un paso miró en derredor. No había nadie allí; no se sentía ni
siquiera el rumor de la respiración de un vivo junto á los fríos
despojos humanos, engalanados con la vestidura del negro tránsito y
custodiados por el silencio. La efigie de un adolescente pálido se
alzaba en el altar: sus ojos, pintados sobre la madera, medían de
un extremo á otro la capilla, observando á todo el que entraba, y
parecían decir: «¡Malvado, no la toques!»
León avanzó despacio, apagando el ruido de sus pasos para no sentirlo
él mismo. El respeto, la santidad del lugar, la espantosa vacilación
que sentía entre la idea de retroceder y la de acercarse, hiciéronle
pasar por distintos estados morales, ya de curiosidad anhelosa, ya
de miedo ó superstición, durante aquel viaje de veinte pasos desde
la puerta al centro de la capilla. Podría asegurarse que el temor le
detenía y la desgarradora curiosidad del temor mismo le empujaba.
Por fin la vió. Allí estaba, delante y bajo sus ojos, sobre el suelo,
al nivel de las pisadas humanas, esperando, por decirlo así, en los
umbrales del imperio del polvo, á que le señalaran sitio para el
descanso absoluto de lo inorgánico. Su espíritu, más bien egoísta que
generoso, había entrado ya quizás con gemido de sorpresa y temor en
la región ignota del saber de amores y de la apreciación exacta del
bien y del mal.
Una vez contemplada en el primer golpe de sorpresa y temor, la miró
más, oyendo el palpitar de sus propias sienes y la trepidación de
su sangre cual mugido de un mar cercano. Blanco hábito la cubría,
puesto por las amigas de devociones con severa elegancia. Sus anchos
pliegues corrían en líneas rectas del cuello á las plantas, sólo
interrumpidos por las manos de mármol que empuñaban un crucifijo.
Finísimo velo blanco le cubría el rostro, sin ocultarlo ni dejarlo
ver claramente, presentándolo vagoroso, esfuminado, lejano, entre
nieblas, como la imagen mal soñada que persiste en la retina de
los mal despiertos ojos. Hubiera querido verla mejor para apreciar
lo que restaba de una hermosura sin igual que la muerte había ido
cambiando en no sé qué flor mustia y violácea. En todo rostro, por
ciego y muerto que esté, hay siempre algo de mirada. León se sintió
visto desde el fondo de aquella cavidad fúnebre, ahondada por las
vaguedades de la gasa, y reconoció la mirada última, ya menos amorosa
que irónica.
Por su pensamiento pasaron las ideas más graves que asaltan al hombre
en los momentos culminantes de la vida, y consideró la distancia á
que estamos del verdadero bien, distancia que á medir no acierta la
idea y que no se sabe cómo ha de recorrerse... Cortó sus pensamientos
un ruido importuno y vulgar, una tos... Miró... La muerta y él
no estaban solos. Allá en el fondo de la capilla alguien velaba.
Era el clérigo pequeño, sentado en un banco, los ojos fijos en el
libro de rezo. León no pudo menos de admirar la fidelidad del amigo
espiritual, que habiendo sido dueño de la vida, quería ser custodio
de la muerte. Sin mover la cabeza, el italiano alzó los ojos y miró
á León un rato, fijamente, muy fijamente... Después los bajó para
seguir leyendo. En aquella blanda caída de la mirada sobre el libro
había el desdén más soberano que puede imaginarse. Paoletti, como si
nadie estuviera allí, siguió leyendo: _ego sum vermis et non homo,
opprobium hominum et abjectio plebis_.
¿Por qué al salir, no con menos respeto que al entrar, sintió el
hombre en su alma una consoladora tendencia á la serenidad? Había
visto cara á cara lo más pavoroso del mundo físico y del mundo
moral, y los combates que estas terribles perspectivas habían
provocado en su espíritu dejáronle rodeado de grandes y tristísimas
ruínas. _¡Impavidum ferient ruinæ_, que dijo el pagano! ¿Pero qué
le importaba estar vencido, solo, proscripto y mal juzgado, si
resplandecía en él la hermosa luz que arroja la conciencia cuando
está segura de haber obrado bien? Al entrar en su casa vacía,
encontró á su criado ocupado en hacer las maletas, conforme le había
mandado aquella tarde. Alegróse mucho éste al verle entrar, y como
León le preguntara la razón de tan grande contento, el fiel criado le
respondió:
«En casa de la señora Marquesa y en todas las casas donde le conocen
á usted decían que usted se pegaría un tiro esta noche. Lo daban por
tan seguro, que me eché á llorar.»
