_Cómo ordenó Motezuma el servicio de su casa, y la guerra que hizo para
coronarse._
Este, que tales muestras de humildad y ternura dió en su eleccion,
luego, viéndose Rey, comenzó á descubrir sus pensamientos altivos.
Lo primero mandó, que ningun plebeyo sirviese en su casa, ni tuviese
oficio Real, como hasta allí sus antepasados lo habian usado, en los
cuales reprehendió mucho haberse servido de algunos de bajo linage; y
quiso, que todos los Señores y gente ilustre estuviese en su Palacio, y
ejerciese oficios de su Casa y Corte. A esto le contradijo un anciano
de gran autoridad, ayo suyo, que lo habia criado, diciéndole, que
mirase que aquello tenia mucho inconveniente, porque era enagenar y
apartar de sí todo el vulgo y gente plebeya, y ni aun mirarle á la
cara no osarian viéndose así desechados. Replicó él, que eso era lo
que él queria, y que no habia de consentir que anduviesen mezclados
plebeyos y nobles como hasta allí, y que el servicio que los tales
hacian, era cual ellos eran, con que ninguna reputacion ganaban los
Reyes. Finalmente, se resolvió de modo, que envió á mandar á su Consejo
quitasen luego todos los asientos y oficios que tenian los plebeyos
en su Casa y en su Corte, y los diesen á Caballeros; y así se hizo.
Tras esto salió en persona á la empresa, que para su coronacion era
necesaria. Habíase rebelado á la Corona Real una Provincia muy remota
hácia el mar Oceano del norte: llevó consigo á ella la flor de su
gente, y todos muy lucidos y bien aderezados. Hizo la guerra con tanto
valor y destreza, que en breve sojuzgó toda la provincia, y castigó
rigurosamente los culpados, y volvió con grandísimo número de cautivos
para los sacrificios, y con otros despojos muchos. A la vuelta le
hicieron todas las ciudades solemnes recibimientos, y los Señores de
ellas le sirvieron agua á manos, haciendo oficios de criados suyos,
cosa que con ninguno de los pasados habian hecho: tanto era el temor
y respeto que le habian cobrado. En Méjico se hicieron las fiestas
de su coronacion con tanto aparato de danzas, comedias, entremeses,
luminarias, invenciones, diversos juegos, y tanta riqueza de tributos
traídos de todos sus Reinos, que concurrieron gentes extrañas, y nunca
vistas, ni conocidas á Méjico, y aun los mismos enemigos de Mejicanos
vinieron disimulados en gran número á verlas, como eran los de
Tlascala y los de Mechoacán. Lo cual entendido por Motezuma los mandó
aposentar, y tratar regaladísimamente como á su misma persona, y les
hizo miradores galanos como los suyos, de donde viesen las fiestas; y
de noche, así ellos, como el mismo Rey, entraban en ellas, y hacían sus
juegos y máscaras. Y porque se ha hecho mencion de estas provincias,
es bien saber, que jamás se quisieron rendir á los Reyes de Méjico,
Mechoacán, ni Tlascala, ni Tepeáca, antes pelearon valerosamente, y
algunas veces vencieron los de Mechoacán á los de Méjico, y lo mismo
hicieron los de Tepeáca. Donde el Marqués Don Fernando Cortés, despues
que le echaron á él y á los Españoles de Méjico, pretendió fundar la
primera ciudad de Españoles, que llamó, si bien me acuerdo, Segura
de la frontera, aunque permaneció poco aquella poblacion; y con la
conquista que despues hizo de Méjico, se pasó á ella toda la gente
Española. En efecto, aquellos de Tepeáca, y los de Tlascala, y los de
Mechoacán se tuvieron siempre en pie con los Mejicanos, aunque Motezuma
dijo á Cortés que de propósito no los habian conquistado, por tener
ejercicio de guerra y número de cautivos.