_Leandro._--_Florián._--_Amintas._
LEANDRO.--Paréceme, señor Florián, que no
es buen camino el que llevamos; porque
agora que pensábamos salir al cabo deste
monte, entramos en la mayor espesura, y
según veo no se nos apareja buena noche,
pues será excusado salir tan presto
de este laberinto donde andamos dando
vueltas á una parte y á otra, sin hallar
salida.
FLORIÁN.--Culpa es nuestra, pues
quessimos que nos anocheciese en
tierra tan montañosa, y cuanto más
anduviéremos será mayor el yerro no
sabiendo á qué parte vamos. Lo mejor
será que nos metamos en una mata destas
y desenfrenando los caballos para que
puedan pacer, passemos lo que nos queda
de la noche durmiendo, que venido el día
presto podremos aportar á poblado.
LEANDRO.--Bien decís; pero á mí me parece
que oigo ladrar algunos mastines, y sin
duda debe de estar cerca alguna majada de
pastores.
FLORIÁN.--Decís la verdad, que yo también
los he oído; por aquí podremos ir, que el
monte está menos espeso.
LEANDRO.--No sería malo hallar alguna
cosa que comer, porque yo os doy mi fe
que no voy menos muerto de hambre que si
hubiesse tres días que no hubiesse comido
bocado.
FLORIÁN.--A mí la sed me fatiga, aunque
no lo había dicho; pero una noche como
quiera puede pasarse.
LEANDRO.--Mejor sería passarla bien que
mal, si pudiéssemos, y no hemos traído
mal tino, que veis allí está fuego hecho
y un pastor no poco enzamarrado; pero
doy al diablo estos perros que assí nos
fatigan como si veniéssemos á hurtalles
el ganado.
AMINTAS.--Torna aquí, Manchado, que mala
rabia te mate y lobos te despedacen;
torna aquí; dolos yo á la mala ventura,
que no saben ladrar sino cuando no es
menester.
LEANDRO.--Buenas noches, hermano mío.
AMINTAS.--Salud buena os dé Dios. ¿Qué
venida es ésta por aquí á tal hora?
FLORIÁN.--Mi fe, hermano, no venimos por
nuestra voluntad, sino por haber perdido
el camino, que toda esta noche hemos
andado perdidos por este monte, hasta
agora que contigo hemos topado, que no ha
sido pequeña dicha.
AMINTAS.--Esa yo la he tenido en
haber llegado á mi majada personas
tan honradas, y más y más si en ella
quisiéredes ser mis huéspedes por esta
noche, pues que á cualquiera parte que
queráis caminar, el pueblo más cercano
está de aquí dos leguas; y con la grande
escuridad que hace, dificultosamente
podréis atinar allá, aunque yo quisiese
poneros en el camino.
LEANDRO.--Desa manera forzado será
aceptar tu buena voluntad y ofrecimiento;
pero dinos, ¿por ventura tienes alguna
cosa que comamos, que lo que nos dieres
te será todo muy bien pagado?
AMINTAS.--No ha de faltar, si queréis
contentaros con la miseria de que vivimos
los pobres pastores. Desenfrenad los
caballos para que puedan pacer, pues hay
hierba en abundancia que suplirá la falta
de la cebada, que para vosotros pan hay
con un pedazo de cecina y esta liebre que
mis mastines por gran aventura mataron,
para la cual tenía encendido el fuego
que veis, y assí está ya aparejada, y en
lugar del buen vino que solemos beber en
vuestra tierra, habréis de pasaros con
agua que agora poco ha he traido de una
clara y sabrosa fuente.
LEANDRO.--Dios te dé buena ventura, que
más nos hartará tu buena voluntad y
gracia que todos los manjares y vinos
del mundo, y pues que así es, comencemos
á comer, que en verdad yo estaba medio
desmayado con pensar que esta noche la
habíamos de pasar como camaleones.
FLORIÁN.--Nunca Dios hizo á quien
desamparase, y yo os prometo que me
sabe mejor lo que como y bebo que si
estuviéssemos en el mejor banquete que se
hace en la corte.
AMINTAS.--El buen gusto hácelo el buen
apetito y la hambre, que es la cosa que
mayor sabor pone á los manjares, y así
agora no podrá saberos mal el pan de
centeno de mi convite que tan buenos
bocados os veo dar en él como si fuesse
de trigo y de lo muy escogido, blanco y
regalado.
FLORIÁN.--Así me ayuda Dios que hasta
agora yo no había mirado si era de trigo
ó de centeno, porque me sabe tan bien,
que no tengo cuidado sino de hartarme.
AMINTAS.--Si queréis, señores, leche
migada, aquí la tengo en este cacharro
nuevo; bien podéis comer sin asco, que yo
os digo está bien limpio.
LEANDRO.--Está tan sabrosa y tan dulce
que ninguna cosa me ha sabido mejor en mi
vida. Comed della, señor Florián, que por
ventura nunca mejor la comistes.
FLORIÁN.--Assí es la verdad, pero no
comamos tanta que nos pueda hacer daño.
LEANDRO.--Bien habéis dicho, que yo ya
estoy satisfecho.
FLORIÁN.--Y yo muy bien harto. Dios dé
mucha salud á quien tan bien nos ha
convidado.
AMINTAS.--Assí haga, señores, á vosotros,
aunque no tenéis de qué darme gracias, si
no es por la voluntad, que, conforme á
ella, de otra manera fuérades convidados.
LEANDRO.--Dime, hermano mío, ¿cómo es tu
nombre?
AMINTAS.--Amintas, señor, me llamo, á
vuestro servicio. Mas decidme, ¿para qué
lo preguntáis?
LEANDRO.--Lo uno para saber de quién
hemos recebido tan buena obra, y que
cuando se ofreciere tiempo podamos
galardonarte della, y lo otro para
poderte mejor decir algunas cosas que
después que aquí estamos me han pasado
por el pensamiento.
AMINTAS.--Cuando alguna buena obra se
hace, ella misma trae consigo el galardón
en ser bien hecha, assí que yo me doy
por bien pagado si en algo he podido
serviros. En lo demás, decid, señor, lo
que quisiéredes, que bien aparejado me
hallaréis para oiros.
LEANDRO.--Pues tan buen aparejo hallo en
ti, hermano Amintas, para escucharme,
quiérote decir lo que estoy considerando,
y no me tengas á mal mis razones, porque
en el fin dellas conocerás que todas irán
enderezadas en provecho y honra tuya;
y cuando así no fuere, bien podré yo
engañarme, pero mi intención será buena,
pues quiero darte en todo el consejo que
yo para mí mesmo tomaría, aunque por ello
me puedas dar la viga que dicen que está
aparejada para quien lo da á quien se lo
pide.
AMINTAS.--Aquellos que son aconsejados
mal ó bien, tienen una gran ventaja, y
es que no son forzados, antes quedan en
su libertad para escoger lo que mejor
les está y les pareciere; que de otra
manera no sería consejo, sino mandamiento
forzoso; así que los que aconsejan, no
solamente bien, pero aunque sea mal, han
de ser con atención oídos, porque si
el consejo es bueno pueden y deben los
hombres aprovecharse dél, y si es malo
toman las gentes mayor aviso para huir
el peligro que consigo trae; aunque para
esto yo confieso que hay necesidad de
muy gran discreción, porque muchas veces
las gentes simples son engañadas con el
consejo de los maliciosos.
