¡Para qué enumerar en comprobación de estas verdades los numerosos
hechos que están en la memoria de todos los americanos, y que sólo
olvidan los que creen que la Europa haría una excepción á su ignorancia
y á sus preocupaciones anti-americanas en favor de los que se le
manifestaran sumisos!
Esa ignorancia y esas preocupaciones jamás se han manifestado más
arrogantes y más invasoras que en la época presente, ahora en los
momentos de la gigantesca lucha que acaba de terminar en los Estados
Unidos del Norte. Dejemos á un testigo presencial trazar el cuadro de
la actitud de los europeos en aquella situación. J. Debrin escribía
desde Nueva York en agosto de 1863 lo siguiente:
“La propaganda europea ha encontrado tantos y tan serviles criados,
dispuestos á desfigurar la verdad en el continente americano con
respecto á la gran revolución de los Estados Unidos de América, y tal
ha sido el constante empeño de esos asalariados de los monarcas y del
clero de Europa en difundir apreciaciones erróneas, y relaciones
impudentemente mentirosas, sobre la marcha política y social y sobre
los acontecimientos de la guerra de este país, que en verdad se
necesita mucho celo y mucho talento, por parte de un corresponsal que
quiere ser veraz, imparcial y concienzudo, para merecer crédito de los
mal informados pueblos de la América del Sur.
“Europa--ó cuando menos las potencias occidentales europeas,
Inglaterra, Francia y España, de mancomún con el obscurantismo
teocrático del clero archipapista--, en una palabra, la Europa
retrógrada, la Europa aristocrática y monárquica, la Europa
esencialmente antiliberal, ha comprendido desde hace muchos años que
contra la perpetuación de su predominio se había levantado en el
continente de América un poderoso enemigo.
“El republicanismo americano ha sido durante muchos años la perenne
pesadilla de los reyes, de los magnates oligarcas, y de la frailesca
hueste esclava de la ambiciosa, hipócrita, despótica, anticivilizadora,
absurda é imposible corte romana.
“Pero el republicanismo americano sólo era temible á los ojos de la
Europa retrógrada, en cuanto podía presentarse grande, glorioso,
fuerte, y por lo mismo, seductor.
“Por el contrario, el republicanismo de los pueblos de este continente
que se mantuviesen débiles, poco populosos, tardíos en el progreso
material, vacilantes en su marcha política, trabajados por discordias
intestinas amenazados en su prosperidad por ambiciones personales,
con preocupaciones sembradas en las masas por un clero ignorante
y ávido de riqueza y predominio, con un mero simulacro de marina
mercante, sin sombra siquiera de marina de guerra, con insignificantes
relaciones comerciales, sin caminos de hierro, sin navegación fluvial,
sin telégrafos y casi sin medios de recíproca comunicación, ese
republicanismo poco asustaba á la gran facción antiliberal europea.
“En el último tercio del siglo XVIII, Washington _el Bueno_ comenzó una
revolución, cuyo complemento se halla hoy encomendado á Lincoln _el
Honesto_.
“Esa revolución dió por primeros frutos la independencia y la libertad
de gran parte de la América Septentrional--la emancipación del pueblo
francés en 1797--, la difusión de las ideas liberales, así en el
continente europeo como en todo el americano--el desprestigio de la
ridícula teoría del derecho político divino--la civilización propagada
por la revolución francesa--y finalmente la independencia y libertad
de los más de los pueblos de la América del Sur y de todos los de la
América Central.
“Merced á aquella gloriosa revolución, la democracia y la República
echaron hondas raíces en el suelo americano.
“Erigióse triunfante, bella, colosal, la República de los Estados
Unidos de América; y muy pronto desde Río Grande hasta el San Lorenzo
floreció una nación independiente, pujante, vigorosa y cada día, cada
hora creciente, en la cual el gobierno popular, libre, antimonárquico,
antiteocrático, demócrata-republicano, presentó un admirable y seductor
ejemplo de la prosperidad que pueden prometerse los pueblos que saben
sacudir la opresión de los reyes, la dominación teocrática y el roedor
despotismo oligárquico.
“Los Estados Unidos de América vinieron á ser el modelo de las
repúblicas. Adolecían todavía de defectos debidos á la conservación
de antiguos vicios, imposibles de desarraigar en un día ni en un año.
