Franca admiracion despertaron en el mundo las reformas institucionales
de los Estados Unidos. Su lejislacion, la mas sábia que existe, es
imperfecta, sin embargo, como todas las cosas humanas.
Dos palabras--_instabilidad administrativa_--resumen de un modo palpable
los defectos inherentes al sistema; y seria, por lo tanto, aventurado
emitir un juicio definitivo sobre las tendencias de las naciones que lo
han adoptado, si él hubiera de estar sujeto á la apreciacion aislada de
los hechos históricos referidos en la primera parte de esta obra. Su
conocimiento debe, por el contrario, mostrarnos la conveniencia de
distinguir la política seguida por cada una de las administraciones y
los deseos ó sentimientos manifestados por cada uno de los pueblos.
Estos últimos, que intervienen de un modo bastante directo en el manejo
de los negocios, espresan mas bien pasiones que intereses. No es raro,
pues, que un gobierno, obedeciendo á las insinuaciones de la opinion, se
vea en el caso, muchas veces, de borrar con el codo lo que el anterior
escribió con la mano ni que, sometiéndose á las pasiones, lo haga á la
movilidad impuesta por los sucesos.
Puede servir esto de disculpa á los majistrados que se consideran
exentos de seguir una línea de conducta determinada; pero es preciso que
ellos no confundan los sentimientos transitorios con los permanentes y
que respetando la volubilidad de los pueblos cuyos destinos dirijen, en
ciertos casos, los estimulen y alienten en la via de sus intereses y
afectos constantes. Una nacion americana puede, por ejemplo, apasionarse
brevemente en favor ó en contra de otra; puede tener con ella una
guerra, que se llamará internacional como se llamó social lo que en
Estados Unidos sostuvo la Confederacion contra la Union; mas, así como
en la pátria de Washington los vínculos de la nacionalidad léjos de
aflojarse adquirieron nuevo vigor, el sentimiento de la fraternidad
americana se fortalecerá cada dia por encarnizadas que sean las
contiendas.
No puede ponerse en duda que este sentimiento existe en todas las
repúblicas de oríjen español. Se observa sin dificultad en las
manifestaciones de los respectivos delegados que asistieron á los
Congresos reunidos desde 1826 hasta hoy; y en la lectura meditada de la
narracion que contiene este libro, se descubre que toda oposicion á la
idea de la Union, ó por lo menos á la de la uniformidad en los
procedimientos internacionales, ha sido siempre de parte de un gobierno
que no ha interpretado la voluntad ó la inclinacion de sus
administrados.
El americano que abandona el suelo de su pátria nota fácilmente cuánto
se pronuncia en el estranjero ese sentimiento especial. Al encontrarse
con otro, esperimenta hácia él una simpatia que no la produce tan solo
el idioma comun ó el modo de ser recíproco, sino el conocimiento de su
oríjen. En el viejo mundo los hispano-americanos se llaman entre sí,
_paisanos_; y aun cuando las palabras no lo espresen siempre, un
mejicano y un argentino se dicen á sí mismos: somos compatriotas.--Si la
buena suerte del viajero lo conduce á los centros sociales de la América
hispana, considera con cuánta razon se sentia estranjero, en la
verdadera acepcion de la palabra, al recorrer los bulliciosos bárrios de
las grandes capitales europeas, porque la hospitalaria franqueza y la
cariñosa deferencia de que es objeto, son como las que pudiera merecer
un compatriota estimado, largo tiempo ausente.
Es aplicable á las colectividades lo que se observa en los individuos.
En todas partes, desde la frontera de Méjico hasta el Cabo de Hornos,
con la misma sinceridad, con el mismo entusiasmo, se aplauden los
progresos de la República Argentina ó se lamentan las desgracias de
Centro América, se elojian las leyes políticas de Colombia ó se condenan
las prácticas funestas que ha implantado allí la anarquia.
La participacion moral que una nacion americana toma en el progreso ó
decadencia de otra, no se reduce á un interés jeneral; hay en ella algo
de esa solidaridad impresa al nuevo mundo por su escepcional y uniforme
organizacion institucional.
