1.--El Matrimonio. 2.--Matriarcado. 3.--Poligamia y Monogamia.
4.--Condición de la mujer. 5.--Educación de los hijos. 6.--Las
costumbres mortuorias. 7.--Organización política. El "clan" y la
"gens". 8.--Totemismo. 9.--La "fratria" y la tribu. 10.--Consejo
tribal. 11.--Jefes tribales. 12.--La Confederación. 13.--Organización
Económica. La propiedad. 14.--Los Gobiernos despóticos. 15.--Relaciones
inter-tribales. El Comercio. 16.--La guerra. 17.--Armas ofensivas y
defensivas.
El matrimonio.
1.--El estado de naturaleza en que todas las mujeres pertenecen á
todos los hombres, y éstos á todas las mujeres, sólo ha existido en
la imaginación de poetas y filósofos. La teoría de la promiscuidad
primitiva ha sido rechazada por la ciencia. Aun entre las tribus más
salvajes de América, la unión entre el hombre y la mujer tenía ciertos
derechos reconocidos y estaba sujeta á ciertas reglas. Entre éstas,
la más característica y acaso la más extendida é invariable, era la
llamada "_ley de exogamia_", ó matrimonio _fuera_ del clan ó linaje
en contraposición á la _endogamia_ ó matrimonio dentro del referido
grupo. En América, los miembros de un mismo "_clan_" ó "_gens_" no
podían contraer matrimonio, y la violación de esta regla se castigaba
severísimamente.
El matrimonio se realizaba usualmente por compra en especie, dádivas ó
prestación de servicios[188] á la familia de la mujer, y la elección
de ésta solía corresponder antes que al individuo á su familia ó grupo.
[188] _Fiske._ Op. cit., pág. 56 y sigtes. y sus notas
bibliogcas. Vse. _Lucrecio_. De Rer. Natura. Lib. V-967-987.
_Horacio._ Sat. Lib. I. Sat. III. _Rousseau._ Dso. sobre
desigdad. de las Condnes. (Ed. Espla. 1775, pág. 56).
_Deniker._ Op. cit., 231 á 239. _H. B. Am. Ind._ loc.
cit. y 809-451. _Dodd Mead_ Cyclop. "Marriage", "Man".
_Robertson._ Op. cit., pág. 109 y sus notas, y en especial
_Mac Lennan_. Studies on Ancient History (London, 1876).
Pág. 21 y sig. _Morgan._ Ancient Socty., pág. 172 y sig.
_Spencer._ Principles of Sociology. Vol. I, pág. 621-797.
Comp. _Garcilaso de la Vega._ Comentarios Reales. (Madrid
CIƆIƆCCXXIII) I. Lib. III, Cap. VIII. _Figueroa._ Op. cit.,
pág. 255, y en general los antiguos cronistas. (Vse. Cap. I).
Matriarcado.
2.--Ahora bien, desde que los progenitores del indio no podían
pertenecer al mismo clan, para determinar su filiación debía
forzosamente prescindirse de uno de ellos. Salvo contadas excepciones,
se prescindía del padre y se asignaban los hijos al linaje materno.
Esta costumbre de los pueblos salvajes, que los etnólogos designan
con el nombre de _matriarcado_, impedía generalmente el incesto y las
alianzas entre cercanos parientes.
[Ilustración: Fig. 74. En el hogar indígena (Pueblos).]
Poligamia y monogamia.
3.--La forma del matrimonio Americano estaba principalmente determinada
por consideraciones económicas. En las regiones en que la vida era
ruda y difícil, se contentaba el Indio con una sola mujer; en los
climas calientes y tierras fértiles, la facilidad misma de la vida le
inclinaba á la poligamia.
Importaba casi siempre esta última un cambio de sistema de _filiación_.
El protector nato de los hijos, no era como en el matriarcado su tío
paterno, sino _su propio padre_ (patriarcado) que disponía de ellos á
su antojo y podía hasta regalarlos ó venderlos.
En América del Norte prevalecía la monogamia, en la del Sur la
poligamia, pero en ambas regiones la duración del matrimonio era
precaria, dependiendo las más de las veces de la voluntad ó el capricho
de los contrayentes[189].
[189] Vse. _Farrand._ Loc. cit. _Deniker._ Loc. cit. _H. B.
Am. Ind._, 809-437-221, etc. _Brinton._ Loc. cit. _Fiske._
Loc. cit. _Heckewelder._ Histry., Manners & Cond. Ind. Nat.
1-208. _Westermarck._ Orig. of Human Marriage (1890), pág.
64 y sigtes. _Owen Dorsey._ Op. cit. (B. Et. 3^{rd} Rep.),
pág. 309. _Powell._ Op. cit. (1^{st} Rep. B. E.), pág. 47.
_Letourneau._ Evolution of Marriage, pág. 318. _Robertson._
Op. cit., pág. 78. Lettres Edifiantes. 23-318. _Laffittau._ S.
J. Mœurs de Sanv., I-554-580. _Lozano._ Desc. Gran Chaco,
70. _Herrera._ Dec. I, lib. II, cap. XVI. _Gumilla._ Op. cit.,
II-12-70-237, etc.
Condición de la mujer.
4.--Las costumbres matrimoniales y la condición de la mujer variaban
mucho. Mientras en las tribus en que predominaba la monogamia y el
matriarcado, la mujer era dueña en el hogar y tenía tanto ó mas valor
que el hombre, al que podía hasta expulsar de su tienda, en las
poligamas, la mujer era considerada como una esclava, como cosa del
patrimonio del marido, simple objeto de brutales placeres, ó bestia de
labor y de carga. De aquí la escasa fecundidad del hogar salvaje, el
abandono de los hijos y los infanticidios[190].
[190] _H. B. Am. Ind. 909._ _Deniker._ Op. cit., 221.
