Las reglas jurídicas de Derecho Internacional Americano establecidas por
los Congresos que se han reunido despues de la guerra de la
Independencia, así como por los tratados públicos celebrados entre dos ó
mas naciones, determinan una constante aspiracion á la unidad y á la paz
continental; y aunque hasta ahora solo se ha logrado establecer esos
principios de derecho, los mismos sucesos que han provocado
periódicamente la reunion de los plenipotenciarios por peligros
transitorios, hacen resaltar la necesidad y la ventaja de una asociacion
efectuada en nombre de los intereses permanentes.
La ineficacia de estas asambleas no prueba la impracticabilidad del
sistema, sinó que la América no ha debido dar el hermoso espectáculo de
la fraternidad solo para reguardarse de las miras absolutistas
manifestadas por la Santa Alianza, para rechazar las espediciones de un
filibustero atrevido ó protestar, al amparo de la fuerza, contra el
espíritu de conquista de una potencia mal inspirada. Deben llamarse á
los representantes de las repúblicas americanas apelando á un
sentimiento que palpita en todos estos pueblos hermanos y que ningun
gobierno ha sabido interpretar con verdadero entusiasmo; debe formarse
la liga para adquirir la cohesion política que es indispensable si se
quiere colocar estos paises de sol y libertad, donde no hay nobles ni
socialistas, á la altura de su mision, oponiendo en la lucha del mundo
al réjimen antiguo el principio moderno.
En los albores de nuestra vida política se consigna ya de hecho la union
latino americana. Las mismas aspiraciones unen á los pueblos desde
Carácas á Buenos Aires cuando en ambos estremos del continente, con esa
simultaneidad que hace entrever el apoyo de Dios á la obra de los
hombres, se produce el movimiento revolucionario; y á favor de los
mismos esfuerzos los ejércitos reunidos despues del abrazo de Guayaquil
dan término feliz á la jornada de nuestra emancipacion. Los aliados del
Sur conquistan laureles en Maipo y Chacabuco; los del Norte en Boyacá y
Pichincha: las glorias de Ayacucho lo son americanas.
Esa union que tan bellos resultados dió en la guerra de la independencia
y que tan pronto desbarataron los intereses locales mal entendidos, debe
repercutir en el corazon de todo americano hasta que se verifique la que
en el futuro está destinada á producir los mayores beneficios para la
libertad humana.
Sin duda la paz universal es una utopia y lo será hasta que adquieran
completo desarrollo los elevados principios de derecho natural que
jerminan hoy en casi todas las naciones; pero si es una aspiracion
irrealizable en Europa donde luchan y lucharán tanto tiempo todavia los
autócratas representantes de sistemas añejos, especuladores hasta en la
sangre de sus hermanos, y los demagogos de aquella escoria social que
condena la propiedad como un robo, no lo es en América para pueblos que
han uniformado esas tendencias en la democracia.
La revolucion francesa que tuvo el poder de conmover las viejas
prácticas y las ideas retrógradas, no tuvo, empero, el de cimentar en
base firme y estable ninguno de sus nuevos principios. Le estaba
reservada al mundo americano, á la gran nacion que se fundó en 1778, la
gloria de realizar el ideal político de la época moderna. En presencia
de esta interesante república fué que nuestros padres, con muy elevadas
miras, buscaron la creacion de una gran nacionalidad que diera vigor á
las ideas adoptadas tambien por los pueblos de orijen español como base
de su ley fundamental.
Obtenidos en América los grandes beneficios que indudablemente traeria
el ejercicio de principios civilizadores de paz y de union, nadie puede
adivinar cual sería su progreso, porque empieza á vislumbrarse que este
rico continente es el país del porvenir.
* * * * *
El primer paso dado para consagrar en el derecho la sentida necesidad
de una union internacional, fué el tratado entre Colombia y el Perú
que firmaron en Lima el 6 de Julio de 1822 los Señores Don Joaquin
Mosquera con plenos poderes del Libertador Bolivar Presidente de
Colombia y Don Bernardo Monteagudo Ministro de Estado y Relaciones
Esteriores del Perú.
Ambas repúblicas, por este pacto, se unen ligan y confederan para
siempre en paz y guerra con el objeto de sostener mútuamente su
independencia de la nacion española y de toda otra dominacion
estranjera, así como con el loable propósito de asegurar la mejor
armonia y buena intelijencia entre sí y las demas potencias que deban
adquirir sus relaciones.
