Las instituciones hispano y anglo-americanas son análogas en su parte
fundamental; ambas responden al principio republicano y al elevado
objeto de hacer efectiva la soberanía del pueblo.
De las repúblicas fundadas por descendientes de españoles, algunas han
dado un ensanche al sistema federal que vícia sus mayores ventajas,
otras se han dictado constituciones centralizadoras en el gobierno, sin
otorgar á las diversas secciones de su cuerpo político las atribuciones
que como colectividades tienen en aquellas. Todas, empero, proclaman la
igualdad y conceden al ciudadano la intervencion que le corresponde en
los asuntos públicos. Por eso las reformas sociales que el espíritu
humano exije con apremio en otros puntos del globo, han tenido en
América una solucion definitiva.
Y no podia ser de otro modo. Al arquitecto que tuviera la mision de
construir un monumento, le seria más fácil, presumo, levantarlo en
terreno vírjen, que destruir grandes murallas carcomidas por el tiempo
en los parajes que á su accion ha dejado libres, pero rebeldes á todos
sus instrumentos de destruccion en los ocultos cimientos. Tal así, fué
sencillo plantear las reformas del progreso en el mundo que nacia como
será difícil introducirlas con éxito en el mundo que decae. Los momentos
de desórden, las continuadas anarquías que han ajitado al nuevo
continente, no desvirtúan en lo mínimo la ventaja inapreciable de sus
conquistas morales, pues antes que en Europa ó en Asia se proclame la
libertad política y sea una verdad eficiente la condicion igual de los
hombres ante la ley ¡cuántas luchas, cuánta ruina y cuánta violencia ha
de conmover las viejas sociedades!
El océano que divide á la América de esos mundos, dice el publicista
Gichot, los divide menos que las instituciones y las costumbres. Sin
embargo, se dirá, siendo Europa la cuna de la actual civilizacion ¿á qué
obedece tal diferencia? A que era conocido ya el funesto efecto de los
privilejios cuando la América fué colonizada; á que se huía de ellos y
solo se formaban distinciones relativas por el esfuerzo de la labor
intelectual, ninguna como en la edad media por la influencia del sable.
Inglaterra con sus propósitos tradicionales de conquista, Francia con el
prestijio que han sabido darle sus escritores como iniciadora de toda
idea progresista y por obedecer á inveterados principios otras naciones
del viejo mundo, pretenden imponer al nuevo su influencia.--No es
necesario, para contrariar tales aspiraciones, combatir á los franceses,
tan cultos, intelijentes y jenerosos, á los ingleses tan emprendedores é
industriosos; basta desviar los intentos de las sociedades que se
derrumban, señalando á los miembros de ellas el hecho evidente de que
en América encontrarán algo que en Europa les falta: bienestar y
derechos.
Los defectos que producen la emigracion de los viejos paises no tienen
solucion posible: están en la naturaleza misma, exhausta ya y
empobrecida por el trabajo de muchas jeneraciones; en el interés de los
predestinados de la fortuna que invade el derecho ajeno y en el hambre
de los proletarios que ataca la propiedad.
En cuanto á los inconvenientes que todavia hoy pueden llamarse
característicos de ciertas secciones de América, solo existen en
detalles de administracion y se modificarán fácilmente con el estudio y
el ejercicio de las instituciones americanas; pero tienen bastante
alcance para poderse afirmar que unas y otras no pueden satisfacer del
mismo modo, en el órden material y moral, las necesidades y aspiraciones
de los hombres.
El poder centralista de Chile, la caprichosa lejislacion venezolana y
las prácticas de disgregacion que hay en otras repúblicas, no ofrecerán,
por cierto, al inmigrante las ventajas que obtiene en los Estados Unidos
ó en la República Arjentina, no solo porque favorecen á estos dos paises
condiciones que están en la tierra y en el clima, sino tambien porque
aquel que de su pátria se aleja para no contemplar en ella la injusticia
y para ver remunerado su trabajo, á la vez que una naturaleza vigorosa
donde tengan espansion sus aptitudes, busca garantías en favor de todos
sus derechos civiles y de los derechos políticos que deben adquirir sus
hijos.