Aparentemente no sucede lo mismo con respecto á los Estados Unidos. Un
temor hácia su pretendida preponderancia, una reminiscencia de raza,
aberraciones, razones algunas veces, han producido cierta desconfianza
en los americanos del Sud que con justicia se consideran menos fuertes.
¿Hasta qué punto es culpable la gran nacion de haber autorizado juicios
tan desfavorables á su respecto? Veamos.
Desde luego, la doctrina de Monroe que fué al enunciarse una garantia
legal de existencia para todas las nacionalidades americanas, es hoy
para ellas una garantia eficaz de estabilidad. Todo lo dá, nada exije;
ampara al Continente con la proteccion que el poder insólito de la
República le permite otorgar y respeta, al mismo tiempo, la absoluta
independencia de los actos administrativos en cada una de sus divisiones
políticas.
En el Congreso Internacional á que asistió un representante de los
Estados Unidos se descubre, es verdad, el deseo de obtener algunas
ventajas, aun con perjuicio de los intereses jenerales de la América,
como se notan ideas absorbentes en las negociaciones que al Istmo de
Panamá se refieren; pero en el primer caso la opinion del país desvirtuó
los actos del mandatario y en el último los intentos del Gobierno fueron
sofocados por la fé pública en los tratados y por el respeto
inquebrantable á la soberania de una nacion estraña.
Intereses egoistas de cierto número y dificultades orijinadas por una
situacion sin precedentes en la historia, contrariaron las pretensiones
de los republicanos sinceros que se proponían ayudar á la Isla de Cuba
en la obra patriótica de la emancipacion. Las manifestaciones del pueblo
y las tardías, si bien sinceras, esposiciones del gobierno comprueban,
no obstante, el interés de los Estados Unidos en la suerte de los
desgraciados cubanos y en el triunfo de su causa.
Y respecto de Méjico ¿cuál seria su suerte? ¿cuál la del principio
republicano en América, si durante la breve presencia de Maximiliano en
el Imperio de Montezuma, los Estados Unidos no hubieran tomado la
participacion decisiva que dió por resultado el retiro de las tropas
francesas y el derrocamiento del monarca por ellas impuesto?
Desgraciadas sin duda y desconsoladoras la una y la otra. En tal
emerjencia los americanos prestaron un servicio eminente á la nacion
mejicana, de alta trascendencia tambien en pró de las ideas políticas
del mundo moderno.
Las anexiones de esta nacion, que tanto han contribuido á las
reprimendas de sus enemigos, no dan mérito, en modo alguno, á esos
reproches hirientes, fundados tan solo en la ignorancia de los sucesos.
El desenvolvimiento estraordinario de la República no es el resultado de
una brutal conquista; ella invade por su fuerza moral; compra ó adquiere
territorios á los cuales concede en breve la vida municipal y las
prerogativas de sus subdivisiones autonómicas, lo cual está muy distante
de mostrar la intencion de imponer con las armas á los vecinos ó de
subvertir violentamente y en provecho propio un órden dado. Su historia
política demuestra, pues, lo que comprueba tambien la historia
sud-americana, en los asuntos de detalle la versatilidad ocasionada por
la forma de gobierno y en los fundamentales la lejítima y tradicional
aspiracion de hacer estensivos al mundo de Colon los beneficios de su
sistema admirable.