LEANDRO.--Tienes tanta razón en lo que
dices y tan buenas razones en lo que
hablas, y con tan polido y gentil estilo
te muestras en tu plática tan prudente,
que sólo esto me mueve á decirte mi
parecer cerca de lo que debrías hacer
de ti y de tu vida; que según siento
traes tan mal empleada en la soledad de
estos desiertos y montes, y en la braveza
destas montañas, á donde aun las bestias
fieras parece que de mala voluntad
habitarían. Y para que mejor, hermano
mío Amintas, puedas entenderme, yo he
considerado que, siendo tú un mancebo al
parecer de veintiuno á veintidós años,
con muy buena disposición en el cuerpo
y tan hermoso de rostro que andando
tratado de otra manera pocos ó ninguno
habría que te hiciesen ventaja, assí en
gentileza como en hermosura, teniendo
otras gracias que, según lo que de ti
hemos visto y conocido no deben faltarte,
y sobre todo un buen natural y juicio
claro, dotado de gran discreción, con
sutil y delicado entendimiento, que
lo empleas tan mal todo ello, que con
razón podrías ser reprendido de los que
te conocen y sienten que podrías tener
mayores y mejores pensamientos que no
los que muestras andando tras el ganado,
en hábito tan humilde que nunca serás ni
podrás ser más de lo que agora paresces,
que es ser pastor como los otros
pastores. Y contentándote con la pobreza
y desventura que todos tienen, sin
pretender de pasar más adelante ni venir
á ser más estimado y temido, habiendo
en ti tanta habilidad y suficiencia,
á lo que hemos visto y conocido, que
más pareces hombre disfrazado que no
criado en el hábito que traes. Así que,
amigo Amintas, lo que todas las gentes
pretenden, que es el valor de la persona
y las riquezas, por donde vienen á ser
más estimados y tenidos, tú también
lo habías de pretender y procurar, no
teniendo tan gran descuido para lo que
te cumple, que si tú quieres ponerte en
mudar el hábito y manera de vivir en que
agora andas, yo fiador que ni te falten
aparejos para venir poco á poco á poner
tu persona en otra manera de vida con que
puedas vivir más honrado y contento que
agora lo estás, aunque á ti te parezca al
contrario de lo que digo.
FLORIÁN.--Todas las mudanzas son
trabajosas, y aunque sean de mal en
bien ó de bien en mejor se hacen con
dificultad, porque la costumbre se
convierte en otra naturaleza, y assí debe
de ser en Amintas, que aunque conozca que
vuestro consejo, señor Leandro, es bueno
y provechoso, con estar tan acostumbrado,
y por ventura toda su vida, en el oficio
que agora tiene, dificultosamente querrá
dexarlo, que si él quisiesse todos le
ayudaríamos para disponer de sí, mudando
el hábito y procurando remediarse por
otra vía más aventajada y honrosamente.
AMINTAS.--Conocido he, señores, la
intención con que me habéis dicho lo que
de mi vida os parece, y que el consejo
que me dais es como de personas que
deseáis mi bien y lo procuraríades
cuando en vuestra mano estuviese, y pues
no os lo puedo servir con las otras según
mi pobreza, agradecéroslo he siempre con
mi voluntad. Pero muy engañados estáis
en lo que de mí habéis juzgado, porque
yo voy por otro camino muy diferente
del que á vosotros os parece que siga,
y no debéis maravillaros mirando lo
que comúnmente se dice: que cuantas
cabezas hay, tantos son los pareceres
y juicios diferentes. Vosotros fundáis
vuestra opinión en aquello que tenéis
por mejor y más bien acertado, porque
así está concebido y determinado en
vuestro entendimiento, y á mí pónenseme
delante otras razones tan fuertes en lo
contrario, que no me dexan determinar
en dexar la vida que tengo, ni en que
tenga por mejor otra ninguna de las
que las gentes tienen; y si no fuesse
por no cansaros y haceros perder el
sueño, que os será más provechoso, yo
las diría, para que viésedes que no me
faltan razones, si por ventura con ellas
me engaño, para querer ser pastor, como
lo soy, y no tener en nada todo lo que
el mundo para valer más me pueda poner
delante.
LEANDRO.--No podrás, Amintas, darnos
mejor noche que será con oirlas, que
el sueño no nos hace falta, y pues que
descansamos recostados en esta verde
frescura, por amor de mí te ruego que
prosigas hasta el cabo de tu plática,
que de muy buena gana escucharemos,
para poder entender qué causas pueden
á ti moverte, fuera de la simpleza que
los otros pastores tienen, para tener
y estimar en mucho la vida que todos
tenemos en poco, huyendo della con todo
nuestro poder y fuerzas, y que tú por tu
voluntad quieras seguirla, mostrando tan
gran contentamiento con ella.
AMINTAS.--Pues que assí lo tenéis por
bien, escuchadme, que yo las diré y con
la mayor brevedad que pudiere, para que
si os parecieren torpes y mal fundadas,
como salidas de un entendimiento torpe
y grosero, no recibáis cansancio en
escucharlas, que los pastores á veces
pueden leer cosas que los ciudadanos,
impedidos de sus tratos y conversaciones,
por ventura no leen, por donde recogeré
en mi memoria algunas cosas de las que en
este yermo á mis solas he leído acerca
deste propósito de que hablamos.
FLORIÁN.--Antes te ruego que las digas
sin dexar ninguna cosa de lo que te
pareciere que hace al propósito, para que
mejor las entendamos.
AMINTAS.--Todas las cosas como las hace y
produce la naturaleza desnudas y con sólo
el ser que de su sustancia tienen son de
mayor perfición que cuando los accidentes
son adquiridos y postizos, porque parece
que la causa de tener necesidad dellos
arguye aquella cosa ser imperfecta y
querría ser ayudada con ponerlos en sí,
para la imperfección que en sí sienten.
Y porque mejor me podáis entender,
decidme, señores, ¿qué ventaja hace
una cosa viva, aunque sea fea y tenga
muchos defetos para parecer bien, á la
mesma cosa pintada, aunque el pintor se
esmere en hacerla y procure contrahacer
naturalmente á la viva? Y así mesmo ¿qué
ventaja tan grande la de la hermosura
igual al parecer en dos mujeres, si
la una la tiene suya sin poner cosa
ninguna y la otra la tiene postiza y
con afeites y otras cosas que la ayuden
á estar hermosa? Pues si tomáis las
hierbas y flores que nacen en los campos
de diversos colores y matices, ¿cuánta
mayor perfición muestran en sí que las
que están pintadas y contrahechas? Y
dexando aparte la suavidad de los olores,
y la virtud con que están criadas, en el
parecer les hacen ventaja muy conocida.
Pareceros ha, señores, que estas
comparaciones van sin propósito hasta que
entendáis el fin para que las he dicho,
el cual es mostraros que cuanto las cosas
están más cerca y allegadas á lo que
manda y muestra querer la naturaleza,
tanto se podrían decir que tienen mayor
bondad y que son más perfetas, y con la
perfición más dignas de ser queridas y
seguidas de las gentes. Todo esto he
dicho para mostraros que, siendo la vida
pastoril, por muchas causas y razones
que para ello hay, más allegada á la que
la naturaleza quiso como por principal
intento y voluntad que los hombres
seguiéssemos, que os parezca también que
los que la siguen y se contentan con ella
no solamente no hacen yerro ninguno, pero
que no por esso es razón que sean tenidos
en menos que los otros hombres que siguen
y andan embebidos en las riquezas y en
los deleites y en las pompas y honores,
que todas son vanidades del mundo.