_Farrand._ Op. cit., 140-159-185-221-226. _Brinton._ Op. cit.,
pág. 49, sostiene que en la mayoría de las tribus la condición
de la mujer no era más dura que la de la aldeana moderna.
Compse. _Robertson._ Op. cit., pág. 82. _Laffittau._ Op. cit.,
I-560. _Charlevoix._ Nouv. France, III-285. _Herrera._ Década
IV, Lib. IV, Cap. VII, etc.
[Ilustración: Fig. 75.--Una familia indígena.]
Educación de los hijos.
5.--Decidida sin embargo por los padres indios, la vida y crecimiento
del niño, protegían su infancia cuidadosamente. Los ritos, costumbres y
ceremonias natales para defender la criatura de los malos espíritus y
propiciar en su favor los tutelares de su grupo ó tribu, eran muchos y
curiosísimos[191]. La lactancia duraba tres, cuatro, y á veces diez y
doce años.
[191] _Letourneau._ Evtion. of Marriage. Chap. X-XII, etc. _H.
B. Am. Ind._, 809-457, etc. _Ploss._ Das Weibb (5.ª Edción.,
II, Cap. XI-XVI). _Owen Dorsey._ Soc. Omaha (3^{rd} Rep.),
pág. 251 y sigtes. _Dellenbaugh._ Op. cit., C. XII. _Gumilla._
Op. cit., II-233-238. _Herrera._ Décdas. VI. Lib. I, Cap.
IV-VII. Lib. IX, Cap. IV. _Charlevoix._ Hist. du Paraguay.
II-422. _Laffittau._ Op. cit., I-590. _Lozano._ Op. cit., pág.
92. _Lettres Edifiantes_, X-200. _Robertson._ Op. cit., pág.
84 y sigtes. _Arriaga._ Estirpción. de la Idolatría en el
Perú, pág. 88 y sig.
Al llegar á la pubertad, y después de someterse á pruebas especiales
de _iniciación_, en ceremonias solemnes y públicas, el niño recibía
_su nombre_ cuya imposición y cambio, eran para el Indio materias de
capital importancia.
[Ilustración: Fig. 76.--Acarreando agua.]
Solo podía adquirirlo en los mencionados ritos iniciatorios, á los
que generalmente concurría toda la tribu, ó por especial habilidad
en la caza y la guerra. Como se suponía mágicamente enlazado con
las divinidades tutelares, no se usaba nunca en las relaciones con
los extranjeros. El nombre, en suma, era _una verdadera propiedad_
que podía perderse por deshonra, enfermedad ó desgracia, cambiarse
por motivos especiales y hasta enajenarse ó darse en prenda. El
indio, una vez declarado adulto, era dueño absoluto de sus acciones
é independiente de sus progenitores. Si seguía viviendo con ellos,
más bien que padres é hijos parecían extraños reunidos casualmente.
Olvidaba pronto los beneficios recibidos, miraba á sus padres con
perfecta indiferencia, ó, considerándose superior á ellos, les trataba
con crueldad y desprecio[192].
[192] _Gumilla._ Op. cit., I-212. _Lozano._ Descrip. Gran
Chaco, págs. 68-100-101. _Robertson._ Op. cit., II-86.
_Farrand._ Op. cit., 201-202. _Deniker._ Op. cit., 247-270.
_Barros Arana._ Op. cit., pág. 77 y sigtes. vol. I. H. Book.
Am. Ind., pág. 266. _Jenks._ Childhood of Gishib the Ojiwa.
_Fewkes._ Hopi Katcinas (21^{th} Rep. B. of Et.) y en especial
_Matilda C. Stevenson_. The Religious Life of the Zuñi Child.,
5^{th} Rep. B. of Et., pág. 533 y sigte.
Costumbres mortuorias.
6.--La suerte de los ancianos no era por tanto envidiable. Salvo los
_shamanes_, adivinos, etc., los demás indios viejos, débiles ó inútiles
para la caza ó la guerra, eran considerados por su tribu como pesada
carga y desaparecían natural ó violentamente.
Las costumbres mortuorias estaban basadas en la creencia constante
en la inmortalidad de las almas. Concebía el indígena la vida de
ultratumba como un estado feliz, en que los guerreros después de
muertos gozaban en regiones fertilísimas de todos los bienes que
ansiaron en la tierra.
[Ilustración: Fig. 77.--Sepultura de piedra (Illinois).]
Esta concepción material de la vida futura, originó acaso la costumbre
de enterrar los cadáveres con sus armas, vestidos, utensilios, etc.,
_generalmente quebrados_, para indicar que también acompañaba al muerto
el alma de las cosas en su viaje por las regiones desconocidas, á las
que no debía partir sin medios de defensa.
[Ilustración: Fig. 78.--Momia descubierta en una cueva de Alaska.]
En algunas tribus se enterraban con los jefes militares sus caballos y
hasta sus esclavos y mujeres, para que el muerto pudiera presentarse
en la vida futura con la misma dignidad y rango que gozó en la tierra.
En otras se creía al individuo animado de varios espíritus que
desempeñaban oficios distintos después de su muerte. Uno, por ejemplo,
quedaba con el cuerpo, otro vagaba como fantasma por la aldea; y otro
acompañaba al guerrero á los "dichosos prados de abundante caza y
pesca"...
Las formas de sepultura eran variadísimas. Se colocaban los cadáveres
en cisternas, sepulcros, urnas funerarias, bajo montículos, en grutas
y cavernas, etc. En algunas tribus los embalsamaban y momificaban; en
otras se cremaban guardando ó aventando las cenizas, ó se exponían
colocándolos en los árboles ó en elevadas plataformas, á la voracidad
de las aves carniceras.
[Ilustración: Fig. 79.--Sepultura Dakota (_Yarrow_).]