La revolución no se había consumado; pero su fruto, la República hija
de la revolución, llevaba en sí el germen de su propio desarrollo
y la savia que, tarde ó temprano, había de operar naturalmente
su mejoramiento y completar de suyo y por infalible necesidad su
perfección.
“No pudo faltar un Washington para su principio y fundamento. No había
de faltar, un día ú otro, un Lincoln, para su consolidación y completo
remate.
“Washington llevó á cabo su tarea de creación. Lincoln llevará á
cabo la suya de perfección. Ambas requerían patriotismo, espíritu
de libertad y hombría de bien á toda prueba. La Providencia, que
había decretado el establecimiento y la perfección del gobierno
libre republicano en el suelo privilegiado de América, se hubo de
crear los instrumentos para aquella obra revolucionaria: Jorge
Washington--Jorge el Bueno--fué encargado de echar sus cimientos.
Abraham Lincoln--Abraham el Honesto--tiene la gloriosa misión de
completar la cúspide del gran monumento de la libertad moderna.
“En este monumento ha tenido fija la vista, por espacio de más de medio
siglo, la Europa retrógrada.
“La pujanza y el engrandecimiento de la República democrática de los
Estados Unidos han sido un mentís continuo á los asertos con que los
monarcas de derecho divino pretendían presentar como imposible en la
práctica el gobierno de los pueblos.
“La constante manía de la Europa retrógrada ha sido, durante cincuenta
años, la destrucción de la República de los Estados Unidos de América.
“Por esto no ha cesado un punto de calumniar. Por esto ha tratado por
todos los medios posibles--sin desechar los más bajos y deshonrosos--de
desvirtuar su prestigio. Por esto su principal mira ha sido la de
presentar odioso á los pueblos de la América del Sur y de la América
Central el gobierno de los Estados Unidos.
“Por esto ha patrocinado y pagado en este país varios periódicos y un
enjambre de mercenarios corresponsales, cuya misión exclusiva ha sido
la de desfigurar la verdad, y la de inventar hechos y anécdotas, cuya
lectura pudiese hacer concebir á los pueblos de las demás repúblicas
de este Continente la idea de que el pueblo de los Estados Unidos era
un pueblo de salvajes, sin virtudes cívicas, sin maneras sociales, sin
conciencia moral, sin base alguna de vida estable, ni de prolongada
existencia posible como nación.
“Temerosos los gobiernos de la Europa monárquica occidental de que la
grandeza de los Estados Unidos pudiese alentar á las demás repúblicas
americanas en su propósito de no dejarse subyugar otra vez por sus
antiguos colonizadores, y, por otra parte, ávidos de restablecer en
todas ellas su antiguo y ominoso coloniaje, han tratado de erigir una
valla entre la gran República, ya próspera y potente, y las demás que,
comparativamente hablando, son aún débiles, ó, por lo menos, no han
tenido bastantes años de existencia para robustecerse y desafiar con
sus solas fuerzas la ambición del filibusterismo británico, francés y
español.
“Fenómeno digno de observación es el que han presentado en el último
medio siglo aquellas tres potencias, ambicionando un mismo objeto,
cada una para su propio provecho, con exclusión de las demás, y, sin
embargo, de perfecto acuerdo en el empleo de los medios que para su
objeto adoptaban.
“Inglaterra, Francia y España han estado deseando sin cesar la
reconquista de la América Central y Meridional. Ninguna de ellas
la quería sino para sí. Todas ellas habían de ver con disgusto las
conquistas que las otras hiciesen en este continente. Pero, con la
esperanza de coger para sí el fruto cuando estuviese maduro, todas han
trabajado de mancomún para madurarlo.
“Así es como los intereses políticos de aquellas tres naciones (entre
sí diametralmente opuestos) se han convertido en interés común, cuando
se ha querido facilitar el robo de los pueblos americanos.
“El interés teocrático ha agregado á la maquinación de aquellas tres
coronas el auxiliar poderosísimo del papismo y de la retrógrada
ambición clerical.
“Y, ¡cosa extraña!, hemos visto en los últimos veinte años á Pío IX--el
papa (masculino) de los católicos romanos--y á la reina Victoria--la
papa (femenina) de los protestantes anglicanos--darse la mano, á pesar
de su antipodismo espiritual, cuando se ha tratado de vilipendiar la
República de los Estados Unidos y de preparar en la América del Sur
terreno para la reconquista europea y para la muerte de la libertad
democrática.