LEANDRO.--No me parece mal fundamento el
que has tomado; pero yo no veo razón que
baste á probar cómo quiso la naturaleza
más que los hombres anduviesen guardando
ganado que no que entendiesen en los
otros tratos y negociaciones que se
acostumbran en el mundo.
AMINTAS.--No digo yo que la naturaleza
lo quiso de manera que no dexase lugar
para que pudiésemos entender en otras
cosas; pero que parece que esto nos puso
delante como cosa más principal, y assí
lo podréis entender por lo que agora
diré. Cuando nuestro señor Dios tuvo por
bien de criar el mundo y en él á nuestros
primeros padres á su imagen y semejanza,
fué con aquella llaneza y simplicidad que
se requería para estar en su servicio,
hasta que comieron del fruto vedado, por
el cual fueron echados del Paraíso; y
como por el pecado cometido les fuese
dado mandamiento, por maldición, que
comiesen del sudor de sus manos, hallaron
para sustentarse las hierbas y las
raíces en los campos, las frutas en los
árboles, las aguas en las fuentes y ríos
y las semientes puestas, así verdes como
maduras, en las mesmas hierbas; todo
esto, después que una vez lo hallaban,
no huía ni se apartaba dellos; pero los
ganados, de cuya leche y lo que de ella
se hace, también habían de comer, aunque
no comían la carne para mantenerse, en
descuidándose se iban por unas partes
y por otras, de manera que les era
trabajoso el andarlos buscando, y assí
les fué forzado, juntando algunos rebaños
dellos, hacerse ellos mesmos guardas y
pastores, obedeciendo á la naturaleza que
parecía mandarles, y aun forzarles, á
que lo hiciesen para que mejor pudiesen
sustentarse. Y assí en teniendo hijos los
pusieron en el mesmo cuidado; pues que el
oficio de Abel fué guardar los ganados,
y el de Caín ser labrador de las hierbas
y simientes que entonces producía la
tierra; y conforme á esto se puede creer
que en aquella edad primera y dorada los
mejores bienes y mayores riquezas que
los hombres tenían eran los ganados, de
que se sustentaban á sí y á sus hijos
y familias, gozando de los despojos de
la lana, leche y queso y manteca, y aun
haciendo vestidos de los pelejos dellos,
porque entonces no procuraba la malicia
humana las nuevas invenciones de los
vestidos y atavíos que agora se usan,
ni conocían el oro ni la plata, sino
por unos metales muy buenos de que se
aprovechaban en las cosas necesarias y
no para hacer moneda, que fué la mayor
perdición que pudo venir al mundo, no
por el dinero, que, por ser como un
fiador de las cosas vendibles, excusa de
muchos males que habría sin él, mas por
la cobdicia que vino al mundo junto con
el dinero. Y el valor que tuvo el dinero
cuando se hizo fué porque en él estaba
esculpida la figura de oveja ó cabra ó de
otra res de ganado, ó porque la primera
moneda que hubo fué hecha y esculpida
la señal en el cuero de los ganados, y
por la una causa ó por la otra en latín
se llamó _pecunia_, que quiere decir
cosa de ganado, de manera que los que
más y menos valían, todos debían de ser
guardas y pastores de sus ganados. Y aun
después de aquel universal diluvio, como
parece por aquel gran patriarca Abraham,
que, siendo un hombre tan poderoso, su
principal patrimonio eran los rebaños
de los ganados, los cuales él vía y
visitaba de contino, y aun por aventura
también guardaba, como parece cuando
estaba á la puerta de su casa que se le
parecieron tres ángeles en figura de
hombres mancebos que le denunciaron que
Sara, su mujer, en su senectud pariría,
y queriendo tenerlos por convidados, él
mesmo fue al ganado y trajo una ternera,
con que les hizo el convite. Y así mesmo
cuando hizo el concierto y confederación
con Abimelec y Michol, para confirmar
la amistad le dió parte de los ganados
que tenía. También su hijo Isaac, cuando
los de Palestina, pareciéndoles que se
hacía más rico y poderoso que ellos, le
mandaron salir de la tierra, las mayores
riquezas que llevó fueron sus ganados,
y haciendo pozos en muchas partes para
que las reses no pereciesen con la
sed, tuvo contienda sobre el agua con
los pastores de Gerare. Y cuando aquel
gran patriarca Jacob fué á la tierra de
Oriente y allegó á la casa de Labán, su
tío, primero halló á su hija Rachel que,
siendo pastora, apacentaba los ganados
de su padre, por la cual y por el engaño
que le fué hecho con su hermana Lia,
servió catorce años, y cuando se despedía
de Labán, su suegro, para volverse á su
tierra, siendo por él molestado que no
se fuesse, hizo concierto con Jacob que
porque tornase á ser pastor y guarda de
sus ganados le daría todas las ovejas
y cabras que de allí adelante naciesen
manchadas y de diversos colores. Lo
mesmo sabemos todos de los hijos de
Jacob, que también fueron pastores como
su padre, y el menor dellos, que fué
José, les llevaba de comer al campo
donde andaban con el ganado que Jacob
tenía. Del pacientísimo Job es bien
notorio que, siendo el más rico hombre
de toda la provincia donde habitaba, sus
principales riquezas eran los ganados
de todas suertes, así como ovejas y
cabras, bueyes, asnos y camellos, con los
cuales andaban sus criados y sus mesmos
hijos, no se desdeñando de ser guardas
y pastores dellos. Moisés, caudillo del
pueblo de Israel, y por cuyo consejo fué
librado del poder de Faraón, pastor era y
apacentando andaba el ganado de su suegro
Jetro cuando Dios se le apareció en la
zarza que ardía y no se quemaba. Saúl,
cuando fué ungido rey, andaba buscando
unos asnos de su padre que se le habían
perdido, lo cual era señal que él era el
que tenía cuidado de guardarlos. Del real
profeta y grande amigo de Dios, el rey
David, notorio y muy claro es á todos que
siempre andaba en el campo apacentando
el ganado de su padre, y que de allí lo
escogió Dios para que gobernase y regiese
el pueblo de Israel. Y sin estos que
he dicho, hubo otros muchos patriarcas
y profetas y varones muy señalados, no
solamente entre los judíos, pero también
entre otras naciones y maneras de gentes
que á mí se me olvidan y de quien no
hacen mención las escrituras y corónicas
que fueron pastores, no lo teniendo en
menos que cualquiera otro de los oficios
y manera de vivir que las otras gentes
seguían, porque, como he dicho, entonces
no había las vanidades, las pompas, las
presunciones, los pensamientos altivos y
soberbios que hay agora, ni los bollicios
y sutilezas de los ingenios, todos
endrezados á subir y valer más como
quiera que sea, lícita ó ilícitamente,
desdeñándose las gentes de todo aquello
que solían hacer y seguir los antiguos y
personas señaladas en vida y en dotrina,
de quien están obligados tomar enxemplo
siguiendo sus pisadas, haciendo lo que
ellos hacían.
LEANDRO.--No tienes razón, Amintas, en
parecerte que essas razones sean tan
bastantes que obliguen á todas las gentes
para que, desando todos los otros oficios
y maneras de vivir, se vuelvan á ser
labradores ó pastores, como tú querrías
que lo fuessen.
AMINTAS.--Menos razón tenéis vos, señor,
en pareceros que no hace bien ningún
hombre que tenga buen entendimiento,
con otras gracias, en seguir la vida
pastoril, pues con tantas razones á mí
me estábades persuadiendo para que,
pareciéndome tenerla mal empleada, la
desamparase.
