CAPÍTULO I.

Formacion de las creencias relativas á la resurreccion de Jesús. -- Las

apariciones de Jerusalem.

[Marginal: Año 33]

Aunque Jesús hablaba continuamente de resurreccion y nueva vida, no

habia dicho nunca claramente que resucitaria en su carne[62]. Durante

las primeras horas que siguieron á su muerte, sus discípulos no sabian

á qué atenerse fijamente sobre este punto, pero segun la opinion que

ingénuamente emitieron, suponian que todo estaba acabado. Lloran y

entierran á su amigo, si no como á un muerto vulgar, al menos como á

una persona cuya pérdida es irreparable[63]; están tristes y abatidos;

pierden la esperanza que tenian de que su maestro redimiese á Israel,

y diríase en fin, que se desvanecia la más querida ilusion de aquellos

hombres.

Pero el entusiasmo y el amor no conocen las situaciones sin salida: se

burlan de la impostura, y antes que renunciar á la esperanza, violentan

la realidad. Algunas palabras que se recordaba habia dicho el maestro,

sobre todo, aquellas por las cuales predijo su futuro advenimiento,

podian interpretarse en el sentido de que saldria de la tumba,[64] y

semejante creencia era por otra parte tan natural, que la fé de los

discípulos hubiera bastado para confirmarla en todas sus partes. Segun

la opinion general, Enoc y Elías no habian muerto, y ya se empezaba á

creer que los patriarcas y los hombres de primer órden de la antigua

ley, no habian muerto tampoco realmente, y que sus cuerpos se hallaban

en sus sepulcros, en Hebron, vivos y animados.[65] Debia suceder con

Jesús lo que con todos los hombres que han cautivado la atencion de sus

semejantes; acostumbrado el mundo á suponerles virtudes sobrehumanas,

no puede admitir que se hallen sujetos á la ley injusta é inícua de la

muerte comun. En el momento de expirar Mahoma, Omar salió de la tienda

sable en mano y declaró que cortaria la cabeza al que se atreviese

á decir que el profeta ya no existia.[66] La muerte es una cosa tan

absurda cuando hiere al hombre de genio ó de gran corazon, que el

pueblo no cree en la posibilidad de semejante error de la naturaleza.

Los héroes no mueren: ¿no es acaso la verdadera existencia la memoria

que se conserva en el corazon de los que nos aman? Aquel adorado

maestro habia llenado de alegría y de esperanza durante algunos años

al pequeño mundo que se agrupaba á su alrededor. ¿Habria de dejársele

pudrir en su tumba? No; habia vivido demasiado en el recuerdo de sus

oyentes, para que no se afirmase despues de su muerte que vivia aún[67].

El dia que siguió al enterramiento de Jesús (sábado, 15 de nisan)

todos se entregaron á estas reflexiones, y nadie trabajó porque era

dia de sábado, pero jamás el descanso pudo ser tan fecundo, pues

el pensamiento cristiano no tuvo que ocuparse aquel dia sino del

maestro depositado en la tumba. Las mujeres, sobre todo, le prodigaban

mentalmente sus más tiernas caricias, sin poder olvidar por un instante

al dulce amigo que reposaba sobre su mirra, despues de haber sido

muerto por los malos. ¡Ah! ¡sin duda los ángeles que le rodeaban, se

cubrian la faz con su sudario! Bien decia él que iba á morir, que

su muerte seria la salvacion del pecador, y que resucitaria en el

reino de su Padre. Sí, él resucitará. ¡Dios no puede permitir que su

hijo sea presa de los infiernos; no consentirá que su hijo vea la

corrupcion![68] ¿Qué importa que le cubra la losa de la tumba? Él la

levantará; él subirá á la diestra de Dios Padre de donde ha bajado; le

volveremos á ver, oiremos su voz deliciosa y su palabra divina, y en

vano le habrán dado muerte.

