establecieron en Andalucía, mantuvieron hasta la caida del Califato de
Córdoba constantemente viva la animosidad que desde un principio separó
á los descendientes de los dos principales troncos ADNÁN y KHATTÁN.
Entre las varias tribus de la estirpe de Adnán era la de los Beni Modhar
la predominante por su número en Andalucía, y con el apoyo que le
prestaron los Beni Umeyas, procedentes del mismo tronco, los
descendientes de Khattán, llamados _Arabes del Yemen_ ó _Yemenitas_, no
pudieron hasta el reinado del usurpador Al-Mansúr equilibrar su poder
con el de sus irreconciliables enemigos.
[105] Huete.
[106] Todas las oraciones y ceremonias de los Mahometanos acaban con el
_Salam_ ó Salutacion; la cual se hace tambien á los seres invisibles,
como por ejemplo, á los dos ángeles que segun el Koran estan á derecha é
izquierda de todo el que ora ó hace su azala.
[107] Hízola, segun refiere Al-Makkarí, al lado opuesto de la _Puerta de
los jardines_ del palacio de Córdoba.
[108] _Alguado_: lavatorio, ablucion.
[109] Véase la lámina que representa la _Puerta de las Palmas desde el
patio_.
[110] _The History of the Mohammedan Dynasties in Spain, etc._ Tomo I,
pág. 219.
[111] Bagdad.
[112] No hay en esto la menor exageracion de nuestra parte. El que
quiera formarse una idea aproximada del desenfrenado lujo introducido en
el imperio árabe de Oriente por los Califas Abassides, rivales en
esplendor y magnificencia de los antiguos Asirios y Persas y de sus
contemporáneos los emperadores griegos, puede consultar las obras de
Hammer, _Hist. de l'Empire Ottoman_; Malcolm, _Hist. de Perse_;
Gaillardin, _Hist. du moyen âge_; OElsner, _Des effets de la religion de
Mohammed_; Mills, _Hist. du Mahométisme_; etc., etc.
[113] Al-Makkarí: Hist. de las dinastías mahometanas, tomo 2, pág. 126.
[114] Los Cristianos y Judíos fueron colmados de agasajos y de honores
en la corte de Harun al Raschid, los primeros por sus conocimientos en
la filosofía y en la medicina, y los segundos por la sutileza é ingenio
con que manejaban las místicas teorías de la escuela alejandrina y de la
antigua filosofía hermética, tan conformes á la imaginacion exaltada de
los Arabes. Los Cristianos lograron ser poderosos é influyentes, y los
Judíos obtuvieron que fuesen protegidas sus escuelas fundadas en Sora y
Pundebita.
[115] El ciego entusiasmo del Califa Al-Mamún por las ciencias le llevó
hasta el ridículo estremo de declarar la guerra al emperador de
Constantinopla solo por haberse opuesto á que Leon, arzobispo de
Tesalónica, se trasladase á Bagdad.
[116] El colegio de Bagdad.
[117] _Abu-Thaman_ es el nombre del afortunado poeta que lo compuso.
[118] Los Abassides adoptaron el negro como su color privativo para el
trage de guerra y de corte, y aun para sus pendones y banderas, y de
aquí viene el distinguirlos con el apelativo de _Califas negros_. Sus
rivales los Umeyas, por el contrario, usaban como color de ceremonia el
blanco.
[119] Es sabido que el papa Silvestre II antes de entrar en la regla de
S. Benito perfeccionó sus estudios en las escuelas de la España árabe.
[120] «Y habiendo ejecutado lo mismo (esto es, habiéndose rebelado) el
suburbio ó ciudad baja de Córdoba, entró por la puerta nueva Abdelcarin,
su general, y prendió mas de trescientos Arabes amotinados, que luego
mandó colgar á la orilla del rio junto á la puerta del Puente.» Así
Bravo, _Obisp. de Córd._ Al-Makkarí (cap. III, lib. VI), bajo el
epígrafe _Sedicion en Córdoba_, dice que el arrabal ó suburbio amotinado
fué el de Poniente; y el Sr. Gayangos en una de las notas que ilustran
este pasage dice que segun otros autores ocurrió el levantamiento en el
suburbio de Sbakandah ó Secunda, que caía al Sur de la capital.
[121] El _ridá_ era una especie de manto ó capa que llevaban los
dervíses y faquires, fanáticos mendicantes que andando el tiempo
abundaron mucho en todos los paises musulmanes.