FLORIÁN.--Por cierto, Amintas, tú has
dicho y alegado, defendiendo tu opinión,
buenas razones y enxemplos; si hubiese
agora algunos de los pastores de los que
había en aquellos tiempos que supiesen y
entendiesen tan bien lo que les convenía
para con Dios, para con las gentes; pero
pocos se hallarán de tu manara, que ya no
hay en ellos aquella simplicidad santa,
ni la sabiduría llena de bondad, ni las
obras, para que merezcan tener aquella
familiaridad con Dios, por la cual eran
dél visitados y ayudados de su gracia,
con que venían á ser estimados y tenidos
en mucho, como tú lo has dicho.
AMINTAS.--¿Sabéis qué puedo responderos
á esso? Lo que un pastor á un obispo,
que reprendiéndole de cierta cosa en
que había pecado, le decía que los
pastores de los tiempos pasados todos
eran santos y buenos y amigos de Dios,
y que por esso Dios los quería bien y
hacía tantos milagros por ellos, y así
como á santos y amigos suyos se les
aparecieron los ángeles á denunciarles
el nacimiento de Christo y fueron los
primeros que le adoraron y ofrecieron
dones; y que los pastores deste tiempo
eran muy mal inclinados y simples, y que
toda su simpleza era inclinada á mal
fin y á hacer con ella malas obras. Y
el pastor le respondió: También, señor,
en este tiempo, cuando moría algún
obispo ó perlado se tañían las campanas
de suyo, y ahora, cuando las quieren
tañer, no bastan cien brazos y manos
á moverlas. Mayor obligación tenéis
los obispos y los curas de ánimas, los
cardenales y patriarcas y aun el papa, de
no hacer cosa mala ni de que poder ser
reprendidos, pues sois más verdaderos
pastores que nosotros y habéis de dar
cuenta á Dios de mayores y mejores
rebaños de ganados, so pena de pagar con
vuestra ánima lo que por vuestra culpa
se perdiere; que nosotros, si algún
mal ó daño hacemos, á muy pocos daña,
y principalmente es para nosotros, que
pagamos de nuestras haciendas ó soldadas
las reses que se nos perdieren; pero los
perlados inficionan sus ovejas con el
mal enxemplo de su vida y excesos; y en
fin, todos somos pastores y todos hacemos
mal lo que somos obligados, y así tiene
agora Dios tan poca cuenta y familiaridad
con los obispos y con los otros perlados
y curas de ánimas como con los pastores
que andan con el ganado en el campo. Y
la verdadera reprensión que me habéis de
dar es con el buen enxemplo y dotrina de
vuestra vida, para que yo me avergüence y
confunda cuando no hiciere lo mismo que
vos hiciéredes.
LEANDRO.--Avisado pastor era esse, y bien
conozco yo que no solamente los obispos
y los otros perlados y pontífices son
pastores y tienen la obligación que has
dicho, pero que desa manera también se
pueden llamar pastores los emperadores,
reyes y príncipes, y los otros grandes
señores y todos aquellos que tienen
vasallos y súbditos con cargo de
gobernarlos.
AMINTAS.--Pues si todos estos son
pastores como yo soy pastor, harto mejor
vida es la mía que no la suya; porque
los unos han de tener cuidado de las
ánimas y los otros de los cuerpos de
muchas gentes, gobernándolos con muy
gran rectitud y justicia, y cuando dexan
de hacerlo por voluntad ó negligencia
ó descuido, es grandíssima la pena que
tienen, que no pagan con menos que con la
condenación de sus ánimas; y yo, aunque
se me pierda un carnero, ó me lleve el
lobo una oveja, ó me coma un cabrito, con
pagarlo á mi amo le satisfago y quedo sin
pena ninguna; así que no tengo por buen
consejo dexar de ser pastor de rebaños de
bueyes y vacas, y ovejas y cabras, en que
tan poco se aventura, y procurar de serlo
(como vosotros me aconsejáis) de hombres
y mujeres, poniendo en mayor condición
la salvación de mi ánima de la que agora
tengo.
LEANDRO.--Muy bien me parece, Amintas,
lo que dices si bastasse para hacerme
entender del todo lo que al principio
dixiste.
AMINTAS.--¿Y qué dixe?
LEANDRO.--Que la vida pastoril era más
conforme á la manera en que la naturaleza
quería que viviesen las gentes que no
ninguna de las otras.
AMINTAS.--Ya me acuerdo, y lo que por
medio se ha tratado me embarazó á seguir
la plática comenzada; pero tornando al
propósito, digo que la naturaleza hizo y
crió todas aquellas cosas que le pareció
que no solamente bastaban para socorrer
á la necesidad de todos los animales,
pero también á la de los hombres; y á
todas las puso en gran perfición, que si
quisiésemos usar y aprovecharnos dellas,
sin otro ningún artificio, por ventura
las hallaríamos muy más provechosas, y
serían causa de alargarnos la salud y
la vida mucho más tiempo; porque cuando
los hombres comían por pan las frutas de
los árboles, las hierbas, las simientes
y raíces y los otros mantenimientos sin
hacer las mezclas que agoran hacen, no
se les acababa la vida tan presto, y
así veréis que los ciudadanos y ricos
que no viven con otro cuidado si no de
procurar de poner artificiosamente otro
diferente sabor en los manjares del que
consigo tienen, que no siguen la orden de
naturaleza como la seguimos los pastores,
los cuales nos contentamos con comer las
cosas que he dicho, y el pan de centeno
tenemos por curiosidad para nosotros;
cuando hallamos algunas frutas montesinas
ó algunas hierbas comederas y también
algunas raíces sabrosas, deleitámonos
en comerlas. Si matamos alguna liebre
ó conejo con nuestros cayados, ó si
tomamos con lazos y redes que armamos
algunas aves, no las estimamos en tanto
que se nos dé mucho por comerlas, por la
costumbre que tenemos de contentarnos con
lo que ordinariamente comemos, porque
nunca nos falta esto que digo, con
abundancia de leche y queso y manteca
y cuajada que nos dan las cabras y las
ovejas; y cuando la sed nos acosa,
buscamos las fuentes de las montañas, y
llegándonos á ellas, miramos cómo salen
aquellos chorros de agua á borbollones
por medio de las venas de la tierra, y á
donde vemos que la arena está más limpia
y dorada, con unas pedrecillas pequeñas
que con la claridad transparente de la
agua están reluciendo, allí nos echamos
de bruces y nos hartamos. Y si esto
no queremos hacer, con nuestras manos
encorvadas tomamos el agua y la traemos
á la boca, no tomando menos gusto en
beber por este vaso natural y de que nos
poseyó naturaleza, que si bebiésemos
por los más ricos de oro y plata que
tuvieron los reyes Creso y Mida, como se
cuenta en las historias. Cierto, poco
cuidado tenemos de los buenos vinos y
sidras y cervezas y alojas, ni de los
otros brebajes que se hacen, porque el no
verlos ni tratarlos nos quita la codicia
dellos y de los manjares sabrosos y
delicados; y el gusto, como está hecho
á comer y beber lo que digo, parécele
que no hay cosa que mejor sabor tenga.