La creencia en la inmortalidad del alma, que por la influencia de la

filosofía griega ha llegado á ser un dogma del cristianismo, permite

consolarse fácilmente ante la idea de la muerte, puesto que con la

destruccion del cuerpo, en esta hipótesis, queda el alma en libertad

y no está ya sujeta por los lazos sin los cuales puede existir.

Pero esta teoría, que considera al hombre como un compuesto de dos

sustancias, no era muy clara para los judíos. El reinado de Dios y

el del espíritu, consistia para ellos en una completa transformacion

del mundo y en el aniquilamiento de la muerte.[69] Reconocer que la

muerte podia vencer á Jesús, al que venia á suprimir su imperio, era

el colmo del absurdo: solo la idea de que el maestro pudiera sufrir,

habia indignado á sus discípulos[70], los cuales no pudieron luego

elegir entre la desesperacion ó una afirmacion heróica. Á un hombre

penetrante le hubiera sido dable anunciar desde el sábado que Jesús

resucitaria, y en efecto, la pequeña sociedad cristiana hizo aquel dia

el verdadero milagro; al resucitar á Jesús en su corazon, por el amor

intenso que le profesaban, resolvió que Jesús no muriera: el amor en

aquellas almas apasionadas fué en verdad más fuerte que la muerte,[71]

y como la cualidad de la pasion es ser comunicativa, encendiendo cual

una antorcha un sentimiento que se le asemeja, y se propaga luego

indefinidamente, Jesús ha resucitado ya bajo cierto punto de vista.

Que un hecho material é insignificante nos permita creer que su

cuerpo no está aquí abajo, y se funda para la eternidad el dogma de la

resurreccion.

Esto fué precisamente lo que sucedió, en circunstancias, que aunque en

parte oscuras, á causa de la incoherencia de las tradiciones, se pueden

apreciar con un grado suficiente de probabilidad[72].

El domingo por la mañana muy temprano, las mujeres galileas, que

el viernes por la noche habian embalsamado apresuradamente el

cuerpo, se dirigieron al sepulcro donde se habia depositado aquel

provisionalmente. Entre aquellas mujeres, iban María Magdalena, María

Cleofas, Salomé, Juana, mujer de Kouza, y otras varias[73], siendo

probable que llegasen cada una por su lado, pues es difícil poner en

duda la tradicion de los tres Evangelios sinópticos, segun la cual

llegaron al sepulcro varias mujeres[74], aunque es cierto, por otra

parte, que en los dos relatos más auténticos[75] que tenemos de la

resurreccion, María Magdalena desempeña por sí sola un papel importante

en aquel momento solemne. Á ella pues, debemos seguir paso á paso,

porque aquel dia, y durante una hora, cargó con todo el peso de la

conciencia cristiana: su testimonio decidió la fé del porvenir.

Recordemos que el sepulcro donde se habia encerrado el cuerpo de

Jesús, se acababa de abrir en la roca, y estaba situado en un jardin

cerca del lugar de la ejecucion[76] por cuya circunstancia se eligió

con preferencia este sitio en vista de que era sábado[77] y no se

queria infringir la ley que mandaba no trabajar en este dia. El primer

Evangelio, no obstante, añade una circunstancia, y es que el sepulcro

pertenecia á José de Arimatea, pero en general las circunstancias

anecdóticas que nos da el primer Evangelio para el fondo comun de

la tradicion, no tienen valor alguno, sobre todo al tratarse de los

últimos dias de la vida de Jesús[78]. El mismo Evangelio nos dice

tambien que se puso una guardia en el sepulcro[79], pero atendiendo

al silencio que guardan los demás, este dato no tiene visos de

probabilidad.--Recordemos tambien que las tumbas funerarias, eran una

especie de habitaciones bajas, abiertas en una roca inclinada, cortada

verticalmente, y que la puerta, por lo general, se formaba con una

piedra muy grande y pesada que encajaba en un hueco[80]. Estos recintos

no se cerraban con llave ni cerradura; el peso de la piedra era la

única garantía de seguridad contra los ladrones ó profanadores de las

tumbas, y por esto se hacia de modo que fuera necesaria una máquina

para mover la piedra ó los esfuerzos reunidos de varios hombres.--Todas

las tradiciones están conformes en que la piedra se habia colocado en

el orificio del sepulcro el viernes por la noche.

