos indios enviados del Cacique
Lincon, manifestando estar pronto el dicho y los demas caciques con sus
indios, para seguir nuestra derrota.
Dia 9. Con el motivo de haber amanecido lloviendo, y todos mojados, pues
fué preciso pasar el agua á caballo, se paró todo este dia, á fin de que
secasen las ropas.
Dia 10. Marchamos de mañana, y habiendo caminado á distancia de 6
leguas, poco mas ó menos, estando inmediatos á una laguna, llegó
Francisco Almiron y Luis Ponce, intérpretes que llevabamos de nuestra
parte, y dijeron al Comandante de parte de dicho Lincon y demas
caciques, hiciesemos alto, que querian recibirnos en aquel parage. Con
este motivo ordenó dicho Comandante hacer alto: formó la gente, tomando
por espaldas la laguna. Mandó poner la artillería en tierra y montarla,
y que la punteria, para en caso necesario, la hiciesen á la cabeza de la
silla ó lomillos del ginete, teniendo las mechas prendidas y encendidas
en el guarda-fuego, distribuyendo el órden de lo que debian egecutar los
de la formacion. Y estando prevenidos, á cosa de las once ó doce del
dia, se vió venir la indiada, formada en batalla con sus armas, coletos
y algunas cotas de malla: y estando á distancia de cuatro cuadras de
nosotros, largaron sus caballos, y á todo correr, tomando nuestro
costado izquierdo, pasaron del otro lado de la laguna por nuestra
retaguardia, dando vuelta por nuestro frente, lo que egecutaron por dos
ocasiones, formándose por nuestro costado izquierdo. A poco rato se
vinieron todos los caciques, y uniéndose el Comandante con la
oficialidad, salimos á recibirlos: y despues de grande razonamiento que
dichos caciques hicieron y le fué esplicado á dicho Comandante por los
intérpretes, se dieron las manos uno á uno hasta el último oficial, y
retirándose el Comandante y dichos oficiales con los caciques, los
regaló, mandando á un mismo tiempo echar pié á tierra á nuestra gente,
para que acampase y comiese: y antes de ponerse el sol se retiraron á
sus toldos.
Dia 11. Se marchó de mañana, y habiendo caminado como cosa de 4 leguas,
llegamos á la toldería del cacique Lincon, dejando á la banda del N la
del cacique Alcaluan y otros: (este cacique mantiene una majada de
ovejas y cabras). Este, luego que llegamos, nos mandó dar providencias
de ganado, y acampando nuestra gente, paramos hasta el siguiente dia.
Esta misma tarde pasó revista á su gente dicho cacique, en que hicieron
varias escaramusas y egercicios de á pié y á caballo.
Dia 12. Marchamos á cosa de las ocho del dia, y el motivo de salir á
estas horas fué, porque determinó el Comandante dejar en los toldos de
dicho Lincon, tres carretillas, llevando solo una con los dos cañoncitos
y municiones, para con este motivo abreviar las marchas. Y llegando á un
rio, que llaman el Salado, acampamos entre las cinco ó seis de la tarde,
á cuyo rio se le puso el nombre de _Nuestra Señora del Pilar_, por haber
llegado este dia. Es muy pantanoso, y el agua muy salada, pues habiendo
un manantial que los indios tenian abierto de propósito, con dificultad
se podia usar de ella: este dia se marcharian como 12 á 13 leguas.
Dia 13. Marchamos de madrugada, y llegamos al Rio de los Sauces, que
está de esta banda del N de la Sierra de Casuatí, de donde se divisa
dicha sierra. Este rio es de mucha agua, buena y dulce; tiene muchos
pasos de piedra, sauces y pescados (este, dicen los indios, entra en la
laguna de Santiago Apóstol, que ellos llaman _Tenemeche_.) Aquí hicimos
nuestra parada, y se caminó como 14 leguas, habiéndosenos ido una parte
del ganado que llevabamos, por descuido de los que lo arriaban, sin
avisarlo al Comandante, hasta los tres ó cuatro dias.
Dia 14. De madrugada se despachó una partida á esplorar el campo, y á
las tres del dia rompimos la marcha, costeando dicho rio: y habiendo
caminado cosa de 8 leguas, pasamos por la toldería que fué del cacique
Lincon, á donde los indios de nacion Teguelches lo habian avanzado.
Estaban los toldos armados y muchos indios muertos; pues estos bárbaros
á donde los llegan á avanzar, y matar alguno ó algunos, ya no viven mas
allí, ni llevan los toldos, porque todo lo abandonan. Y pasando dicha
toldería como cuatro leguas, llegamos á campar á la orilla del propio
rio, habiendo caminado cosa de 12 leguas.
Dia 15. Nos mantuvimos en propio parage, por habernos llovido toda la
noche y parte de la mañana: esta tarde se revistó toda la armada, y
hallamos que se componia de 231, como queda dicho. Toda la armada se
divirtió en pescar, y los indios llaman al pescado _chalthua_.
Dia 16. Habiendo caminado de mañana como tres leguas, llegamos á pasar
un arroyo que viene del lado del S, de una abra de la sierra, y este
entra en el de los Sauces, el que lleva bastante agua y es pantanoso. Lo
pasamos con bastante trabajo; y habiendo caminado como cosa de tres
leguas, llegamos á parar sobre la barranca del de los Sauces, á la banda
del E, y los indios se pasaron de la otra parte, que hace como una
península, donde le sirvió de asilo al Cacique Lincon cuando le
insultaron los indios Ranqueles. Esta misma tarde llegó la partida que
se habia despachado, y no hallaron vestigio alguno, aunque llegaron á la
falda de la sierra. Este dia se caminarian como 12 leguas.
Dia 17. Dejamos el rio de los Sauces, y comenzamos á caminar por dentro
de la sierra, de la cual se despeñan muchos arroyos. Las que se pasan
son sierras muy altas, y en ellas no se encuentra árbol alguno, por ser
todas ellas de piedra muy pelada y limpia: y habiendo caminado como ocho
leguas, dimos con un gran rio, el que pasamos casi á nado, y está tan
poblado de sauces muy grandes y gruesos, que por eso le dan el nombre de
los Sauces. Corren sus aguas al S, y el otro, antes de entrar en la
sierra, al N. Habiendo pues caminado como tres leguas de donde lo
vadeamos, llegamos á campar en su propia orilla, la que está poblada de
muchos nabos, que son muy grandes y no de mal gusto: vénse así mismo en
dicho rio diferentes árboles de chañar, piquillin y espinillos. Esta
tarde, se despacharon tres indios á que fuesen á viajar rio abajo. A
este parage se le daba el nombre de Ventana, siendo cierto que todas las
piedras tienen á su remate muchas quebradas, por donde entran y salen á
uno y otro lado de las pampas. Se caminó este dia como 13 leguas.
Dia 18. Se marchó de mañana por la dicha sierra y rio, y á las cinco de
la tarde lo volvimos á pasar á la banda del SE, en el que se nos volcó
la carretilla, y se mojaron algunas municiones. Este dia nos llovió á
media tarde: paramos á cosa de las seis.
Dia 19. Marchamos de mañana: dejando el rio de los Sauces, atravesamos
la sierra para el SE; y caminando á dicho rumbo por entre unas breñas y
cerrillos con mucho trabajo, llegamos á salir á la pampa que yace del
otro lado de dicha sierra, llegando á las cinco de la tarde á un arroyo
en donde paramos; habiendo caminado este dia como 12 leguas, quedando á
nuestra retaguardia otro arroyo á distancia de cinco leguas, y muchos
médanos que se hallan poblados de chañares y algunos árboles de
piquillin. Esta tarde misma llegó la partida que se habia despachado de
madrugada, con la noticia de haber hallado un rastro que tiraba hácia la
costa del mar: se despacharon en el acto seis indios, cada uno con tres
caballos, á viajar la campaña: al nominado arroyo se le dió el nombre de
San Pedro de Alcantara.