Y, verdaderamente, muchos de nosotros,
comiendo algunas veces de las cosas que
no acostumbramos, por buenas que sean,
nos revuelven los estómagos y nos hacen
mucho daño; assí que no sentimos falta
dellas, ni las procuramos, antes nos
reimos y burlamos de ver á las otras
gentes con un error y cuidado tan grande,
y con una solicitud tan extraña en tener
muchas cosas bien aderezadas y muchos
manjares bien adobados para hartarse
dellos, los cuales, pasando por tantas
manos tan envueltos y revueltos, no
pueden ir con aquella limpieza que lo
que nosotros comemos, aunque á todos os
parezca al contrario desto. Y dejando
lo que toca al comer y beber, muy gran
ventaja es la que haga la vida pastoril
á la de todas las otras gentes, en la
quietud y reposo, viviendo con mayor
sosiego, más apartados de cuidados y de
todas las zozobras que el mundo suele
dar á los que le siguen; las cuales son
tan grandes y tan pesadas cargas, que
si las gentes quisiesen vivir por la
orden natural, habían de procurar por
todas las vías que pudiesen de huirlas
y apartarse dellas; pero no viven sino
contra todo lo que quiere la naturaleza,
buscando riquezas, procurando señoríos,
adquiriendo haciendas, usurpando rentas,
y todo esto para vivir desasosegados y
con trabajos, con revueltas y con grandes
persecuciones y fatigas. Los que somos
pastores, el mayor cuidado que tenemos es
de dormir muy descansadamente; muy pocas
cosas nos hacen perder el sueño si no
estamos en alguna parte donde tengamos
temor á los lobos. A donde quiera que
vamos hallamos muy buena cama, que es
la tierra, en la cual nos acostamos sin
hallar menos los colchones y cabezales
blandos, ni las sábanas delgadas y mantas
de lana fina. Ponemos una piedra ó terrón
por cabecera, y muchas veces se nos passa
así una noche entera sin que despertemos;
y de mí os digo, que cuando me pongo á
pensar que la tierra es la verdadera cama
en que nuestros cuerpos han de reposar
después que la ánima los desampare, tan
largo tiempo como será hasta que seamos
llamados para el universal juicio, que me
maravillo cómo por tan pocos días y tan
breve vida ninguno quiere hacer mudanza
ni tener otra cama. Y si dixéredes que se
hace por el daño que recebiría la salud
con la humedad de la tierra, la costumbre
es la que quita estos inconvenientes, que
los pastores por la mayor parte viven
muy sanos y con pocas enfermedades, y si
las tenemos, no tan recias y trabajosas
como los que viven con regalos y
delicadezas. Y también os sé decir que
los vestidos que traemos, aunque no son
tan costosos, no son de menos provecho
que los de los ciudadanos, porque después
de andar muy bien arropados, traemos
encima las zamarras y pellicos en el
invierno, con el pelo adentro, que nos
pone mucho calor, y en verano afuera,
porque la lana nos defiende del sol y
el pellejo es para nosotros templado;
sentimos muy poco los grandes fríos y
los grandes calores, porque ya el cuerpo
está curtido y acostumbrado á sufrirlos y
passarlos sin trabajo, de manera que no
nos espantan las nieves ni las heladas,
porque cuando algo nos fatiga, eslabón y
pedernal traemos en los zurrones, y la
leña siempre está cerca, y cuando hace
muy grandes calores y siestas, nunca
falta una cueva ó choza ó la sombra
de algún árbol que nos defiende de la
fuerza del sol; y en el campo pocas veces
falta algún viento fresco con que mejor
puede pasarse; y assí, muy contentos y
regocijados, cuando algunos pastores nos
juntamos en uno, tañiendo nuestras gaitas
y chirumbelas y rabeles nos holgamos
y passamos el tiempo muy regocijados,
dando saltos y haciendo bailes y danzas
y otros muchos juegos de placer; y
cuando yo quedo solo de día, ando con
gran atención mirando por mi ganado y
procurándole buenos pastos para la noche,
en la cual sin ningún sobresalto me echo
y duermo, como dicen, á sueño suelto; y
si despierto antes del día, limpiando
los ojos los levanto al cielo, y mirando
aquellas labores con que los planetas y
estrellas lo pintan, estoy contemplando
muchas cosas, principalmente en Dios que
los hizo y después en la gloria que en
ellos se espera. Y con esto acuérdaseme
de los filósofos y astrólogos que quieren
medir los cielos y la grandeza del sol
y el tamaño de la luna, la propiedad de
cada una de las estrellas, y riome dellos
y del contentamiento que tienen con su
ciencia, pareciéndoles tan cierta que
no pueden errar en ninguna cosa; porque
á mi me parece que aunque acierten en
muchas dellas, es tanto lo que queda por
saber, que casi es nada lo que saben,
y que mucho de lo que ellos tienen por
cierto y averiguado, lo debrían tener
por dudoso y aun por falso, y que sólo
aquello se puede tener por muy verdadero
que por la verdad y certidumbre de
nuestra santísima fe estamos obligados
á creer sin duda alguna. Y de aquí
métome en otras contemplaciones que me
levantan los pensamientos á mayores
cosas que las del mundo, y que aquellas
que vosotros, señores, me aconsejáis
y querríades que las emplease. Cuando
viene la mañana, alégrome con la luz;
estoy mirando el lucero que viene como
guia del resplandeciente sol, miro cómo
se está descubriendo poco á poco, cómo
tiende sus claros rayos sobre la haz de
la tierra. Levántome luego en pie sin
tener trabajo de vestírme, como no lo
tuve de desnudarme, y bendigo y alabo á
Dios con ver que muchas veces el campo,
que á la noche estaba seco y limpio, á la
mañana comienza á reverdecer saliendo los
gromecitos pequeños de la hierba, la cual
(estándola yo mirando) va creciendo, y de
ahí á pocos días veo salir las flores y
las rosas de diversos colores y matices,
con una hermosura y olor tan suave, que
parece cosa celestial. Oyo los cantos de
las aves á las mañanas y á las tardes,
que también con su dulce harmonía parecen
música del cielo, y, en fin, veo pocas
cosas que me den enojo y pocas que me
desasosieguen; como no veo lo que pasa
en el mundo, tampoco lo codicio, ni me
parece que me falta nada, y hartas veces
con el sobrado placer ando alrededor del
ganado tañendo con mi chirumbela, dando
saltos, que quien me viese pensaría que
estoy fuera de juicio, aunque yo cuando
esto hago pienso que tengo más seso y
estoy más cuerdo que nunca.
LEANDRO.--Según esso, hermano Amintas,
más amigo eres de la vida contemplativa
que no de la activa, y no te puedo negar
que no tienes razón en ello, pues por la
boca de Christo se declaró y averiguó
tener mayor perfición; mas para hacer
lo que tú dices, si yo no me engaño, lo
mejor sería ser flayre.
AMINTAS.--En esso cada uno hace lo que
Dios le da de gracia, que yo por agora
no quiero perder la libertad, sino
hacer con ella lo que pudiere, para que
Dios sea servido, que yo confiesso que,
no teniendo respecto sino al servicio
de Dios, es más perfecta vida la de
los flayres; pero si queremos gozar
juntamente de la libertad del mundo,
buena es la de los pastores, y no es
por fuerza que se han de salvar todos
los flayres ni condenarse los que no lo
fuesen.
LEANDRO.--No tienen tan buen aparejo
para salvarse los pastores como ellos,
porque cada día dicen ó ven misa, rezan
sus horas y hacen otras devociones y
sacrificios que vosotros no podéis hacer.
AMINTAS.--Yo no comparo la vida de
flayres y pastores para hacerlas iguales,
que bien conozco la ventaja por las
causas que he dicho, pero tengo la vida
de los pastores por mejor que la de los
otros hombres que siguen los oficios y
tratos del mundo. Y lo que yo pretendo
que entendais de mis razones no es sino
la poca razón que tenéis en persuadirme
que dexe esta manera de vivir y que siga
cualquiera de las otras que á vosotros os
parece mejores, no lo siendo.