[122] Con la cara tiznada de _kohol_ y _siwak_, dice Al-Makkarí,
palabras que el traductor y comentador interpreta _polvos dentríficos_,
añadiendo en una nota que el _siwak_ puede significar así un específico
cualquiera para limpiar la dentadura, como el palo que usaban los Arabes
al efecto en vez de cepillo. Damos razon de estos y otros pormenores
porque son rasgos gráficos que hacen mas interesante la historia antigua
del pueblo musulman, cuyas costumbres y usos domésticos son poco
conocidos.
[123] Habiendo el emperador griego Teófilo solicitado alianza de
Abde-r-rahman II y enviádole ricos presentes para grangeársela, con
objeto de reunirse ambos contra los ejércitos amenazantes de los
Abassides, el sultan andaluz concibió cierto deseo de reconquistar en el
Oriente el imperio de los proscritos Umeyas, sus antecesores, y
entabláronse desde luego relaciones de amistad entre los dos soberanos.
Abde-r-rahman correspondió á los presentes del griego con un magnífico
regalo, encomendado á uno de los caballeros mas cumplidos de su corte
para que se le entregase en persona. Fué el elegido para este encargo un
tal Yahia Al-ghazal, muy celebrado por su sabiduría y talento poético,
con quien gustaba despues el rey, dice Conde, conversar informándose de
las costumbres de los reyes infieles, y de los pueblos y ciudades que
habia visto, pues tambien habia viajado por tierra de Afranc. Al-ghazal
fué muy afortunado en su legacion de Constantinopla, porque no solo
concluyó la alianza requerida, sino que consiguió ademas (refiere
Al-Makkarí) que el nombre de Abde-r-rahman fuese allí mas respetado que
el del Califa Abassida. Este último historiador cuenta varias anécdotas
curiosas de la galanteria de Al-ghazal en las cortes que recorrió.
Llamábanle _la gacela_ (_Al-ghazal_) por su hermosura, pertenecia á la
tribu de Bekr Ibn Wáyil, era natural de Jaen, sobresalía en las ciencias
naturales y en la poesía, y el escritor Ibnu Hayyán le llamaba el
_sabio_ (_A'lim_) de Andalucía.
[124] Mas adelante se hablará de este singular personage, insigne músico
de la Iraca, á quien tuvo el rey hospedado en su propio alcázar,
colmándole de agasajos y liberalidades.
[125] Obeydullah Ibnu-l-balensí (es decir, Obeydullah, _hijo del
valenciano_), nieto de Abde-r-rahman I, se distinguió principalmente
contra los Cristianos de Alava y las Castillas. «En el año 224 (A. D.
838), dice An-nuwayrí, Abde-r-rahman envió un ejército contra el enemigo
bajo el mando de Obeydullah, hijo de Abdullah el valenciano; llegó este
ejército á Alava y á la tierra de los castillos, y tuvo con los infieles
un encuentro en que, despues de un rudo pelear y de una gran matanza,
fueron derrotados los Cristianos. Fueron tantos sus muertos, que cuando
estaban ya apiladas sus cabezas en el campo de batalla, no podia un
ginete ver á su compañero.»
Nuestros historiadores no hacen mencion de esta derrota; al contrario,
pintan bajo el reinado de D. Alfonso el Casto muy crudamente
escarmentados á los capitanes de Abde-r-rahman II en los acontecimientos
de Galicia. Solo Dios sabe la verdad, repetiremos á usanza de los
Arabes.
[126] Las paces ajustadas entre Abde-r-rahman II y Cárlos el Calvo
constan por los Anales Berlinianos, donde, bajo el año 847, se refiere
con este motivo la peticion que los afligidos cristianos de España
dirigieron al rey franco á fin de que reclamara de Abde-r-rahman que le
entregase cierto diácono aleman, apóstata, que andaba concitando en
Córdoba contra ellos los ánimos del rey y de los principales sarracenos.