Establecen los medios de hacer práctico el pacto de alianza para su
defensa esterna y para su tranquilidad interior, obligándose á presarse
mútuos socorros y á rechazar en comun todo ataque que amenace su
existencia política.
Conceden á los ciudadanos de uno y otro Estado el goce de los
derechos y prerogativas que corresponden á los nacidos en el otro,
siempre que hayan establecido su domicilio en el Estado á que quieran
pertenecer.--Otro tanto establecen respecto de los derechos civiles de
privilejio de tráfico y de comercio, haciendo estensivos estos derechos
á los buques de bandera colombiana en el Perú y vice-versa.
Convienen en demarcar los límites precisos que hayan de dividir
sus territorios por un convenio particular y en terminar por
medios conciliatorios y pacíficos, propios de naciones hermanas y
confederadas, las diferencias que puedan ocurrir en esta materia.
Se comprometen á prestarse auxilio en caso de ser interrumpida la
tranquilidad interior de uno de los Estados y declaran solemnemente
hacer causa comun contra toda sedicion.
Este tratado, aunque parcial, es el punto de partida de nuestro Derecho
Público. Proclama el principio del arbitraje que si hubiera sido
aceptado y difundido, como lo ha sido por la que ya llaman civilizada
República Argentina, hubiera ejercido una influencia decisiva en la paz
del continente, facilitando así la tarea de la confraternidad americana.
El 10 de Junio de 1823 se firmó otro entre Colombia y Buenos Aires;
menos lato que el anterior establece, no obstante, una alianza
defensiva en sosten de su independencia de la nacion española y de toda
otra dominacion estranjera.
Con fecha 3 de Octubre fué concluido otro pacto semejante entre
Colombia y Méjico; y en Noviembre el Congreso del Perú sancionó un
proyecto de tratado para efectuar una liga americana en sosten de la
independencia de las nuevas repúblicas.
Pero todos estos actos no podian tener resultados satisfactorios
en tanto que solo fueran alianzas entre secciones aisladas del
continente.--Comprendiéndolo así los mismos plenipotenciarios que
celebraron el tratado Perú-Colombiano, firmaron, en la misma fecha, uno
especial con el propósito de uniformar estas favorables tendencias.
Las bases de esta convencion, en las cuales se manifiesta la idea
de reunir un Congreso con representacion de todas las repúblicas
emancipadas del poder español, obedecen á principios elevados, claros
y útiles para ambas repúblicas. La union internacional que en ellas se
establece, destinada á garantizar su respectiva soberania, está muy
léjos de ser una estipulacion ilusoria ó ridícula que autorice los
propósitos sarcásticos de los escritores pesimistas que se han ocupado
de la cuestion.
Desgraciadamente los principios no son las leyes; y las resoluciones
adoptadas por los Congresos Internacionales, como las que se consignan
en este y otros tratados celebrados en América, revisten el carácter
de meros consejos, por haberles faltado, con la ratificacion de los
gobiernos respectivos, esa autoridad moral indispensable á todo derecho
convencional.
Por eso los gobiernos y los pueblos han seguido rutas distintas ante
la flagrante denegacion de esos principios hecho por la República de
Chile en su última guerra con las del Perú y Bolivia: los unos como
espectadores desapasionados, dispuestos á obrar segun los intereses de
su política; los otros haciendo estallar su indignacion por todos los
medios de que dispone para manifestarse el sentimiento público, en la
prensa, en los clubs y en imponentes reuniones populares.
* * * * *
La elevada aspiracion de reunir en un Congreso á los representantes de
las repúblicas americanas, se atribuye jeneralmente al Libertador
Bolivar y por algunos al Coronel Don Bernardo Monteagudo, cuya obra
póstuma sobre esta materia--una memoria incompleta aun cuando el puñal
asesino lo arrebató á la vida--contiene apreciaciones acertadísimas
sobre la utilidad y ventaja de la union.
Solo enunciar la ventaja y la posibilidad de reunir una asamblea en
Panamá, significaba un principio de lucha, pero de lucha moral con el
fin de poner en pugna la idea moderna y la antigua, la libertad y el
despotismo, la democracia y la autocracia.--Efectivamente, aunque la
deseada union no se efectuó, desde entonces impera en los pueblos de
América un sentimiento de uniformidad para el arreglo de las cuestiones
internacionales, sentimiento que tiene su oríjen tanto en los
antecedentes mencionados como en la similitud de las tendencias
políticas de todo el continente.