Dia 20. Se dispuso la marcha de madrugada, y fué grande el trabajo que
nos dió la carretilla para pasarla por dicho arroyo, por ser pantanoso y
barrancoso; de suerte que fué preciso con los sables y lanzas cavar
alguna cosa para hacer bajada, pasando las municiones á pié, y poniendo
en la carretillas 20 hombres á caballo, que con lazos á la cincha la
fuesen deteniendo por lo perpendicular de dicha bajada. Ultimamente se
siguió la marcha al SO, por médanos bastantemente incomodos, que en los
mas de ellos se encuentran algunos árboles pequeños de chañar, que con
sus espinas maltratan mucho á las cabalgaduras. Asimismo se encuentra en
dichos médanos bastante tomillo, parrilla y otras yerbas medicinales: y
siguiendo pasamos un gran estero con mucha agua, que tenia de largo mas
de inedia legua, y saliendo á un albardon, paramos hasta el otro dia,
habiéndose caminado como 11 leguas, poco mas ó menos.
Dia 21. Se caminó de mañana, y comenzamos á pasar el Saladillo, de mucho
pantano y agua, que tiene de largo mas de seis leguas, siendo
imponderable el trabajo para pasar la carretilla; pues aun de los que
pasaban en su caballo cayeron varios, y entre ellos el Comandante,
metiendosele el caballo de ancas hasta el cimiento de la cola, viéndose
precisado á echar pié á tierra y sacarlo de la rienda. Pasamos en este
trecho 22 arroyos, de suerte que á las cuatro de la tarde, con corta
diferencia, salimos á unos médanos en donde paramos, que se hallan á la
salida de dicho bañado, en donde fué preciso cavar pozos con los sables
y lanzas para poder beber agua, que, aunque abundaba, era toda salada.
Esta misma tarde se dispuso el despachar 10 indios con nuestro vaqueano
José Funes, (aunque este solo lo era de nuestros campos) porque de
aquellos que transitábamos no habia mas vaqueano que la india Cacica,
muger de Lincon, que era la que nos guiaba. (A esta india en la sorpresa
que á su marido le hicieron los indios Teguelches, la llevaron cautiva
hasta el Rio Colorado, de donde tuvo la felicidad de escaparse por medio
de dos indios amigos de su marido). A cuya partida le dió órden el
Comandante no volviese sin traer noticia fija del paradero de los indios
enemigos, respecto á que la dicha cautiva decia haber dejado de esta
banda del Rio Colorado 42 toldos.
Dia 22. Nos mantuvimos en el propio parage, aguardando las resultas, y
solo determinó el Comandante mandar dos partidas á los costados de
derecha é izquierda, por si se hallaba algun rumor ó rastro de los
enemigos.
Dia 23. Nos mantuvimos en nuestro campamento, sin noticia alguna de las
partidas que se habian despachado. Este dia tuvimos ventarron, con
algunos aguaceros y granizo, que duró lo mas del dia.
Dia 24. Manteniéndonos en el mismo parage, llegaron las dos partidas
últimas sin novedad alguna. Esta misma tarde á las seis llegó la partida
de los 10 indios con nuestro Funes, trayendo la noticia de haber hallado
los vestigios de dos tolderias, una mayor que otra, que habia pocos dias
se habian mudado; hallando asimismo dos perros bayos que se consideraba
ser de los enemigos. Por cuyo motivo se determinó á pasar el rio un
indio de dicha partida, siguiendo el rastro, que halló del otro lado, y
solo pudo descubrir cuatro caballos, los que dijo habia corrido con
ánimo de tomarlos y traerlos á nuestro campo; pero que no pudo
conseguirlo á causa de hallarse solo, en pelo en su caballo y desnudo,
afligiéndole el frio. Con cuya noticia se determinó el Cacique Lincon á
ir á bombearlos y dar aviso de lo ocurrido: con efecto marchó antes de
ponerse el sol.
Dia 25. Nos mantuvimos en dicho acampamento, esperando el aviso de dicho
Cacique. En estos pocos dias se nos aniquiló la caballada por defecto de
los pastos y la agua salada, y á un mismo tiempo se nos iba acabando el
bastimento, pues no habia mas de siete toros: no obstante que el
Comandante por divertir los pensamientos de la tropa, los hacia formar á
las tardes, mandándoles hacer algunas evoluciones.
Dia 26. A las tres de la mañana llegó un indio, despachado de Lincon,
con la noticia que habian bombeado á los indios, que fuesemos cuanto
antes; y efectuándolo, marchamos inmediatamente, aunque con grandísimo
trabajo por los muchos médanos y arena suelta que habia. Llegamos á una
laguna á las cinco de la tarde, poco mas ó menos, habiendo caminado como
16 leguas, en cuya distancia no se encuentra aguada, y en ella se dió
providencia de dejar la caballada. Y con efecto, dejándola al cargo de
un oficial reformado, D. Roque Galeano, con 20 soldados, luego que
oscureció marchamos, llevando cada uno un caballo de diestro; y
caminando la noche toda, aunque con bastante trabajo por los muchos
árboles que se encuentran en el camino, y ser la noche oscura, llegamos
antes del amanecer dos leguas distantes del paso del rio, á donde
encontramos con el cacique Lincon.
Dia 27. Habiendo comunicado el dicho Lincon con el Comandante, le dió la
noticia que, habiendo enviado cuatro indios de la otra banda del rio,
estos le avisaron que habian visto hacienda, por cuyo motivo habia
mandado el chasque al Comandante, diciéndole habia bombeado los indios
que estaban á distancia de 8 ó 10 leguas, del otro lado del rio. Y
caminando despues que el sol salió, todos juntos, rio abajo, como cosa
de dos leguas, y reconociendo los parages donde habian estado las
tolderias, se hallaron 45 fogones, por donde se ha discurrido ser otros
tantos toldos: y preguntándoles por el paso de dicho rio, respondieron
ser aquel en donde estabamos, y se infiere, porque las sendas que
parecen camino de carretas paraban alli mismo á la orilla de dicho rio.
Tiene de ancho este rio mas de 300 varas en dicho paso y todo á nado. En
este mismo dia se determinó mandar una partida de 10 indios con un cabo
de los nuestros y dos soldados, los que pasaron á nado en sus caballos,
llevando la ropa en una pelota de cuero, y los indios en unos palos á
modo de balsa, la que iba amarrada á la cola de un caballo. En esto
intermedio dispusimos el armar unas balsas y un bote de cuero, interin
aguardábamos las resultas de dicha partida.
Dia 28. Entre nueve y diez del dia llegaron los que habian pasado á
vigiar la campaña, y dieron noticia los indios que habian visto hacienda
de yeguas, y nuestro cabo dijo de no haber nada: que lo que se habia
visto eran pajonales, y no es de admirar se padeciesen estas
equivocaciones, pues estas diligencias del bombeo se hacen de noche.
Viendo la perplejidad en que quedabamos, determinò dicho Comandante
enviar otra partida y con ella al teniente D. Francisco Macedo, con un
soldado, llamado Lorenzo Barrio-nuevo, para que trajesen razon cierta de
los enemigos: en cuyo intermedio fueron pasando todos los indios amigos
á la otra banda del rio, aunque con grandísimo trabajo, á causa de
haberse levantado un gran viento que causaba bastantes olas en dicho
rio.