“La papa anglicana ha mantenido á sus satélites diseminados por toda
la América Central y Meridional, sin otra misión que la de sembrar
calumnias contra los Estados Unidos y presentar odioso el nombre de
_yankee_. El clero del papa romano ha sido igualmente celoso en la
misma misión.
“Supongo--aunque no me consta--que habrá algunas honrosas excepciones
de respetables eclesiásticos amigos de la justicia[4]; pues es un hecho
innegable que la _generalidad_ del clero católico en las repúblicas
meridionales de América se ha mostrado incansable en denigrar á los
Estados Unidos y en presentar á los ‘americanos del Norte’ como
herejes, enemigos de Dios y combustible infalible para el fuego en que
han de arder eternamente los que no creen ó no observan lo que nos
manda la Santa Madre Iglesia.
“En eso de crear un odio profundo contra los _yankees_ en las masas
del pueblo americano meridional han estado de plenísimo acuerdo
el papa que se llama ‘ortodoxo’ en Roma y la _papa_ que se llama
‘ortodoxa’ en Inglaterra. Ante este común propósito ha desaparecido su
irreconciliable antagonismo.
“En los antagonismos políticos entre Inglaterra, Francia y España se ha
hecho notar la misma desaparición fenomenal cuando se ha tratado de
lanzar de común acuerdo un anatema contra los Estados Unidos.
“Francia y la Gran Bretaña se detestan _cordialmente_.
“España aborrece de muerte á Inglaterra. Inglaterra mira con el más
altanero menosprecio á España. La escarnece desde Gibraltar. La insidia
desde Portugal. La envidia en Cuba. La mortifica en su trata africana.
Las dos naciones se abominan recíprocamente.
“Entre la Corte de Versalles y la de El Escorial existe el mismo afecto
_sincero_ que ha existido siempre desde Francisco I y Carlos V. Una
corte que ambiciona y ejerce la tutela y otra que por temor se somete
á su dictado no pueden mantener entre sí más afectos que los que
engendran por una parte el desprecio y por otra el odio, la humillación
y el deseo de venganza.
“En el Estrecho de Gibraltar las tres naciones (desde Gibraltar,
desde Ceuta y desde Argel) se contemplan una á otra con el odio más
_sincero_, y todas ellas están acechando el momento de la decadencia
de sus rivales para poder exclamar con vengativo júbilo: ‘¡Por fin el
Mediterráneo es mío!’.
“Y casi en todos los demás ángulos del mundo hay algún punto en que
Francia é Inglaterra se odian como rivales.
“Ni pueden perdonar á España su antigua gloria en el continente
americano, por lo cual vieran ambas con disgusto que en él volviese
á sentar la planta la que una vez fué de él arrojada con merecida
ignominia.
“Las tres codician colonias en América; pero las codician para sí. No
las quieren para sus dos rivales.
“Se detestan en la Europa Occidental; pero no se odian menos
cordialmente en la América del Mediodía.
“Á más de los aquí citados, tienen cien y cien otros motivos de
inveterado y esencial antagonismo. Sin embargo, aunque su política
trasatlántica se propone un objeto final tan distinto para cada una de
ellas, admirable es la armonía que ha reinado entre las tres durante
veincinco ó treinta años, cuando se ha tratado de calumniar á los
Estados Unidos ante los pueblos de las otras repúblicas de América.
“La propaganda española y francesa contra todo lo que es _yankee_,
en el continente meridional americano no ha sido menos activa, menos
celosa que la propaganda británica y la propaganda clerical.
“Los emisarios de la reina Victoria y de lord Derby; los emisarios de
Napoleón III y de Drouyn de Lhuys; los emisarios de Isabel II y de
Concha, y los clérigos de Pío IX y de Antonelli, todos ellos movidos
por distinto objeto final, han adoptado un medio idéntico, y con
idéntico celo han trabajado en él.
“Este medio ha sido engañar á los pueblos meridionales de este
continente, haciéndoles creer que la República de los Estados Unidos
tenía infaliblemente que desmoronarse y reducirse á la impotencia; que
su gobierno era una utopía imposible, y que su pueblo era un pueblo
vándalo, sin ley y sin Dios, desprovisto de toda civilización, inmoral,
ateo, salvaje, ominoso, aborrecible.