[Ilustración: Fig. 80.--Sepultura arbórea (_Yarrow_).]
Las manifestaciones de duelo consistían en gritos, lamentos, orgías
especiales de dolor, vestiduras desgarradas, mutilaciones y crueles
heridas, con el fin general de aplacar la cólera del alma vagabunda del
muerto[193].
[193] _Farrand._ Op. cit. 250-251. _Deniker._ Op. cit. 242.
_Robertson._ Op. cit. II-186 y nota 61. _Dellenbaugh._
Op. cit. 388. _Brinton._ Am. Race. pág. 51 y sigtes. íd.
Rel. of Primitive Peoples, pág. 209-18. _Thomas._ Int. Am.
Arch. 56 y sigtes. _Dumont._ Mem. Louisiana (Natchez) I.
pág. 225. _Galanti._ Op. cit., 114. _Irko Hirn._ Orig. Art.
51-59-182-184-300. _Barros Arana._ Op. cit., 101 y notas.
_Lozano._ Op. cit. 408, etc. _Schoolcraft._ Op. cit., III-193,
IV-155-224. _Lafittau._ Op. cit. II-386-406. _Gomara._ Hist.
III-28. _Bancroft._ Nat. Races, I-555. _Twaites Jesuit
Relations._ I. LXXII. _Cattlin._ Op. cit. I-483. _Foster._ Op.
cit., 169; etc. _Charlevoix._ Hist. Nouv. France, III-351.
_Blanco._ Op. cit., pág. 35. _Herrera._ Dec. I, lib. III, etc.
_Cieza de León._ Crónica, caps. 28 y 33. _H. Book. Am. Ind._
(B. A. E.), 951 y sig. y en especial la preciosa monografía
de _H. E. Yarrow_, A further Cont. to the Study of Mortuary
Customs, etc. (1^{st} Rep. B. A. E.), pág. 87 y siguientes.
Organización política. El "clan" y la "gens".
7.--La profunda diversidad de las estructuras sociales de los
Aborígenes Americanos y la carencia de datos sobre muchas de ellas,
hacen imposibles las generalizaciones al respecto.
Podemos, sin embargo, afirmar, por vía de síntesis, que la base
fundamental de las organizaciones políticas conocidas de los Indios
del Norte y Sur de América _era el parentesco_, y que el factor más
importante de sus rudimentarias sociedades era el "_clan_" ó linaje
(_gens_); es decir, el grupo ó grupos de parientes más ó menos
cercanos, maternos ó paternos, reales ó ficticios, que convivían en
determinada vivienda, con obligación de ayudarse mutuamente[194].
[194] _Powell._ Wyandot Gvernment (1^{st} Rep. B. A. E.),
págs. 60, 68 y sigtes. _Id. íd._ Lim. Anthrop. Data (Rep. B.
A. E.), pág. 34. _Brinton._ Am. Race. 18, 47, etc. _Fiske._
Op. cit. I, 69 y 55 y sigtes. _Farrand._ Op. cit., Cap.
XIII. _Keane._ Etgy., pág. 6, Man Past & Present., pág. 397
y sigtes. _Deniker._ Op. cit., 240-247. _Morgan._ Syst. of
Consanguinity, pág. 29 y sigtes. _Id. íd._ Ancient Society,
pág. 48 y sigtes. _Owen Dorsey._ Soc. Omaha (3^{rd} An. Rep.
B. A. E.), pág. 215-370 y sus referencias. _Dellenbaugh._ Op.
cit., cap. XV. _H. Book. Am. Ind._ (B. A. E.), 15, 143, 205,
247, 303, 499, 693, etc. _Robertson._ Op. cit., pág. 78 y
sig. _Lozano._ Desc. G. Chaco, pág. 32. _Fernández._ Relación
Chiquitos, pág. 47. _Acosta._ Hist. IV, ch. XIX. _Oviedo._
Hist. Lib. III, ch. 6. _Ruiz_ y _Blanco_. Con. Piritu, pág. 57
y sigtes.
El indio se debía al _clan_ antes que á su propia familia. Si el
interés de sus deudos estaba en oposición con el de su _clan_, debía
prevalecer este último. En los delitos de sangre correspondía al _clan_
de la víctima exigir compensación al _clan_ del victimario.
[Ilustración: Fig. 81.--Elevando el cadáver (_Yarrow_).]
Las funciones civiles del clan eran importantes. Elegía sus jefes y
podía destituirlos. Eran éstos jefes civiles (_sachems_) ó militares
(_caciques_, etc.), dependiendo la elección de estos últimos de sus
condiciones é influencia.
En tiempo de guerra, los jefes militares tenían autoridad omnímoda
en la tribu; pero concluída ésta perdían dicha autoridad, quedando
sometidos al "_Sachem_" como cualquier otro de los miembros de su grupo.
Los jefes civiles dirimían las disputas entre los individuos de su clan
ó linaje, y cuando no podían resolverlas las elevaban al _Consejo_ del
mismo, que resolvía también las cuestiones de interés general para el
grupo en deliberaciones libres y decisiones incuestionables.
[Ilustración: Fig. 82.--Manifestaciones de dolor (Mujeres _Sioux_).]
Creía en general el indio que el _clan_ estaba dotado de cierto poder
mágico que aumentaba ó disminuía con el número. Para evitar, pues,
la disminución de la vitalidad del clan ocasionada por la pérdida de
vidas en las incesantes guerras indígenas, era costumbre establecida
_adoptar_ individuos de otros clanes, y á veces clanes y tribus
enteras, que venían _ipso-facto_ á formar parte integrante del clan que
les adoptaba. En los casos de adopción por compensación de delitos de
sangre, el victimario, previa aceptación de la madre de la víctima,
asumía en el clan adoptante las obligaciones y prerrogativas del hijo
muerto[195].