Dia 29. Llegó la partida, y con ella el teniente Macedo, quien dió la
noticia habia llegado á los toldos de los indios enemigos, quienes
habian hecho una precipitada fuga, luego que nos sintieron esa noche,
por cuyo motivo se vió precisada nuestra indiada á pasar el rio de esta
banda donde nosotros estabamos. A poco rato de haber llegado este
oficial, divisamos un grande fuego que los indios enemigos hicieron, que
naturalmente fué hecho para que en caso que los siguiesemos no
pudiesemos dar con sus huellas: pero atendiendo á que estabamos
enteramente sin bastimento alguno, nos vimos precisados á retroceder, y
solo dimos lugar á que los indios amigos acabasen de pasar á esta banda,
y á estas mismas horas, que serian como las cinco de la tarde, se dio
orden para marchar. No quiero dejar en blanco lo formidable de este rio,
pues antes de llegar al paso se vé por diferentes partes que tiene de
ancho mas de cuatro cuadras, y en otras mas. Tiene diferentes islas ó
bancos de arena, es muy rápido y caudaloso; sus aguas son dulces y
suaves, y en el rio son bermejas: se ven lobos marinos y en su orilla
hay algunos árboles de sauces de los que se forman las balsas que quedan
referidas, y por su mucha corriente vá robando las barrancas y
haciéndose cada vez mas ancho. Continuamos marchando hasta las once de
la noche.
Dia 30. Marchamos al salir el sol, y llegamos á nuestras caballadas, en
donde paramos cosa de dos horas, interin la gente tomaba un poco de agua
caliente: y volviendo á marchar, seguimos hasta las dos de la mañana que
hallamos agua: aquí se paró hasta el dia.
Dia 31. Caminamos á las siete de la mañana, y á cosa de una hora
entramos en el Saladillo, pero por mejor parte, porque era el rumbo del
N y el que habia llevado nuestra vaqueana cuando se vino del Rio
Colorado, y nos iba guiando con su marido el Cacique Lincon. Aquí se
volvieron á pasar los 22 arroyos y los grandes bañados, y habiendo
salido de ellos, llegamos á las seis de la tarde al arroyo de San Pedro
de Alcantara, adonde se hizo noche, este dia se cazaron algunas liebres
y venados, que nos sirvieron de sustento.
Dia 1.º de Noviembre. Caminamos de madrugada por la costa de dicho
arrojo cosa de cinco leguas, y habiéndolo pasado, caminamos por unos
grandes cerrillos muy guadalosos, y llegamos al Rio de los Sauces á las
cinco de la tarde, mas abajo de la sierra. Aquí se hizo noche este mismo
dia, ayudando los mismos indios á cazar á nuestra gente, aunque no
dejaron de hallarse bastantes huevos de avestruz, con lo que se saciaba
el apetito.
Dia 2. Caminamos de madrugada rio arriba como dos leguas, buscando paso,
y habiéndolo pasado con bastante trabajo por estar casi á nado y tener
que pasar las municiones á pié, luego que nos pusimos de la otra banda,
dió órden el Comandante para que el Teniente D. Francisco Macedo se
aprontase con 30 hombres del Cacique Lepin y Alcaluan, y marchasen con
la carretilla á incorporarse con los demas que estaban en la toldería
del Cacique Lincon, y unidos con las familias de estos caciques
marchasen al Arroyo del Cairú, con la órden de esperarnos allí hasta
nuestro regreso. Y habiéndonos despedido, caminamos rio abajo el rumbo
del S, y á las seis leguas, poco mas ó menos que caminamos, vimos la
toldería que el Cacique Lincon habia avanzado á los Teguelches el año
pasado, y caminando tres leguas mas adelante, hicimos alto. Esta tarde
se despachó una partida á esplorar el campo, y se tomó bastante caza.
Dia 3. De mañana marchamos, dejando el Rio de los Sauces, y tomando el
rumbo del E. Caminamos como 14 leguas, y paramos en la costa de un
arroyo: á eso de las seis de la tarde llegó la partida que se habia
despachado el dia antecedente, con la noticia de no haber rumor alguno.
Dia 4. Nos mantuvimos en el mismo arroyo para dar descanso á las
caballadas. Este mismo dia se despachó otra partida de mañana, para que
fuese á correr el campo hácia la costa del mar, y volviendo esa misma
noche no trajo novedad alguna, habiéndose divertido la gente de la
armada en cazar: y aunque no faltó que comer, pero no hallaba leña, y la
que suplia era bosta de caballo, aunque escasa.
Dia 5. Caminando de mañana al rumbo del E como cuatro leguas, llegamos á
otro arroyo de bastante agua, y habiéndolo pasado, hallamos en su orilla
un rastro de ganado de tres ó cuatro vacas y de una mula, como que
arriaban dichas vacas: por cuyo motivo fué preciso hacer alto y
despachar al hijo del cacique Lincon, con una partida al reconocimiento
de dicho rastro, enviando al mismo tiempo otra partida de nuestra gente.
Y habiendo vuelto esta última, á la una del dia, con la noticia de no
haber hallado novedad alguna, determinaron los caciques el marchar
aquellas horas: pero nuestro Comandante se opuso, por no haber venido la
partida primera que se habia despachado, sobre que tuvieron sus
contiendas; pero al cabo, cediendo á las instancias de los caciques,
marchamos. Y habiendo caminado como 6 leguas, alcanzó un indio de los de
aquella primera partida, con la noticia de haber visto bajar algunos
indios con cargas hácia el arroyo, con cuya novedad mandó el Comandante
que inmediatamente se mudasen caballos; retrocediendo con una marcha
bastantemente larga, volvimos al mismo arroyo, á cosa de las nueve ó
diez de la noche. Debiendo prevenir, que al tiempo de romper la marcha,
llegó el hijo de Lincon, asegurando haber visto dichos indios, por cuyo
motivo, luego que mudó caballo este indio, se envió adelante con cinco
indios, y nuestro vaqueano Funes, dándoles la órden los bombeasen,
enviando uno ó dos á encontrarnos por estar la noche muy oscura y no
perder el rumbo. A este mismo tiempo nos empezó á llover, y serenándose
la noche, nos mantuvimos sobre el mismo arroyo, y luego que mudamos
caballos seguimos el arroyo arriba como cosa de 4 leguas: y habiendo
amanecido, se despacharon tres partidas por todos aquellos contornos.
Volvieron á nosotros como á las siete de la mañana, diciendo no habian
podido divisar cosa alguna, por lo que nos volvimos para el propio campo
á unirnos con nuestras caballadas.
Dia 6. Habiendo descansado como dos horas, poco mas ó menos, seguimos
nuestra derrota, y en todo el dia no hallamos agua, por cuyo motivo se
nos rindieron algunos caballos, viéndonos precisados á dejarlos y á
parar á puestas del sol: habiéndose adelantado los indios en solicitud
de agua, no comiendo nada este dia por defecto de leña y agua.
Dia 7. Caminamos de mañana, y llegamos donde estaban nuestros indios,
que se hallaban acampados en una laguna muy grande, cuyas aguas son
salobres: pero habiendo cavado algunos pozos, paramos como cuatro horas
para que la gente comiese, y bebiesen las caballadas. Y habiéndolo así
egecutado, nos pusimos en marcha, y á las cinco de la tarde llegamos á
un arrojo bien grande y barrancoso, pero el agua es salobre. Aquí
paramos; nos pusimos á pescar con unos anzuelos que se hicieron de unas
agujas, con los que se pescaron muchas truchas. Todo el campo que este
dia se caminó abunda mucho de leones, de cuyas carnes se proveyó la
gente para comer, y de las pieles se calzaron muchos, haciéndose botas
por estar descalzos, y entre ellos el capitan D. Juan Antonio Hernandez,
quien habiendo muerto uno se hizo unas botas, con las que concluyó todo
el resto de la expedicion. La indiada nuestra pasó adelante hasta
perdernos de vista; y á las seis de la tarde llegó un indio mandado del
cacique Lincon, el que dió la noticia á nuestro Comandante que su
Cacique habia hallado un rastro en que reconocia que los indios enemigos
estaban cerca, porque habia visto muchos fogones, y las carnes de los
animales que habian cazado para comer estaban aun frescas: á cuya
noticia dió órden el Comandante nos pusiesemos en marcha, lo que
habiéndose egecutado nos comenzó á llover, y caminando hasta las doce de
la noche, paramos por ser muy obscura: no teniendo vaqueano para ir
adonde los indios nuestros estaban, pues el que vino con la embajada
dijo, no podria dar con los compañeros, por cuyo motivo nos mantuvimos
parados hasta que viniese el dia.
