Bien pequeña debia ser la causa que motivara durante el año 1856 la
reunion de un Congreso en Santiago de Chile: las espediciones que
realizaba con éxito en las costas de Méjico y Centro-América el audaz
filibustero Walker. Asi, solo concurrieron los Señores: Don Cipriano de
Zegarra, Encargado de Negocios del Perú, Don Antonio Vera, Ministro de
Relaciones Esteriores de Chile y Don Francisco Javier Aguirre, Ministro
Plenipotenciario del Ecuador. Dichos representantes firmaron el 15 de
Setiembre de 1856 el Tratado Continental.
En el preámbulo de este pacto se nota que su objeto fundamental es
cimentar en sólidas bases la union de la gran familia americana. Con la
mira de dar por esa union desarrollo y fomento al progreso moral y
material de las diversas repúblicas, mayor impulso á su prosperidad y
engrandecimiento, asi como mayores garantías á su independencia y
soberanía, determinan las partes contratantes hacer estensivo el tratado
á los demas Estados hispano-americanos y al mismo Imperio del Brasil si
resuelven adherirse á él.
Con algunas diferencias confirma este documento los principios
proclamados en las asambleas de 1826 y 1847.
El Gobierno del Perú tomó sobre sí la tarea de solicitar la adhesion de
los demas Estados Americanos á los pactos firmados en Santiago, cuyas
ratificaciones debian ser canjeadas ocho meses despues en la misma
ciudad.
El Señor Buenaventura Seoane, Plenipotenciario de aquella nacion
en el Imperio del Brasil y en las repúblicas del Plata, pasó una
nota diplomática á los gobiernos ante los cuales estaba acreditado,
solicitando su aprobacion al tratado que el Congreso habia formulado.
El Gobierno Argentino se negó á prestar su conformidad y el Ministro
de Relaciones Esteriores Doctor Don Rufino de Elizalde contestó al
Señor Seoane esplicando en una larga y luminosa nota los motivos en que
fundaba su negativa.
En síntesis ese documento demuestra ideas localistas y, una vez mas,
la constante indiferencia con que los hombres públicos de la América
hispana miran todo lo que importa alguna trascendencia en materia de
política internacional.--Es cierto que el doctor Elizalde impugna con
lucidez y justicia los detalles del Tratado, alejado de los propósitos
en vista al inmiscuirse en cuestiones de derecho internacional privado;
que nota con perfecta razon la falta de ciertos principios adelantados,
como el de la libre navegacion de los rios proclamado por la República
Argentina y hace constar que la proteccion concedida á todos los
estrangeros en nuestro país inutiliza las ventajas consignadas para los
americanos en el Tratado; pero estas son cuestiones que no afectan al
punto fundamental, la Union Americana.
Si el Gobierno Argentino no tenia motivos para admitir la existencia
de una amenaza, es porque no consideró que el débil siempre está
amenazado por el fuerte, mucho mas cuando el mismo Doctor Elizalde no
desconoce, aunque él los considera hechos aislados, que á veces se
han cometido injusticias de parte de los gobiernos europeos contra
los americanos.--En política no hay hechos aislados y las causas mas
pequeñas suelen tener á veces los efectos mas trascendentales.
Es muy razonable observar que no debemos buscar antagonismo con la
Europa sino al contrario asimilarnos todos sus adelantos en lo que
se refiere á las ciencias, á las artes y las industrias; pero eso no
quiere decir que, ni el orden social ni en el orden político, pueda
ningun pueblo de la tierra formar con nosotros vínculos que asuman
tanta importancia como aquellos que nos unen á los que confundieron
con nosotros su enerjía y sus ideas en los preliminares de la gran
revolucion que nos dió libertad y su sangre en los campos de batalla
conquistando glorias que son comunes á todos.--En Europa estarán
nuestros maestros, pero en América están nuestros hermanos.
El Gobierno de Colombia no concedió tampoco su adhesion al pacto
firmado en Santiago; pero haciendo las mayores demostraciones
de confraternidad americana, manifestó que solo lo hacia por
inconvenientes de mera forma.