[195] _H. Book. Am. Ind._ pág. 15. _Farrand._ Op. cit. 315.
_Parkmann._ Jesuits in North. Amca. 17^{th} Century Int. XVII.
_Owen Dorsey._ Soc. Omaha, pág. 220 y sigtes. En algunas
tribus existía la esclavitud. Los cautivos de guerra eran las
víctimas usuales. Su vida y suerte eran más ó menos la de sus
dueños; pero como los hijos de estos esclavos nacían esclavos,
formaron en algunos pueblos (Tribus, Pacífico, etc.), una
clase especial y permanente, distinta de la de los miembros
del clan, de quien eran esclavos. _H. B. Am. Ind._ pág.
15-205. Compse. _Herrera._ Dec. VIII. Lib. IV. Capítulo VIII.
Totemismo.
8.--Las ideas de parentesco entre los miembros de un mismo clan ó
linaje, enlazadas en la mente del indio con las de poder mágico á
dicho clan inherente, se sintetizaban casi siempre en el "_totem_",
institución social y religiosa de origen ignoto y carácter extraño,
común á casi todas las sociedades primitivas y muy especialmente á los
aborígenes de América.
[Ilustración: Fig. 83.--En el Consejo.]
El "_totem_", para el indio Americano, era una clase cualquiera de
objetos, generalmente animales ó plantas, considerados las más de las
veces como divinidades tutelares por los miembros de un mismo clan
ó linaje, que se creían relacionados con dicha especie de animales ó
plantas por descendencia mítica ó misterioso parentesco. Los clanes
se distinguían de ordinario con el nombre genérico de su _totem_. Los
animales y plantas de la especie totémica eran para el indio sagrados
é intangibles (_taboo_); prodigaba sus imágenes en pictografías y
esculturas, y las reproducía sobre toda clase de objetos con fines
supersticiosos y simbólicos (amuleto, defensa), ó representativos y
heráldicos (nombre del clan, etc.)[196].
[196] _Totem_, derivado de la raiz Algonquina "_od_" ó
"_rot_", lo que pertenece á una persona; en sentido amplio su
clan, su tribu (_Brinton._ Am. Race. pág. 45). El "_totem_" no
era nunca un objeto determinado, sino una clase de objetos,
y en eso se distinguía del "_fetiche_". (_Deniker._ Op. cit.
pág. 247). Vse. _Dodd-Mead_-Cyclop. "Totem". _Keane._ (Etn.
pág. 11), discute la definición de _Garrick-Mallery_ (10 Rep.
B. A. E.) y cree que el carácter del Totem fué sociológico
antes que mitológico, y la de _Miss Fletcher_ (The import of
Totem-American Ass. Detroit. 1897), que cree originado el
Totem en los raptos ó visiones histéricas. (_Keane._ M. P. &
P., pág. 397). En cambio _Deniker_, loc. cit. está conforme
con _Garrick-Mallery_, y lo propio _Frazer_. Totemism (London,
1887). _Smith._ (2^{nd} Rep. B. A. E., pág. 77 y sig.).
_Lang._ Myth, Ritual & Religion. I.º 61-75-200, etc. II.º 91
á 100, 226, etc. _Mgr. A. Le Roy._ La Religion des Primitifs,
pág. 109-123 y 169-258-456, etc. Vse. también mi Capítulo
III y sus referencias. El _P. Ruiz y Blanco_. Conversión
en Piritu, dice textualmente (Edición Suárez. Madrid 1892,
pág. 51) hablando de los Cumanagotos (Colombia). "Al sapo
tienen por Dios de las aguas, y por eso no lo matan". Comp.
_Garcilaso de la Vega_. Com. Reales. Vol., I, pág. 42 y
siguientes.
[Ilustración: Fig. 84--Entre los "Cliff Dwellers".]
La fratria y la tribu.
9.--Los distintos clanes y gentes se agrupaban de ordinario en dos ó
más grupos intermedios, también exogámicos, llamados por los Etnólogos
"_fratrias_". La base de estos grupos era mitológica, y sus funciones
más bien ceremoniales que políticas[197]. El conjunto de clanes,
gentes y fratrias de un territorio determinado y de la misma lengua
ó dialecto, formaban en general la agrupación indígena conocida con
el nombre de "_tribu_". Difería este conglomerado social de sus
componentes (_clan_, _gens_, _fratria_), no sólo por el número de sus
individuos, sino por el carácter mismo del vínculo que los mantenía
unidos entre sí y separados de las demás tribus ó pueblos.
[197] _Farrand._ Op. cit., 112, 160, 206, 208. _H. B. A.
Ind._ 227, 203, etc. _Fiske._ Op. cit., I, pág. 16 y sigtes.
_Morgan._ Ancient Socty., pág. 102 y sigtes. _Bandelier._ On
the Art & Mode of war of the Ancient Mexicans (Peabody Museum
10^{th} An. Rep.) _Brinton._ Amer. Race, pág. 41 y sigtes.
La nota característica y distintiva de _la tribu_, no era únicamente
el parentesco entre sus miembros, sino la comunidad de nombre, de
gobierno, de territorio, y _principalmente de lengua ó dialecto_[198].
[198] _Farrand._ Op. cit., 119, 135, 160, 208, 10, 12.
_Deniker._ Op. cit, pág. 248 y sig. _Fiske._ Op. cit., pág.
62 y sig. _Robertson._ Op. cit., I, pág. 187 y sigtes., y sus
notas.
[Ilustración: Fig. 85.--Expulsados de su clan.]
Consejo Tribal.
10.--El rasgo más interesante de la organización de las tribus era su
_Consejo_, formado por los principales jefes y los delegados de los
clanes ó gentes. Tenía este Consejo autoridad suprema en los asuntos
tribales, hacía la paz, las alianzas ó la guerra, y decidía sin
apelación las diferencias entre los diversos linajes.