Dia 8. Caminamos de mañana; y á distancia de cinco leguas y entre unos
cerrillos, á cuya falda corre un arroyo, hallamos á todos nuestros
indios acampados. Aquí paramos el resto del dia para que descansase la
caballada, dándole noticia dichos indios al Comandante iba el rastro
como para el Rio de Quequen arriba. Estos campos son muy doblados y sin
leña.
Dia 9. Se marchó de mañana, siguiendo el rumbo del E, (que fué el rumbo
que se seguia desde que dejamos el Rio de los Sauces) y á distancia de
seis leguas, hallamos un estero y laguna muy grande, y en dicho estero
ocho cerdos, que matándolos se proveyó la gente de carne con estos, y
algunos avestruces y venados que se asaron: hubo este dia que comer á
satisfaccion. Divisamos el Cerro de la Tinta al N, con las demas
sierras, y reconocimos estar muy internados al S de ellas, y llegando á
un arroyo á las cinco ó seis de la tarde paramos en él, divisándose á un
mismo tiempo gran porcion de yeguada, y saliendo los indios á correrla,
se proveyeron de carne para mucho tiempo. Esta misma tarde se dió órden
al cacique Caullamantú, para que saliese con 15 indios á esplorar la
campaña y nos esperase en el Rio Quequen. Se congetura marchamos este
dia de 15 á 16 leguas.
Dia 10. De mañana, antes de madrugada, se despachó al Capitan Lican con
10 indios, para que fuese esplorando el campo por la banda del E, por
cuanto Caullamantú llevó el órden de internarse al S hasta dar con el
Quequen. Y habiendo marchado todos unidos con el silencio posible,
llegamos á un arroyo, despues de haber caminado mas de 14 leguas, cuyas
aguas son salobres y muy barrancoso (este entra muy al S en el Quequen):
y queriendo nuestro Comandante seguir á las sierras, le previnieron los
indios no era posible, por hallarse todo aquel campo sin agua, por cuyo
motivo caminamos arroyo abajo, y á distancia de cinco leguas encontramos
al Capitan Lican, quien nos dió noticia haber hallado una yunta de
caballos, que hacia el juicio fuesen de algunos potreadores que los
habrian perdido. Aquí se hizo la noche.
Dia 11. Madrugamos de mañana, y á las cinco ó seis leguas encontramos
con el Cacique Caullamantú: este venia costeando el Rio Quequen, y dijo
no haber encontrado novedad alguna. Costeamos dicho rio, y á cosa de las
doce del dia lo pasamos con grandísimo trabajo por ser muy barrancoso, y
cuanto mas internado al S es mucho mas: sus aguas son dulces y buenas:
es necesario buscar parage para pasarlo en donde haya alguna restinga de
piedra, porque no siendo así, es pantanoso y es preciso pasarlo á nado.
De aquí seguimos la marcha hasta un arroyo, que siguiendo el mismo rumbo
del E está á distancia de seis leguas, y con motivo de parar en él, se
le puso el nombre de Arroyo de San Martin. Esta misma tarde despachó el
Comandante dos partidas de indios, incluyendo en cada una tres hombres
de los nuestros, la primera que diese vuelta á las Sierras del Tandil y
Volcan, y la otra al S. Caminamos este dia 14 leguas, poco mas ó menos,
y aunque este campo abunda de mucha bosta para hacer fuego por haber
mucha yeguada, pero se encontraba muy poco que guisar en él.
Dia 12. Habiendo caminado de mañana distancia de cinco leguas, llegamos
á pasar un gran arroyo de mucha barranca y profunda: y siguiendo el
mismo rumbo del E, llegamos á las doce del dia á un arroyo pequeño,
donde paramos para que comiese la gente de lo que se habia cazado, y
descansase la caballada un poco. A las dos de la tarde seguimos la
derrota, hasta enfrentar con la Sierra del Volcan, teniéndola á nuestro
N muy distante, donde paramos en otro arroyo, á aguardar las partidas
que se habian despachado. Este dia se caminaron como 14 leguas: los
campos son muy abundantes de agua, por tener muchos arroyos que vienen
de las sierras, pero muy pobres de leña, pues no se encuentra mas que
bosta.
Dia 13. Se marchó de mañana: se pasaron este dia cinco arroyos, no muy
distantes unos de otros, y paramos á media tarde en los Cerrillos del
Volcan, á la orilla de un arroyo hácia la costa del mar, á aguardar las
partidas: y á cosa de las cinco de la tarde, despachó el Comandante á
Nagualpan, hijo del cacique Lincon, con seis indios, á saber de las
partidas. Este dia se caminaron como 10 leguas.
Dia 14. Antes de romper la marcha, llegó un indio de la partida que tiró
al S, con la noticia de haber encontrado unos caballos maneados, y á un
mismo tiempo, previniéndonos nos fuesemos arrimando para la costa. Y
puesto en egecucion, marchamos por entre unos cerrillos que ocultaban la
marcha, pasando cuatro arroyos algo distantes unos de otros: al quinto
pasamos á cosa de la una ó dos de la tarde, y á poco rato, llegó Pedro
Funes con la noticia de haber visto animales de color y dos ginetes que
los arreaban, y que sin duda estaban allí los enemigos. Y preguntándole
el Comandante, ¿qué trecho habria desde donde estabamos acampados, á
donde congeturaba estaban los enemigos?--le respondió que de seis á ocho
leguas. Con esta noticia, mandó dicho Comandante tomar caballos para
marchar, lo que se egecutó inmediatamente, pasando muchas quebradas,
hasta que al tiempo de ponerse el sol, estando mudando caballos, llegó
la partida que habia tirado hácia el Tandil y Volcan, sin novedad
alguna: y haciendo estos la misma diligencia, luego que concluyeron
mandó dicho Comandante repartir entre los indios las divisas que para
este fin llevaba, y así á cada indio de los de bolas se le dió una banda
blanca de platilla para que pusiesen como turbante, y á los de lanza se
les dió para que pusiesen en ellas como bandera, y de esta suerte fuesen
conocidos de nosotros en la refriega. Concluida esta diligencia se
marchó con grande órden y silencio, hasta que llegamos á donde estaba el
resto de la partida que dió el aviso, y un indio de los del cacique
Lincon avisó al Comandante haberlos bombeado, y á un mismo tiempo le
avisaron del potrero en donde tenian dichos enemigos la yeguada: con
cuya noticia dió órden de dejar las caballadas en una quebrada que hacia
dos sierras, y al cuidado de ella 16 hombres, mandando á aquellas mismas
horas una partida de 40 indios con 10 soldados de armas de fuego, con la
órden que esperasen el dia en el parage que les pareciese mas oculto é
inmediato á la puerta de dicho potrero, para que luego que amaneciese
sorprendiesen á aquellos indios que se consideraban estar en la puerta
de dicho potrero, como custodia, para que no saliesen de él dichas
yeguas. Luego que marchó dicha partida, marchó tambien nuestra armada
con el resto de los demas indios á distancia de dos leguas, en donde se
hizo alto esperando el dia para avanzar de madrugada por la banda del S.