Ahora bien; cuando llegó María Magdalena el domingo por la mañana, la

piedra no se encontraba en su sitio; hallábase el sepulcro abierto y

el cuerpo ya no estaba allí. María Magdalena aún no tenia una idea muy

clara acerca de la resurreccion; lo que llenaba su alma era un tierno

sentimiento y el deseo de hacer las honras fúnebres á su divino amigo,

y así es que sus primeras impresiones fueron la sorpresa y el dolor. La

desaparicion de aquel cuerpo querido, le arrebataba su último consuelo

y alegría; ¡ya no le tocaria más con sus manos!... ¿Y qué habria sido

de él?... La idea de una profanacion cruzó por su mente, pero al mismo

tiempo, concibió una vaga esperanza. Sin perder momento, corre á una

casa donde se hallaban reunidos Pedro y Juan[81] y les dice: «Se han

llevado el cuerpo del maestro y no sabemos dónde le han puesto.»

Los dos discípulos se levantan apresuradamente y echan á correr: Juan,

el más jóven, llega primero y se inclina para mirar en el interior del

sepulcro; María tenia razon: el sepulcro estaba vacío, y los lienzos

que sirvieron para amortajar el cuerpo, se hallaban diseminados por

el suelo. Poco despues llega Pedro, entra con su compañero, examina

los lienzos, manchados sin duda de sangre, y observan que el sudario

que rodeara la cabeza de Jesús está tirado en un rincon[82]. Pedro

y Juan se retiran á su casa muy agitados; si no pronuncian aún la

palabra decisiva «ha resucitado,» bien puede decirse que deducian

esta consecuencia y que estaba ya fundado el dogma generador del

cristianismo.

Cuando Pedro y Juan hubieron salido del jardin, María permaneció

sola al borde del sepulcro llorando amargamente. Un solo pensamiento

la preocupaba: ¿dónde habrian puesto el cuerpo? Su corazon de mujer

solo anhelaba tener una vez más en sus brazos el cadáver querido. De

pronto oye un ligero rumor á su espalda: un hombre está de pié delante

de ella: María cree que es el jardinero y exclama: «¡Oh!, si eres tú

quien se le ha llevado, dime dónde le has puesto para ir á buscarle.»

Por toda respuesta oye que pronuncian su nombre «¡María!» Era la misma

voz que tantas veces la conmoviera: era el acento de Jesús. «¡Oh mi

maestro!» exclama ella tratando de tocarle; pero por un movimiento

instintivo se inclina como para besarle los piés[83]. Entonces la

vision se aparta con ligereza y dice: «¡No me toques!» Poco á poco

desaparece la sombra[84], pero el milagro de amor se ha consumado ya.

Lo que Céfas no habia podido hacer, lo ha hecho María: ha sabido sacar

del sepulcro vacío la vida y la dulce y penetrante palabra de Jesús. Ya

no se trata de deducir consecuencias ni de hacer conjeturas: María ha

visto y ha oido: la resurreccion tiene su primer testigo ocular.

Loca de amor, embriagada de alegría, entra María en la ciudad y dice á

los primeros discípulos que encuentra[85] «Le he visto; me ha hablado.»

Su agitacion extremada[86], sus frases entrecortadas y sin hilacion,

hicieron creer á algunos que estaba loca[87]. Pedro y Juan por su

parte, cuentan lo que han visto; otros discípulos van al sepulcro

y ven lo mismo[88], y bien pronto todo aquel grupo conviene en que

Jesús ha resucitado. Aún quedaban muchas dudas, pero la seguridad de

María, Pedro y Juan, se comunicó á los demás, y más tarde se llamó á

esto _la vision de San Pedro_[89]. Pablo, particularmente, no habla

de la vision de María y hace recaer en Pedro el honor de la primera

aparicion, pero esto no es exacto, puesto que aquel solo vió el

sepulcro vacío, el lienzo y el sudario. Solo María amó lo bastante para

vencer las leyes de la naturaleza y resucitar el fantasma del maestro.

