RISAS--LLANTOS

La sala de la «Pansitería Macanista de buen gusto» ofrecía en aquella

noche un aspecto estraordinario.

Catorce jóvenes, de las principales islas del Archipiélago, desde el

indio puro (si es que los hay puros) al español peninsular, se reunían

para celebrar el banquete que el P. Irene aconsejaba, en vista de

la resolucion dada al asunto de la enseñanza del castellano. Habían

alquilado para sí todas las mesas, mandando aumentar las luces y

pegar en la pared, junto á los paisajes y kakémonos chinescos, este

estraño versículo:

¡Gloria á Custodio por sus listuras y pansit an la tierra á los

chicos de buena voluntad!

En un país donde todo lo grotesco se cubre con capa de seriedad,

donde muchos se elevan á fuerza de humo y aire calentado; en un pais

donde lo profundamente serio y sincero daña al salir del corazon y

puede ocasionar disturbios, probablemente aquella era la mejor manera

de celebrar la ocurrencia del insigne don Custodio. Los burlados

contestaban á la sorna con una carcajada, al pastel gubernamental

respondían con un plato de pansit, ¡y todavía!

Se reía, se chanceaba, pero era visible que en la alegría había

esfuerzo; las risas vibraban de cierto temblor nervioso, de los ojos

saltaban rápidas chispas y en más de uno se vió una lágrima brillar. Y

sin embargo, aquellos jóvenes eran crueles, ¡eran injustos! No era

la primera vez que se resolvían así los más hermosos pensamientos,

que se defraudaban las esperanzas con grandes palabras y pequeñas

acciones: antes de don Custodio, hubo otros muchos, ¡muchísimos!

En medio de la sala y bajo los faroles rojos, se veían cuatro mesas

redondas, dispuestas simétricamente formando un cuadrado; servían de

asiento banquillos de madera igualmente redondos. En el centro de cada

mesa, segun el uso del establecimiento, se presentaban cuatro platitos

de colores con cuatro pasteles cada uno, y cuatro tazas de té con sus

correspondientes cubiertas, todas de porcelana roja; delante de cada

banquillo se veían una botella y dos copas de luciente cristal.

Sandoval, á fuer de curioso, miraba, escudriñaba todo, probaba las

pastas, examinaba los cuadros, leía la lista de los precios. Los demás

hablaban del tema del día, de las actrices de la opereta francesa y la

enfermedad misteriosa de Simoun á quien, segun unos, habían encontrado

herido en la calle, segun otros, había intentado suicidarse: como era

natural se perdían en conjeturas. Tadeo daba su version particular,

segun él, tomada de buena fuente. Simoun había sido atacado por

un desconocido en la antigua plaza del Vivac; los motivos eran la

venganza, y en prueba de ello el mismo Simoun se negaba á dar la más

mínima explicacion. De allí pasaron á hablar de venganzas misteriosas,

y naturalmente de hazañas frailunas contando cada uno las proezas de

los respectivos curas de sus pueblos.

Una cuarteta, en grandes letras negras, coronaba el friso de la sala

y decía:

De esta fonda el cabecilla

Al público advierte

Que nada dejen absolutamente

Sobre alguna mesa ó silla.

--¡Vaya una advertencia! exclamó Sandoval; si habrá confianza en la

cuadrilla, ¿eh? Y ¡qué versos! Don Tiburcio convertido en redondilla,

¡dos piés, uno más largo que otro entre dos muletas! Si los ve Isagani,

¡los regala á su futura tía!

--¡Aquí está Isagani! contestó una voz desde las escaleras.

Y el dichoso joven apareció radiante de alegría, seguido de dos

descamisados chinos que llevaban en enormes bandejas fuentes que

esparcían apetitoso olor. Alegres esclamaciones los saludaron.

Faltaba Juanito Pelaez, mas habiendo pasado ya la hora, sentáronse

á la mesa alegremente. Juanito siempre iba á ser informal.

--Si en su lugar hubiésemos invitado á Basilio, dijo Tadeo, nos

divertiríamos más. Le emborrachariamos para sacarle algunos secretos.

--Qué, ¿el prudente Basilio posee secretos?