Dia 15. A las tres de la mañana marchó nuestra armada, y á distancia de
legua y media dimos con un grande estero ó bañado muy pantanoso, que no
se podia romper con los caballos: y llegando á un arroyo que pasamos á
nado, corrimos mas de una legua, y reconociendo que los indios iban
perdidos por una gran niebla que nos sobrevino esta mañana, volvimos á
pasar dicho arroyo, caminando al SE, y habiendo salido el sol,
atendiendo el Comandante que aquella partida que despachó la noche antes
ya habria llegado á la accion, y que oyendo los tiros era natural
pensasen los enemigos tenian á todo Buenos Aires sobre sí, y que con
este motivo tirasen á huir, dispuso en aquel pronto desparramar en
pelotones indios y cristianos. Y con efecto de esta suerte se logró el
lance, pues conforme iban huyendo, iban cayendo en las manos de los
nuestros; pues fué tal el susto, que yendo un indio enemigo de huida, se
encontró con Francisco Almiron, soldado de la compañia de D. Juan
Antonio Hernandez, y preguntándole en su idioma, ¿qué á donde iban? le
respondió dicho indio, "voy de huida, porque nos han avanzado": á cuya
respuesta le enristró la lanza, arrojándole muerto del caballo abajo.
Ultimamente, se penetraron todas aquellas breñas, y no hallándose mas
indios, se dió órden á que se uniese nuestra gente, porque los indios
amigos acudieron al pillage de los animales, que en mi juicio pasaban de
4,000, entre yeguas y potros. Luego se dispuso el que contasen los
cuerpos, y se hallaron 102: no se duda el que fuesen mas los muertos,
pero como fué tanto el desparramo y los lugares tan escabrosos, no se
pudo saber con exactitud esta diligencia. En esta refriega perdimos un
hombre. A poco rato le trageron al Comandante dos indios que se tomaron
vivos, y haciéndolos examinar por medio de los lenguaraces, declararon
lo siguiente:
"Que el Flamenco se hallaba 5 ó 6 leguas distante de aquel parage, con
cinco toldos; que este habia bajado á Buenos Aires trayendo una cautiva,
y lo que volvió á sus toldos envió recado á los indios Teguelches (á
dentro), que engordasen la caballada, que dejaba engañados á los
cristianos, y que actualmente se hallaban seis españoles en los toldos
de dicho Flamenco, y entre ellos Diego Ortubia, haciendo trato con
yerba, tabaco y aguardiente. Que la tarde antes á este avance llegaron
dos indios de chasque, enviados del cacique Guayquitipay, avisando á los
ya muertos, que nuestra armada habia marchado al rio Muyelec, en
seguimiento de ellos, y que no hallándolos, tirabamos hácia la costa del
mar: que eramos pocos, que se uniesen y nos acabasen, y que de los dos
chasques el uno habia muerto en la sorpresa. Que para que no entendiesen
este enigma las cautivas que del cacique Lincon tenian dichos
Teguelches, echaron la voz estos chasques que iban huyendo de dicho
Guayquitipay, que los queria matar." Hasta aquí lo que declararon, y
fueron pasados á cuchillo.
Asimismo se tomaron 11 indias cautivas con sus familias à dichos
Teguelches; y el motivo de no haberse tomado mas, fué, porque como
dichos indios no estaban de asiento, sino en el servicio de potrero,
habian dejado sus familias al otro lado del Rio Colorado, y se tomaron
tambien 5 de las 11 que habian cautivado al cacique Lincon, à quien se
le entregaron. No se pasó este dia á sorprender al dicho Flamenco, por
haberse huido 7 indios, y es natural fuesen à refugiarse á él, y con el
aviso huyesen unos y otros; y por estar distante como 5 ó 6 leguas.
Concluido lo dicho, nos retiramos á donde estaban nuestras caballadas, y
despues de haber comido la gente, y mudado caballos, caminamos
atravesando toda la cerrillada, hasta salir de la banda del E de ella: y
siendo las cinco de la tarde paramos en una laguna muy grande.
Dia 16. Habiendo caminado de mañana, corriendo la sierra por la banda
del E, y siguiendo el rumbo del NE, à mediodia llegamos à parar en un
arroyo. Pasada la Sierra del Volcan, y habiendo comido de lo que se
habia cazado, seguimos la marcha hasta las 6 de la tarde, y se acampó
hasta el dia siguiente. Este campo tiene muchos arroyos, y en ellos hay
pescados. Desde el Volcan corre un grande estero ó bañado, caminando
retirado de dicha sierra como cuatro leguas al N: habiéndose hecho de
jornada como 13 leguas.
Dia 17. Se rompió la marcha siguiendo el mismo rumbo: pasamos cuatro
arroyos y paramos en el último, por ser el sol muy fuerte, y habernos
llovido de mañana. De aquí se despacharon dos indios de Lepin, de
chasques, con cartas del Comandante al teniente D. Francisco Macedo, que
se hallaba en la Sierra del Cayrù, para que, siguiendo el arroyo de
dicha sierra, se incorporase con nosotros. A cosa de las tres de la
tarde caminamos; y á las seis, con corta diferencia, hicimos alto,
acampando en la costa de un arroyo, en que se pescaron muchos bagres. Se
caminarian este dia 12 leguas, poco mas ó menos.
Dia 18. Marchamos de mañana, y llegamos á hacer mediodia en frente de la
Sierra del Tandil; y habiéndose comido, caminamos y llegamos à parar en
una laguna á la oracion; no hallando leña para cenar la gente, de lo que
se habia cazado. Se caminaria este dia como 14 leguas, antes mas que
menos.
Dia 19. Caminamos de mañana, y llegamos despues de mediodia al Arroyo de
la Tinta, cuyo arroyo es mediano: tendrà de ancho como 25 varas, nadan
los caballos en partes; tiene bancos ò saltos de piedra, sus aguas son
muy cristalinas y dulces, mantiene mucho pescado, especialmente truchas
en abundancia. Aquí acampamos (habiendo marchado cosa de 10 leguas) por
determinar el Comandante echar una partida á correr el campo, por ver si
se daba con la toldería del cacique Guayquitipay; y entre las cuatro ó
cinco de la tarde llegaron los dos indios que se habian despachado de
chasque à D. Francisco Macedo, dándonos aviso de haberlos corrido dos
indios armados, y que se habian escapado à uña de caballo, perdiendo lo
que llevaban por delante. Luego que el dicho Comandante tuvo esta
noticia, mandó llamar los caciques y les dijo, que por ningun pretesto
caminaria à parte alguna interin no se juntaba con su gente y
carretillas que tenia en el Cairú: y habiendo convenido dichos caciques,
quedaron de acuerdo para egecutarlo así el dia siguiente.
Dia 20. A las cinco de la mañana, poco mas ó menos, se rompió la marcha
enderezando à la sierra que llaman de Cuello, y sin parar en todo el dia
se marchò largo hasta llegar á ella, atravesàndola toda por una abra ò
quebrada que corre del E al O: è internados adentro hallamos cuatro
indios de Lepin que el cacique Currel enviaba al capitan Lican, con la
noticia que el cacique Guayquitipay, en el tiempo que estuvimos
internados hácia el Rio Colorado, quiso sorprender las familias de
Lincon y demas caciques, convidando para este fin dicho Currel, quien no
solo se escusó sino que se separó del dicho Guayquitipay: y ¿qué
haciamos que no iba mas à acabarlo? Que yendo à sus toldos nos guiaria à
los del dicho Guayquitipay:--hasta aquí dichos chasques. Luego que
paramos vino el cacique Lincon, y hablando con el Comandante le dijo,
que un dia de camino habia à la Sierra del Cairú á donde estaba la gente
y las carretillas, que no convenia el que pasasemos à dicha sierra,
porque yendo sabria su gente y los demas la sorpresa que habiamos hecho
à los Teguelches, y el avance que pretendiamos hacer á Guayquitipay, que
no dudaba tendria este aviso: y así, que le daria un vaqueano, y que
enviase la gente que quisiese, con órden que viniese el teniente Macedo
con la que tenia el Cairú y carretillas. Y con efecto, habiéndose así
egecutado, esta misma tarde despachó el Comandante al alferez D.