En esta especie de crísis maravillosas, ver despues de los otros,

no es nada: todo el mérito está en ser el primero, porque los otros

modelan despues la vision segun lo que se les ha dicho. Es condicion

de las organizaciones privilegiadas, concebir la imágen con precision

é inmediatamente, por una especie de intuicion del dibujo. La gloria

de la resurreccion pertenece pues á María Magdalena: despues de Jesús,

María es quien ha hecho más por la fundacion del cristianismo; la

sombra creada por los delicados sentidos de Magdalena se cierne aún

sobre el mundo; reina y patrona de los idealistas, Magdalena ha sabido

mejor que nadie realizar su sueño, é imponer á todos la santa vision

de su alma apasionada. Su firme resolucion al decir: «¡ha resucitado!»

ha sido la base de la fé de la humanidad. ¡Lejos de aquí razonamientos

impotentes! No apliquemos un frio análisis á esa obra maestra del

idealismo y del amor. Si la sabiduría renuncia á consolar á esa pobre

raza humana, dejad á la locura que lo intente. ¿Dónde está el sabio que

ha dado al mundo tanta alegría como la poseida María Magdalena?

Sin embargo, las demás mujeres que habian ido al sepulcro, circularon

diversos rumores[90]: ellas no habian visto á Jesús[91], pero hablaban

de una figura blanca que divisaron en el sepulcro y que les dijo:

«Ya no está aquí: volved á Galilea, á donde os precederá[92].» Acaso

fueran los lienzos blancos la causa de esta alucinacion; puede ser

tambien que no vieran nada y que no hablasen de su vision sino cuando

María Magdalena hubo referido la suya. En efecto[93] segun uno de los

textos más auténticos, guardaron silencio por algun tiempo, silencio

que se atribuyó despues al terror. Como quiera que sea, estos relatos

iban aumentándose á cada momento y sufrian extrañas transformaciones:

se dijo que la figura blanca era el ángel de Dios; que su vestido

era deslumbrador como la nieve y que su semblante resplandecia como

un relámpago; otros hablaban de dos ángeles, uno de los cuales

apareció á la cabeza del sepulcro y otro á los piés[94], y por último

llegada la noche, muchas personas creian ya acaso que las mujeres

habian visto bajar un ángel del cielo, levantar la piedra, y á Jesús

lanzarse fuera con estrépito[95]. Ellas mismas variaban sin duda sus

declaraciones[96]; sometidas á la influencia de la imaginacion de los

otros, como sucede siempre á las gentes del pueblo, prestábanse á todos

los embellecimientos imaginables y contribuian á crear la naciente

leyenda. Aquel dia, en que reinó la mayor agitacion, puede decirse que

fué decisivo, pues la pequeña sociedad comenzó á dispersarse. Algunos

se habian marchado ya á Galilea, y otros se ocultaron por temor:[97]