León sonrió con tristeza.
«Y al entrar en casa para hacer las maletas, lo primero que hice fué
esconder las pistolas, por si no pudiendo el señor matarse en otra
parte, se le antojaba matarse aquí.
--¿Dónde las has puesto? ¿Están cargadas?--preguntó León prontamente.
--¡Oh! ¡el señor se atreverá...!--exclamó el criado lleno de pavor.
--Tranquilízate, amigo--dijo el amo señalándose la frente;--esto no
se ha hecho para el suicidio... En cuanto á las pistolas, si están
cargadas, puedes arrojarlas á la calle para que las aproveche el
primer tonto que pase.
--¡Tirarlas!... son tan bonitas...
--O quédate con ellas. Guárdalas para cuando te cases.
--El señor olvida que soy casado.
--Pues para cuando enviudes.»
XXI
Del Marqués de Fúcar al Marqués de Onésimo.
_Madrid 1.º de Diciembre._
Antes de salir de Londres para Hamburgo á comprarme las veinte
toneladas de tabaco, véndame usted todo lo de Riotinto y el
Consolidado Exterior. Comprar á escape _Gas de París_ y Mobiliario
Español. El empréstito, tercero que hace este año nuestro Tesoro, va
á maravilla. Necesito fondos en esa plaza para proponer al Gobierno
el pago de parte del cupón exterior á los tenedores ingleses, con
lo cual la operación se redondea aquí de un modo completo. Es
incalculable el beneficio de este anticipo. En lo demás, confirmo la
mía de 23 de Noviembre. No olvide usted mis instrucciones para sacar
partido de los almacenistas de tabaco en Hamburgo. Nada de timidez.
Como el negocio es bueno, no le importe á usted llegar á precios
exagerados.
Mi hija sigue bien; muy triste, muy sola, con mediana salud; pero
resignada y tranquila. No sale de Suertebella. Mona, cada día más
mona, le envía á usted tres besos.
El malvado ha cumplido su compromiso y no nos molesta para nada.
Se ha metido en Bolsa y me han dicho que acometiendo con serenidad
y tino las jugadas, hace una fortuna loca. La verdad es que
disposiciones no le faltan.
Le espera á usted para comer el pavo de Navidad en Suertebella su
afectísimo
_P. Fúcar._
P. D. Si vuelve usted á ver á ese extravagante dele recuerdos míos,
pero nada más que míos.
Madrid, Diciembre de 1878.
FIN DE LA NOVELA
ÍNDICE
ÍNDICE DEL TOMO PRIMERO
PRIMERA PARTE
Páginas.