Gerónimo Gonzalez con 25 hombres para el referido efecto.
Dia 21. Nos mantuvimos en el propio parage aguardando la gente y
carretillas, habiendo tenido este dia una gran porcion de agua, truenos
y viento, desde las once del dia hasta la oracion. La gente fué à caza y
no halló sino algunos avestruces y huevos, aunque escasos, por cuyo
motivo no lo pasaron muy bien.
Dia 22. A las nueve del dia llegó un indio, dando razon que venia la
gente y carretillas, y que él se habia adelantado para dar esta noticia
al cacique Lincon, que no habia habido novedad en la toldería, y que el
cacique Alcaluan conducia dos indios presos por parecerle ser espia del
cacique Guayquitipay, y que nos traia el mismo Alcaluan ganado para la
manutencion. A la una de la tarde llegó la gente, carretillas, ganados è
indios, pues vinieron 53 de refuerzo: asimismo vino el cacique Cadupani
con sus tres hijos, y habièndoseles dado à la tropa las reces
suficientes, yerba y tabaco, quedó contenta, y los dos indios presos se
pusieron debajo de guardia, con ánimo de que nos sirviesen de vaqueanos.
Esta misma tarde concurrieron los caciques à manifestar al Comandante
todas las traiciones que dicho Cadupani y su hijo mayor habian usado,
despues que este último se nos ocultó en el Rio de los Sauces para
volver à sus toldos, y el primero se volvió del Rio Quequen sin avisar
al dicho Comandante: y que en vista de ellas era de parecer se les
quitase la vida à todos cuatro; à que respondiò el Comandante que de
madrugada se haria esta diligencia.
Dia 23. Estando la gente formada para marchar, dió órden el Comandante
al Sargento Mayor, D. Pascual Martinez, que siguiese la marcha, y luego
que se traslomase á distancia de media legua, hiciese alto: y quedándose
el dicho Comandante con 12 hombres, el cacique Lepin y Lincon,
habièndoles dado la órden á estos de lo que habian de egecutar, viendo
ya que era hora, sacando un pañuelo blanco del bolsillo, que era la
seña, acometieron á dichos indios y los mataron. Y llegando el
Comandante con los dichos 12 hombres, donde lo esperaba la armada, mandó
juntar á todos los demas caciques, manifestàndoles el hecho, y porque; y
que esto mismo dijesen à sus indios, que mientras fuesen leales no se
les castigaria: y todos respondieron que estaba bien hecho, que aquellos
enemigos tenian menos. Y siguiendo nuestra marcha al N, paramos á la
orilla de una laguna, como á las cinco y media de la tarde, habiéndose
caminado este dia como 12 leguas.
Dia 24. Habiendo caminado de mañana con la pension del campo malo, por
ser todo esteral y bañado con bastante agua, à las doce del dia paramos
para que comiese la gente, y à las dos de la tarde comenzamos à seguir
nuestra marcha, habiéndose levantado à estas horas una gran tormenta de
truenos, relàmpagos y agua, que nos duró toda la tarde, y nos obligó à
parar como à las cinco, buscando un albardon, porque todo el campo
estaba anegado, por cuya causa nos mantuvimos à caballo. Se caminaron
como 11 leguas habiéndose perdido la sierra de vista á mediodia.
Dia 25. Nos amaneciò lloviendo, pues nos duró el temporal 24 horas, en
las que nos mantuvimos siempre á caballo, y nos hallamos todos metidos
entre el agua: y habiéndose serenado como á las tres de la tarde, fué
preciso hacer con el barro como unos altos para hacer fuego, para de
este modo poder la gente chamuscar un poco de carne, que con algunas
charcadas, aunque escasas, favorecidos del sebo de las reses, se pudo
conseguir que tomasemos algun sustento.
Dia 26. Se marchò de mañana, y saliendo à un albardon aquí paramos,
dando órden el Comandante se despachase una partida: y con efecto se
despacharon cinco indios y siete españoles llevando uno de los indios
presos que sirviese de vaqueano, y habiéndola perdido de vista continuó
la marcha, comenzándonos à llover hasta la tarde. De la vanguardia
divisaron un ginete que iba costeando un arroyo, al que corrieron mas de
dos leguas, y habiéndolo tomado lo condujeron al Comandante, y
preguntándole de que toldería era, respondiò que de la de Currel, que
venia de potrear de las islas, que habia tres meses que faltaba de
dichos toldos, y tres dias que los buscaba sin poder dar con ellos; que
sus compañeros se habian quedado atras, y que alli cerca tenia sus
caballos: y mandàndolos buscar, se hallaron, y nuestros indios dijeron
lo conocian que no era indio de sospecha, y siendo ya tarde y estar
todos mojados, buscamos un albardon para pasar la noche. En este
intermedio llegò un indio de los de la partida, con la noticia que el
indio preso habia reconocido donde nos hallabamos: que estabamos cerca;
que por la mañana, en almorzando la gente y secàndose, caminàsemos à
donde ellos estaban. Este dia se andarian como 9 leguas.
Dia 27. Muy de madrugada se levantò el Comandante, y puesto à caballo
encargò generalmente á todos, que esa mañana asasen carne y llevasen
fiambre, en la inteligencia que no se habia de hacer fuego hasta no
sorprender al cacique Guayquitipay y los suyos. Con esta advertencia
marchamos entre ocho ó nueve del dia, con grandìsimo trabajo, por la
mucha agua y esteros que no se puede ponderar: y á las dos de la tarde
llegamos donde nos esperaba la partida, la que nos dió notica de haber
visto algunos animales vacunos, por cuya causa nos paramos hasta las
cuatro de la tarde que seguimos. Habiendo salido à una loma, hicimos
alto, despachando tres indios que fuesen con gran cuidado á bombear, y
trajesen noticia cierta, en cuyo intermedio se dió órden de mudar
caballo y estar prontos para lo que se ofreciese. Este dia se caminaría
como 8 leguas.
Dia 28. Llegaron los tres indios de madrugada, diciendo habian bombeado
esa noche los toldos, pero que les parecia no eran los de Quayquitipay
sino los de Currel: que eran sus parciales, que no se les debia hacer
daño alguno. Con cuyo motivo se determinò mantenernos en el propio lugar
por no ser sentidos, no permitiendo se hiciese fuego en lugar alguno, y
que á la noche caminariamos y cercariamos los toldos á fin de que no se
escapase alguno, y de ellos se sacarian vaqueanos para que nos
condujesen à los toldos de Quayquitipay, para cuya empresa se
despacharon dos partidas, y que estas estuviesen con bastante cuidado y
nos aguardasen hasta que llegasemos. A las cuatro de la tarde llegó la
partida de tres indios, que conducia un indio preso de nacion Teguelche,
y siendo examinado por medio de intérpretes dijo: que Guayquitipay lo
habia enviado á recoger el ganado que con el temporal se les habia
desparramado: que los toldos del dicho Guayquitipay estaban inmediatos:
que eran 25, y 15 del cacique Alequete, pero que estos estaban un poco
distantes, y que el cacique Currel se habia separado. Con esta noticia
mandó el Comandante nos pusiesemos en marcha siendo las seis de de la
tarde, y à la oracion llegamos á un arroyo en el que se mudó caballos, y
pasándolo á nado, se dejó à sus orillas las caballadas y carretillas al
cuidado de 20 hombres, marchando nosotros el resto de la noche hasta
ponernos inmediatos á dicha toldería, llevando al indio Teguelche con
gran custodia. Luego que este dijo que estabamos muy cerca, despachó el
Comandante dos indios del cacique Lincon, à satisfacerse si estaban ó nó
los toldos, y viniendo con la noticia que era cierto, y que los indios
estaban durmiendo, mandó dicho Comandante sacasen retirado al indio
Teguelche y le quitasen la vida. En este rato de dia con el resto de la
noche, se caminarian de 6 á 7 leguas.