la deplorable escena del viernes, el espectáculo desgarrador que

todos presenciaron al ver morir á aquel de quien tanto esperaban,

sin que su Padre fuera á salvarle, bastó para hacer vacilar la fé de

muchos. Las noticias dadas por las mujeres y por Pedro, fueron oidas

con una incredulidad mal disimulada;[98] circulaban rumores á cual

más diversos; las mujeres iban de un punto á otro refiriendo cuentos

extraños, y comenzaban á experimentarse diversos sentimientos. Los

unos lloraban aún el triste acontecimiento de la víspera; mostrábanse

otros triunfantes; todos estaban dispuestos á escuchar los relatos

más extraordinarios; y sin embargo, la desconfianza que inspiraba la

exaltacion de María Magdalena,[99] la poca autoridad que tenian los

asertos de las mujeres y la incoherencia de sus noticias, inspiraban

grandes dudas. Esperábanse nuevas visiones que no podian menos de

presentarse; el estado en que se hallaba la secta era completamente

favorable á la propagacion de los rumores extraños; si toda la pequeña

iglesia hubiese estado reunida, habria sido imposible la creacion

legendaria, pues los que sabian el secreto de la desaparicion del

cuerpo, hubieran protestado probablemente contra el error, si bien la

situacion de los ánimos era lo más á propósito para admitir toda clase

de noticias por inverosímiles que fuesen.

Las almas en que se produce el éxtasis ó el sentimiento de las

apariencias, tienen el don de contagiar á las demás. La historia

de todas las grandes crísis religiosas, prueba que esta especie de

visiones se comunican:[100] en una reunion de personas que abundan en

las mismas creencias, basta que un individuo de la sociedad afirme ver

ú oir alguna cosa sobrenatural, para que los demás lo oigan y vean

tambien. Cuando entre los protestantes perseguidos circulaba el rumor

de que se habia oido á los ángeles cantar salmos en las ruinas de un

templo acabado de destruir, todos iban y oian el mismo salmo;[101]

en casos de este género, los más exaltados son los que hacen la ley

y regulan el grado de la atmósfera comun. La exaltacion de los unos

se comunica á los otros; nadie quiere quedarse atrás, ni creer que

es menos favorecido que sus compañeros, y los que no ven nada acaban

por creer, ó que son menos inteligentes ó que no se dan cuenta de sus

sensaciones, pero de todos modos se guardan muy bien de confesarlo,

pues turbarian la fiesta, y contristarian á los demás, poniéndose en

mal lugar. Cuando se produce una aparicion en semejantes reuniones,

es por lo tanto regular que todos la vean ó acepten, y aquí debemos

recordar cuál era el grado de instruccion de los discípulos de Jesús.

Ellos creian en los fantasmas;[102] imaginábanse estar rodeados de

milagros, y no participan en nada de la ciencia positiva de la época,

de esa ciencia que solo existia entonces entre algunos pocos hombres,

hijos del país donde habia penetrado la cultura griega. La Palestina

era en este concepto uno de los países más atrasados, pero aún lo era

más la Galilea, y los discípulos de Jesús podian considerarse como

los más ignorantes de todos y á su misma sencillez debieron ser los

elegidos. En semejante sociedad, era extraordinariamente fácil propagar

la creencia en los hechos maravillosos; una vez emitida la opinion de

que habia resucitado Jesús, debieron producirse numerosas visiones, y

se produjeron en efecto.

El mismo dia del Domingo, á una hora bastante avanzada de la mañana, y

cuando ya habian circulado los relatos de las mujeres, dos discípulos

uno de los cuales se llamaba Cleofas, emprendieron un corto viaje á una

aldea llamada Emmaus,[103] situada á poca distancia de Jerusalem.[104]