I.--De la misma al mismo. 1,5
II.--Herpetismo. 1,15
III.--Donde el lector verá con gusto los panegíricos
que los españoles hacen de sus compatriotas y
de su país. 1,22
IV.--Siguen los panegíricos dando á conocer en cierto modo
el carácter nacional. 1,33
V.--Donde pasa algo que bien pudiera ser una nueva
manifestación del carácter nacional. 1,41
VI.--Pepa. 1,49
VII.--Dos hombres con sus respectivos planes. 1,61
VIII.--María Egipciaca. 1,76
IX.--La Marquesa de Tellería. 1,90
X.--El Marqués. 1,102
XI.--Leopoldo. 1,113
XII.--Gustavo. 1,121
XIII.--El último retrato. 1,132
XIV.--Marido y mujer. 1,142
XV.--Un convenio como los que la diplomacia llama «modus
vivendi.» 1,162
XVI.--De Crematística. 1,170
XVII.--La desbandada. 1,181
XVIII.--El asceta. 1,190
XIX.--La Marquesa se va á la música. 1,203
XX.--Un drama viejo, viejísimo. 1,212
XXI.--Batiéndose con el ángel. 1,228
XXII.--Vencido por el ángel. 1,236
SEGUNDA PARTE
I.--Si el tiempo lo permite. 1,241
II.--Memorias.--Tristezas. 1,256
III.--María Egipciaca se viste de pardo y no se lava las
manos. 1,270
IV.--El mayor monstruo, el crup. 1,284
V.--La madre. 1,307
VI.--El Marqués de Fúcar recibe nuevos favores del cielo. 1,313
VII.--Erunt duo in carne una. 1,326
VIII.--En que se ve pintado al vivo la invasión de los
bárbaros.--Resucitan Alarico, Atila, Omar. 1,339
IX.--La crisis. 1,354
ÍNDICE DEL TOMO SEGUNDO
SEGUNDA PARTE
(Continuación)
X.--Razón frente á pasión. 2,5
XI.--Esperar. 2,22
XII.--Donde se trata de la hidalguía castellana, de las
leyes morales, de todo lo que hay de más venerando, y de
otras cosillas. 2,34
XIII.--Una figura que parece de Zurbarán y no es sino de
Goya. 2,50
XIV.--La revolución. 2,61
XV.--¿Cortesana? 2,84
XVI.--El deshielo. 2,97
TERCERA PARTE
I.--Vuelve en sí. 2,125
II.--¿Se morirá? 2,134
III.--León Roch hace una visita que le parece mentira. 2,151
IV.--Despedida. 2,165
V.--A almorzar. 2,172
VI.--El clérigo miente y el gallo canta. 2,184
VII.--Fuegos parabólicos. 2,195
VIII.--Sorbete, jamón, cigarros, pajarete. 2,207
IX.--También yo despeino. 2,214
X.--Latet anguis. 2,225
XI.--Excesos del apostolado. 2,235
XII.--La verdad. 2,252
XIII.--La batalla. 2,262
XIV.--Vulnerant omnes, ultima necat. 2,289
XV.--La sala _Increíble_. 2,300
XVI.--Los imposibles. 2,315
XVII.--Visitas de duelo. 2,336
XVIII.--El cónyuge inocente. 2,344
XIX.--Tres por dos. 2,363
XX.--Final. 2,380
XXI.--Del Marqués de Fúcar al Marqués de Onésimo. 2,386
EDICIONES ESPAÑOLAS
PUBLICADAS EN INGLATERRA Y ESTADOS UNIDOS
Por concesión especial del autor se han hecho estas ediciones, para
uso de los escolares ingleses en las cátedras de lengua española. Al
texto español, escrupulosamente reproducido, siguen copiosas notas en
inglés, que aclaran todos los puntos gramaticales obscuros, así como
los modismos y locuciones provinciales.
=Trafalgar=, edited with notes and introduction, by _F. A.
Kirkpatrick_. _University Press_: Cambridge, 1905.
=Marianela=, with Introduction, notes and vocabulary, by _J. Geddes_:
Boston, 1903.
=Doña Perfecta=, with Introduction and notes, by _A. R. Marsh_:
Boston and London, Ginn and Co., 1900.
=Electra=, edited with notes and vocabulary, by _Otis Gridley
Bunnell_. _American Brook Company_: New-York, 1902.
=El Abuelo=: New-York.
TRADUCCIONES
En inglés:
_Doña Perfecta_, a tale of modern Spain. Traducción de D. P.
N.--London, Samuel Tinsley, 1886.
_Idem._ Clara Bell. New-York, Gottsberger, 1883.
_Idem._ New-York, 1884.
_Idem._ Traducción de D. P. W. New-York, George Munro,
Publisher, 17 á 27, Vandewater Street, 1883.
_Gloria._ Traducción de Clara Bell. New-York, William S.
Gottsberger, Publisher, 11, Murray Street, 1882.
_Idem._ Traducción de Nathan Wetherell. London, Remington and
Co., 5, Arundel Street, Strand, W. C., 1879.
_León Roch._ Traducción de Clara Bell. New-York, William S.