“Esta obra de falsedad no ha sido tarea de un día. Hace veinticinco
años que se fundó en Nueva York el _Courrier des Etats Unis_; hace
quince años que existe la _Crónica de Nueva York_. No menos fecha
cuentan el _Correo de Ultramar_ y el _Eco Hispano-Americano_. Durante
diez y seis años continuos el _Diario de la Marina_, de la Habana, ha
dedicado con incansable perseverancia cuatro ó cinco columnas cada
veinticuatro horas á la inserción de artículos de fondo ó de cartas
de sus corresponsales de Nueva York, en que á más de los defectos
reales de los Estados Unidos se han inventado embustes sin cuento,
para poner injustamente en ridículo sus _pretendidas_ costumbres,
sus _pretendidas_ leyes, su _pretendida_ política y su _pretendida_
historia.
“Los falsos asertos de todos esos periódicos y corresponsales, devotos
á la oposición sistemática de cuanto es ‘americano’, y desnudos de toda
conciencia siempre que se ofrece oportunidad de propalar calumnias
contra la República de los Estados Unidos, se han diseminado con
pródiga asiduidad por todas las demás repúblicas del Continente, todo
con el _santo_ objeto de que éstas concibiesen odiosidad contra la
mayor de sus hermanas, y lejos de confiar en ella para ayuda y de
imitarla como modelo, se enemistasen con su gobierno, despreciasen
á su pueblo, y antes que apelar para consejo ó para socorro á los
Estados Unidos, se entregasen ciegamente á la tutela y dirección de los
_desinteresados_ ministros y de los cónsules _inmaculados_ de España,
de Francia y de la Gran Bretaña.
“Asombra la perseverancia con que, durante una larga serie de años,
esa propaganda antiamericana ha persistido en su obra de imprudente
falsedad.
“¡Cuán eterno fué el clamor contra los Estados Unidos porque, según
pretendían la _Crónica_ y los corresponsales del _Diario de la
Marina_, esta República quería apropiarse la de Santo Domingo!...
Y, sin embargo, hoy no existe república en Santo Domingo. España ha
comprado al traidor Pedro Santana; y con la ayuda de aquel renegado
ha representado una farsa ridícula, cuyo desenlace ha sido el robo de
aquel país para la _virtuosa_ corona de España.
“¡Cuántas columnas de infamias y de diatribas contra los Estados Unidos
no ha publicado por años enteros el abyecto y bajo todos conceptos
despreciable _Courrier des Etats Unis_, porque, según él falsamente
pretendía, el gobierno de Washington atentaba contra la independencia
de la República de Méjico!... Y, sin embargo, hoy no existe ya la
_República_ en Méjico. Invadió villanamente su territorio una triple
horda filibustera, que no se avergonzaron de acaudillar la reina de
Inglaterra, el emperador de Francia, la reina de España y el clero del
Papa romano.
“Los ingleses y los españoles echaron pronto de ver que sólo trabajaban
para el clero y para Napoleón. Retiráronse, no por justicia ni por
vergüenza, sino por miedo y por conveniencia, y Napoleón y el clero,
apelando á la más ignominiosa farsa que jamás la hipocresía y el
latrocinio hayan presentado en su historia antigua ó moderna, han
quitado á Méjico su nacionalidad, han degollado allí la República y han
convertido aquel país libre, soberano é independiente en una colonia de
Francia.
“En Guatemala las intrigas del filibusterismo europeo están trabajando
para hacer de toda la América Central, mediante la estólida ambición
del ignorantísimo y fatuo Carrera, una colonia europea.
“El Ecuador está ya vendido por un traidor innoble al monarca de
Francia, y sólo falta que Napoleón III diga que ‘ha llegado ya la
hora’, para que desaparezca de aquel suelo la República, y la traición
y las bayonetas extranjeras impongan en él el coloniaje francés”.
* * * * *
“Ni se crean seguras, por más ricas, más prósperas y más unidas las
Repúblicas Argentina, Chilena y Peruana. Son _repúblicas_, y esto
basta para que su muerte esté decretada por la Europa retrógrada
monárquico-clerical. Son países de América, y esto basta para que los
monarcas occidentales europeos las consideren como colonias _suyas_,
como _patrimonio_ de sus coronas, como sus _esclavas_ por derecho
divino.
“¡Hasta cuándo se obstinarán en cerrar los ojos á la luz de los hechos
los pueblos libres de la América meridional!”...