«_Legati Abdirhaman Regis Sarracenorum á Corduba Hispaniæ ad Carolum
pacis petendæ fæderisque firmandi gratia veniunt... Bodo, qui ante annos
aliquat Christiana veritate derelicta ad Judæorum perfidiam concesserat,
in tantum mali profecit, ut in omnes Christianos Hispaniæ degentes, tam
Regis quam gentis Sarracenorum animos concitare statuerit... Super quo
omnium illius Regni Christianorum petitio ad Carolum Regem... missa est,
ut memoratus Apostata reposceretur, ne diutius, etc._»
[127] El metropolitano de Sevilla, Recafredo, cediendo á las
intimaciones de Abde-r-rahman, prohibió á los cristianos presentarse
voluntariamente ante los Cadíes para confesar á Cristo, y persuadido de
un esceptor de tributos que despues apostató de la religion cristiana,
mandó que no se tuviesen por mártires, sino por malhechores temerarios,
los que espontáneamente se ofreciesen á los referidos jueces. Tambien
decretó que se tuviesen por escomulgados los que sin ser violentados á
comparecer fuesen condenados á muerte, y como á tales se quemaron los
cuerpos de algunos que permanecian todavía pendientes en el lugar del
suplicio. Este decreto suscitó de parte del obispo Saulo, S. Eulogio y
otros muchos sacerdotes, enérgicas impugnaciones que avivaron la fé de
los cristianos. Menudearon desde entonces las confesiones, y arreció la
cólera de los perseguidores. Determinó el rey árabe, oido su consejo,
que tuviese cualquiera musulman facultad para quitar la vida al que
hablase mal de su profeta y secta. Con esta resolucion «los buenos y
celosos huyeron y se ocultaron, dice Gomez Bravo; los malos apostataron
de la religion cristiana; otros publicaban que los mártires habian sido
indiscretos y temerarios, aunque antes los habian venerado por
felicísimos; otros, que desde el principio los habian anatematizado, los
maldecian y llenaban de oprobios.» Oigamos mas bien las sentidas quejas
de Alvaro en su Indículo luminoso: _¿Nonne ipsi, qui videbantur columnæ,
qui putabantur Ecclesiæ Petræ, qui credebantur electi, nullo cogente,
nemine provocante, judicem adierunt, et in præsentia cinicorum, imo
Epicurorum Dei Martyres infamarunt? ¿Nonne Pastores Christi, Doctores
Ecclesiæ, Episcopi, Abbates, Presbyteri, Proceres et Magnati hæreticos
eos esse publice clamarunt? ¿Et quos in Catholica fide natos, et matris
Ecclesiæ uberibus nutritos noverunt, meretricio concubitu, et
adulterorum cibo pastos esse firmarunt? ¿Et est ne aliquis de flagello
qui adhuc conquirat digne, cum causam ipsius videt flagelli?_
[128] Es de advertir que en la primitiva iglesia no se tenian en público
por santos ni se hacia fiesta como á tales sino á solos los mártires, y
que en la iglesia mozárabe de Córdoba perseveraba esta costumbre. «En
padeciendo un mártir, dice Ambrosio de Morales, luego le celebraban la
fiesta en todos los años, le decian sus horas y le daban su leyenda.»
Proclamábanse, pues, los santos en la España árabe por voz pública en
cuanto morian, sin esperar canonizacion de Roma. La canonizacion, ó por
lo menos su principio, parece sin embargo de origen mas antiguo, puesto
que segun los martirologios, el Papa Leon III mandó tener por santos y
rezar de ellos á algunos que allí se nombran, y este Papa ascendió al
pontificado el año de J. C. 796.
[129] Siguiendo el ejemplo de Conde traducimos en romance octosílabo los
versos de Abde-r-rahman, cuyo original puede verse en la nota 32 del Sr.
Gayangos al cap. IV, lib. VI de Al-Makkarí.
[130] Copiando al historiador Ibrabim el Katib refiere Conde, que un dia
regaló el sultan á una esclava suya, muy linda y preciosa, un collar ó
gargantilla de oro, perlas y pedrería, de valor de 10,000 dinares ó
doblas de oro, y que contando despues el rey á su poeta Abdala ben Xamri
que á sus wazires, presentes á la dádiva, les habia parecido escesiva,
el poeta por adular el gusto de su señor habia improvisado un concepto
en verso encareciendo las gracias de la esclava querida, al cual
contestó el rey con esta otra improvisacion:
Es don tuyo Aben Xamri --la elegante poesía,
los oscuros pensamientos --tu claridad ilumina
cual las sombras de la noche--la luz del alba disipa:
su encanto por el oido --en el corazon destila,
como la gracia y beldad --de una criatura linda
nuestros ojos arrebata --nuestro corazon hechiza,
mas que la rosa y jazmin --mas que las eras floridas.
Mi corazon y mis ojos --á ser mios todavía,
rendido los ensartara --en la hermosa gargantilla.