Ahora bien, aunque los medios puestos en accion tengan, todo lo mas, una
similitud relativa, todas y cada una de las naciones americanas
persiguen fines idénticos; y, buscando resultados, me parece lójico
incorporar las fuerzas que se dirijen en un mismo sentido.
A impulsos de tal propaganda se podrá contrariar el hecho desconsolador
de que las instituciones hispano-americanas sean, á lo menos en la
práctica, como esos conciertos que se forman en las casas de vecindad
entre el violinista del primer piso, el clarinete del segundo y el
corneta del tercero, ó como los ferro-carriles de Colombia, donde por
construirse muchos no se ha llegado á tener uno bueno.
La comparacion es vulgar, pero es exacta.--En la tierra de Bolívar la
estructura del país opone sérios obstáculos al desenvolvimiento
material; pero como las ideas no reconocen en la topografía valla alguna
y los colombianos han seguido siempre con interés los progresos que la
industria moderna realiza en otras naciones, natural era que pensaran en
hacer ferro-carriles en su pátria.--Solo que si el Gobierno encontraba
oportuna la construccion de una vía en el Estado de Santander, por
ejemplo, el del Cauca reclamaba haciendo valer derechos semejantes en
razon de que las leyes nacionales acuerdan á cada uno de los Estados la
misma capacidad política y los mismos derechos ante los recursos
jenerales del país; y si este último obtenia alguna proteccion en favor
de su deseo, el del Tolima hacia notar á su vez, que no habia razon ni
justicia en abandonarlo al atraso eterno de la mula.--Resultado de tan
variadas exijencias tenia que ser el espectáculo que presencia hoy el
viajero en aquella república, ridículo, si se quiere, por el momento,
pero grandioso tal vez en lo futuro. Es indudablemente poco sério eso de
encontrar varias veces por dia durante la penosa navegacion del rio
Magdalena, rodeando á los mas miserables ranchos de indíjenas,
estaciones de ferro-carril con aparatosos continjentes de rieles
amontonados, locomotoras, coches, carros, etc., que no prestan servicio
activo ó que recorren á lo sumo una estension de diez á quince millas.
Estiéndanse todos esos trabajos comenzados, comuníquense unas vías con
otras formando una red jeneral y uniforme y entónces Colombia será uno
de los paises mas avanzados y ricos del nuevo mundo.
En materia de instituciones hágase otro tanto entre todas las repúblicas
de oríjen español, imítese uniformemente la lejislacion que tan grande y
poderosa ha hecho á la república del Norte; entónces todas y cada una en
su esfera, habrán conquistado la estabilidad, la paz y el adelanto,
contribuyendo así al bienestar propio y al de todos los hombres que de
otras partes del mundo vengan á buscar esos beneficios y los que son
inherentes al suelo americano.
Los resultados que se esperan de llamar todas las fuerzas de la
civilizacion á su verdadero centro, deben buscarse sin el ánimo de
colonizar esas tierras con una raza dada, porque la observacion de que
la raza sajona pretende apoderarse del comercio del mundo puede ser
pertinente en lo relativo á las actuales nacionalidades, pero en manera
alguna á la influencia que pudieran traer al nuevo mundo, donde los
elementos de asimilacion son tan poderosos que absorberán á todos los
hombres y á todas las razas que se establezcan en su suelo.--Eduardo
Laboulaye, el injenioso escritor que con tanta penetracion ha estudiado
los progresos de los Estados Unidos, dice: «Para demostrar al mundo que
el nuevo principio de civilizacion no depende ni de la raza ni de la
sangre, los americanos han abierto su país á todos los pueblos del
universo sin que semejante afluencia cause pertubacion alguna en su
marcha regular.»--El principio á que él se refiere es el democrático,
característico del sistema político fundado en América y contrario á
todas las formas de gobierno republicano ideadas en Europa. Aplicándolo
con verdad es como los Estados Unidos han alcanzado su apojco actual y
es como, en mi concepto, obtendrán los otros países del nuevo mundo el
puesto que les corresponde á la cabeza del progreso moderno.--En efecto,
la historia de la civilizacion es la historia de las migraciones; y la
prueba de que América es el asiento de la que se desenvuelve en el
presente, está gráficamente espresada en la circunstancia de haberla
elejido como nueva pátria los emigrantes asiáticos y los europeos:
aquellos dirijiéndose en cantidades á los Estados Unidos, á Colombia y
al Perú; estos estableciendo una séria corriente hácia los mismos
Estados Unidos, la República Arjentina y el Brasil.--Y si los intereses
del progreso están en estas jóvenes naciones, nada tienen que buscar en
Europa, ni es razonable suponer, como se ha significado algunas veces,
que se formen entre ellas pactos ofensivos.--Deben, si, alcanzar todo
jénero de garantías á fin de obtener la estabilidad y de consolidar para
siempre la paz internacional de unas con otras; deben con especial
empeño, aspirando á tan altos fines, prestijiar y realizar la armonia
institucional.