FLORIÁN.--¿Parécete á ti que es bien oir
missa tan de tarde en tarde, confessaros
mal y por mal cabo, oir tan pocos
sermones, saber tan mal las cosas que
tocan á la fe y tener tan poca noticia
de las cosas y precetos ordenados por la
Iglesia?
AMINTAS.--Harto peor es saberlo y no
usar dello como conviene, que aunque
dicen que la iñorancia no excusa el
pecado, como no se puede negar, á lo
menos quita la gravedad del pecado,
porque más gravemente peca el que comete
un pecado sabiendo que lo es, que no el
que iñorantemente peca sin saber lo que
hace, y el pastor que no cumpliere con
el preceto divino y de la Iglesia en
lo de la confessión, no le meto yo en
la cuenta de los pastores de quien he
hablado, ni tampoco el que dexase de oir
missa podiendo hacerlo, aunque los santos
padres del desierto y los ermitaños con
la contemplación suplían las faltas que
hacían en esto, porque Sanct Antón y
San Pablo y otro muy gran número dellos
estuvieron muchos años y tiempos donde ni
vían missa, ni oían sermón, ni estaban
al rezar de las horas; pero no por
esso dexaron de salvarse y venir á ser
santos y canonizados; assí que no por la
falta que en lo que he dicho hecieren
los pastores dexarán de tener por otras
muchas vías aparejo para su salvación.
LEANDRO.--Bien me parece lo que dices,
pero no me podrás negar que no vivís
todos los pastores apocados y abatidos
y sin tener parte en el mundo, y no
porque la tuviéredes dexaríades de ser
tan buenos y aun por ventura mejores de
lo que sois; contentándoos con la vida
solitaria, viviendo más como bestias
salvajes que no como hombres que usan
de la razón, con que sobrepujaron por
excelencia á todos los otros animales.
AMINTAS.--No paséis, señor, más adelante,
que estáis muy engañado en todo lo que
habéis dicho; porque dexando aparte que
á mí me paresce que lo que nosotros
hacemos es usar de la razón, y que lo
que las gentes hacen en los tráfagos y
baratar, en la presunción de la honra,
en procurar preminencias y estados, es
todo muy gran desatino y locura, quiero
responderos á lo que habéis dicho que el
mundo nos tiene como á cosa superflua y
olvidada, y esto sería si no se hubiese
el mundo acordado de muchos pastores y
aun casi reconosciendo algunas veces
tener necessidad dellos; porque como en
el principio de nuestra plática os dixe,
Moisés, caudillo y capitán fue del pueblo
de Israel, y para serlo salió detrás del
ganado que guardaba; lo mesmo sucedió
al rey David. Pero ya que queráis decir
que á estos Dios los eligió por su mano,
yo os diré otros muchos que de pobres
pastores subieron á tener muy grandes
y poderosos estados y reinos algunos,
porque por su virtud fueron llamados
para ellos, y otros que de sí mesmos los
procuraron, dándose tan buena maña que
hobieron y alcanzaron.
FLORIÁN.--Por tu vida que nos los digas,
porque yo no sé ninguno y holgaré mucho
de saberlo.
AMINTAS.--Á mí me place, que también
lo he leído en historias. Los primeros
que yo sé son Rómulo y Remo, que siendo
criados por aquel pastor Faustulo que los
halló echados á la ribera de una laguna,
y por su mujer llamada Loba, después que
iban creciendo les ayudaban á guardar
sus ganados, y de allí vinieron á ser
fundadores de la ciudad de Roma. Paris,
hijo del rey Priamo, pastor fué mucho
tiempo, y así lo era cuando la contienda
de las tres diosas sobre la manzana de la
discordia, y después por el robo de Elena
fué causa de la destrucción de Troya.
Apolo, por haber sido en la muerte de
los cícoples, vino á ser pastor y guardó
los ganados de Admeto, rey de Tesalia,
y después vino á ser contado entre los
dioses celestiales. Giges, rey de Persia,
pastor fué primero, y hallando una piedra
con la cual se hacía invisible todas las
veces que quería, vino á tener amores
con la reina, y matando al rey se casó
con ella, y se dió tan buena maña que se
quedó con el reino. Primislao, rey de
Bohemia, primero anduvo apacentando vacas
y yeguas que tuviese la gobernación del
reino. Justino, emperador que tuvo el
imperio antes de Justiniano, no solamente
en su juventud fué pastor de vacas y
yeguas, pero también dicen dél que fué
mucho tiempo guarda de los puercos de
un lugar donde vivía. Viriato, que fué
príncipe y gobernó mucho tiempo el reino
de los portugueses, deffendiéndolo muy
esforzadamente del poder de los romanos,
primero fué pastor y después cazador,
y de allí vino á hacerse tan poderoso.
Tulio Ostilio, rey de los romanos, cuando
era mozo anduvo mucho tiempo en el
campo apacentando las ovejas. Aquel tan
poderoso y nombrado rey Ciro, estando en
poder de Mitrídates y de su mujer llamada
Espaco (pastores que lo criaron cuando
por mandado de Astiages fué puesto á las
bestias fieras que lo comiesen), muchas
veces les ayudó á guardar los ganados.
Licasto y Parrasio fueron gobernadores
y reyes de Arcadia, los cuales habiendo
sido echados en el campo cuando nacieron
por su madre Filonomia y criados por
un pastor llamado Teliso, le ayudaron,
primero que la fortuna les ensalzase,
á guardar los rebaños de los ganados
con que andaban por los montes. El papa
Sixto, primero deste nombre, hijo fué de
un pastor y criado en el oficio de su
padre, y no por esso dexó de alcanzar
el pontificado. El gran Taborlán, rey
de los citas, que casi fué en nuestros
tiempos, el primer oficio que tuvo fué
guardar los puercos, y después ser
pastor de ganados, y de allí vino á
ser entre los más poderosos reyes del
mundo, y en ser famoso capitán muchos lo
quisieron comparar al gran Alejandro,
rey de Macedonia. También se dice que
el primero Sofi, antes que viniese á
ganar el señorío que agora tienen sus
descendientes, guardaba ovejas y cabras
en una montaña donde fue criado. Y porque
viene al propósito, quiero contaros lo
que sucedió á dos hermanas pastoras,
hijas de un hombre que hacía carbón, lo
cual me dixeron á mí por cosa muy cierta
y verdadera, y assí lo tengo también por
verdad.
FLORIÁN.--No será malo tener en qué pasar
la noche, porque como estamos desvelados
con la plática comenzada, yo fiador que
aunque la dexásemos no nos venciese el
sueño tan presto.
AMINTAS.--Pues escuchadme, que yo creo
que es historia que holgaréis de oirla.