Dia 29. Luego que nos dispusimos à marchar para hacer el cerco y
sorprender la toldería dicha, al mandarlo poner en ejecucion el
Comandante, se llegaron á él los caciques amigos y le suplicaron no
diese órden de hacer fuego à nuestra gente, despues de cercados los
toldos, hasta que ellos avisasen, porque querian sacar muchos parientes
y amigos que estaban en dichos toldos. Y habiendo marchado ya que
aclaraba, picando los caballos, teniendo la gente en órden y avistando
los toldos, fuimos de improviso y los cercamos en forma de media luna,
llevando al costado izquierdo, hácia la parte del N, los indios amigos,
y al costado derecho nuestra gente de lanza, y en el centro las armas de
fuego divididas en cinco mangas de á 10 cada una: mandada la primera por
D. José Bagué, la segunda por D. Juan Antonio Hernandez, la tercera por
D. Gerónimo Gonzalez, la cuarta por D. Domingo Lorenzo y la quinta por
D. Felipe Guelves: pero fué tal el susto que dichos cercados recibieron,
que totalmente no sabian lo que se hacian, pues solo el cacique se
mostrò en esta ocacion guapo como un Bernardo. Finalmente muriò este,
con todos los demas que los indios amigos dijeron no ser sus parciales.
Este dia se hubieran muerto sobre 150 indios si no les hubieran servido
de asilo los caciques amigos; pero quedó enteramente destrozada esta
toldería y nuestros parciales llenos de despojos y de aquellas familias
de los muertos, en que no quiso tener parte nuestro Comandante, ni
ninguno de los nuestros á fin de no disgustar à dichos indios amigos.
Luego que se concluyò, se dió órden á la gente se retirasen à descansar
y comer, pues habia 24 horas que no comian, mandando al mismo tiempo
dicho Comandante se trajesen las caballadas y carretillas que estaban
distantes como cuatro leguas. Entre 11 y 12 del dia llegò un indio
ladino, llamado José, de la parcialidad del cacique Lincon, herido,
quejàndose al Comandante, que yèndose à pasear á unos toldos inmediatos
lo hiriò un indio amigo del cacique muerto, con cuyo motivo mandó dicho
Comandante un recado al cacique Lincon, pidiéndole 30 indios armados,
los que inmediatamente estuvieron prontos, y haciendo montar 40 hombres
de los nuestros, marchamos á aquellas horas en seguimiento de dichos
indios, y yéndolos corriendo à distancia de una legua se nos cayó muerto
repentinamente del caballo el alferez D. Gerónimo Gonzalez, y habièndole
avisado al Comandante, volviò atras, y preguntando que habia sucedido,
le respondieron--no es nada: y volviendo à alcanzar su gente, luego que
se incorporò con nosotros, mandó se detuviese la que iba adelante pero
sin dejar de correr. Y á poco trecho se alcanzaron tres indios y una
china, y matándolos se les quitò la caballada, así à estos como à los
demas que iban huyendo, de la que se aprovechó nuestra gente: con lo que
nos retiramos á nuestro campamento, y unidos marchamos hasta aquel
arroyo en donde la noche antes habiamos dejado las caballadas y
carretillas, y en donde acampamos hasta el otro dia.
Dia 30. Caminamos, y todos los indios con nosotros, pasando unos
grandes esteros muy pantanosos; y á las cinco de la tarde, habiendo
salido à un albardon y caminado todo el dia, paramos para hacer aquí
noche, y habiendo concurrido todos los caciques amigos, se despidieron
del Comandante y demas oficialidad, dicièndonos pretendian retirarse al
otro dia de mañana para sus toldos. Lo que oido por el dicho Comandante,
les hizo un razonamiento para que condujesen los rehenes ofrecidos en
las paces, por el mes de Mayo cuando bajasen á nuestra frontera: lo que
ofrecieron harian con gran gusto.
Dia 1.º de Diciembre. Caminamos al rumbo del N muy de mañana, y todos
los caciques en vuelta de sus toldos, y llegando nuestra armada à las
tres de la tarde al Rio Dulce, fué preciso pasar la gente à nado por
estar muy crecido: en cuyo transporte se hubieron de ahogar 3 hombres, à
no haberseles acudido inmediatamente à favorecerlos: los que se pudieron
libertar, aunque con bastante trabajo. Se dispusieron de algunos cueros
pelotas para pasar los cañoncitos, pertrechos y demas equipages,
habiendo acaecido el haberse ido á fondo en medio de dicho rio una
pelota con siete armas y ropa de la gente de la compañia del Salto, la
que no se pudo sacar por ser ya de noche y estar la gente rendida de
nadar, y se dejó para el dia venidero.
Dia 2. De mañana se hizo buscar la pelota, y se consiguió el hallaria y
sacar todo lo que en ella habia, à excepcion de dos pistolas que no se
pudieron hallar. Desde este parage determinó el Comandante despachar al
capitan D. Juan Antonio Hernandez, de embajador con los pliegos al Señor
Gobernador, de lo acaecido en la expedicion; quien se determinó à
caminar con 6 hombres de su compañia. Y puesto en camino à las ocho del
dia, tomó el rumbo del N, habiendo pasado dos arroyos à las tres de la
tarde; y siguiendo la derrota hasta las doce de la noche, que se viò
precisado á parar por haberle sobrevenido una gran tormenta de lluvia,
truenos y relàmpagos, y tan oscura, que fué preciso el hacer un círculo
para poder sugetar la caballada que llevaban por delante. Y habiéndose
serenado á las tres de la mañana, se puso en marcha, llegando al aclarar
el dia al Rio Salado, el que halló crecido y pasó el vado á caballo.
Dia 3. Siguiendo á trote y galope, fué preciso ir dejando algunos
caballos por el campo, por estar cansados, y no dilatarse en llegar; y á
las seis de la tarde llegó á vistar las chacras de la frontera de Lujan,
de donde caminó toda la noche.
Dia 4. Llegó á la ciudad de Buenos Aires á la una y media del dia, y
habiendo entrado al Fuerte y siendo avisado nuestro Capitan General,
mandó Su Señoría subiese arriba: á quien entregándole los pliegos, y
leidos, se sirvió permitirle fuese á descansar hasta el otro dia de
mañana, pues ya hacia tres dias y dos noches no habia dormido ni
descansado dicho capitan.
Dia 5. A las doce del dia fué servido el Señor Gobernador despacharle
con cartas en respuesta del pliego al Comandante D. Manuel de Pinazo,
por no haber si lo posible antes, pues se hallaba ocupado en la Junta
con el Ilustrísimo Señor, y saliendo de la ciudad caminó toda la noche,
y entregó dicho pliego al otro dia 6 al dicho Comandante, y se le
permitió el retirarse á su casa por estar nuestra armada á las
inmediaciones de la Choza.
* * * * *
_Calidades y condiciones mas características de los indios Pampas y
Aucaces_.
Primeramente, son de estatura, por lo regular, dichos indios mediana, de
cuerpo robusto, la cara ancha y abultada, la boca mediana, la cariz
roma, los ojos pardos, y sanguinolentos, la frente angosta, los cabellos
lacios y gruesos, la cabeza por atras chata.