El mal éxito del tratado tripartito debe mostrarnos que no es al amparo
de impresiones transitorias, ni para reprimir las agresiones de un
pirata afortunado, que debe formarse el Congreso destinado á dar cima á
la gran aspiracion del pueblo americano.
* * * * *
Por iniciativa del Perú vuelve á reunirse en Lima el año de 1864, un
Congreso compuesto de plenipotenciarios de las repúblicas hermanas.
La nota que el Señor Don Juan Antonio Riveiro, Ministro de Relaciones
Esteriores de aquel país, pasó á los diversos gobiernos invitándolos á
enviar sus representantes, es un documento notable.--Contiene todo un
programa para hacer fructífero el pensamiento tantas veces formulado de
la union americana; y entre otras observaciones importantes se nota
esta: «los resultados de la emancipacion y la existencia del sistema
democrático vendrian á ser, andando los tiempos, menos fructuosos de lo
que debian, si con la union no se afirman las instituciones y con la
solidaridad de miras, de intereses y de fuerzas no se imprime al
Continente una fisonomia peculiar y se dá respetabilidad á los derechos
adquiridos á costa de tantas y tan variadas proezas ejecutadas en la
guerra santa de la independencia.»
El Gobierno de Chile acepta la invitacion del Perú y aplaude su
iniciativa, pero exije para que se inicien las conferencias la
invitacion general á todos los Estados de la América, porque teme que
proceder á la reunion del Congreso sin la asistencia de los
representantes de todas las repúblicas hispano-americanas, del Imperio
del Brasil y de los Estados Unidos del Norte, frustrará los resultados
que se esperan de esta asamblea.
Las observaciones del Gobierno de Chile son justas en la que se refiere
á los Estados Unidos; pero en manera alguna es prudente, ni siquiera
lójico, hacer estensiva al _Imperio_ del Brasil la invitacion de tomar
parte en un Congreso destinado á debatir los intereses de la democracia.
Todos los problemas, sociales ó políticos, que hayan de dilucidarse en
América deben estar y están sujetos á ese principio; las deliberaciones
de sus futuros destinos deben tener lugar bajo los pliegues de la
bandera republicana.
La República de Bolivia acepta tambien con entusiasmo la idea del
Congreso, observando que, para no inspirar recelos á naciones estrañas,
se debe manifestar que no se forma con tendencias hostiles ni miras
esclusivistas.
El Gobierno de Colombia aplaude y acepta la formacion del Congreso,
pero en oposicion al de Chile, opina que no se debe invitar á los
Estados Unidos, porque es pública la neutralidad política que profesa
y practica la gran nacion del Norte con respecto á las repúblicas
hispano-americanas. Cree tambien que no debe hacerse una cuestion
precisa de la representacion en el Congreso del Imperio del Brasil,
haciendo notar con muy justa razon que la fraternidad de los pueblos
americanos viene de la identidad de sus _aspiraciones_.
Esta vez son pocas las escepciones y la mayor parte de los Estados
Americanos responden con real entusiasmo á la circular del Señor Riveiro
y envian sus representantes al Congreso, el cual inauguró sus sesiones
preparatorias el 18 de Octubre de 1864 con la asistencia de los
plenipotenciarios siguientes:--de Bolivia, Don Juan de la Cruz
Benavente; de Guatemala, el general P. A. Herran; del Perú, Don José G.
Paz Soldan; de Chile, Don Manuel Mont; de la República Argentina, Don
Domingo Faustino Sarmiento; de Colombia, Don Justo Arosemena; del
Ecuador, Don Vicente Piedrahita; de Venezuela, Don Antonio L. Guzman.
Se firmaron en esta Asamblea cuatro tratados: uno de union y alianza,
otro sobre conservacion de la paz, otro de comercio y navegacion y uno
de correos.
