Fué hombre de gran talento, de estudios muy variados y copiosos, y de
gran energía de voluntad.
Nació en un barrio cercano á la ciudad de Mayagüez, el día 11 de Febrero
de 1839, y adquirió casi toda su instrucción primaria en un colegio
particular que dirigía en San Juan el Profesor don Jerónimo Gómez.
Estudió algunos cursos de la enseñanza secundaria en el Seminario
Conciliar de Puerto Rico, y obtuvo el grado de Bachiller, en Bilbao. Más
tarde se graduó de Abogado en la Universidad Central de Madrid.
Agitábanse á la sazón en España las ideas de libertad y de reforma
política que produjeron más tarde la Revolución del 68, y Hostos, sin
dejar de estudiar, tomaba parte en los trabajos periodísticos y orales
de mayor empeño, al lado de otros estudiantes amigos suyos, que se
llamaban Castelar, Salmerón, Labra y Giner, y que llegaron á ser más
tarde figuras eminentes de la tribuna y de la cátedra. Al terminar
Hostos su carrera trató de regresar á su país, con el propósito de
influir briosamente en su cultura y en su mejoramiento político y
social; pero se había distinguido tanto en la Metrópoli por el
radicalismo de sus ideas y por sus sueños generosos de libertad y
federación Antillanas, que su vuelta á Puerto Rico hubiera atraído sobre
él persecuciones y peligros. Se trasladó entonces á los Estados Unidos,
desde donde prestó servicios importantes á la revolución de Cuba; pasó
más tarde á la América del Sur en solicitud de recursos para sostener
aquella revolución; ejerció el periodismo en varias repúblicas
hispanoamericanas, siempre con propósitos de independencia para Cuba y
Puerto Rico, y en 1877 contrajo matrimonio con doña María Belinda de
Ayala, descendiente de una distinguida familia Cubana.
Ya por entonces había demostrado grandes aptitudes de educador, y
después de firmada la paz en Cuba aceptó proposiciones del gobierno de
la República Dominicana para dar impulso allí á la enseñanza pública.
Obtuvo en Santo Domingo un éxito admirable en la organización de las
Escuelas Normales y en la perfección de los métodos educativos. En nueve
años que dedicó á esta obra regeneradora, no sólo formó maestros
excelentes, sino que escribió libros de estudio para todas las
asignaturas de la primera y la segunda enseñanza. Muchos de estos libros
se conservan todavía como verdaderos modelos de su género.
En 1889 recibió encargo del Gobierno de Chile para reformar la enseñanza
en aquella importante República, en donde se conocían y se estimaban ya
las grandes aptitudes pedagógicas de Hostos. Mientras desempeñaba en la
Universidad de Santiago de Chile la cátedra de Derecho Constitucional,
escribió para uso de sus discípulos un tratado, que adquirió
extraordinaria resonancia por la novedad y excelencia de su doctrina, y
por el buen método de su exposición.
Cuando estalló de nuevo la guerra cubana pensó Hostos en las
complicaciones que podían alcanzar á Puerto Rico en el caso de que los
Estados Unidos se decidieran á intervenir, y tan pronto como terminó su
compromiso en Chile, trató de organizar en Puerto Rico una Liga de
Patriotas que trabajase en favor de la independencia de esta isla,
procurando que no llegase á ser teatro de luchas sangrientas. Pero los
sucesos se habían precipitado, el país aceptó voluntariamente la nueva
soberanía, y Hostos se fué á continuar en Santo Domingo su obra de
educador, después de haber fundado en Mayagüez el Instituto Municipal.
Á pesar de lo accidentado de su vida y de los trabajos políticos á los
cuales prestó siempre gran atención, escribió Hostos cerca de cincuenta
volúmenes, entre libros y folletos, todos interesantes y útiles, y
muchos de ellos merecedores de alto elogio y de gran estimación.
Analizando atentamente sus obras, y estudiando bien las circunstancias
de su vida entera, se adquiere el convencimiento de que Hostos estaba
dotado de un carácter noble y austero, de que poseía una cultura
extraordinaria, y de que tenía grandes condiciones de pensador y de
pedagogo.
En los dos trabajos suyos que se insertan á continuación de estas líneas
se reflejan dos aspectos distintos de su entidad moral: lo tierno y
delicado de su naturaleza afectiva, y la severidad y pureza de sus ideas
en punto á deberes humanos y de disciplina social.