[131] Mandó Abde-r-rahman construir hermosas mezquitas en Córdoba, y en
ellas puso fuentes de mármol y jaspes varios, y trajo á la ciudad las
aguas dulces desde los montes con encañados de plomo, y la llenó de
fuentes y edificó baños públicos de mucha comodidad, y abrevaderos y
grandes pilas para las caballerías. Enlosó las calles de su corte,
edificó alcázares en las ciudades principales de España, reparó los
caminos y construyó las rusafas ó jardines á orillas del Guadalquivir,
dotó las madrisas ó escuelas de muchas poblaciones, y mantenia en la
madrisa de la aljama de Córdoba trescientos niños huérfanos. (Conde,
tomo I, cap. 40.)
A pesar de esto, no es creible que fuese este sultan el que llevára á la
mezquita mayor las aguas de la sierra para el atrio de las abluciones,
porque al hablar Al-Makkarí de las mejoras hechas en el gran edificio
por Al-hakem II muchos años despues, dá á entender su traductor que
hasta el tiempo en que este Califa construyó los cuatro nuevos pilares
para el alguado y las purificaciones surtiéndolos con agua de la sierra,
no habia habido para estos usos mas fuente en el patio mencionado que la
de un gran depósito que se llenaba con agua de una noria vecina,
probablemente movida por un camello.
[132] Este soberbio acueducto, que todavía subsiste (aunque inutilizado
en algunos de sus ramales, pues tenia varios), y en cuya descripcion tan
prolijamente se ejercitó la escudriñadora pluma de Ambrosio de Morales,
teniendo presentes las memorias del arzobispo D. Rodrigo, y añadiendo de
su propio caudal muy curiosas noticias, tenia su principio á dos leguas
y media de la ciudad, arrancaba en la misma sierra é iba recogiendo
otros golpes de agua en el camino. Venia esta encauzada en conductos de
fortísima argamasa, embovedados, de tres piés de anchura, y revestidos
por dentro de un betun fino y duro como escayola dado de bermellon.
Morales que lo reconoció dice que esta costra de betun conservaba el
color del bermellon tan vivo como el dia que allí se puso. Atravesaba el
referido conducto grandes montañas, trabajosamente horadadas; y para que
el enorme peso de estas no hundiese la obra, levantaron por todo aquel
espacio muchas lumbreras á manera de torres muy juntas, que suben hasta
lo alto y sustentan la montaña aliviando el peso con repartirlo en
aquellos pequeños trechos. Atravesaba tambien el conducto los valles,
los arroyos y los barrancos, sobre sólidos y hermosos puentes, que el
mismo cronista vió antes de que se deshiciesen para los edificios del
monasterio de S. Gerónimo de la Sierra. Ultimamente al llegar á la
ciudad, en vez de ir el acueducto derecho al alcázar y á la mezquita,
daba un gran rodeo para entrar por lo mas alto de la poblacion á fin de
que el agua se distribuyera facilmente por todos sus barrios, es decir,
que cruzaba por la dehesa de Cantarranas (al norte de la actual plaza de
toros), y tocaba en la puerta del Osario, desde donde iba el agua á
todas partes por gruesos atanores ó caños de plomo. A la mezquita, sin
embargo, no llegó probablemente el agua hasta el reinado de Al-hakem II.
[133] Véase á Ambrosio de Morales, lib. XIII, cap. XLIV, refiriendo la
ocasion del martirio de las dos santas vírgenes Nunilo y Alodia, y al P.
Roa en su _Flos Sanctorum_ de Córdoba, copiando de S. Eulogio la breve
memoria de los protomártires Adulfo y Juan.
[134] «Si algun cristiano entrare en la mezquita, ó dijere mal de Dios ó
de Mahoma, tórnese moro, ó sea muerto,» decia el fuero de Coimbra. Una
nueva ley de Abde-r-rahman II prescribia que al cristiano que entrase en
una mezquita se le cortasen los piés y las manos, y por otra se mandaba
que el que injuriase á algun mahometano fuese azotado, y el que le
hiriese fuese muerto. _Ecce enim lex publica pendet, et legalis jussa
per omne regnum eorum discurrit, ut qui blasphemaverit flagelletur, et
qui percuserit occidatur._ (Alvaro. Indículo luminoso, núm. 6, pág. 228
de la edicion de Florez.)
[135] Llamábanle en efecto sus súbditos _el victorioso_ (_Abú-l-motref_)
y tambien _padre de los vencedores_ (_Abú-l-modhaffer_).