Los pensadores y los patriotas, desde un estremo al otro de la América,
se preocupan y se preocuparán siempre de buscar los medios que deben
ponerse en accion para traducir en hechos prácticos los laudables
propósitos que espresó Bolivar en su notable carta del 7 de Diciembre de
1824 dirijida á los gobiernos de las naciones que acababan de formarse.
En Europa, donde comprenden las ventajas de la union por los ejemplos
que á los débiles ha dado la historia, fué tambien aplaudida la idea del
Dictador del Perú.
El general Lafayette, en vísperas de abandonar por segunda vez las
playas americanas, escribia á Bolivar desde Washington: «Próximo á
partir para otro hemisferio, seguiré con mis votos el glorioso remate de
vuestros trabajos y esa solemne asamblea de Panamá donde quedarán
consolidados y completos todos los principios y todos los intereses de
la independencia, de la libertad y de la política americana.»
Por lo que hace á las declaraciones entusiastas del Abate del Pradt, han
llegado á ser proverbiales y tienen, además, la importancia de reflejar
los sentimientos del partido liberal que se insinuaba en la política
europea.
Es de lamentar que no todas las naciones americanas pudieran enviar sus
plenipotenciarios al Congreso--Ardua tarea seria determinar una por una
las causas que lo impidieron; pero basta saber que, en la mayor parte, á
las luchas por la independencia siguieron las luchas por la
organizacion--Las Provincias Unidas del Rio de la Plata y la República
de Chile, apesar de no haber concurrido, manifestaron su aprobacion en
documento público á la idea de una union internacional americana.
Con fecha 16 de Junio de 1825 el Ejecutivo Nacional de las Provincias
Unidas del Rio de la Plata, representado por el General Don Juan
Gregorio Las Heras, espuso á la consideracion del Congreso General
Constituyente un proyecto de Ley por el cual se autoriza la celebracion
de la alianza; y la República que no tenia, como lo pretende el
historiador Restrepo, desconfianza hácia Bolivar, hubiera enviado sus
representantes á Panamá si no hubiera estallado en 1826 la guerra con el
Imperio del Brazil que debia absorber por completo la atencion de su
gobierno.
El Supremo Director de Chile D. Ramon Freire contestó á la circular de
Bolivar atestiguando el deber en que se consideraba de enviar los
plenipotenciarios al Congreso; pero se escusaba de tomar una resolucion
en el asunto por no hallarse reunido un Congreso General de la Nacion.
Al mismo tiempo espresaba la intencion de recomendar á las Cámaras, así
que tuviera lugar su apertura, una favorable acojida á este gran objeto,
tan imperiosamente exijido por los altos intereses de Chile y de toda la
América.
El Congreso se reunió el 22 de Junio de 1826.--Concurrieron D. Pedro
Gual y D. Pedro Briceño Mendez, como Ministros de Colombia; D. Pedro
Molina y D. Antonio Larrazabal, de Centro-América; D. Manuel Vidaurre y
D. Manuel Perez Tudela, del Perú; D. José Mariano Michelena y D. José
Dominguez, de Méjico.
Los diplomáticos que solo asistieron con el objeto de presenciar las
sesiones, fueron el Señor E. Dawkins, como representante de la Gran
Bretaña y el Coronel Vandeer de los Paises Bajos. El Ministro de los
Estados Unidos de América D. Ricardo G. Anderson, que residia en Bogotá,
no logró asistir al Congreso por que le sorprendió la muerte á su paso
por Cartajena.
Los dos primeros Ministros, ajenos á las deliberaciones, manifestaron
sus simpatias por los nuevos Estados. El Señor Dawkins insinuó, ademas,
que la Asamblea debia inclinarse á la paz y á la concordia buscando, aun
mediante sacrificios pecuniarios, el reconocimiento de la España.
