Doctor Don Vicente Lopez.
_Señores!!_
La muerte no ha completado su triunfo sobre el hombre que aquí yace. La
tierra ha caido sobre sus restos, pero no el olvido. Las jeneraciones
argentinas al sucederse unas á otras, trasmitirán á la mas remota
posteridad el nombre, las virtudes, el patriotismo y el claro talento del
Sr. Dr. D. Vicente Lopez y Planes.
El que narrase la vida tan llena y completa de este varon benemérito,
haria á la vez la historia laboriosa de nuestra patria desde los primeros
años de este siglo. El fué uno de esos séres privilejiados que recibieron
de la Providencia las dotes necesarias para emprender la obra de la
rejeneracion de América. El pertenece á esa jeneracion denodada que en
los campos de batalla, en las asambleas, en los consejos del gobierno,
por medio de la accion y de la palabra, estaba destinada por Dios para
transformar una colonia en una nacion independiente.
En diferentes climas de este mundo, mi corazon se conmovió siempre, como
el corazon de un hijo cuando una de esas almas bien templadas remontaba
al cielo. En este momento yo lamento la pérdide de uno de los padres de
mi patria y tambien de mi inteligencia. A este último título, escusadme,
señores, si ante esos lábios elocuentes que ha enmudecido el sueño eterno,
se atreven á abrirse los mios. Yo no soy capaz ni siquiera de comprender
todo el valor moral de ese republicano segun el evangelio; de ese justo
acrisolado por la filosofia; de esa cabeza escojida é indagadora que
tras las huellas de Newton sabia seguir el curso de los astros, y cantar
inspirado como Fr. Luis de Leon sus misterios y sus armonias reveladas por
el sentimiento de lo infinito.
Señores, somos argentinos: somos hombres de amor, de sentimiento y de
entusiasmo. Estas magnificas cualidades hervian ardientes en el alma del
Dr. Lopez: él fué nuestro compatriota por escelencia. Nuestro amor debe
derramarse á torrentes sobre su tumba como nuestras lágrimas.
Las fuerzas morales tuvieron para él en las dificultades de la vida, dos
fuertes columnas de apoyo la relijion de sus padres y la relijion de la
Patria.
Le habeis conocido, Señores: Aquel manso filósofo, cuya palabra escojida,
mesurada, armoniosa, acariciaba amorosamente el oido de quien la
escuchaba; aquel cristiano que amaba al prójimo como á si mismo; aquel
hombre de paz que estudió por inclinacion la ciencia de distribuir la
justicia,--ese mismo fué un guerrero intrépido y audaz cuando el peligro
de la patria puso una espada en sus manos de ciudadano. Las insignias de
maestro en leyes, le fueron colocadas en la Universidad de Chuquisaca
sobre el uniforme de capitan de Patricios con que se habia distinguido en
las famosas acciones de guerra de 1806 y 1807, en las calles y suburbios
de la ciudad que tanto amó.
Bautizado por los peligros en la religion de la gloria, la gloria estará
siempre desvelada sobre su tumba.
El Dr. Lopez fué una de esas criaturas á quienes Dios tanto ama, que los
identifica con su patria, dándoles un instante de inspiracion para que en
él reasuman y den forma al instinto característico de esa mísma patria en
toda su prolongada duracion.
La _noble igualdad_ de la democracia; el presentimiento de la realidad
de la independencia en el albor de la lucha que habia de conquistarla;
la fé en la libertad, todas estas aspiraciones realizades mas tarde á
fuerza de sangre y de heroismo, él las impuso como de fé á su pueblo y al
mundo, desde los primeros dias de nuestra revolucion en las magníficas
estrofas de _la marcha nacional argentina_. Himno sagrado que repetimos
en las grandes conmemoraciones patrias, puestos en pié y con la cabeza
descubierta por respeto á la santidad de los conceptos y á la sangre de
nuestros mártires:--¿Cuánto no habrá contribuido á alentar el esfuerzo de
nuestros viejos soldados desde las márjenes del Plata hasta los torrentes
del Ecuador? Vosotros, señores, conoceis las emociones que en la niñez y
en la edad madura produce en todo pecho argentino ese himno para nosotros
inmortal. Yo he comprendido todo su poder y toda su influencia cuando me
he sentado á la orilla del Maipú y á las faldas del Pichincha. El agua
que corria, la brisa que pasaba por mis cabellos, me traia los versos
patrios del poeta como si saliesen de las tumbas de nuestros guerreros que
pelearon allí por la libertad de dos republicas hermanas. Ah! señores, el
molde en donde se vaciaron tan sublimes y armoniosos pensamientos tiene ya
en esa fria tierra la almohada de la noche sin dia siguiente.
Ah! y cuán sin vanidad era en medio de una gloria tan envidiable! El
prémio de merecerla, consistia, para él, por bendicion del cielo, en
encontrarse estimulado para obrar bien, para amar mas, y para sentirse
impelido hácia la juventud en quien miró siempre la prolongacion de la
patria. El estudiaba para enseñar, y enseñaba no solo para cultivar la
mente sino para elevar los sentimientos del corazon sobre el orgullo
del espíritu tan propenso á sublevarse en la edad de la inexperiencia.
El alma del Dr. Lopez era de aquellas que buscan el estudio como medio
de perfeccion moral: la encendia en el fuego de la ciencia para que
se levantase hácia arriba como una llama. Esa alma de poeta jamás se
materializó al investigar las leyes del mundo físico y al someter esas
mismas leyes al cálculo matemático. La fuerza atrayente de su moral,
subordinaba en ella todo lo creado de que tenia conciencia y conocimiento,
y armonizando lo que se palpa con lo que únicamente se concibe, lo
devolvia á Dios en un himno cuya sintesis segun él mismo se encerraba en
estas tan sublimes como sencillas espresiones: _hágase, señor, tu voluntad
así en la tierra como en el cielo_.[18]
Su voluntad se ha realizado--un justo mas está á su diestra....
Adios, mi venerado compatriota! Adios para siempre, maestro y amigo mio!
Permitidme que al separarme de vuestro sepulcro, diga para vos, lo que
dijisteis elocuentemente en este mismo sitio sobre la tumba de otro sabio
y virtuoso porteño: “Adornemos tu sepulcro con rosas y siempre-vivas y
mientras existan tus discípulos y amigos, y mientras haya amantes de la
gloria literaria de Buenos Aires, serás nombrado y alabado como un digno
modelo.