El primero de estos pactos establece de nuevo la alianza internacional
americana con el propósito de afianzar la paz entre las diversas
secciones del continente, de proveer á su seguridad esterior y de
garantizar mútuamente su independencia.--Esta alianza producirá efecto
en los casos que consistan: 1º En actos dirijidos á privar á alguna de
las partes contratantes de secciones de su territorio.--2º En actos
dirijidos á anular ó variar la forma de gobierno, la Constitucion ó las
leyes de cualquiera de ellas.--3º En actos dirijidos á someter á
cualquiera de las partes á protectorado ó á establecer sobre ella
superioridad ó preeminencia que menoscabe su soberania.
Las partes contratantes tendrán la libre apreciacion sobre el _casus
foederis_ y una vez declarado todas se comprometen á cortar sus
relaciones con la potencia agresora.
El tratado sobre conservacion de la paz establece la prohibicion de
recurrir á las armas para arreglar las diferencias internacionales y el
juicio arbitral cuando esas controversias no puedan dilucidarse de otro
modo.--Cada parte se obliga á impedir que en su territorio se preparen
elementos de guerra para abrir hostilidades contra cualquiera de las
otras y que los emigrados políticos abusen del asilo conspirando contra
el país de su procedencia.
El tratado de comercio y navegacion establece la libertad de comercio,
la igualdad recíproca de garantías y derechos para los nacionales,
buques y mercaderias de las partes contratantes, un sistema uniforme de
pesos y medidas y una unidad monetaria igual en peso, diámetro y ley á
la de cinco francos en el sistema francés.
El tratado de correos establece la exoneracion de todo derecho de porte
á los pliegos oficiales de gobiernos, ajentes diplomáticos y jueces de
los Estados signatarios, asi como á los periódicos y folletos de todo
género. Esta última estipulacion, liberal y progresista, pudo producir
resultados muy benéficos, pues el cambio facilitado de la idea traería
la union intelectual precursora, sin duda, de toda union social,
política ó económica.
Como siempre, muy pocos de los gobiernos representados en este
Congreso honraron con su aceptacion los documentos firmados por sus
plenipotenciarios; y como á menudo se juzga de la bondad de una
causa por el éxito práctico que ella alcanza, este último fracaso
desprestigió la idea de Bolivar sin entibiarse por eso el sentimiento
de la América que le es favorable.
* * * * *
La convocatoria del Perú para el Congreso de Juristas no espresa ya la
idea de establecer principios de derecho público que sirvan para
realizar la liga; se trata ahora de uniformar los principios del derecho
internacional privado entre las diversas repúblicas hispano-americanas.
Si esa uniformidad de principios que se busca no fuera la base de la
union deseada, el americanismo de esta reunion se observaria en la
concurrencia de un plenipotenciario representante de la revolucion
cubana, reconocido por el Gobierno del Perú, tácitamente por los demás
plenipotenciarios y con prudentes reservas por el Ministro Arjentino.
El Congreso se reunió en Lima el 3 de Diciembre de 1877, aniversario de
la batalla de Ayacucho, con asistencia de los plenipotenciarios
siguientes: Dr. Antonio Arenas por el Perú y Costa Rica, José E. Uriburu
por la República Argentina, Joaquin Godoy por Chile, Zoilo Flores por
Bolivia, Miguel Rio Frio por el Ecuador, Pedro Naranjo por los Estados
Unidos de Venezuela, Tomás Lama por Guatemala y Francisco de P. Bravo
por Cuba y la República Oriental del Uruguay.
Un año despues de instalado este Congreso se firmó el tratado para
establecer en América reglas uniformes sobre Derecho Internacional
privado. Ese trabajo fundamental determina á qué competencia ha de
someterse el juicio de los derechos referentes á las personas, los
bienes y los actos de los estranjeros en el continente.