[Ilustración: Fig. 86.--El "Calumet" ó Pipa ceremonial.]
El espíritu de tan peculiar asamblea, era esencialmente democrático;
podía opinar en sus reuniones cualquier varón adulto, y hasta las
mujeres mismas por medio de los oradores que eligieran al efecto[199].
[199] _Farrand._ Op. cit., 155-59 y 205-210. _H. B. American
Ind._, 260. _Keane._ Etgy., páginas 7 y sigtes. _Powell._
Wyandot Governement., pág. 49-59 (1st. Rep. B. A. E.)
_Dorsey._ Soc. Omaha, pág. 227 y sigtes. _Acosta._ Historia,
IV, chap. XIX. _Barros_, _Arana._ Op. cit., vol. I, pág. 83 y
sigtes.
Jefes Tribales.
11.--En general, las tribus no tenían _jefe supremo_, aunque en ciertos
casos se reconocía mayor rango y autoridad en un _sachem_ ó cacique
cualquiera, dándole facultades extraordinarias para representar la
tribu en los casos en que el Consejo no había podido convocarse. Su
gestión, sin embargo, estaba sujeta á la ratificación posterior de
dicho Consejo, dependiendo además su autoridad de sus condiciones
personales y de su influencia en los diversos clanes ó gentes.
Ilustración: Fig 87.--Tambor ceremonial.
Designar estos _jefes temporales_ con el nombre de reyes, soberanos,
emperadores, etc., como lo hicieron los antiguos conquistadores y
cronistas, es en absoluto erróneo. Si alguno de los referidos jefes
por la fuerza de las circunstancias adquiría en un momento dado
excepcional relieve, no dejaba por ello de ser, dentro de su tribu, un
simple _jefe electivo_ y _temporal_ que nada tenía de monarca[200].
[200] _Farrand_ 207-211-193. Op. cit. _Brinton._ Op. cit.
47 y sigtes. _Morgan._ The league of the Iroquois, pág. 31
y sigtes. El P. _Galanti_. S. I., dice textte. hablando de
los _Tupis_, "O lidiador (Mombi-xaba), ó chefe da tribu era
electivo. Tinha autoridade absoluta em tempo de guerra,
moderada no de paz"... Compdio. Hist. Brasil. 115. _Dorsey._
Socgy. Omaha, pág. 240. _Powell._ Wyandot Gment. pág. 63-68.
_Robertson_, pág. 101 y sigtes. y Nota 36. _Lozano_ Desc.
Grau Chaco 93. _Meléndez._ Tesoros verdaderos, etcétera.
H. B. _Morgan_, Ancient Society. 71. _Fiske._ Op. cit. I.
101 y sigtes. (Aztecas, Montezuma). Vse. también la curiosa
Historia del llamado "King Phillip (Wampanoag)" _Markham._
Narr. Hist. of King Phillips War. _Baudelier_-Reports Peabody
Museum (11.º-12.º-13.º)-_íd._-The Delight Makers pág. 135 y
siguientes.
Las Confederaciones.
12.--Cuando por segmentación de una tribu se formaban otras nuevas, la
relación entre las tribus así formadas y las primitivas se reconocía
comúnmente por sus individuos, aunque fuera tradicional y remota.
[Ilustración: Fig. 88.--Distintivos de Jefes.]
Esta idea de _relación_ ó _parentesco originario_, y el constante
temor de agresiones armadas de las tribus extrañas, hizo naturales y
frecuentes las uniones entre tribus afines para mutua protección y
defensa.
[Ilustración: Fig. 89.--Postes Totémicos (Museo Británico).]
Tal fué indudablemente el origen de las _Confederaciones Tribales_,
institución también característica de los aborígenes de América.
Las Confederaciones más conocidas y curiosas son la _Azteca_ y la
_Iroquesa_. Las de los _Mokis_, y los Dakotas, tuvieron también
duración considerable. Otras no pasaron de alianzas ocasionales y
efímeras[201].
[201] _Farrand._ Op. cit., 155-157 (Iroqueses), 188-213
(Azteca), 166 Illinois, etc., etc. _Brinton._ Op. cit., 49.
_Parkman._ Jesuits in N. A. 17^{th} Centry. Introduc. XXI.
_Morgan._ League of the Iroquois pág. 97 y sigtes. _Morgan._
Anc. Socty., 119. _Fiske._ Op. cit., I. 72 á 82 (Iroqueses),
94 á 40 (Aztecas). _H. Book Am. Ind._ 337, etc. Entre las
alianzas ocasionales, pueden citarse la de las tribus de
Virginia y Maryland, llamada _Powhatan_ por los historiadores,
los _Siete fuegos_ del Consejo de los Dakotas, etc., etc. (_H.
B. Am. Ind._), pág. 337.
Organización económica. La propiedad.
13.--En la sociedad indígena, el nombre, el rango, los derechos
ceremoniales y los objetos de uso personalísimo (armas, vestido, etc.),
era lo único que pertenecía al _individuo_; la tierra, el bosque,
la casa, etc., eran propiedad común del clan ó la tribu, que tenían
derecho de excluir de ellos á todas las demás tribus ó bandas.
"La _tierra_, como el agua y el fuego, no puede venderse", decía un
indio _Omaha_.
Los mismos que la labraban tenían solo sobre ella un relativo usufructo.
Si los indios se reunían para determinadas expediciones de caza ó
pesca; si los del Misouri, por ejemplo, se combinaban en bandas para
cazar el búfalo, ó los Esquimales juntaban sus "_kayaks_" en flotilla
para pescar ballenas, el búfalo ó la ballena así adquiridos eran
_propiedad común_. Todos tomaban de todo el botín lo necesario para su
subsistencia.