Un rey de Francia, de cuyo nombre no
tengo memoria, era en gran manera amigo
de andar á caza y de montear venados
y jubalís y otras bestias fieras; y
como la tuviese por ejercicio y un día
estando puesto en una parada se le fuese
su venado della sin poderlo herir, fué
tanta la codicia que le tomó de matarle,
que encima de un muy hermoso caballo y
muy ligero que tenía comenzó á seguirle
sin tener atención á otra cosa. La
tierra era muy montañosa y la espesura
de los montes muy grande, y cuando el
rey con los lebreles que le seguían vino
á matar el venado, había corrido tan
larga tierra, que estaba muy lejos de
donde había dexado sus cazadores; y en
fin, cebando los perros en la presa, y
haciendo todas las otras muestras de gran
cazador, sobrevino la noche muy cerrada
y escura, y como hubiese venido dando
vueltas á una parte y á otra, y también
la escuridad le desatinase, cuando pensó
que volvía donde sus cazadores tenían
puestas sus armadas, se metió mucho más
adentro en la montaña, y esto fué causa
de que no pudiesse oir las bocinas que
sus criados buscándole por unas partes
y por otras tañían, y que ellos tampoco
pudiesen oir la suya. Viéndose el rey
perdido y soplando un viento cierzo que
le hacía haber muy grande frío, aquella
noche deseaba hallar alguna parte donde
albergarse pudiese, y acaso oyendo los
ladridos de unos mastines y yéndose al
tino dellos, halló dos mozas pastoras
que guardaban la una un rebaño de cabras
y la otra de bueyes y vacas, y como les
preguntase si por allí cerca había algún
poblado, ellas le respondieron que por
todas partes estaba tan lejos que no
podría allegar ni atinar allá en toda la
noche. El rey mostró congojarse con esta
nueva, y sentiéndolo las pastoras, le
dixeron que si él quería irse con ellas,
que por aquella noche se podría acoger en
casa de su padre, el cual era un hombre
carbonero, que por causa de su oficio y
para mejor poderlo hacer se había venido
á vivir en aquella montaña. El rey les
respondió que no solamente quería, pero
que se lo rogaba; y assí llevando de sí
los hatos del ganado, se fueron todos
tres á la casa, que muy cerca estaba, y
entrando dentro, el carbonero y su mujer
(que muy buena gente eran) acogieron al
rey con muy buena voluntad; el que le
dió á entender con buena disimulación
que era uno de los cazadores que con
el rey había salido á caza, y que por
venir en seguimiento de un venado se
había perdido de los otros cazadores; y
apeándose del caballo y queriéndolo meter
en una caballeriza donde estaban los
asnos del carbonero, antes tomándoselo
con muy gentil gracia y desenvoltura lo
ataron y echaron mucho feno y cebada de
que su padre estaba bien proveído, y
entre tanto la mujer hizo un fuego muy
grande para que el rey se calentase,
y sentándose á él con el carbonero, se
estuvieron hablando en algunas cosas, en
tanto que las hijas aderezaron la cena lo
mejor que pudieron, porque en casa tenían
buen aparejo de aves, de caza y de otras
cosas de que siempre estaban proveídos;
y puesta la mesa con mucha limpieza,
conforme al aposento donde se hallaban,
la una pastora cortaba lo que se ponía en
ella y la otra proveía en todo lo que más
era necesario. El rey las estaba mirando
y diciendo entre sí que, puestas en otro
hábito, parecerían á maravilla hermosas,
y por poder disimular mejor quién era, al
asentarse porfió mucho con el carbonero
que tuviese la cabezera de mesa y el
mejor lugar cabe el fuego; pero el
carbonero fue tan bien comedido, que no
lo quiso hacer. Después, estando cenando,
cuando las hijas ponían el primero plato,
el rey se hacía de rogar queriendo que el
carbonero fuesse primero servido, y assí
porfiando la segunda vez sobre ello, el
carbonero le dixo: Mirad, señor, cuando
estuviéredes en vuestra casa, mandad y
obedeceros han, y agora que estáis en la
mía, habéis de obedescer lo que os mandan
y hacerlo sin tanta porfía. El rey se rió
desto y dixo: En verdad que vos tenéis
mucha razón y yo lo haré assí de aquí
adelante, y si alguna vez vos fuéredes
mi huésped, acuérdeseos que quedáis
obligado á hacer lo mesmo. Con esto
cenaron con mucho regocijo y contento
de todos, y acabada la cena, luego se
puso en orden una cama bien limpia y
mollida, en que el rey (aunque vestido)
dormió lo que quedaba de la noche y muy
sosegadamente con el cansancio que traía;
y á la mañana levantándose, halló que las
pastoras le habían ya piensado el caballo
y le estaban aparejando una perdiz que
almorzase, la cual el rey comió, por ver
la buena voluntad con que se le daban, y
cuando se quiso partir, hallándose sin
dineros, sacó un anillo del dedo con una
piedra de muy gran valor y dándola al
carbonero le dixo: Huésped amigo, pésame
de no tener dineros con que satisfaceros
la honra que en vuestra casa me habéis
hecho; pero en tanto que yo puedo mejor
agradecéroslo, tomad este anillo, que
mucho mayor valor tiene del que parece.
El carbonero no lo quiso tomar, antes
mostrándose agraviado dello le dixo:
Señor, yo no os he hecho cortesía para
ser con dineros pagado della, antes vos
me habéis hecho merced en querer serviros
de mi pobreza; algún día podrá ser que yo
llegue con necesidad á vuestra casa, y
por ventura me favoreceréis vos mejor de
lo que agora habéis sido de mí socorrido,
que los hombres se topan con los hombres
y no los montes con los montes. Pues que
así queréis, dixo el rey, ha de ser con
una condición, y es que me prometáis, la
primera vez que fuéredes á la ciudad,
de verme y visitarme en mi posada. Eso
haré, dixo el carbonero, de muy buena
voluntad, que de aquí á seis días he de
ir á vender dos carros de carbón que
tengo hechos; mas no sabré yo á dónde
hallaros si agora no me lo decís, para
que sepa á dónde os he de buscar. En
palacio me habéis de hallar, dixo el
rey, que allí tengo mi aposento, y para
que no podáis errarme, tened cuenta de
que vais un poco antes de medio día, que
yo tendré también aviso de mirar por
vos, y si por ventura no me viéredes tan
presto, esperadme en los corredores, que
yo saldré allí sin falta. Assí lo haré,
dixo el carbonero; y con esto se volvió
el rey á los suyos, que toda la noche
habían andado perdidos en su busca. El
carbonero para el día que había quedado
tomó sus dos carros de carbón y se fué á
la ciudad con ellos, y vendiéndolos de
mañana, tuvo cuenta con lo que el cazador
le había mandado, y antes de medio día se
fué á palacio, y no mirando si burlaban
dél ó no, se subió á los corredores, y
el rey, que tenía avisados á los de su
guarda para que le hiciesen saber cuando
viniese, habiéndoles dicho las señas para
que le conociesen, luego que supo que era
venido, salió de su cámara, y acompañado
de muchos señores y caballeros. Y como
el carbonero viera salir tanta gente,
quisiera esconderse; pero el rey mandó
que le detuviesen, y yéndose hacia él, el
carbonero miraba si conocería al cazador
que había estado en su casa, para que
no le consintiese hacer mal, porque ya
estaba atemorizado y se había arrepentido
de haber venido allí, y mirando á unos y
á otros, puestos los ojos en él, conoció
que era el rey el que había tenido por
huésped, y entonces él no quisiera haber
venido por ninguna cosa del mundo. El rey
conociendo su turbación fué para él y le
abrazó. El carbonero se echó á sus pies y
se los besaba diciendo: Señor, perdonadme
que no os conocí cuando estuvisteis en
mi casa. El rey le dixo: Buen hombre,
vos me hecistes en ella tanta cortesía
como si me conociérades, y assí quiero
yo que la recibáis vos en la mía, pues
que lo habéis tan bien merescido. Y con
esto, alzándolo y tomándolo por la mano,
lo llevó consigo, contando á todos lo
que con él le había acaescido, y assí
lo llevó á la capilla donde se decía
la missa y le hizo sentar cabe sí para
oirla, y después de dicha, pediendo
que le diesen de comer, hizo poner al
carbonero en una silla á la cabecera de
su mesa, y mandóle que se assentase en
ella. El carbonero lo rehusaba; pero
vista la determinación del rey, lo hubo
de hacer, y venido el maestresala, el
rey le mandó que le diese agua á manos
primero que á él. El carbonero comenzó
á excusarse y á porfiar por no mostrar
las manos, que debian de venir de la
mesma color del carbón que había vendido.