[136] Los árabes en efecto no daban tormento corporal á los cristianos
infractores de las citadas leyes: cuando cualquier cristiano, movido de
su celo y fervorosa fé, hablaba en público contra Mahoma ó su secta, era
acusado y preso, y si perseveraba en su propósito lo degollaban, sin
azotarle ni darle otra pena, porque la legislacion musulmana prohibia
que al que habia de sufrir pena de muerte se le diese ningun otro
castigo. Nadie obligaba, pues, á los cristianos á apostatar: podian
permanecer en su religion sin ser molestados siempre que ellos no se
propasasen á desobedecer las citadas leyes penales, y es claro que la
generalidad de los mozárabes, que no se sentian animados de un
estraordinario valor, cumplian con sus deberes religiosos y se
justificaban á los ojos de Dios obedeciendo sumisos aquellas
prohibiciones. ¿Mas habráse de deducir por esto que no era loable y muy
de envidiar el santo celo de los mártires, que burlándose de las humanas
leyes y de sus opresores se presentaban espontáneamente á declarar su fé
y á vituperar los errores del mahometismo? De ninguna manera: ¿quién
podrá disputarle á Dios, que inflamaba sus corazones y movia sus
lenguas, el derecho de suscitar esos testigos heróicos de la verdad en
los tiempos lastimosos en que reina y prevalece el error? Téngase por
seguro que cuando la causa es de justicia y en favor de la verdad, la
obra es de Dios, parezca lo que quiera. De buena gana entraríamos en
algunas esplanaciones sobre este punto, porque son muchos los que
todavía consideran á los gloriosos mártires de la persecucion
sarracénica como víctimas mas de su deplorable fanatismo que de la saña
de los musulmanes; pero habiendo sido este error victoriosamente
confutado por el P. Florez (trat. 33, cap. 10, §. II de la _España
Sagrada_), el cual discute ampliamente todos los argumentos alegados
contra los referidos mártires desde su mismo tiempo por los mahometanos
y por los cristianos tibios ó apóstatas, parece inútil y hasta
presuntuoso acometer con poca erudicion sagrada una cuestion de tamaña
importancia en una simple nota, escena indigna de personages tales como
S. Cipriano y S. Isidoro que en ella figuran.
[137] Hija de un cristianismo adulterado, la iglesia nestoriana de
Oriente, arraigada desde el VI siglo en las mas florecientes regiones
del Asia, en la India, en la Arabia feliz, en Socotra y en la Bactriana,
entre los Hunos, los Persarmenios, los Medos y los Elamitas, con sus
obispos, sus pseudo-mártires y sus sacerdotes, ejerció una accion tan
poderosa en las tendencias del mahometismo naciente por medio de sus
misioneros, que se asegura que Mahoma debió al trato y escuela del monge
nestoriano Sergio casi toda la instruccion bíblica de que se auxilió
para tejer las rapsodias de su Koran. Así los cristianos caldeos y los
sarracenos procedieron desde los años primeros de la Egira como aliados
y amigos. El falso profeta celebró con aquella secta un famoso tratado,
que bajo el título de _Testamentum Mahometi_ dió á luz en árabe y latin
en París Gabriel Sionita el año de 1630, y cuya sustancia se contiene
tambien en tres escritores sirios, Bar Hebræus, Maris y Amrus, que
incluye Assemani en el tomo IV, pág. 59 de su _Biblioteca oriental_. Por
este tratado de paz concedia Mahoma á la comunidad nestoriana muy
importantes exenciones y privilegios. Ultimamente, compruébase la gran
tolerancia de los Arabes para con los cristianos de la Iglesia Caldea
por la carta del patriarca Jesujabus á Simon, metropolitano de una
ciudad persa, que contiene esta notable manifestacion: «Hasta los
Arabes, á quienes el Omnipotente ha concedido en estos dias la
dominacion de la tierra, son de los nuestros, como no ignoras. No son
perseguidores de la religion de Cristo; por el contrario, recomiendan
nuestra fé, y honran á los santos y ministros del Señor haciendo
beneficios á sus iglesias y monasterios. (Véase Assemani, obr. cit., t.
3, pág. 131.)
