_Del extraño tributo que pagaban los Mejicanos á los de Azcapuzálco._
Fué la eleccion del nuevo Rey tan acertada, que en poco tiempo
comenzaron los Mejicanos á tener forma de República, y cobrar nombre
y opinion con los extraños. Por donde sus circunvecinos, movidos de
envidia y temor, trataron de sojuzgarlos, especialmente los Tepanécas,
cuya cabeza era la ciudad de Azcapuzálco, á los cuales pagaban tributo,
como gente que habia venido de fuera y moraba en su tierra. Pero el Rey
de Azcapuzálco, con recelo del poder que iba creciendo, quiso oprimir
á los mejicanos, y habida su consulta con los suyos, envió á decir al
Rey Acamapixtli, que el tributo que le pagaban era poco, y que de ahí
adelante le habian tambien de traer sabinas y sauces para el edificio
de su ciudad, y además le habian de hacer una sementera en el agua de
varias legumbres, y así nacida y criada se la habian de traer por
la misma agua cada año sin faltar, donde no, que los declararía por
enemigos, y los asolaría. De este mandato recibieron los Mejicanos
terrible pena, pareciéndoles cosa imposible, lo que les demandaba, y
que no era otra cosa sino buscar ocasion para destruirlos. Pero su
Dios Vitzilipúztli les consoló apareciendo aquella noche á un viejo,
y mandóle, que dijese á su hijo el Rey, de su parte, que no dudase de
aceptar el tributo, que él le ayudaría, y todo sería fácil. Fué así,
que llegado el tiempo del tributo, llevaron los Mejicanos los árboles
que les habian mandado, y mas la sementera hecha en el agua, y llevada
por el agua, en la cual habia mucho maiz (que es su trigo) granado ya
con sus mazorcas, habia chili, ó ají, habia bledos, tomates, frísoles,
chia, calabazas y otras muchas cosas, todo crecido y de sazon. Los
que no han visto las sementeras que se hacen en la laguna de Méjico
en medio de la misma agua, tendrán por patraña lo que aquí se cuenta,
ó cuando mucho creerán que era encantamento del Demonio, á quien esta
gente adoraba. Mas en realidad de verdad es cosa muy hacedera, y se ha
hecho muchas veces, hacer sementera movediza en el agua, porque sobre
juncia y espadaña se echa tierra en tal forma, que no la deshaga el
agua, y allí se siembra, cultiva, crece y madura, y se lleva de una
parte á otra. Pero el hacerse con facilidad, y en mucha cuantidad y
muy de sazon, todo bien arguye, que el Vitzilipúztli, que por otro
nombre se dice Patillas, anduviese por allí, mayormente cuando no
habian hecho ni visto tal cosa. Así se maravilló mucho el Rey de
Azcapuzálco, cuando vió cumplido lo que él habia tenido por imposible,
y dijo á los suyos, que aquella gente tenia gran Dios, que todo les
era fácil. Y á ellos les dijo, que pues su Dios se lo daba todo hecho,
que queria que otro año, al tiempo del tributo, le trajesen tambien
en la sementera un pato y una garza, con sus huevos empollados, y
que habia de ser de suerte, que cuando llegasen habian de sacar sus
pollos, y que no habia de ser de otra suerte, so pena de incurrir en
su enemistad. Siguióse la congoja en los Mejicanos, que mandato tan
soberbio y dificil requeria; mas su Dios de noche (como él solia) los
conortó por uno de los suyos, y dijo, que todo aquello tomaba él á
su cargo, que no tuviesen pena, y que estuviesen ciertos que vendria
tiempo en que pagasen con las vidas los de Azcapuzálco aquellos antojos
de nuevos tributos; pero que al presente era bien callar y obedecer. Al
tiempo del tributo, llevando los Mejicanos cuanto se les habia pedido
de su sementera, remaneció en la balsa (sin saber ellos como) un pato
y una garza empollando sus huevos, y caminando llegaron á Azcapuzálco,
donde luego sacaron sus pollos. Por donde admirado sobre manera el Rey
de Azcapuzálco, volvió á decir á los suyos, que aquellas cosas eran
mas que humanas, y que los Mejicanos llevaban manera de ser Señores
de todo. Pero en fin, el órden de tributar no se aflojó un punto, y
por no hallarse poderosos, tuvieron sufrimiento, y permanecieron en
esta sujecion y servidumbre cincuenta años. En este tiempo acabó el
Rey Acamapixtli, habiendo acrecentado su ciudad de Méjico de muchos
edificios, calles y acequias, y mucha abundancia de mantenimientos.
Reinó con mucha paz y quietud cuarenta años, celando siempre el bien y
aumento de su República: estando para morir hizo una cosa memorable, y
fué, que teniendo hijos legítimos, á quien pudiera dejar la sucesion
del Reino, no lo quiso hacer, antes dejó en su libertad á la República,
que como á él le habian libremente elegido, así eligiesen á quien les
estuviese mejor para su buen gobierno, y amonestándoles que mirasen
el bien de su República. Y mostrando dolor de no dejarles libres del
tributo y sujecion, con encomendarles sus hijos y muger, hizo fin,
dejando todo su pueblo desconsolado por su muerte.