El desenlace de la ruidosa cuestion Hopkins, que orijinó un sério
conflicto entre la República del Paraguay y los Estados Unidos, prueba
que las injusticias y arbitrariedades cometidas en nombre de esta nacion
solo pueden atribuirse á malos gobiernos ó á maquinaciones
individuales.--Aquel sujeto había obtenido de su pátria el nombramiento
de Cónsul en la Asuncion, donde alcanzó la proteccion del Presidente y
su beneplácito para esplotar las riquezas naturales del país por cuenta
de una compañia que daria los capitales necesarios. Despues de haber
sacado todo el partido posible de su posicion oficial y de su amistad
personal con muchos paraguayos distinguidos, meditó Hopkins, como
_negocio lucrativo_ y liquidacion de su compañia una de tantas odiosas
reclamaciones internacionales que el pabellon americano habia de
protejer parodiando á los europeos y que solo significan la presion de
la fuerza. Para lograr su objeto usó en el Paraguay de una conducta
vituperable que dió mérito al retiro de su _exequatur_. Ejerciendo, no
obstante, sus atribuciones de Cónsul ordenó al comandante del buque
americano _Water Witch_ estacionado en la Asuncion, que le facilitara
los medios de retirar violentamente los papeles de la compañia,
atropello que llevó á efecto violando el territorio paraguayo con cierto
número de marineros armados. De regreso á Estados Unidos hizo que el
Gobierno amparara su reclamacion, estimada por él en varios millones de
pesos fuertes y logró inducir al gabinete de Buchanan al envio de una
espedicion naval contra el Paraguay. Este pensamiento no se llevó á
efecto y léjos de ello el Gobierno americano envió á la Asuncion al
Señor Bowlin, representante diplomático encargado de buscar una
conveniente solucion al conflicto. El resultado de esta mision fué el
nombramiento de dos árbitros, el Señor Berges en representacion del
Paraguay y el Señor J. Johnson en nombre de los Estados Unidos, que
adoptaron una decision enteramente favorable á aquel Gobierno. El
honorable Señor Johnson estudió con juicio imparcial y recto los
antecedentes en que fundaba la compañia su reclamacion y al terminar su
notable escrito sobre la materia, decia «El orgullo y la gloria del
Gobierno y del pueblo de los Estados Unidos ha sido siempre no someterse
á ninguna injusticia de otro Gobierno ó de otro pueblo; pero al propio
tiempo lo ha sido no exigir de ellos _nada mas que lo justo_; y tardará
mucho todavia, así lo espero confiadamente, en que llegue el dia en que
puedan acumularse con su consentimiento y sancion, fortunas colosales
como las de la India oriental debidas al _saqueo de Estados débiles y
arrebatadas con la boca del cañon_.» Concluia el Señor Johnson
dictaminando contra las indignas exijencias de la compañia y haciendo
recaer su sentencia arbitral en favor del Paraguay.
Este notable fallo de americano tan distinguido y honrado, á favor de
una nacion estraña y contra el Gobierno de su pátria, es una prueba mas,
patente y clara, en apoyo de la idea que sostengo. De él se desprende,
como de los sucesos comentados ya, la enorme distancia que hay en
Estados Unidos entre los actos del Gobierno y los impulsos jenerosos del
pueblo, sujeto aquel al interés individual y á las debilidades que son
injénitas al hombre, con sed este de justicia y de _confraternidad
dentro de sus instituciones_.
No quiero con tales apreciaciones significar que todos los gobiernos
hayan seguido la misma línea de conducta; porque algunos de ellos,
respetando los compromisos contraidos en el programa internacional de su
país, han demostrado en momentos difíciles ardientes simpatias hácia las
otras repúblicas del nuevo mundo. Cuando las tropas del General Howe
batian á las de Washington cerca de Nueva York, el Congreso que acababa
de declarar la independencia envió á Europa en carácter diplomático al
Dr. Franklin, á Arturo Lee y á Juan Adams para solicitar la alianza de
algunas potencias. Refiriéndose á España dicen las instrucciones de
estos representantes:.. «si no se inclinase en favor de nuestra causa
por temor de que peligren sus dominios en la América del Sur, quedais
autorizados para dar toda clase de seguridades de que los Estados Unidos
no perjudicarán á ese reino en la tranquila posesion de sus
territorios.»--Tal actitud en la derrota podia dar que temer á España
para el momento del triunfo; pero fuerza es confesar que nunca quebrantó
su propósito la gran nacion. Llegado el caso, por ejemplo, de
reconocerse la independencia de las repúblicas hispano-americanas, é
interpuesta por el Ministro de España en Washington una enérjica
protesta, el presidente Adams repuso: «Los Estados Unidos han decidido
sobre el hecho, consecuentes en eso con su propia historia y con sus
propios títulos á la independencia.»--Deseaba este majistrado que su
pátria conservara muy buenas relaciones con España, pero no podia dejar
de reconocer la independencia de sus antiguas colonias, puesto que ellas
habian luchado con éxito, creado sus gobiernos y ejercido todos los
atributos de la soberania ante la impotencia de la metrópoli. Esta
conducta, la que usaron mas tarde cuando tuvieron lugar los movimientos
políticos de la Isla de Cuba con el propósito de obtener su anexion á
los Estados Unidos, rechazando ese ofrecimiento á pesar de ser
considerada la anexion como una necesidad geográfica y del aliciente que
ofrece á un país tan mercantil esa riquísima isla, ¿no prueba hasta la
evidencia que la nacion solo busca su engrandecimiento, ya muy
considerable, por las vías lejítimas? ¿No prueba más, que su
republicanismo es escecivamente simpático al nuestro y que su política,
cuando traduce el sentimiento público, tiende á acercarnos
recíprocamente como habitantes de un mismo continente y defensores de
las mismas ideas filosóficas?