Sin firmar ninguno de los tratados ó disposiciones legislativas del
Congreso, debia el Señor Anderson presentarse con carácter diplomático,
mas limitándose á insinuar ciertas indicaciones respecto á los
principios que debieran adoptarse en caso de guerra marítima y poniendo
todo su empeño en hacer proclamar las teorias del libre cambio como
sistema económico de las nuevas naciones. Estas son ostensiblemente las
indicaciones espresas hechas al Ministro, pero ciertos juicios que se
observan en las instrucciones, demuestran que la mision de Anderson era
mas estensa y que la política de los Estados Unidos no era franca. Al
manifestar la creencia de que el Congreso no pueda tener carácter
legislativo sino puramente diplomático, se rechaza la formacion de un
Consejo Anfictiónico «que tratase de abrogarse facultades para decidir
controversias entre los diversos Estados Americanos.» Se pretende probar
la impracticabilidad de una union semejante á causa de la estension
territorial, mayor en cualquiera de los nuevos Estados que en toda la
antigua Grecia; luego se manifiesta que, aun en el caso de ser
conveniente, los Estados Unidos no podrian asentir á su establecimiento.
Antes de ahora he atribuido tales instrucciones á un interés y á una
inclinacion esencialmente nacional de conservar en América una
preponderancia fácil, como sospechaba que al decir, en las mismas
instrucciones, que debian los agentes americanos insinuar la
conveniencia de dictar en el Congreso principios que aseguran la paz en
el continente, lo hacian para buscar garantias en favor de su propio
comercio; pero la verdad es que si bien el Gobierno dictó tales deseos á
su Ministro en Panamá, fué atacado duramente por los hombres mas probos
y por los que representaban entonces en las Cámaras la opinion pública
del país.
Algunos hombres de Estado hispano-americanos apreciaban de distinta
manera que sus conciudadanos la importancia que pudiera tener la
intervencion de los Estados Unidos en asunto de tanta trascendencia para
el porvenir del continente.
El General Santander, Vice Presidente de Colombia en ejercicio del Poder
Ejecutivo, en comunicaciones dirijidas á los gobiernos invitados á la
reunion proyectada, se espresó así: «He creido de mi deber convidar á
los Estados Unidos á tomar parte en la augusta reunion de Panamá,
íntimamente convencido de que nuestros aliados verán con satisfacion
amigos tan _sinceros como ilustres_ asistir á las deliberaciones de
nuestros comunes intereses».
Un publicista que firma G. L. opina «que la consolidacion de las nuevas
repúblicas no debe fundarse en una confederacion quimérica, pero sí en
la independencia de unas con otras y en los tratados que se firmen entre
ellas bajo la _proteccion y la garantia_ de los Estados Unidos». A mi
juicio no es garantia ni proteccion estraña lo que la América requiere
sinó la fuerza que debe buscarse en la union y en la confraternidad.
Las ratificaciones de los tratados que firmaron los congresales de
Panamá debieron ser canjeadas, ocho meses despues de terminadas las
sesiones, en la villa de Tacubaya á una legua de la ciudad de Méjico;
pero es sabido que solo el Gobierno de Colombia concedió á esos
documentos los honores de su asentimiento. Debe observarse, sin embargo,
que algunas de las estipulaciones de esta Asamblea son miradas en
América como principios de Derecho Público y han contribuido á estrechar
los vínculos naturales de unas repúblicas con otras, á pesar de que
ellas no están á la altura del fin propuesto. Los protocolos de las diez
conferencias que tuvieron lugar desde el 22 de Junio hasta el 15 de
Julio, arrojan poca ó ninguna luz sobre los debates á que dieron mérito
las importantes cuestiones sometidas á la deliberacion del Congreso. Sea
que el entusiasmo de los ilustrados congresales se debilitara por la
falta de representacion de la República Argentina y Chile, sea que la
insalubridad del clima les hiciera enojosa la residencia en Panamá, lo
cierto es que se procedió con precipitacion y se firmaron tratados y
convenciones impracticables.
Segun el tratado de union liga y confederacion perpétua, las potencias
signatarias deberian: prestarse mútuo apoyo para rechazar en comun las
agresiones del estranjero; otorgar á sus respectivos buques las mismas
facilidades á su entrada y salida de los puertos aliados; abolir en sus
territorios el tráfico de esclavos; acordar al Congreso autoridad para
demarcar sus respectivos límites, con poder arbitral en caso de
controversia; señalar al mismo cuerpo entre sus facultades: la de
negociar la paz, concluir tratados que la afiancen, servir de consejero
en conflictos internacionales é internos, aclarar todas las dudas y
conciliar las diferencias.
