_De la hacienda del Inca, y órden de tributos que impuso á los Indios._
Era incomparable la riqueza de los Incas, porque con no heredar ningun
Rey de las haciendas y tesoro de sus antecesores, tenia á su voluntad
cuanta riqueza tenian sus Reinos, que así de plata y oro, como de ropa
y ganados, eran abundantísimos; y la mayor riqueza de todas era la
innumerable multitud de vasallos, todos ocupados y atentos á lo que
le daba gusto á su Rey. De cada Provincia le traían lo que en ella
habia escogido: de los Chichas le servian con madera olorosa y rica:
de los Lucanas con anderos para llevar su litera: de los Chumbibilcas
con bailadores, y así en lo demas que cada Provincia se aventajaba,
y esto fuera del tributo general que todos contribuían. Las minas de
plata y oro (de que hay en el Perú maravillosa abundancia) labraban
Indios, que se señalaban para aquello, á los cuales el Inca proveía
lo que habian menester para su gasto, y todo cuanto sacaban era para
el Inca. Con esto hubo en aquel Reino tan grandes tesoros, que es
opinion de muchos, que lo que vino á las manos de los Españoles, con
ser tanto como sabemos, no llegaba á la décima parte de lo que los
Indios hundieron y escondieron, sin que se haya podido descubrir por
grandes diligencias que la codicia ha puesto para saberlo. Pero la
mayor riqueza de aquellos bárbaros Reyes era ser sus esclavos todos
sus vasallos, de cuyo trabajo gozaban á su contento. Y lo que pone
admiracion, servíase de ellos por tal órden y por tal gobierno, que
no se les hacía servidumbre, sino vida muy dichosa. Para entender el
órden de tributos que los Indios daban á sus Señores, es de saber,
que en asentando el Inca los pueblos que conquistaba, dividía todas
sus tierras en tres partes. La primera parte de ellas era para la
Religion y ritos, de suerte que el Pachayachachí, que es el Criador,
y el Sol, y el Chuquiílla, que es el trueno, y la Pachamáma, y los
muertos, y otras Guacas, y santuarios tuviesen cada uno sus tierras
propias: el fruto se gastaba en sacrificios y sustento de los ministros
y Sacerdotes, porque para cada Guaca ó adoratorio habia sus Indios
diputados. La mayor parte de esto se gastaba en el Cuzco, donde
era el universal santuario: otra parte en el mismo pueblo donde se
cogía, porque á imitacion del Cuzco habia en cada pueblo Guacas y
adoratorios por la misma órden y por las mismas vocaciones, y así se
servian con los mismos ritos y ceremonias que en el Cuzco, que es cosa
de admiracion y muy averiguada, porque se verificó con mas de cien
pueblos, y algunos distaban cuasi doscientas leguas del Cuzco. Lo que
en estas tierras se sembraba y cogía, se ponía en depósitos de casas,
hechas para solo este efecto, y ésta era una gran parte del tributo que
daban los Indios. No consta que tanto fuese, porque en unas tierras era
mas, y en otras menos, y en algunas era cuasi todo; y esta parte era la
que primero se beneficiaba. La segunda parte de las tierras y heredades
era para el Inca: de ésta se sustentaba él, su servicio y parientes,
y los Señores, las guarniciones y soldados; y así era la mayor parte
de los tributos, como lo muestran los depósitos ó casas de pósito, que
son mas largas y anchas que las de los depósitos de las Guacas. Este
tributo se llevaba al Cuzco, ó á las partes donde habia necesidad
para los soldados, con extraña presteza y cuidado, y cuando no era
menester, estaba guardado diez y doce años hasta tiempo de necesidad.
Beneficiábanse estas tierras de el Inca, despues de las de los Dioses,
é iban todos, sin excepcion, á trabajar, vestidos de fiesta, y diciendo
cantares en loor de el Inca y de las Guacas; y todo el tiempo que
duraba el beneficio ó trabajo, comian á costa de el Inca, ó del Sol, ó
de las Guacas, cuyas tierras labraban. Pero viejos, enfermos y mugeres
viudas, eran reservadas de este tributo. Y aunque lo que se cogia era
del Inca, ó del Sol, ó Guacas; pero las tierras eran propias de los
Indios y de sus antepasados. La tercera parte de tierras daba el Inca
para la comunidad. No se ha averiguado qué tanta fuese esta parte, si
mayor, ó menor que la de el Inca y Guacas; pero es cierto que se tenia
atencion á que bastase á sustentar el pueblo. De esta tercera parte
ningun particular poseía cosa propia, ni jamas poseyeron los Indios
cosa propia, si no era por merced especial de el Inca, y aquello no se
podia enagenar, ni aun dividir entre los herederos. Estas tierras de
comunidad se repartían cada año, y á cada uno se le señalaba el pedazo
que habia menester para sustentar su persona, y la de su muger y sus
hijos, y así era unos años mas, otros menos, segun era la familia,
para lo cual habia ya sus medidas determinadas. De esto que á cada uno
se le repartia, no daban jamás tributo, porque todo su tributo era
labrar y beneficiar las tierras de el Inca y de las Guacas, y ponerles
en sus depósitos los frutos. Cuando el año salía muy estéril, de estos
mismos depósitos se les daba á los necesitados, porque siempre habia
allí grande abundancia sobrada. De el ganado hizo el Inca la misma
distribucion que de las tierras, que fué contarlo, y señalar pastos y
términos del ganado de las Guacas, del Inca y de cada pueblo, y así de
lo que se criaba, era una parte para su Religion, otra para el Rey,
y otra para los mismos Indios, y aun de los cazadores habia la misma
division y órden: no consentía que se llevasen ni matasen hembras.
Los hatos del Inca y Guacas eran muchos y grandes, y llamábanlos
Capaellamas. Los hatos concegiles ó de comunidad son pocos y pobres, y
así los llamaban Guacchallama. En la conservacion del ganado puso el
Inca gran diligencia, porque era y es toda la riqueza de aquel Reino:
hembras, como está dicho, por ninguna vía se sacrificaban, ni mataban,
ni en la caza se tomaban. Si á alguna res le daba sarna ó roña, que
allá dicen carache, luego habia de ser enterrada viva, porque no se
pegase á otras su mal. Trasquilábase á su tiempo el ganado, y daban á
cada uno á hilar y tejer su ropa para hijos y muger, y habia visita si
lo cumplian, y castigo al negligente. De el ganado del Inca se tejía
ropa para él y su Corte: una rica de cumbí á dos haces: otra vil y
grosera, que llaman de abasca. No habia número determinado de aquestos
vestidos, sino los que cada uno señalaba. La lana que sobraba, poníase
en sus depósitos, y así los hallaron muy llenos de esto, y de todas las
otras cosas necesarias á la vida humana, los Españoles cuando en ella
entraron. Ningun hombre de consideracion habrá, que no se admire de
tan notable y próvido gobierno, pues sin ser Religiosos, ni Cristianos
los Indios, en su manera guardaban aquella tan alta perfeccion, de
no tener cosa propia y proveer á todos lo necesario, y sustentar tan
copiosamente las cosas de la Religion y las de su Rey y Señor.