Gottsberger, Publisher, 11, Murray Street, 1888.
_Marianela._ Traducción de Clara Bell. New-York, William S.
Gottsberger, Publisher, 11 Murray Street, 1883.
_Idem._ Traducción de Helen W. Lester. Chicago, A. C. Mac-Clurg
and Company, 1892.
_Trafalgar._ Traducción de Clara Bell. New-York, William S.
Gottsberger, Publisher, 1884.
_Zaragoza._ Traducción de Minna Caroline Smith. Boston, Little,
Brown and Company, 1899.
_La batalla de los Arapiles._ Traducción de Rollo Ogden.
Filadelfia, J. B. Lippincott Company, 1895.
En francés:
_Doña Perfecta._ Traducción de L. Lugol. París, Giraud, 1885.
_Idem_ id. id. París, Hachette.
_La campaña del Maestrazgo_ (Le Roman de Soeur Marcela).
Traducción de L. de L***. París, Calmann-Levy, Editeurs, 3, rue
Auber.
_Marianela._ Traducción de Julien Lugol. París,
Librairie des publications à 50 centimes, 34, rue de la
Montagne-Sainte-Geneviève.
_Idem._ Traducción de A. Germond de Lavigne. París, Librairie
Hachette et Cie, 79, Boulevard Saint-Germain, 1884.
_El amigo Manso._ Traducción de Julien Lugol. París, Librairie
Hachette el Cie, 79, Boulevard Saint-Germain, 1888.
_Misericordia._ Traducción de Maurice Bixio. París, Librairie
Hachette, 1900.
En alemán:
_Doña Perfecta._ Dos tomos, traducción de J. Reichell. Dresde
y Leipsich, Pierson’s Verlag, 1886.
_Electra._ Traducción de Rudolf Beer. Wiener Verlag, 1901.
_Idem._ Traducción de Rodolfo Beer, arreglada para la escena
alemana por Ricardo Fellner. Berlín, 1901.
_Gloria._ Traducción del Dr. Augusto Hartmann. Berlín, Verlag
von L. Schleiermacher, 1880.
_El amigo Manso_ (Freund Manso). Traducción de E. von
Buddenbrock. Berlín, Verlag von Karl Siegesmund, 1894.
_Trafalgar._ Traducción de Hans Parlow. Dresde y Leipzig,
Verlag von Carl Reitzner, 1896.
_Marianela._ Traducción de E. Plücher. Breslau,
Auterhaltungsblatt, 1888.
En sueco:
_Doña Perfecta._ Traducción de K. A. Hagberg. Stockholm,
Skoglunuds Förlag.
_León Roch._ Traducción de A. P. de la Cruz Frölich. Kjöpenhaun
(Copenhague). Forlag. Andr. Schons, 1881.
_Torquemada en la hoguera_ (Torquemada paa baalet). Traducción
de Johanne Alleu. Cristianía y Copenhague, Forlag A.
Christiansens, 1898.
En italiano:
_Nazarín_ (Sicut-Christus). Traducción de Guido Rubetti y José
León Pagano. Firenze, G. Nerbini.
_Gloria._ Traducción de Italo Argenti. Firenze, R. Bemporad &
Figlio, 1901.
_Marianela._ Traducción de G. Demichelis. Bologna, Tipografia
Pont. Mareggiani, via Volturno, 3, 1880.
_La Fontana de Oro._ Traducción de Demichelis. Milán, Fratelli
Treves, 1890.
_Doña Perfecta._ Traducción de Cunes. Milán, Fratelli Treves,
1897.
En holandés:
_Doña Perfecta._ Traducción de M. A. de Goeje. Leiden, Brill,
1883.
_Electra._ Leiden, A. H. Adriani, 1901.
En portugués:
_Electra._ Traducción de Ramalho Ortigao. Oporto, librería
Chardron, de Lello & Irmao, editores, 1901.
En dinamarqués:
_Fru Perfecta._ Traducción de Gigas. Copenhague, Priors, 1895.
End of Project Gutenberg's La familia de León Roch, by Benito Pérez Galdós