Su vestimenta se compone de muchos cueritos de zorrillos, pedazos de
leon y otros de venado, los que van ingiriendo, y hacen uno de dos y
media varas de largo, que le llaman _guavaloca_, y nosotros _quiapí_,
con lo que se cubren desde el pescuezo hasta los tobillos, fajándose por
la cintura con una soga de cuero de potro, y cuando tienen frio ó
llueve, lo alzan y quedan tapados.
Las indias gastan _quiapí_, lo mismo que los indios, con la diferencia
de que no lo atan por la cintura, sino por el pescuezo, que lo apuntan
con unos punzones de fierro pequeños, teniendo las cabezas de ellos como
espejos de plata ó de hoja de lata, y desde la cintura un tapa-rabo
corto, á medio muslo por delante. Gastan y quieren mucho los abalorios,
cuentas de cualesquiera calidad y cascabeles, con los que hacen
gargantillas en pescuezo, muñecas y piernas, tanto las mugeres como los
indios. Su comida se reduce á comer yegua, caballo, avestruces, venado y
cuanto animal encuentran, pero lo que mas apetecen es la yegua, y si se
ven afligidos, la comen cruda. Principalmente procuran para almorzar
cazar un venado, y apenas lo bolean (pues es su modo de cazar), le
agarran de las piernas y le dán contra el suelo un golpe, y dándole un
puñetazo en cada costillar, lo deguellan, no permitiendo que le salga
sangre alguna, sino que se le vaya introduciendo todo por el garguero, y
medio vivo lo abren por entre las piernas, cosa que quepa la mano, y
echándole fuera todas las tripas, sacan la asadura entera y se la comen
como si estuviera bien guisada, sorbiéndose el, cuajo, como si fuera un
pozillo de chocolate. El sebo, panza y lebrillo de la vaca lo comen
crudo y gustan mucho de ello, de suerte que cuando hacen invasion en
nuestras fronteras, no son sentidos, porque como no necesitan de fuego
para comer, se introducen con facilidad.
Son sumamente viciosos en toda clase de vicio: son grandes fumadores: el
aguardiente lo beben como agua, hasta que se privan enteramen: beben
mucho mate, y luego se comen la yerba, y con la bebida se acuerdan de
todos los agravios que han recibido ellos y sus antepasados, las peleas
que han tenido y las invasiones que han hecho: todo lo cantan y otros
lloran, que es una confusion oirlos. Luego que se levantan de mañana se
van al rio ó laguna que tienen mas inmediata, y se echan unos á los
otros gran porcion de agua en la cabeza, con lo que se retiran á dormir.
Sus armas, de que usan, son lanzas y bolas, en lo que son muy diestros,
y tienen sus coletos y sombreros de cuero de toro, que con dificultad le
entra la lanza, y esta ha de ser de punta de espada: algunos usan cota
de malla, pues se contaron hasta nueve. Entre ellos su modo de insultar
es al aclarar el dia, guardando un gran silencio en su caminata, pues si
se les ofrece parar por algun acontecimiento, con un suave silvido para
todos, que no se llega á percibir aun entre ellos rumor alguno, y
llegando á vista del parage que van á invadir, pican sus caballos, y á
todo correr, metiendo grande estrépito y algazara, no usando formacion
alguna sino que cada cual vá por donde quiere. En cuanto al despojo, el
que mas encuentra ese mas lleva, y al retirarse, llevando la presa,
aunque maten á sus mejores amigos ó parientes, no vuelven á defenderlos,
sino que cada uno procura caminar sin aguardarse unos á los otros,
llevando á las indias con ellos para que estas se hagan dueñas de las
poblaciones que invaden, y roben lo que pudieren, mientras ellos pelean.
En cada toldería tienen su adivino, á quien llevan consigo cuando van á
invadir alguna parte, y mientras no están cerca, por las tardes ó á la
noche, se ponen á adivinar. El modo es clavar todas sus lanzas muy
parejamente, y al pié de ellas es que su dueño sentado, poniéndose en
medio, al frente el adivino, y detras de él todas las indias, y teniendo
en la mano dicho adivino un cuchillo, comenzándolo á mover como el que
pica carne, entona su canto al que todos responden, y de allí á media
hora, poco mas ó menos, comienza el adivino á suspirar y quejarse
fuertemente, torciéndose todo y haciendo mil visajes, siguiendo los
demas dicho canto, hasta que allí á un rato, que pega un alarido muy
grande, se levantan todos. Preguntándole el cacique, (quien está en la
derecha del mencionado adivino, con un machete en la mano) sin mirarlo á
la cara, todo lo que él pretende saber, él le vá respondiendo lo que le
dá gana, y esto lo creen tan fuertemente, que no hay razones con que
convencerlos, aunque les sale todo nulo: pues están persuadidos que con
aquel canto que hacen vieron el _gualichu_, que así llaman al diablo, y
que este se introduce en el cuerpo del adivino, y les habla por él,
revelándole todo lo que quieren saber. Despues de concluido le dan á
beber un huevo de avestruz crudo, y agua, haciéndole fumar tabaco, que
es el regalo que le hacen al _gualichu_, dándole al adivino vómitos
fingidos: y entonces comienzan á gritar todos, y echando fuego al aire,
que tienen prevenido, se despiden de dicho _gualichu_, que dicen sale
del cuerpo del adivino, y se retiran á sus toldos.
Sus médicos son como los adivinos, pues estando alguno enfermo, sea del
mal que fuese, llaman á la médica, y puesta al pié del enfermo, y todos
los amigos y parientes en rueda, toma la dicha médica unos cascabeles en
la mano y comienza á sonarlos, cantando al mismo tiempo, á lo que todos
responden: y de ahí á poco rato comienza á quejarse y torcerse toda con
muchos visajes, y comenzando á chupar la parte que al enfermo le duele;
está así mucho rato, prosiguiendo los demas cantando. La médica escupe y
vuelve á chupar, siendo esta la medicina que le aplican; y vimos en una
ocasion que una gran médica de estas dejó á la muger del cacique
Lincon, tuerta, de tanto chuparle un ojo, por haberle ocurrido en él un
humor: esto lo sobrellevan muy gustosos, en la inteligencia que pende
del _gualichu_.
Las casas ó poblaciones son de estacas de tres varas, y cueros de
caballos, por los lados y techos, que ellos les llaman _suca_ y nosotros
toldos. En cada uno vive una familia, y en medio de dichos toldos tiene
el cacique su habitacion, la que no es fija, pues en un parage viven un
mes, en otros quince dias ó veinte, con cuyo motivo es difícil dar con
ellos.
No tienen subordinación á sus caciques, pues cuando quieren, dejan á uno
y van á vivir con otro; y si el cacique emprende ó tiene que hacer
alguna empresa, á todos se lo comunica y cada uno dá su parecer.
Cada uno tiene las mugeres que pueda comprar, y viéndose aburrido de
ellas las rende á otros; y si llegan á tomar algunas cautivas, luego que
llegan á sus toldos se casan con ellas: y si dichas cautivas, mas que
sean indias, no van contentas, luego las lancean y las arrojan del
caballo, y aunque estén medias vivas, las dejan.
El trabajo de ellos se reduce á tomar yeguas y potros silvestres, cazar
zorrillos, leones, tigres y venados, de cuyas pieles hacen las indias
_quiapís_ y _guasipicuás_, y de las plumas de avestruz hacen plumeros,
siendo ellas las que todo lo trabajan, pues les dán de comer, cargan las
cargas, mudan los toldos y los arman: y aunque las vean los indios,
quienes están echados de barriga, no se mueven á ayudarlas en nada;
antes sí, si es poco sufrido, se levanta, y con las bolas que nunca las
dejan de la cintura, le dan de bolazos, y á esto no llora ni se queja la
india.