Se ha condenado la prescindencia política de los Estados Unidos,
haciendo resaltar los inconvenientes de la doctrina de Monroe en lo que
atañe á los intereses jenerales de la democracia. Los americanos, se
dice, han practicado leyes benignas sin preocuparse de que sus efectos
se sientan en otros continentes; han recibido con bondad y con cariño á
los proscritos de la autocracia, pero no les han ayudado en sus empresas
liberales.--He aquí el caso de hacer resaltar de nuevo la frecuente
oposicion del pueblo y del gobierno en aquella república. En efecto,
este nada intentó en favor de Hungria cuando el ardoroso Kossuth inflamó
el entusiasmo popular de un estremo á otro de la Union y obtuvo en
suscriciones un apoyo eficaz en favor de sus desventurados compatriotas;
mas lo que no hizo el gobierno lo hicieron individualmente algunos de
sus miembros. Daniel Webster, Ministro de Estado entonces, asistió á una
fiesta dada en honor del revolucionario; y á la protesta del Señor
Hulsemann, Ministro de Austria, él mismo esplicó la teoría de su
gobierno diciendo: «A este le interesa la suerte de todos los paises del
mundo y le inspiran, además, simpatia todos los pueblos que luchan por
su libertad. La tradicional neutralidad de mi pátria no se quebranta por
eso, desde que no se hace ninguna manifestacion pública de hostilidad.
En cuanto al pueblo en jeneral y á los individuos en particular, tienen
en Estados Unidos perfecto derecho de significar sus simpatías.»
Estas bellas palabras de Webster, uno de los hombres públicos más
notables de su pátria, encubren el pensamiento atrevido de que la
Europa debe despoblarse para poblar la América y esplican las miras del
Gobierno de los Estados Unidos al circunscribir su accion en los asuntos
esteriores; espresan claramente la idea de que el nuevo continente no
interviene en los asuntos internos de otros, porque si bien le interesa
la suerte de todos los hombres que habitan el planeta, tiene dentro de
sí mismo los medios de proveer á su bienestar material y moral, por la
fecundidad de su suelo y por la escelencia de sus leyes. Ambas
condiciones son exijencias humanas que provocarán las migraciones á
medida que se acentúen los jérmenes de desorganizacion que hay en el
viejo mundo y los de prosperidad que hay en el nuevo.
De las consideraciones precedentes se desprende, á mi juicio, que el
pueblo americano se preocupa de los intereses republicanos con las
restricciones que le sujiere su interés como colectividad política, pero
que al mismo tiempo acuerda una decidida preferencia y una atencion
especial á todos aquellos problemas que afectan al desarrollo de la
América hispana y á la consolidacion de las instituciones que profesa.
La mision confiada á los Señores Tacher y Reynolds y el proyecto
presentado al Congreso Americano por el Senador Frye, recibidos ambos
con un entusiasmo inequívoco por el pueblo de la Union, comprueban en la
actualidad tan elevadas miras.
Las instrucciones de aquellos diplomáticos contenian las clausulas
siguientes, que debian presentarse á la consideracion de las naciones
de América.
1º La ventaja de entablar y mantener relaciones políticas entre los
Estados Unidos y cada una de ellas.
2º El ofrecimiento hecho en nombre de los Estados Unidos, de su
influencia moral para promover y protejer la paz en esas repúblicas.