Por el camino, hablaban de los últimos acontecimientos, poseidos de

tristeza cuando se les apareció un desconocido preguntándoles la causa

de su afliccion. «¿Has estado tan poco en Jerusalem, le dijeron, que

ignoras lo que acaba de suceder? ¿No has oido hablar de Jesús de

Nazaret, que fué un hombre profeta, poderoso en obras y palabras ante

Dios y el pueblo? ¿Ignoras por ventura de qué modo los sacerdotes y

los grandes le han hecho condenar y crucificar? Nosotros esperábamos

que él redimiria á Israel, y ahora ya hace tres dias que todo está

acabado. Algunas de nuestras mujeres nos han hecho concebir esta mañana

extrañas dudas, pues han ido al sepulcro antes de amanecer y no han

encontrado el cuerpo, si bien afirman haber visto ángeles que les

han dicho que vivia. Algunos de los nuestros fueron tambien luego al

sepulcro y hallaron ser así como las mujeres habian dicho, mas no le

vieron á él». El desconocido era un hombre piadoso, que versado en las

Escrituras citaba á Moisés y á los profetas, y aquellos tres hombres

comenzaron á departir amistosamente. Al aproximarse á Emmaus, y como

quiera que el desconocido se mostrase dispuesto á continuar su marcha,

suplicáronle los discípulos que se quedara á cenar con ellos. Declinaba

el dia y los recuerdos de Cleofas y su compañero iban siendo más

dolorosos, porque aquella hora de la noche era la que les inspiraba más

melancolía. ¡Cuántas veces habian visto en tales momentos al maestro

querido descansar de las tareas del dia y conversar agradablemente con

ellos, hablándoles del fruto de la viña que tomaria con ellos en el

reino de su Padre! El ademan que hacia al cortar el pan y ofrecérselo,

segun la costumbre del jefe de la casa entre los judíos, estaba

profundamente grabado en su memoria; poseidos de una dulce tristeza,

olvidaban al extranjero y no veian más que á Jesús ofreciéndoles el

pan que tenia en la mano. Preocupados con estos recuerdos, no se

aperciben que su compañero, que sin duda estaba de prisa, se habia

marchado, y cuando hubieron vuelto en sí de sus reflexiones se dijeron:

«¿No has experimentado alguna cosa extraña? ¿No recuerdas que nuestro

corazon parecia abrasarse cuando nos hablaba ese desconocido?»--«Y

las profecías que citaba, prueban bien que el Mesías debe padecer

para entrar en su gloria. ¿No le has reconocido tambien al partir el

pan?»--«Sí, nuestros ojos estaban cerrados, y se han abierto ahora que

acaba de desaparecer.» Los dos discípulos se convencieron de que habian

visto á Jesús y volvieron presurosos á Jerusalem.

El grupo principal de los discípulos se hallaba precisamente reunido

en aquel momento al rededor de Pedro,[105] y era ya muy entrada la

noche. Cada uno comunicaba sus impresiones y lo que habia oido decir,

siendo la creencia general que Jesús habia resucitado. Al entrar

los dos discípulos, se les habló de lo que se llamaba _la vision de

Pedro_,[106] y ellos por su parte contaron lo que les sucediera en

el camino, y como acababan de reconocer al maestro al cortar el pan.

Entonces la imaginacion de todos se sobrescitó vivamente: las puertas

estaban cerradas porque se temia á los judíos, y como las ciudades

Orientales están mudas cual la tumba despues de la puesta del sol,

el silencio era cada vez más profundo en el interior y todos los más

leves rumores que se producian por casualidad, inducian á creer que

iba á realizarse la esperanza de todos. La ilusion crea por lo general

su objeto.[107] Durante un momento de silencio, pasó sin duda entre

los concurrentes un soplo de la brisa, pero en instantes como aquel,

una corriente de aire, una ventana que rechina, un murmullo fortuito,

bastan para fijar la creencia de los pueblos por espacio de varios

siglos. Al mismo tiempo de soplar la brisa, creyéronse oir ciertos

sonidos, y algunos dijeron que acababan de percibir entre aquellos

la palabra _schalom_ «felicidad ó paz», que era la frase que por lo

general empleaba Jesús para indicar su presencia. No cabia duda;

Jesús estaba presente entre la asamblea, aquella era su voz querida,

todos la reconocian[108] con tanta más razon cuanto que el maestro

les habia dicho que siempre que se reunieran en su nombre se hallaria

entre ellos. Quedó pues sentado que el Domingo por la noche, se habia

aparecido Jesús á sus discípulos; algunos aseguraban haber observado

en sus manos y piés la señal de los clavos, y en su costado la herida

de la lanza. Segun una tradicion muy conocida, aquella noche misma fué

cuando sus discípulos percibieron el soplo del Espíritu Santo,[109]

idea que fué generalmente admitida.