En el clan residía ordinariamente el _derecho hereditario_. Cuando el
indio moría, los objetos de uso personalísimo acompañaban al cadáver,
y el resto de sus útiles pasaba en propiedad común al clan, y sólo en
_uso_ á los parientes más próximos.
En general, la repartición de los bienes comunes era equitativa,
dependiendo, naturalmente, del _modo de su producción_, base económica
de los sistemas distributivos tribales.
[Ilustración: Fig. 90.--Armadura Tlinkit (Alaska).]
El concepto moderno del derecho de _propiedad_, fué completamente
extraño á los grupos sociales de América. Ni entre los Aztecas y los
Incas, cuya curiosa organización económica estudiaremos más adelante,
existieron desigualdades sociales, _basadas_ en la mayor ó menor
riqueza. Las palabras rico y pobre no tenían equivalente en sus
lenguas[202].
[202] _H. B. Am. Ind._, 169, 171, 264, etc. _Letourneau._
Property its origin & development, pág. 44 y sig. _Deniker._
Op. cit., 245 y sigtes. _Robertson._ Op. cit. 102 y sigtes., y
nota 34. _Gilüi._ Nachreis. Lande Guiana, 397. _Farrand._ Op.
cit., 140, 201 y 202. _P. Mártyr de Anglería._ Décadas, 1-45.
_Barros Arana._ Op. cit., I, pág. 98. _Dorsey._ Soc. Omaha,
366. _Fowell._ Wyand. Gov. 500-81. _Gumilla._ Op. cit., I,
265. _Venegas._ Hist. de la California, I, 66. Consecuencia
de la propiedad comunal es la _hospitalidad_ del Indio
Americano, tan decantada por algunos escritores. Desde que los
alimentos eran libres y propiedad común, el indio no era más
que un guardián de ellos por las circunstancias. El odio al
extranjero era común á todos; las tribus y el indio en general
tenían poco de caritativos. La palabra "hospitalidad" no es,
pues, aplicable al caso. _Farrand._ Op. cit., 255.
Los gobiernos despóticos.
14.--Claro es que las organizaciones sociales descritas son, por
decirlo así, el _tipo ideal_ de la mayoría de los gobiernos indígenas
de América, y que sería, por tanto, un grave error el suponer que los
elementos todos del sistema se respetaban en todo el Continente.
El indio Americano, aun refrenado por las obligaciones para con su
clan ó su tribu, amaba sobre todo su libertad salvaje y odiaba todo
privilegio.
[Ilustración: Fig. 91.--Trofeo de victoria.]
Si obedecía á sus sachems y jefes militares, era por considerarlos
como representantes de su grupo; pero conservaba siempre las ideas de
igualdad é independencia, características de la vida indígena. Fuera,
sin embargo, debido á las influencias enervantes de un clima cálido, á
la mayor aglomeración de gentes en territorios fértiles y consiguiente
desarrollo de la agricultura, á la introducción del patriarcado y
la poligamia, ó á cualquier otra causa, el indio abdicó en algunas
regiones su carácter independiente é indómito, para someterse
servilmente á la voluntad de sus mandatarios.
La idea religiosa debió sin duda influir decisivamente en esta curiosa
transformación política. Desde que el indio empezó á mirar á sus jefes
como profetas, augures ó predilectos confidentes de sus divinidades
tutelares, se convirtieron para él en seres superiores y les rindió
homenajes reverentes. Si se creía á los jefes parientes cercanos del
sol ú otra divinidad cualquiera, el mando supremo debía permanecer
en su familia y la _autoridad electiva_ hacerse _hereditaria_ y
_despótica_.
Así surgieron en América los degradantes absolutismos de los gobiernos
_Incásicos_, _Chibchas_, etc., cuya constitución especial estudiaremos
en los Capítulos siguientes[203].
[203] Vse. _Robertson_. 107 y sigtes _H. Book Am. Ind._ 497,
etc. _Mayne._ Early Hist. of Institutions, pág. 49 (London
1875). _Keane._ Etgy. pág. 6 y sigtes. _Brinton._ Op. cit.
pág. 46, cita el caso de los "Heit suk" y "Kiva Kuilt" (Costa
N. O. Edos. Udos.), que á pesar de tener dialectos de la misma
familia, en unos regía el sistema del patriarcado y en otros
el matriarcado. (Vse. _Boas_. 5^{th} Rep. to the British
Am. of Science, pág. 38). _Powell._ Sostiene sintéticamente
que la evolución social indígena no fué como la europea
del militarismo al industrialismo, sino del parentesco á
la propiedad, etc. (Limtions. Antropcal. Data. 1^{st} Rep.
B. A. E. pág. 34 y sig.). Vse. _Hoffman_. Menomini Indians
(14 Rep. B. A. E.). _Mac Cawley._ Seminole Indians (5. Am.
Rep. B. A. E.) pág. 469. Los indios Guaranis, dice _Lozano_,
aunque divididos en parcialidades, respetaba cada una á sus
caciques hereditarios, á quienes el rey eximió de tributo en
cuanto nobles, después de las probanzas de los Indios (Conq.
Río de la Plata. I pág. 384. B. A. 1873). Vse. _Oviedo_. Lib.
III, Cap. 6, pág. 97. _Cassani._ Hist. Nuev. Rno. de Granada.
226. _Charlevoix._ Hist. Now. France. III, 467. _Lettres
Edifiantes._ XX-106-III. _Herrera._ Dec. I. Lib. I, Chap. 16
y Lib. II, 44. "Los caciques de las islas (Cuba) podían hacer
hablar á sus _cenis_ (divinidades) y por su intermedio imponer
tributos." (Id. Dec. I. Lib. III, Cap. 3.º)
[Ilustración: Fig. 92.--Jefe de los Minatarees (_Cattlin_).]
Relaciones Intertribales. El Comercio.
