Al Supremo Hacedor de lo creado
Dirigí fervoroso mis cantares,
Pidiéndole calmara los pesares
Que desgarraron ¡ay! mi juventud.
Y el Sumo Ser oyóme con agrado
Y conmovióle mi cristiano acento;
Y mitigar queriendo mi tormento,
Del Rey Profeta me cedió el laúd.
Instrumento dulcísimo y sonoro,
De madera del Líbano formado,
Con dibujos magníficos grabado,
Embutido de nácar y marfil;
De sus cuerdas finísimas de oro
Salen acordes de sonidos suaves,
Semejantes al cantó de las aves
Cuando alegres recorren el pensil.
Ese laúd será mi compañero;
Con él he de marchar en mi camino,
Y doquiera me lleve mi destino
Sus cuerdas armoniosas vibraré.
Ora cruce resuelto erial sendero,
O de verdura un valle delicioso;
Ora esté en la mansión del poderoso,
O del mendigo en el hogar esté.
Pulsaré mi laúd con valentía,
Que en ello cifro mi ventura sólo,
Y como alumno del divino Apolo
Él me dará su sacra inspiración.
Y el mundo admirará mi fantasía
Al comprender el fuego de mi mente,
Y sin cesar esperará impaciente
Que salga de mis labios la canción.
Pero no esperará: porque fecundo
Prodigaré los cantos á millares,
Y armónicos los ecos, tras los mares
Repetirán los sones del laúd,
Y sumergido en éxtasis el mundo
Al escuchar las voces del poeta,
Como calmó á Saul el Rey Profeta
Yo calmaré del mundo la inquietud.
Cuando de fama me contemple rico,
Yo buscaré á mis padres afanoso,
Y obediente, sumiso y cariñoso
El báculo seré de su vejez.
Y á mi patria feliz, á Puerto Rico,
Arrullaré cual cumple á mi deseo,
Y de mis lauros el mejor trofeo
La sien adornará de Mayagüez.
Y al dirigirme á la mujer que adoro,
Al ángel tutelar de mis amores,
Envidia me tendrán los ruiseñores
Que no podrán mis cantos igualar;
Y los querubes del Castalio coro
Atónitos oirán mi melodía.
Cuando llame á esa hermosa prenda mía,
Mi Dios, mi bien, mi cielo, mi ideal.
Por la virtud sublime y bendecida,
Por la amistad, que enlaza á los humanos,
Siempre dispuestas estarán mis manos
Para tañer las cuerdas del laúd.
Y en recompensa, al acabar mi vida
El Universo admirará mi gloria:
Mi humilde nombre guardará la Historia,
Y adornarán laureles mi ataúd.