El concierto y la convencion sobre continjentes de ejército y marina
son, á la verdad, documentos inmeditados. Ellos se ocupan de la
distribucion de fuerzas, de las operaciones militares probables en caso
de ser invadida una de las repúblicas aliadas y de los contingentes que
cada potencia debe tener en pié de guerra.
El fracaso de la primera reunion internacional efectuada en Panamá no
desconcertó á los pensadores, que continuaron prestigiando la idea de la
union.
* * * * *
Con fecha 13 de Marzo de 1831 circuló una invitacion del Gobierno de
Méjico á las repúblicas hermanas, con ese objeto.--Aunque las
contestaciones se hicieron esperar, ellas fueron favorables, pero solo
en el año 1847 consiguió reunirse en Lima el nuevo Congreso. Eran
representantes, de Chile Don José Benavente, de Bolivia Don José
Ballivian, de Nueva Granada Don Juan Francisco Martin, del Ecuador Don
Pablo Merino y del Perú Don Manuel Ferreiros.
Se nota en este Congreso, como en el anterior, la ausencia de
plenipotenciarios de varias repúblicas americanas; y aunque en las
sesiones se determinó que los actos sancionados se someterian á las
naciones no representadas por si querian darles su adhesion, esa falta
hacia suponer desde el principio que el éxito no coronaria los
esfuerzos diplomáticos.
Los trabajos realizados--un tratado de confederacion, uno de comercio y
navegacion, una convencion consular y otra de correos--son, sin embargo,
muy importantes.
Parece indudable que provocó ó al ménos precipitó la reunion de este
Congreso, la noticia de haber meditado España un plan de reconquista,
para lo cual, segun nota del Consul del Ecuador en Carácas á su
Gobierno, de fecha 17 de Noviembre de 1847, aquel Gobierno habia enviado
al traidor americano Juan José Flores con la mision de producir
movimientos anárquicos en la antigua Colombia.--Una vez obtenido el
propósito encomendado á Flores, dominaria los tres Estados y formaria de
ellos un imperio, presentando como pacificador al nueva monarca.
El 8 de Febrero de 1848 se firmó en Lima el Tratado de Confederacion.
Por él las altas partes contratantes se unen, ligan y confederan para
sostener la soberania é independencia de cada una de ellas; y con ese
fin y el de impedir que se les infiera ultrajes indebidos, se auxiliarán
con todos los medios de que puedan disponer.
Para facilitar esta alianza se mencionan las circunstancias en que debe
considerarse llegado el _casus foederis_.
Además, se enunciaron algunos principios que posteriormente han tomado,
por así decir, el carácter de leyes.--Tal es la designacion del _uti
possidetis_ de 1810, es decir, el derecho de posesion que cada seccion
del continente tenia, en la época en que la revolucion produjo el cambio
político, como base de la demarcacion territorial en la América
española. Conciliando la ventaja de conservar á cada nacion los
territorios que tenia cuando surjió á la vida independiente y la defensa
de los límites arcifinios, con perfecto acierto señalados por el rey
Cárlos III, este principio simplifica por completo las cuestiones de
límites y su adopcion acerca el dia en que desaparezcan las causas de
rompimiento entre unas y otras repúblicas:
En los protocolos de las conferencias se observan tambien dos
proposiciones rechazadas ambas en nombre del principio de la no
intervencion. La primera, del plenipotenciario de Bolivia acordando al
Congreso la facultad de tomar las medidas que creyese oportunas para
protejer al gobierno constitucional de una de las repúblicas aliadas,
cuando fuese contrariado por una revolucion que tienda á echarlo por
tierra y á suplantarlo por un gobierno no constitucional; la otra de los
plenipotenciarios del Perú y del Ecuador para exijir á todas las
repúblicas la conservacion del sistema democrático.
Los mismos plenipotenciarios firmaron otro tratado de comercio y
navegacion y convenciones consular y de correos. Estos convenios
obedecen á los principios generales de la época y no contienen ninguno
especial de carácter americano.
Parece inútil agregar que si los convenios celebrados en este Congreso
fueron estériles, ello se debe á la desidia de los gobiernos, que no
por otra causa se dejaron aquellos documentos sin ratificacion y se
miraron con desprecio tan laboriosos trabajos.