15.--En general las relaciones entre los pueblos son de tres clases,
_simpáticas_, _neutrales_ ú _hostiles_. Las primeras propias de los
civilizados (_fiestas internacionales_, _exposiciones_, etc.), eran
completamente desconocidas en la América Indígena. Las relaciones
neutrales (_Comercio_) estaban bastante desarrolladas. Ciertos
artículos abundantes en determinadas regiones (cobre, mica, piedras
pintadas, conchas, etc.), tenían en otras gran demanda y eran objeto de
frecuentes tratos. Los Esquimales comerciaban entre sí y con las tribus
Algonquinas. El "_wampum_" de los Iroqueses se aceptaba en general como
moneda en la región de los grandes lagos. Las tribus del Missisipí
suministraban pieles á los Pueblos, en cambio de alfarerías, mantas,
cuentas, algodón, etc. Las pipas adornadas de los _Haidas_ (Vancouver),
se han encontrado en tumbas de las márgenes del Río Delaware. Los
_Aguas_ y _Curuziraris_ (Brasil), proveían á sus vecinos de vasijas
y tejidos. Los _Arecunas_ pagaban en algodón las alfarerías de los
_Caribes_, y en general, puede afirmarse que fueron raros en América,
los grupos tribales que vivieron en completo aislamiento[204].
[204] _Deniker._ Op. cit., 256. _Dellenbaugh._ Op. cit., 375.
_H. Book Am. Ind._, 230 _Rau._ Smitniau. Rep. 1872. pág.
271. _Hittell._ Hist. Calfnia., I, 139 (Relación _Vizcaíno_,
1602). _Mason._ Op. cit., 365. _Thurn._ British Guiana, pág.
270. _Acuña._ Op. cit., 116-130. _Robertson._ Op. cit., II,
107 y sigtes. _Herrera._ Dec. II, 193, 2, etc. _Letourneau._
L'Evolution du Commerce, pág. 52 sig.
[Ilustración: Fig. 93.--Jefe de los Mandanes (Cattlin).]
La guerra.
16.--Las relaciones _neutrales_ eran, sin embargo, la excepción y no
la regla en el vivir intertribal de los Aborígenes de América. De no
existir entre dos tribus un tratado expreso de paz, se consideraban
siempre como _hostiles_ y en estado de guerra. Las virtudes militares
eran las más honrosas. El marchar por la senda de la guerra era
voluntario para el indio, pero ninguno dejaba de hacerlo por temor de
que su tribu le despreciara como cobarde. Amaban la lucha desde niños,
sus juguetes preferidos eran las armas, las batallas su ambición única.
El indígena peleaba para conseguir provisiones, tierras de caza,
bosques y prados fértiles, esclavos ó mujeres y principalmente para
vengar ofensas, asesinatos ó ataques de las tribus extrañas.
[Ilustración: Fig. 94.--Jefe Cheyenne.]
La muerte natural de un individuo atribuída por su tribu á maleficios
de las hostiles, bastaba á veces para emprender una guerra. Si un
caudillo influyente decidía una expedición guerrera nunca le faltaban
compañeros.
A veces las hostilidades se reducían á simulacros y danzas guerreras
para inspirar terror á los enemigos. Otras veces eran simples algaradas
ocasionales y violentas.
Iniciada la guerra, terminaba difícilmente. El implacable talion
indígena reclamaba satisfacción de sangre por cada guerrero herido ó
muerto, y por consiguiente, si no se formulaba un tratado de paz, solo
cesaban las hostilidades con la extinción de las tribus en lucha.
El arte militar apenas se conocía. Prescindiendo de las ventajas
naturales, las fortificaciones indígenas consistían en cercos,
empalizadas ó rudos baluartes de tierra defendidos por fosos.
[Ilustración: Fig. 95.--Jefe Sauk (Cattlin).]
La sorpresa y la emboscada eran los únicos ardides tácticos del Indio.
Algunas tribus se pintaban de colores parduzcos para confundirse con
la yerba al avanzar arrastrándose. No daban cuartel; mataban sin
remisión á sus enemigos y saqueaban é incendiaban sus chozas ó tiendas.
Si conservaban algunos prisioneros era para luego sacrificarlos,
esclavizarlos, y en casos excepcionales adoptarlos. El arrancar la
cabellera del guerrero muerto (_escalpe_), era costumbre general en
Norte América. Las cabelleras enemigas fueron los trofeos favoritos del
indio, ya por creer que poseyéndolas tenía cierto poder sobre el alma
de su víctima ó simplemente por atestiguar su valentía y hazañas.
A veces se notificaba al enemigo la declaración de guerra enviándole
objetos simbólicos. Antes de emprender la campaña celebraban los
guerreros ritos y danzas especiales para avivar su luctuoso entusiasmo.
Si volvían victoriosos, se embriagaban hasta el delirio en otras danzas
y ceremonias de triunfo, rivalizando los hombres, las mujeres y hasta
los niños, en atormentar cruelmente á los prisioneros, sin otro límite
á su furor que el miedo de abreviar la duración de su sanguinaria
venganza.
[Ilustración: Fig. 96.--Formas del arco.]
[Ilustración: Fig. 97.--Transportes terrestres (Laffitau).]
En medio de sus espantosos sufrimientos, las víctimas entonaban sus
cánticos guerreros, é irritaban hasta espirar con despreciativos
insultos, la vengativa rabia de sus verdugos, que excitados y sedientos
de sangre, acababan por despedazar al cautivo, devorando sus carnes en
repugnante y canibalística zambra.
[Ilustración: Fig. 98.--Hacha.]
El más brillante triunfo del guerrero cautivo, era su valor y
resistencia en el tormento. Abreviarlo suicidándose, era considerado
como un acto de cobardía y castigado con la infamia.
[Ilustración: Fig. 99.--Cuchillos.]