La nota con que el Señor Arenas acompañaba el Tratado á las repúblicas
signatarias contiene notables comentarios á los trabajos del Congreso y
pueden en ella observarse los motivos científicos de cada una de las
estipulaciones de este pacto.--Termina ese importante documento con las
siguientes palabras: «Lo que antes parecia una ilusion ha comenzado á
realizarse. Las repúblicas signatarias han levantado una bandera de
alianza pacífica, van unidas y con ánimo sereno en pos de su prosperidad
y hay la esperanza de que las demas repúblicas hermanas las acompañen en
una empresa tan laudable.--Esa union, andando el tiempo, dará grandes
resultados, aumentará nuestro crédito esterior, facilitará el desarrollo
de todos los elementos reparadores que hay en nuestro suelo,
perfeccionará de una vez nuestras instituciones y al fin llegará el dia
en que, como lo han vaticinado algunos de nuestros hombres públicos, la
América tranquila y feliz sea la pátria comun de todos los americanos.»
El segundo trabajo del Congreso fué el Tratado de Estradicion que se
firmó en Marzo de 1879.
Esta asamblea tenia el propósito de uniformar en lo posible la
lejislacion mercantil de la América y de redactar un tratado especial
estableciendo de un modo solemne y definitivo el principio del
arbitraje para resolver todo jénero de cuestiones entre las repúblicas
signatarias. Por desgracia, en Febrero de 1879 tuvo lugar la ocupacion
de Antofagasta por tropas chilenas, iniciándose la guerra fratricida del
Pacífico, luctuoso acontecimiento que puso término á los trabajos del
Congreso de Juristas con tanto éxito iniciados.
* * * * *
La guerra continuaba en el Pacífico. Sin embargo, la República de Chile
firmaba el 3 de Setiembre de 1881, por medio de su representante en
Bogotá el Señor Francisco Valdez Vergara, una convencion sobre
conservacion de la paz con los Estados Unidos de Colombia.
Segun este pacto, ambos paises contraen la obligacion de someter á
arbitraje toda controversia ó dificultad que pueda suscitarse;
determinan que la designacion del árbitro será hecha en un convenio
especial en que tambien se esprese la cuestion en litigio y el
procedimiento á observar en el juicio y convienen en que sea árbitro
plenamente autorizado el Presidente de los Estados Unidos si se opone al
convenio especial cualquier obstáculo.
Esta última estipulacion produjo muy buen efecto en aquel país segun lo
manifiesta, dirigiéndose al Secretario de Relaciones Esteriores de
Colombia, el Ministro Residente en Bogotá Señor Ernest Dichman.
Trascribo á continuacion los párrafos de su nota diplomática:
«La negociacion del Tratado para la conservacion de la paz entre las
Repúblicas de Colombia y Chile, concluido entre el Encargado de Negocios
de este pais y usted, fué puesta por mí en conocimiento de mi Gobierno,
y me es sumamente grato informar á usted que esta noticia se ha recibido
en Washington con sentimientos de viva satisfaccion, porque revela de
parte de Colombia, no solamente el deseo de mantener y fortalecer las
relaciones de paz y benevolencia con el Gobierno de Chile, sino su
adhesion al gran principio de arbitramento en el arreglo de las
disidencias internacionales, principio cuya aplicacion se consignó en el
referido Tratado como el único medio adoptable en cualesquiera
emergencias entre los Estados cosignatarios. Asimismo, la designacion de
árbitro, entre ellos, hecha en el Presidente de los Estados Unidos, para
ciertos casos, se ha aceptado como manifestacion de aquella confianza en
la amistad imparcial del Gobierno de los Estados Unidos para con las
Repúblicas hermanas del Continente americano; amistad de que mi Gobierno
ha tenido orgullo en dar pruebas manifiestas siempre que se ha
presentado la ocasion, y en fortalecer por su constante ejemplo de buena
voluntad é interés benévolo en su bienestar.»
En el convenio que nos ocupa se proponia tambien celebrar en oportunidad
con las otras naciones americanas convenciones análogas, á fin de que
la solucion de todo conflicto internacional por medio del arbitraje
llegara á ser un principio de derecho público americano.