¿Para qué hacer, ahora, la historia política de los Estados Unidos?
¿Para qué buscar razones en favor de su sistema, si los resultados que
el mundo contempla admirado tienen una elocuencia superior á todas las
fraces? Nada puede, por cierto, desvirtuar el hecho inaudito de que un
siglo de trabajo y de libertad dentro de la ley haya bastado para
convertir á una simple colonia en la nacion mas poderosa y civilizada de
la tierra!
Las repúblicas hispano-americanas, que tan ligadas están en el pasado
por su oríjen y por sus luchas, en el presente por sus costumbres y por
su idioma; que tantos motivos tienen de uniformar tambien sus
aspiraciones en lo futuro ¿donde deberán buscar esa útil cohesion de
prácticas y de propósitos? ¿En el estudio y en el ejercicio de las
instituciones que se ha dictado esa gran nacionalidad ó en la
observancia de leyes añejas que nada bueno han producido? La respuesta
no puede ser dudosa.--El interés bien entendido de cada una de ellas
debe inclinarlas á imitar las primeras para conquistar los mismos
beneficios adquiridos á su amparo; el de todo el continente consiste en
desenvolver esas mismas instituciones, porque marchando en un mismo
sentido es como sus diversas secciones alcanzarán la fuerza que debe
ponerlas á cubierto de los ataques y la paz continental, aspiracion
suprema de la civilizacion americana. El interés de la humanidad, en
fin, exije, del mismo modo, la unidad de accion en el nuevo mundo, pues
solo en ella puede fundarse el desarrollo del principio republicano.
La elaboracion del perfeccionamiento político es sencilla para los
pueblos de América; y no hay motivo de suponer que ocasione como en
Europa revoluciones terribles, porque el privilejio fué para siempre
vencido en la tremenda guerra de secesion, cuando el Sud en nombre de
las prácticas aristocráticas sostenia el eterno sometimiento de los
esclavos y el Norte en apoyo de la idea democrática defendió é hizo
triunfar la santa causa de su emancipacion.--Sostengo que fué
definitivamente aniquilado en América el espíritu reaccionario porque
algunas repúblicas se habian anticipado á los Estados Unidos otorgando
al hombre negro las prerogativas y derechos del hombre blanco y porque
las otras imitaron muy luego tan noble ejemplo.
La América del Norte, la del Centro y la del Sud, á pesar de tener
incuestionables distinciones en su progreso material, se encuentran en
condiciones morales semejantes; ni en unas ni en otras hay nobles,
príncipes ó marqueses; no hay esclavos, no hay párias: solo hay
ciudadanos que trabajan por su bienestar propio y contribuyen al de la
sociedad en que viven.--En tan favorables circunstancias ¿no es tiempo
ya de hacer pesar en la balanza política á pueblos que tan altos fines
persiguen? Es claro; y en ese sentido es de fundamental importancia
prestijiar sus instituciones por la simultaneidad de sus procedimientos.