Tales fueron los incidentes de aquel dia en que se fijó la suerte de

la humanidad: la opinion de que Jesús habia resucitado, quedó fundada

irrevocablemente, y la secta que se habia tratado de extinguir dando

muerte al maestro, dejó entonces asegurado un porvenir inmenso.

Sin embargo, aún quedaban algunas dudas:[110] el apóstol Tomás, que

no asistió á la reunion que tuvo lugar el domingo por la noche,

confesó que envidiaba la suerte de los que habian visto la señal de la

lanzada y de los clavos, y aunque se dice que ocho dias despues quedó

satisfecho,[111] conservó un ligero á la par que dulce resentimiento.

Por una consideracion instintiva de exquisita precision, comprendíase

que el ideal no debe tocarse con las manos ni se le debe sujetar

tampoco á la experiencia. _Noli me tangere_, es la palabra de los

grandes amores. El tacto no es necesario para la fé; la vista, órgano

más puro y noble que la mano, la vista que no mancha nada ni se

mancha tampoco, llegó á ser bien pronto un testigo supérfluo; luego

dominó á todos un sentimiento particular; toda vacilacion pareció una

falta de lealtad y de amor, se tuvo vergüenza de quedarse atrás, y

ninguno, en fin, deseó ya ver. La frase «¡felices los que no han visto

y creen!»[112] se puso en boga; comprendióse que era más generoso

creer sin pruebas, y los verdaderos amigos de corazon no sentian no

haber tenido visiones,[113] así como más tarde San Luis rehusaba ser

testigo de un milagro eucarístico, para no rebajar el mérito de la

fé. En efecto, desde entonces se produjo á porfía una especie de

emulacion que rayaba en delirio: el mérito consistia en creer sin haber

visto; la fé á toda costa, la fé gratuita, la fé que llegaba hasta la

locura, se exaltó como el primero de los dones del alma. El _credo

quia absurdum_ está fundado; la ley de los dogmas cristianos será

una extraña progresion que no se detendrá ante ningun obstáculo; una

especie de sentimiento caballeresco, impedirá que se mire hácia atrás;

los dogmas más queridos de la piedad, aquellos á los cuales se enlazará

más estrechamente, serán los más repugnantes á la razon á causa de esa

idea sublime de que el valor moral de la fé aumenta en proporcion de la

dificultad de creer, y de que no se prueba el amor, admitiendo lo que

es claro y evidente.

Así pues, los primeros dias fueron como un período de fiebre intensa

durante el cual los fieles, embriagados de alegría, se comunicaban

entre sí sus sueños dejándose dominar por las más exaltadas ideas.

Multiplicábanse las visiones que se producian regularmente durante las

reuniones de la noche:[114] cuando las puertas estaban cerradas, y se

hallaban todos poseidos de su idea fija, el primero que creia oir la

dulce palabra _schalom_ «Salud ó paz,» daba la señal, y entonces todos

escuchaban y oian bien pronto la misma cosa; y era de ver la alegría

de aquellas almas sencillas, que sabian que su maestro se hallaba

entre ellos. Cada uno saboreaba aquel dulce pensamiento, creyéndose

favorecido en particular con algun coloquio; producíanse tambien otras

visiones distintas recordando la de los viajeros de Emmaus, y á la

hora de la cena, se veia á Jesús aparecer, coger el pan, cortarle y

bendecirle, y ofrecerle despues al que favorecia con su vision[115].

En pocos dias reunióse una coleccion de relatos, muy distintos en los

detalles, pero inspirados todos por un mismo espíritu de amor y fé

absoluta; es un grave error creer que la leyenda necesite mucho tiempo

para formarse; la leyenda se produce á veces en un solo dia. El domingo

por la noche (16 de nisan, 5 de Abril), teníase por una realidad la

resurreccion de Jesús: ocho dias despues la vida que se le suponia

despues de la tumba, se consideraba como un hecho evidente.

Los Apóstoles · 第 6 / 43 题