--¡Vaya! contestó Tadeo, ¡y de los más importantes! Hay ciertos enigmas

de los cuales él solo conoce la llave... el muchacho desaparecido,

la monja...

--Señores, ¡el pansit lang-lang es la sopa por excelencia! gritaba

Makaraig; como usted verá, Sandoval, se compone de setas, langostinos

ó camarones, pasta de huevos, sotanjun, trozos de gallina y qué sé

yo más. Como primicias, ofrezcamos los huesos á don Custodio; á ver

¡que proyecte algo sobre ellos!

Una alegre carcajada recibió esta arenga.

--Si lo llega á saber...

--¡Se viene corriendo! añadió Sandoval; la sopa es excelente, ¿cómo

se llama?

--Pansit lang-lang, esto es, pansit chino para diferenciarlo del otro

que es propio del país.

--¡Bah! es nombre difícil de retener. ¡En honor á don Custodio le

bautizo proyecto de sopa!

El nombre nuevo quedó aceptado.

--Señores, dijo Makaraig que era el que había dispuesto el menú;

¡aun tenemos tres platos! Lumpiâ de chino hecho de carne de cerdo...

--¡Que se ofrece al P. Irene!

--¡Sopla! El P. Irene no come cerdo si no se quita la nariz, observó

en voz baja un joven de Iloilo á su vecino.

--¡Se quitará la nariz!

--¡Abajo la nariz del P. Irene! gritaron todos en coro.

--¡Respeto, señores, más respeto! reclamó Pecson con cómica gravedad.

--El tercer plato es una torta de cangrejos...

--Que se dedica á los frailes, añadió el de Visayas.

--Por lo cangrejos, terminó Sandoval.

--¡Justo, y se llamará torta de frailes!

Todos repitieron en coro: ¡torta de frailes!

--¡Protesto en nombre de uno! dijo Isagani.

--¡Y yo, en nombre de los cangrejos! añadió Tadeo.

--¡Respeto, señores, más respeto! volvió á gritar Pecson con la

boca llena.

--El cuarto es el pansit guisado que se dedica... ¡al gobierno y

al pais!

Todos se volvieron hácia Makaraig.

--Hasta hace poco, señores, continuó, el pansit se creía chino o

japonés, pero es el caso que no conociéndose ni en la China ni en

el Japon, parece ser filipino, y sin embargo los que lo guisan y

benefician son los chinos: idem de idem de idem lo que les pasa al

gobierno y á Filipinas: parecen chinos pero si lo son ó no lo son,

doctores tiene la Santa Madre... Todos comen y gustan de él y sin

embargo hacen melindres y ascos; lo mismo le pasa al pais, lo mismo

al gobierno. Todos viven á su costa, todos participan de la fiesta

y despues no hay país más malo que Filipinas, no hay gobierno más

desorganizado. ¡Dediquemos pues el pansit al pais y al gobierno!

--¡Dedicado! dijeron en coro.

--¡Protesto! exclamó Isagani...

--¡Respeto á los menores, respeto á las víctimas! gritó en voz hueca

Pecson levantando en el aire un hueso de gallina.

--¡Dediquemos el pansit al chino Quiroga, uno de los cuatro poderes

del mundo filipino! propuso Isagani.

--¡No, á la Eminencia Negra!

--¡Silencio! exclamó uno con misterio; en la plaza hay grupos que

nos contemplan y las paredes oyen.

En efecto, grupos de curiosos estacionaban delante de las ventanas,

mientras que la algazara y la risa en los establecimientos contiguos

habían cesado por completo, como si prestasen atencion á lo que pasaba

en el banquete. El silencio tenía algo de estraordinario.

--Tadeo, ¡pronuncia tu discurso! le dijo en voz baja Makaraig.

Se había convenido que Sandoval, como el que más cualidades de orador

tenía, resumiría los brindis.

Tadeo, perezoso como siempre, nada había preparado y se veía en un

apuro. Mientras aspiraba un largo sotanjun, pensaba en cómo salir

del paso, hasta que recordó un discurso aprendido en la clase y se

dispuso á plagiarlo y adulterarlo.

