Se acabó de hacer la aguada, leña y sementeras: despaché al Cacique
Negro con sus indios, habiéndole regalado aguardiente, harina,
bizcocho y porotos, quedándome listo para por la mañana emprender mi
viage al Rio Negro.
Al anochecer vino á bordo el Cacique Negro, pretendiendo con fuertes
instancias una carta para el Exmo. Señor Virey, para que la condujesen
á Buenos Aires 4 indios que con el _Chanchuelo_, dice, vá á mandar á
esta ciudad, á fin de que estos pudiesen pasar por las guardias
francamente, y que el dicho cacique con Guchulap, Calpisquis, Toro,
Guchan, Canopey y Alcaú juntos, pasaban al Volcan á tomar bagualada,
de cuyo paraje queria despachar los expresados chasques Buenos Aires.
Y habiendo yo sabido por dicho cacique, que los dichos peones que
llevaban carta por tierra á Buenos Aires, llamado el uno Juan José, y
el otro Martinez, los tendrian detenidos en los toldos de Calpisquis
hasta el regreso del Cacíque Negro á ellos, por haber dicho allí unos
indios que nosotros marchabamos con mucha gente y armas para matarlos,
motivado de la venida del Super-intendente al Colorado, les dije que
de ningun modo irian estos indios mas seguros, que con los expresados
peones, pues llevaban cartas y pasaportes. Les expresé cuanto pude
esta seguridad, á fin de que no los detuviesen, y lograsen el viage
que se intenta por tierra; y regalé á este cacique cuanto pude, y á
sus indios, encargándole mucho la seguridad del peon Godoy,
haciéndoles muchos ofrecimientos mi regreso al Colorado.
El Chanchuelo me dijo, que el camino que llevaban los dos peones que
van á Buenos Aires, es el peor, y que el camino mejor era por cerca de
la costa hasta el Volcan, y que desde el Colorado hasta el Quenquen
habia cinco dias de camino bueno.