El torturado que daba señales de debilidad era muerto inmediatamente y
con desprecio, pues se consideraba indigno de ser tratado como hombre,
al que no sabía sufrir como valiente.
Armas defensivas y ofensivas.
17.--Siendo en definitiva las guerras indígenas una especie de
"_caza de hombres_" las armas ofensivas y defensivas del cazador
no se diferenciaban mucho de las del guerrero. Sería interminable
detallarlas. Sus clases, materia y formas, variaban con las regiones
y grado de cultura de las distintas tribus, que como ya dijimos, no
alcanzaron á conocer el hierro. Las principales _armas ofensivas_ eran
la lanza, el hacha, (_tomahawk_), la maza, el palo arrojadizo, la
cervatana, las bolas y en especial el _arco_ y _la flecha_ de punta de
piedra lanceolada, ó en zig-zag imitando al rayo, caña de diferente
longitud y adornos de plumas ó pelo.
Algunas tribus envenenaban sus saetas con una pócima, _(yerba)_ que
hacían echando dentro de una olla diversos venenos, y haciéndolos
hervir para darles punto. El herido de _yerba_, por maravilla escapaba
de la muerte y hasta las mujeres mismas que fabricaban el tósigo,
solían acabar emponzoñadas por sus vapores deletéreos.
[Ilustración: Fig. 100.--El Escalpe.]
Como _armas defensivas_, usaban los indígenas _escudos_ de madera
ó cuero, adornados con pictografías simbólicas, _armaduras_ de
construcción ingeniosa y variadas materias, _corazas_ de algodón, pita,
etc., _yelmos_ y _máscaras_ de madera de formas grotescas coronadas de
plumas emblemáticas. Llevaban también como defensa fetiches y amuletos
de todo género (saquitos májicos de los Navajos, _ghost-shirt_ de
los Dakotas, etc.), en cuyas virtudes confiaban supersticiosamente.
Claro es, que si bien la venganza comunal fué uno de los principales
incentivos de la guerra india antes del descubrimiento, á la llegada
de los Europeos las cosas cambiaron de aspecto. El enemigo común
determinó alianzas inter-tribales antes no soñadas; las guerras se
hicieron defensivas y mas crueles con el uso del hierro; algunas tribus
buscaron para destruir á sus enemigos, el auxilio de los blancos; se
trastornó en fin en absoluto, la vida de las tribus indias y se inició
la dolorosa historia, la tragedia magna y todavía no escrita, de sus
desesperadas luchas con los blancos, de la extinción paulatina de sus
guerreros, de la fusión de su raza en la raza del conquistador y del
fuerte[205].
[205] _Deniker._ Op. cit. 256. _Mason._ Org. Inv. 366-412.
_Id. íd._ Bows Arrows & Quivers. N. A. Abor (Smithsonian Rep.
1893), pág. 631. _Mortillet._ Rev. Ecole. Anthrop. (1892).
Vol. II, 92-93. _Hough._ Primitive Am. Armour (Rep. U. S. Nat.
Mus. 1893), pág. 625. _Brinton._ Am. Race. 138. _Robertson._
Op. cit. II, 114 y Notas (37 á 42) _Charlevoix._ Op. cit.
(Nuv. France). 215-376. _Mooney._ Ghost Dance Religion
(14^{th} Rep. B. A. E.) pág. 790. _Dellenbaugh._ Op. cit.
248 y sigtes. y Chap. II. _Lozano._ Op. cit. 410 y sigtes.
_Id. íd._ (Gran Chaco). 95, _íd. íd._ (Paraguay) I, 144.
_Herrera._ Déc. I. Lib. VI. Ch. 8. III. Lib. IV. Ch. 16, etc.
_Adair._ Hist. Am. Ind. pág. 150-231-368, etc. _Colden._ Hist.
Five Nations. pág. 125. _Farrand._ Op. cit. 241 y sigtes.
_Vargas Machuca._ Milicia Indiana, I, 282 y sig. (Modo de dar
guazavaras y recibirlas). II, 76-95 y sigtes (De que se hace
la "yerba"), etc. _Morgan._ League of the Iroquois. I. 69 á
331. _Abbot._ Op. cit. Cap. II. V. XIX-XX-XXI, etc. _Foster._
Op. cit. 202 y sigtes. _Blanco._ Conv. Hiritu. 28. _Laffitau._
Op. cit. II, 69-248. _Lett. Edftes._ XVII-XX-XXIII,
etc. _Gumilla._ Op. cit. I. 286. _H. Book Am. Ind._
71-21-203-535-735. _Moorehead._ Op. cit. 212. _Rep. B. A. E._
14^{th} (_Mooney_). 9^{th} (_Murdoch_). 18^{th} (_Nelson_).
13^{th} (_Fewkes_). 15^{th} (_Holmes_). 2^{nd} (_Stevenson_).
6^{th} (_Boas_). _Reports. Nat. Mus._ E. U. 1897. (_Maguire_)
1888. (_Niblaek_) 1896. (_Wilson_). _Bandelier._ (10^{th} An.
Rep. Peabody Mus. 1877), pág. 107-128. _Proce. U. S. Mus._
Vol. XVI, pág. 219. _Mortillet._ Empoisonnement des Armes
(Rev. Ecole. Anthop. 1891), I. 97-106. _Squier._ Nicaragua II.
437. _Dorsey._ (3^{rd} Rep. B. A. E.), pág. 312-23. _Galanti._
Op. cit. I. 119-123. _Barros-Arana._ Op. cit. I. 83 y sig.
_Garcilaso de la Vega._ Op. cit. II. 242, etc. Colecciones
Museo de la Plata, Museo Británico, etc.
[Ilustración: Fig. 101.--Danza Guerrera (Schoolcraft)]
[Ilustración: Fig. 102.--Torturando el prisionero (Lafitau).]
[Ilustración]
[Ilustración]