_De los hechos de Autzól, octavo Rey de Méjico._
Entre los cuatro Electores de Méjico, que como está referido, daban el
Reino con sus votos á quien les parecía, habia uno de grandes partes
llamado Autzól: á éste dieron los demás sus votos, y fue su eleccion en
extremo acepta á todo el pueblo, porque demás de ser muy valiente, le
tenian todos por afable y amigo de hacer bien, que en los que gobiernan
es principal parte para ser amados y obedecidos. Para la fiesta de
su coronacion, la jornada que le pareció hacer fue, ir á castigar el
desacato de los de Cuaxutátlan, Provincia muy rica y próspera, que hoy
dia es de lo principal de Nueva-España. Habian éstos salteado á los
Mayordomos y Oficiales, que traian el tributo á Méjico, y alzádose
con él: tuvo gran dificultad en allanar esta gente, porque se habian
puesto donde un gran brazo de mar impedia el paso á los Mejicanos. Para
cuyo remedio, con extraño trabajo é invencion, hizo Autzól fundar en
el agua una como Isleta hecha de fagina y tierra, y muchos materiales.
Con esta obra pudo él y su gente pasar á sus enemigos, y darles
batalla, en que les desbarató, venció y castigó á su voluntad, y volvió
con gran riqueza y triunfo á Méjico á coronarse segun su costumbre.
Extendió su reino con diversas conquistas Autzól, hasta llegarle á
Guatemala, que está trescientas leguas de Méjico: no fue menos liberal
que valiente: cuando venian sus tributos (que como está dicho, venian
con grande aparato y abundancia) salíase de su palacio, y juntando
donde le parecia todo el pueblo, mandaba llevasen allí los tributos:
á todos los que habia necesitados y pobres repartia allí ropa y
comida, y todo lo que habian menester en gran abundancia. Las cosas de
precio, como oro, plata, joyas, plumería y preseas, repartíalas entre
los Capitanes y soldados, y gente que le servia, segun los méritos y
hechos de cada uno. Fué tambien Autzól gran Republicano, derribando
los edificios mal puestos, y reedificando de nuevo muchos suntuosos.
Parecióle que la ciudad de Méjico gozaba poca agua, y que la laguna
estaba muy cenagosa, y determinóse echar en ella un brazo gruesísimo
de agua, de que se servian los de Cuyoacán. Para el efecto envió á
llamar al principal de aquella ciudad, que era un famosísimo hechicero,
y propuesto su intento, el hechicero le dijo, que mirase lo que
hacia, porque aquel negocio tenia gran dificultad, y que entendiese,
que si sacaba aquella agua de madre, y la metia en Méjico, habia de
anegar la ciudad. Pareciéndole al Rey eran excusas para no hacer lo
que él mandaba, enojado le echó de allí. Otro dia envió á Cuyoacán un
Alcalde de Corte á prender al hechicero, y entendido por él á lo que
venian aquellos ministros de el Rey, les mandó entrar, y púsose en
forma de una terrible águila, de cuya vista espantados se volvieron
sin prenderle. Envió otros enojado Autzól, á los cuales se les puso
en figura de tigre ferocísimo, y tampoco éstos osaron tocarle. Fueron
los terceros, y halláronle hecho sierpe horrible, y temieron mucho
mas. Amostazado el Rey de estos embustes, envió á amenazar á los de
Cuyoacán, que si no le traían atado aquel hechicero, haria luego asolar
la ciudad. Con el miedo de esto, ó él de su voluntad, ó forzado de los
suyos, en fin fué el hechicero, y en llegando le mandó dar garrote. Y
abriendo un caño por donde fuese el agua á Méjico, en fin salió con
su intento, echando grandísimo golpe de agua en su laguna, la cual
llevaron con grandes ceremonias y supersticion yendo unos Sacerdotes
incensando á la orilla: otros sacrificando codornices, y untando con su
sangre el borde del caño: otros tañendo caracoles, y haciendo música
al agua, con cuya vestidura (digo de la Diosa del agua) iba revestido
el principal, y todos saludando al agua, y dándole la bien venida. Así
está todo hoy dia pintado en los Anales Mejicanos, cuyo libro tienen en
Roma, y está puesto en la sacra Biblioteca ó librería Vaticana, donde
un Padre de nuestra Compañía, que habia venido de Méjico, vió ésta y
las demás historias, y las declaraba al Bibliotecario de su Santidad,
que en extremo gustaba de entender aquel libro, que jamás habia podido
entender. Finalmente, el agua llegó á Méjico, pero fué tanto el golpe
de ella, que por poco se anegara la ciudad, como el otro habia dicho,
y en efecto arruinó gran parte de ella. Mas á todo dió remedio la
industria de Autzól, porque hizo sacar un desaguadero por donde aseguró
la ciudad, y todo lo caido, que era ruin edificio, lo reparó de obra
fuerte y bien hecha, y así dejó su ciudad cercada toda de agua, como
otra Venecia, y muy bien edificada. Duró el reinado de éste once años,
parando en el último y mas poderoso sucesor de todos los Mejicanos.