Se supone la satisfaccion con que fué recibida en América la
convocatoria del Presidente de Colombia hecha con ese objeto,
especialmente por la República Argentina, cuya política séria y
fraternal se señala á la consideracion del mundo.--El Dr. D. Bernardo de
Irigoyen, Ministro de Relaciones Esteriores de esta República, contestó
á la circular del Dr. Nuñez en un documento notable y en él hace constar
que en mas de una oportunidad el Gobierno Argentino, aun con perjuicio
de derechos incontestables, ha sometido sus controversias á esa noble y
humanitaria aspiracion de la época.--Observa, no obstante, al notar con
entera justicia que la estipulacion solemne del arbitraje entre Chile y
Bolivia no ha impedido una lucha desastrosa para ambos pueblos, que el
programa enunciado debe ampliarse, desautorizando las tentativas de
anexiones violentas y resguardando las nacionalidades americanas de
segregaciones parciales.
La nota en que el Señor Santa Maria, Ministro de Relaciones Esteriores
de Colombia, invitaba á las demas naciones americanas para la formacion
del Congreso, espresaba que naciones como las nuestras, soberanas de
inmensos territorios, no debian arruinarse ni deshonrarse con guerras
sangrientas por porciones de tierra inhabitada y en muchos casos
inhabitable, que para la causa de la civilizacion y de la humanidad en
América lo mismo es en definitiva que pertenezcan á una nacionalidad ó á
otra.
Estas palabras parecen envolver la idea de que haya en América
territorios que puedan ser considerados _res nullius_, principio que
rebate el Dr. Irigoyen protestando contra toda vacilacion á ese respecto
y manifestando que el único medio de conservar la paz es el de uniformar
los esfuerzos de todos los gobiernos para que se considere la verdad
histórica y la justicia como único oríjen del dominio territorial.
Con pena es necesario consignar aquí la poca sinceridad política del
Gobierno de Chile.--Parece que era conveniente para los intereses de
aquella república la convencion parcial con la de Colombia y que no lo
era el hacerla general con todos los Estados de la América hispana.
Desde el momento en que el Dr. Nuñez pensó hacer estensivas á las demás
repúblicas las ventajas del principio consignado en el pacto con Chile,
todos los trabajos de sus diplomáticos fueron tendentes á evitar la
reunion internacional que se proyectaba en Panamá, propósito que
lograron impidiendo la concurrencia de plenipotenciarios del Ecuador y
de todas las repúblicas de Centro-América.
Esto, como es natural, alejó á los gobiernos de Méjico, la República
Argentina y Venezuela que no veian ya en la reunion proyectada las
garantias de sinceridad y éxito que, despues de tantos descalabros, debe
buscarse en toda reunion internacional americana.
Las dificultades de la respectiva organizacion en unos casos, los
intereses privados de una seccion en este último, he ahí las causas que
se han opuesto á la prosecucion de los elevados fines de la
confraternidad americana; mas á través de los desastres referidos, se
descubre en algunos gobiernos y en todos los pueblos un sentimiento
perenne de simpatia hácia la liga.
Ella se efectuará, pues, tarde ó temprano por que, como dijo el Abate de
Pradt, la reclaman altos intereses que están en la naturaleza de las
cosas y que no tienen otro antagonismo que preocupaciones ó ideas
localistas.
Existen en América, hay que confesarlo, hombres públicos que guiados por
el _interés_ individual ó sujetos á miras estrechas, representan la
subdivision y desean el desmembramiento de los grandes Estados; pero
ellos tendrán que luchar con los propagandistas del gran pensamiento,
quienes llevan la ventaja de interpretar cumplidamente los intereses
sociales del nuevo mundo y el sentir de sus habitantes.
Estos hombres, los que combatieron en Colombia y en Centro-América por
la reconstruccion de la antigua pátria, los que en la República
Argentina contrariaron la separacion del Estado de Buenos Aires y
dándole su capital definitiva en 1880 consolidaron su gran nacionalidad,
son los que están llamados á representar la union en América, donde mas
que en ninguna otra parte es indispensable hacer práctica esa
inclinacion filosófica de la humanidad.