--¡Queridos hermanos en proyecto! comenzó gesticulando con los dos

palitos de comer que usan los chinos.

--¡Animal! ¡suelta el sípit que me has despeinado! dijo un vecino.

--«Llamado por vuestra eleccion á llenar el vacío que ha dejado en»...

--¡Plagiario! le interrumpió Sandoval; ¡ese discurso es del presidente

de nuestro Liceo!

--«Llamado por vuestra eleccion,--continuó Tadeo imperturbable,--á

llenar el vacío que ha dejado en mi... mente (y se señaló el abdómen)

un varon ilustre por su doctrina cristiana y por sus ocurrencias y

proyectos merecedor de tener un poquito más de memoria, ¿qué podrá

deciros quien como yo tiene mucha hambre porque no ha almorzado?»

--¡Toma un cuello, chicooó! díjole el vecino presentándole un cuello

de gallina.

--«Hay un plato, señores, tesoro de un pueblo que es hoy fábula

y ludibrio de la tierra, en donde han ido á meter su hambrienta

cucharada los más grandes tragones de las regiones occidentales del

globo...»--señalando con sus palitos á Sandoval en lucha con una

recalcitrante ala de gallina.

--Y ¡orientales! replicó el aludido trazando un círculo con la cuchara

para comprender á todos los comensales.

--¡No valen interrupciones!

--¡Pido la palabra!

--¡Pido patís! añadió Isagani.

--¡Que venga el lumpiâ!

Todos pidieron el lumpiâ y Tadeo se sentó muy contento de haber salido

del paso.

El plato consagrado al P. Irene no pareció famoso y Sandoval lo

manifestó así cruelmente:

--¡Brillante de grasa por fuera y puerco por dentro! ¡Que venga el

tercer plato, la torta de frailes!

La torta no estaba hecha todavía; se oía el chirrido de la manteca

en la sarten. El intermedio lo aprovecharon para beber y pidieron

que Pecson hablase.

Pecson se persignó seriamente, se levantó conteniendo á duras penas su

risa de bobo, é imitando á cierto predicador agustino famoso entonces,

principió á murmurar como si recitase la tésis de un sermon.

«Si tripa plena laudat Deum, tripa famelica laudabit fratres; si tripa

llena alaba á Dios, tripa hambrienta alabará á los frailes. Palabras

que dijo el señor Custodio por boca de Ben Zayb, periódico El Grito

de la Integridad, artículo segundo, tontería ciento cincuenta y siete.»

«¡Queridos hermanos en Jesucristo!

«¡El mal sopla su impuro aliento sobre las verdes costas de la

Frailandia, vulgo Archipiélago filipino! No brilla un día sin

que resuene un ataque, sin que se escuche un sarcasmo contra las

reverendas, venerandas y predicandas corporaciones, indefensas

y faltas de todo apoyo. Permitidme, hermanos, que un momento me

haga caballero andante para salir en defensa del desvalido, de las

santas corporaciones que nos educaron, confirmando una vez más la

idea complementaria del adagio, tripa llena alaba á Dios, cual es,

tripa hambrienta alabará á los frailes.»

--¡Bravo, bravo!

--Oye, dijo Isagani seriamente; te advierto que tratándose de frailes,

respeto á uno.

Sandoval que ya estaba alegre se puso á cantar:

¡Un fraile, dos frailes, tres frailes en el coooro

Hacen el mismo efecto que un solo tooooro!