Asi que los hombres públicos de la América hispana se interesen con
decision en el perfeccionamiento de sus leyes, tiene que acontecer lo
que sucedió en Estados Unidos al organizarse la nacionalidad; que se
conquisten una por una las prácticas mas sábias, á medida que la
educacion política adquiera mayor ensanche.--En la pátria de Washington
los primeros trabajos de organizacion lejos de halagos solo ofrecian
decepciones. Se quiso fundar una série de nacionalidades pequeñas en los
territorios de las antiguas colonias, que protejidas por un Congreso
comun de delegados cumplieron los fines esternos é internos; pero este
cuerpo era una quimera sin la fuerza de accion que corresponde al
representante de la soberanía nacional: no podia hacer empréstitos, ni
crear impuestos; debia garantizar la paz y no tenia los medios de
sostener un ejército; debia hacer frente á los gastos de la Nacion sin
tener otra fuente de recursos que los subsidios voluntarios de los
Estados. Los americanos buscaron entonces los medios de equilibrar los
poderes subalternos y sostenerles una relativa independencia otorgando,
no obstante, al poder central la fuerza y las facultades que le
imprimieran carácter de tal. El resultado que la prudencia y habilidad
de sus estadistas produjo, todos lo conocemos: es la Constitucion, son
las prácticas mas adelantadas que conocen los fastos de la humanidad.
Ahora, es indudable que en las otras repúblicas hay que luchar contra
hábitos adquiridos y leyes dictadas ya en un sentido opuesto, porque
algunas han querido fundar grandes nacionalidades con peligro de la
libertad y centralizando el gobierno como en las viejas naciones de
Europa y otras han ensayado el sistema federal sin la preparacion
necesaria para adoptarlo, por falta de recursos en las subdivisiones
respectivas y por carecer estas de elementos de vitalidad y de educacion
política en sus habitantes.
No importa, los errores cometidos han recibido ya la inevitable leccíon
de la historia y las conquistas realizadas asumen una importancia tal,
que todas las naciones de América sentirán la necesidad de imitar, y de
imitar bien, las instituciones de los Estados Unidos.
Ademas, asi como es dificil que los inmigrantes europeos ó asiáticos
modifiquen totalmente las costumbres sociales y las prácticas politicas
de América, es siempre de temer que los gobiernos de Europa procuren
contrariar el desenvolvimiento de las ideas liberales que en el nuevo
mundo predominan.--El tema se ha debatido ya muchas veces en los
gabinetes, en los Parlamentos y hasta en los Congresos internacionales
del viejo mundo. La reunion _diplomatica_ de Troppau estableció á
principios de este siglo el derecho de intervenir á mano armada en
paises estraños, especialmente al tratarse de poner obstáculos á toda
tendencia contraria á la monarquia. En vista de estas manifestaciones,
en presencia de las declaraciones posteriores de otros gobiernos; á
sabiendas de que Francia é Inglaterra han debatido públicamente sobre
cual de ambas razas ó potencias debe influir con su intervencion en los
destinos del nuevo mundo; si muchos diarios de Italia han llegado á
insinuar que en época no muy remota los paises del Rio de la Plata deben
convertírse en colonias de sus nacionales; si el Ministro Robilant ha
tenido la audacia, muy recientemente, de espresar torpes amenazas contra
la integridad territorial de varias naciones de América; si cada dia se
significan en todas partes de Europa pretenciones mas ó menos
encubiertas en el mismo sentido ¿no es inconcebible que los defensores
de la república en América no hayan buscado aun los medios de ponerse á
cubierto de tales peligros?
* * * * *
Estos dichos y estos hechos demuestran, pues, que setenta años de
independencia, entre la vergüenza de la anarquía y la tarea de la
organizacion, no han desarraigado del cuerpo político americano el mal
que su fraccionamiento orijina ¿Por qué? ¿Porque los gobernantes han
procedido siempre como el curandero inesperto que emplea remedios
perentorios y locales para atacar un vicio que es de naturaleza
orgánica? El Congreso de Troppau, la Santa Alianza, las espediciones de
los piratas, las intervenciones en Méjico y en el Rio de la Plata, las
violaciones frecuentes del territorio americano, como en la costa de
Mosquitos, en Colombia etc, comprueban la existencia de un mal
periódico y demuestran que los remedios aplicados hasta hoy solo
producen efectos transitorios.
La necesidad de alcanzar de un modo eficiente la solucion definitiva que
requiere esa constante amenaza de reclamaciones injustas y arbitrarias
por parte de los gobiernos fuertes y el interés de conservar y propagar
las instituciones libres, debe necesariamente reunir á los pueblos de
América impulsándolos en la misma corriente de ideas.--De un modo ó de
otro, aunque la evolucion sea paulatina, la tendencia natural del
progreso y la bondad del principio democrático hará que se realice en
América la armonia institucional.