3º La ventaja de un Congreso Nacional de Delegados de todas las
Repúblicas Americanas, para discutir y convenir sobre medios para
asegurar la paz permanente entre las Naciones de este hemisferio; para
convenir sobre el modo de arreglar dificultades sin apelar á las armas;
para presentar una resistencia unida contra las agresiones de los
poderes europeos ó su interferencia en asuntos americanos, pues es la
doctrina de los Estados Unidos, que las Repúblicas Americanas son
capaces para arreglar sus propias disputas, para determinar lo que es
mejor para ellas y protejerse, defenderse y apoyar su mútuo desarrollo;
que el comercio americano debería limitarse en lo posible á los mares
americanos.
4º La ventaja de una moneda de plata comun, acuñada por cada una de las
Naciones Americanas en debida proporcion y que deberá tener curso legal
en todas las transacciones comerciales entre los ciudadanos de
diferentes repúblicas. (Méjico, Venezuela, Costa Rica, Guatemala,
Honduras, Ecuador, Perú y Chile ya han dado su adhesion á este
proyecto).
5º La ventaja de un Tratado de reciprocidad entre todas las naciones de
América y los Estados Unidos, por el cual los productos de esos paises
se admitirán libres del uno al otro cuando sean llevados en sus buques ó
en los de los Estados Unidos.--Este Tratado debe garantizar la
proteccion de las personas y la propiedad de los ciudadanos, y todas las
disputas tocante á ellas deberán determinarse por arbitraje.
6º ¿Qué sujestion tienen que hacer los respectivos Gobiernos al Gobierno
y al pueblo de los Estados Unidos para fomentar el comercio entre ambos
paises?
Por el proyecto del Senador Frye se autoriza y se incita al Presidente
de los Estados Unidos para invitar en nombre del Gobierno y del pueblo á
los delegados de cada una de las repúblicas de Sud y Centro-América,
incluyendo á Santo Domingo y Méjico, con el objeto de reunirse en
Washington el 1º de Octubre de 1886 para considerar y decidir sobre las
cuestiones que puedan ser de comun beneficio á esas naciones.--Cada una
de ellas podrá enviar varios delegados al Congreso, pero la delegacion
solo tendrá un voto.
Al invitar á las demas repúblicas el Presidente de los Estados Unidos
manifestará que el Congreso se forma con el objeto: 1º De tomar todas
las medidas necesarias para conservar la paz y promover la prosperidad
de las naciones americanas, para presentar una resistencia uniforme
contra los poderes monárquicos de Europa y defender la integridad
territorial contra las desmembraciones posibles. 2º De adoptar las que
sean tendentes á la formacion de una union aduanera americana, por la
cual se acepte, mientras sea conveniente y fácil, un libre cambio de
productos naturales y de manufacturas en las aguas americanas. 3º De
promover el establecimiento de líneas de vapores frecuentes y directas
entre los puertos del continente. 4º De establecer un sistema uniforme
para regular los impuestos aduaneros en cada una de los Estados
independientes y un método igual de clasificacion y avaluo. 5º De
adoptar un sistema comun de pesas y medidas, leyes uniformes para
protejer las personas y la propiedad, las patentes y marcas de comercio
de los ciudadanos de una nacion en las otras.--6º De adoptar un cuño de
plata igual, que se usará por cada gobierno segun la proporcion de sus
habitantes y que circulará con igual valor en las transacciones de todos
los americanos.--7º De formular un plan definitivo para dilucidar por
medio del arbitraje todas las cuestiones.
Por ser de oríjen americano son pertinentes en este capitulo los
anteriores documentos. Esta circunstancia, la de haber merecido una
entusiasta acojida por el pueblo de los Estados Unidos y écos de
simpatia en los demas de América, los hace esenciales tratándose del
porvenir social del nuevo mundo. Los gobiernos, que no se han ocupado
hasta ahora ni poco ni mucho del futuro, ¿interpretarán esos
sentimientos que en el corazon de todos están? ¿comprenderán la
importancia que hay para el mundo todo en impulsar las corrientes
republicanas á un solo cauce que con su fuerza avasalladora derrumbe los
obstáculos que los sostenedores de la monarquía quieren oponer á su
marcha progresista? Debe esperarse que sí, desde que se inspiren en el
provecho real y en el afecto de las respectivas nacionalidades; pero
puede temerse que no, si sujetan sus actos al interés del momento ó se
abandonan á la proverbial desidia que les caracteriza.