--Escuchad, hermanos; volved la vista hácia los hermosos días de

vuestra infancia; tratad de examinar el presente y preguntaos el

porvenir. ¿Qué teneis? ¡Frailes, frailes y frailes! Un fraile os

bautiza, confirma, visita en la escuela con amoroso afan; un fraile

escucha vuestros primeros secretos, es el primero en haceros comer á

un Dios, en iniciaros en la senda de la vida; frailes son vuestros

primeros y últimos maestros, fraile es el que abre el corazon de

vuestras novias, disponiéndolas á vuestros suspiros, un fraile os

casa, os hace viajar por diferentes islas proporcionándoos cambios

de clima y distracciones; él os asiste en vuestra agonía y aunque

subais al cadalso, allí está el fraile para acompañaros con sus rezos

y lágrimas y podeis estar tranquilos que no os ha de abandonar,

hasta veros bien muertos y ahorcados. Mas su caridad no termina

allí; muertos ya procurará enterraros con toda pompa, luchará para

que vuestro cadáver pase por la iglesia, reciba los sufragios y

solo descansará satisfecho cuando os pueda entregar en manos del

Criador purificados aquí en la tierra, gracias á temporales castigos,

torturas y humillaciones. ¡Conocedores de la doctrina de Cristo que

cierra el cielo á los ricos, ellos, nuevos redentores, verdaderos

ministros del Salvador, inventan todas las astucias para aligeraros

de vuestros pecados, vulgo cuapì, y los trasportan lejos, muy lejos,

allá donde los condenados chinos y protestantes viven, y dejan esta

atmósfera límpida, pura, saneada, de tal modo que aunque quisiéramos

despues, no pudiésemos encontrar un real para nuestra condenacion!

«Si pues su existencia es necesaria á nuestra felicidad, si do

quiera que llevemos la nariz nos hemos de encontrar con la fina mano,

hambrienta de besos, que aplana cada día más el maltrecho apéndice

que en el rostro ostentamos ¿por qué no mimarlos y engordarlos y

por qué pedir su antipolítica expulsion? ¡Considerad un momento el

inmenso vacío que en nuestra sociedad dejaría su ausencia! ¡Obreros

incansables, mejoran y multiplican las razas; desunidos como

estamos merced á celos y susceptibilidades, los frailes nos unen

en una suerte comun, en un apretado haz, tan apretado que muchos no

pueden mover los codos! ¡Quitad al fraile, señores, y vereis cómo el

edificio filipino tambaleará, falto de robustos hombros y velludas

piernas, la vida filipina se volverá monótona sin la nota alegre del

fraile jugueton y zandunguero, sin los libritos y sermones que hacen

desternillar de risa, sin el gracioso contraste de grandes pretensiones

en insignificantes cráneos, sin la representacion viva, cuotidiana, de

los cuentos de Boccacio y Lafontaine! Sin las correas y escapularios,

¿qué quereis que en adelante hagan nuestras mujeres sino economizar ese

dinero y volverse acaso avaras y codiciosas? Sin las misas, novenarios

y procesiones, ¿dónde encontrareis panguinguis para entretener sus

ocios? tendrán que reducirse á las faenas de la casa y en vez de

leer divertidos cuentos de milagros, ¡tendremos que procurarles las

obras que no existen! Quitad al fraile, y se desvanecerá el heroismo,

serán del dominio del vulgo las virtudes políticas; quitadle y el

indio dejará de existir; el fraile es el Padre, el indio el Verbo;

aquel el artista, éste la estatua, ¡porque todo lo que somos, lo que

pensamos y lo que hacemos, al fraile se lo debemos, á su paciencia,

á sus trabajos, á su constancia de tres siglos para modificar la

forma que nos dió Naturaleza! Y Filipinas sin fraile y sin indio,

¿qué le pasará al pobre gobierno en manos con los chinos?»

--¡Comerá torta de cangrejos! contestó Isagani á quien le aburría el

discurso de Pecson.

--¡Y es lo que debemos hacer! ¡Basta de discursos!

Como no aparecía el chino que debía traer el plato, levantóse uno de

los estudiantes y se fué al fondo, hácia el balcon que daba al río;

mas se volvió inmediatamente haciendo señas misteriosas.

--Nos espían; ¡he visto al favorito del P. Sibyla!

--¿Sí? exclamó Isagani levantándose.

--Es inútil; al verme se ha ido.

Y acercándose á la ventana, miró hácia la plaza. Despues hizo señas

á sus compañeros para que se acercasen. Vieron salir por la puerta

de la pansitería un joven que miraba á todas partes y entraba con un

desconocido en un coche que esperaba junto á la acera. Era el coche

de Simoun.

--¡Ah! exclamó Makaraig; ¡el esclavo del Vice Rector servido por el

Amo del General!

El Filibusterismo (Continuación del Noli me tángere) · 第 53 / 83 题