[138] La iglesia caldea ó nestoriana profesa dogmas que tienen muchos
puntos de contacto con los de la iglesia protestante. Como ella despoja
á la Santísima Madre de Dios de sus mas gloriosos títulos y atributos;
como ella niega la doctrina del Purgatorio y rechaza el culto de las
imágenes; como ella contradice la doctrina de la Transubstanciacion y de
la presencia actual de Jesucristo en el Sacramento; como ella hace
compatible el matrimonio con los grados mayores y menores de la
gerarquía eclesiástica. El fundamento de la doctrina nestoriana es en
suma el mismo que el de la iglesia reformada: la divisibilidad y
separacion de dos personas y dos naturalezas en Cristo, ó lo que es lo
mismo, la distincion de dos personas en Cristo, el Verbo de Dios y el
hombre Jesus; distincion que los católicos reconocemos como errónea por
la union del Verbo con la naturaleza humana, que los teólogos llaman
_hipostática_. (Véase Assemani, t. IV.)
[139] Sábese por S. Eulogio y Alvaro Cordobés que en los tiempos de
persecucion se añadian á los tributos ordinarios que pagaban los
cristianos otros estraordinarios, sin duda como castigo y medio de
intimidacion. Tenemos un ejemplo de la apurada situacion á que muchos se
veian reducidos en estas estraordinarias circunstancias, en el viaje que
los hermanos de S. Eulogio, Isidoro y Alvaro, tuvieron que emprender á
Alemania con mercaderías de Córdoba, en busca de recursos con que vivir
y satisfacer aquellos desmedidos impuestos.
[140] Véase la vida de S. Perfecto, presbítero. Los mártires cristianos
eran inmolados en la esplanada que caia al pié del alcázar y sobre el
rio, en el parage que hoy llamamos el Campillo: situacion que determina
perfectamente Ambrosio de Morales. A la orilla opuesta del Guadalquivir
se estiende frontero á la ciudad por el mediodia el Campo de la Verdad,
lugar muy concurrido á la sazon, no sabemos por qué motivo, aunque el
mismo Morales, traduciendo á S. Eulogio, supone que los mahometanos le
tenian destinado _á sus malvadas oraciones_. Diciendo el mismo santo que
el martirio de S. Perfecto tuvo lugar el dia primero de la Pascua de los
mahometanos despues de su ayuno, es posible que aquel dia se hubiese
reunido en el Campo de la Verdad mucha gente á distraerse y espaciarse,
y que, como las cinco azalas obligatorias para todo muslim podian
cumplirse en el campo y al raso lo mismo que en la mezquita, fuese el
mencionado parage preferido por los Cordobeses á los otros paseos y
ejidos de la ciudad por la circunstancia de tener al lado el rio en
donde hacer sus abluciones y purificaciones. Como quiera que esto deba
entenderse, ocurrió, pues, hallarse el Campo de la Verdad lleno de
turbas cuando fué conducido al suplicio S. Perfecto, y que, oyendo decir
como el santo mártir acababa de ser degollado, volvieron tumultuosamente
á la ciudad para verlo, «_y muy contentas y alegres por haberle visto
empapado en su sangre, como se habia revolcado en ella con el ímpetu de
la muerte, se tornaron al campo para hacer su azala_.»
[141] Tambien los musulmanes eran muy delicados en ciertas cosas de
conciencia, y muy sutiles los casuistas que los resolvian. El que desee
formarse idea del _candoroso cinismo_ de uno de los Amires mas cultos é
ilustrados, lea en Al-Makkarí el estraño caso que propuso Abde-r-rahman
en plena asamblea de los principales teólogos de su corte relativamente
al precepto del ayuno de Ramadhán.
[142] Por ejemplo la que Abde-r-rahman II introdujo de presentarse en
público siempre velado; la de usar en las vestiduras reales su propio
nombre bordado en la orla; la de hacer grabar en su sello esta piadosa
leyenda: «El siervo del misericordioso descansa contento en los decretos
de Dios.»
[143] Este nombre (_dracknar_) daban los Normandos á sus naves. Véase
Michelet, _Historia de Francia_. Conde y Al-Makkarí refieren concordes
la invasion de los Normandos el año 844.
[144] Véase la nota 2, pág. 118.
[145] Las _annefilas_ eran las oraciones voluntarias que hacian los
muslimes devotos, fuera de las cinco azalas ú oraciones obligatorias.
[146] El mancebo Sancho, martirizado en junio del año 851, habia sido
page en el palacio de Abde-r-rahman.
[147] Véase el martirio de la virgen Flora, acaecido en noviembre del
mismo año.