El rey estonces hizo que se enojaba y
díxole: Mirad, buen hombre, no queráis
vos mandar más en vuestra casa que yo
en la mía, y pues que allá me mandasteis
y yo os obedecí, también quiero que
cumpláis vos agora lo que yo mandare, que
ya yo os dixe que se os acordase para
cuando fuéredes mi huésped, como yo lo
fui vuestro. El carbonero, acordándose de
lo que había pasado, no osó contradecir á
la voluntad del rey, el cual en toda la
comida quiso que fuese servido primero,
y después que se alzó la mesa, delante
de todos le dixo: amigo mío, justo será
que yo os pague, y del galardón del
buen servicio que me hícistes y porque
yo no sé lo que más os agradará y con
qué estaréis más contento, vos me pedid
merced en lo que quisiéredes, que yo
os la haré con muy buena voluntad. El
carbonero estuvo pensando un poco, y
no siendo tan discreto en esto como en
el buen acogimiento que había hecho el
rey, le dixo: Lo que yo, señor, querría,
y en lo que vuestra alteza me hará muy
gran merced, es que de aquí adelante
los carboneros en este reino no paguen
derechos ningunos y sean francos del
carbón que vendieren, que yo tendré mucho
que por mi causa reciban esta buena obra,
y que siempre tengan memoria de mí por
el beneficio que les hago. Todos los que
allí estaban se reyeron de lo que el
carbonero había pedido, teniendo antes
por cierto que pediera alguna cosa de
muy gran valor y para sí solo, porque de
aquello poco era el aprovechamiento que
le venía. Y el rey reyéndose también le
dixo: Vos me habéis demandado la merced
conforme á vuestro estado y á quien sois,
pero no por esso me quitáis la obligación
para dexarla de hacer como quien yo soy.
La merced de essa franquicia yo os la
hago á vos y á todos los carboneros de
aquí adelante, y también quiero daros con
qué viváis honradamente. Vuestras hijas
me hicieron mucho servicio y con gran
voluntad, y porque creo que deben tener
mayores y mejores pensamientos que vos,
quiero que conforme á ellos lleven el
galardón, y assí yo inviaré luego recaudo
para que vengan á mi palacio; haced que
á la hora se pongan en camino. Y con
esto mandó aparejar mucha gente y muchos
aderezos con que las hizo traer muy
honradamente, como si fueran hijas de uno
de los grandes de su corte. La reina, por
respeto del rey que lo quiso, les hizo
tan buen tratamiento que ninguna cosa las
diferenciaba de las damas de su casa,
porque en ellas hallaba aparejo para todo
el bien que se les hacía, y assí andando
el tiempo, con estar tan favorecidas y
con muy gran dote que les dieron, las
casaron con dos caballeros de los más
principales del reino, porque ellas eran
muy hermosas y muy bien entendidas, que
no fue poca parte para su buena dicha,
y en Francia dicen que el día de hoy
hay dos linajes que descienden de estas
dos pastoras y son de los principales
del reino, sin que ninguno de sus
descendientes se deshonren ni afrenten
de haberlas tenido por antecesoras, antes
lo confiesan y se precian dello por el
merecimiento que por su virtud estas dos
hermanas tuvieron. Y no penséis, señores,
que lo que os he dicho no sea verdad, que
yo os digo que lo hallaréis muy cierto
cuando mejor quisiéredes informaros dello.
LEANDRO.--Yo no quiero tenerlo por
evangelio, pero lleva razón para creerse,
porque yo he oído decir por cosa muy
cierta que los carboneros no pagan
derecho ni tributo ninguno del carbón que
venden en el reino de Francia, y essa que
tú dices debe ser la causa dello.
FLORIÁN.--También yo he oído decir lo
mesmo y parte de lo que aquí Amintas ha
contado.
AMINTAS.--Tornando al propósito
comenzado, ya veis por estos ejemplos
cómo de los pastores y pastoras se
acuerda Dios muchas veces para hacerles
merced; porque sin estos que he dicho,
podiera decir otros muchos que, aunque
no vinieron á ser reyes ni emperadores,
subieron á otros estados y dignidades en
que vivieron muy ricos y estimados y con
muy gran aparato y honra; pero paréceme
que bastan para que, señores, sepáis que
Dios principalmente, y la opportunidad y
el tiempo como despenseros de sus bienes,
también se acuerdan de los pastores como
de las otras gentes. Y no digo esto para
que yo á los que assí han tenido mandos
y gobiernos y grandes riquezas les tenga
ninguna envidia, ni malicia, que maldita
aquélla en mí reina; pero tampoco digo
que si se me ofreciese otro mayor bien
que ser pastor y me veniese (como suelen
decir) de mano besada y sin trabajo, lo
rehusaría ni dexaría de tomarlo, mas no
porque dexe de estar y vivir muy contento
con la vida que tengo, llena de tanta
quietud y reposo, fuera de la ocasión de
los vicios, quitada de todas contiendas
y baratas, apartada de muchos cuidados
y desasosiegos. Maldito el temor tengo
de que me ha de faltar qué coma, porque
cuando hubiere esterilidad del pan, las
hierbas y raíces y frutas me bastan,
que pocas ó muchas, nunca el campo dexa
de darlas. Tampoco dexaré de dormir
con pensar que me han de hacer mal los
ladrones, que cuando más daño me hacen
es tomarme lo que trayo en el zurrón y
algún cabrito ó cordero del rebaño, que
todo vale poco dinero. De los lobos me
guarde Dios, que éstos, si me descuido,
hacen muy gran destrozo; pero yo traigo
muy buenos mastines y procuro siempre de
poner tan buen cobro, que pocas veces
hallan en mis rebaños aparejo para matar
la hambre.
LEANDRO.--Paréceme, Amintas, que tú
podrías decir lo que un filósofo, que
todos tus bienes los traes contigo, y
verdaderamente en todo lo que dices te
has mostrado tan filósofo, que yo no
sé qué responderte, sino que si mucho
tiempo conversase contigo, creo que
bastarías para hacerme mudar de propósito
y que, dexando la vida que tengo, me
tornase también pastor como tú lo eres.
FLORIÁN.--A mí muy bien me parece lo que
dice y de muy buena gana lo he escuchado:
pero en fin, determinado estoy de dormir
en buena cama en cuanto podiere, y comer
buenos manjares y beber buenos vinos y
andar muy bien vestido y procurar buenas
conversaciones para pasar el tiempo, sin
cuidar de las filosofías de Amintas ni
de sus contemplaciones, que la vida de
los hombres es muy breve y lo mejor y más
bien acertado, á mi parecer, es pasarla
con las menos zozobras y trabajos que los
hombres podieren.
AMINTAS.--Sabed, señor, que la buena cama
es aquella donde los hombres duermen á
su sabor sin tener quien les estorve el
sueño, y los buenos manjares aquellos que
hartan el estómago y dan contentamiento
al gusto, y los buenos vinos los que
matan la sed sin hacer daño á la salud.
Los buenos vestidos, los que tapan el
cuerpo y son amparo de la calor y del
frío, y la buena conversación la que se
tiene sin perjuicio del prójimo, y muy
mejor la que se tiene en la contemplación
con los ángeles y con los santos,
teniendo siempre los pensamientos puestos
en el cielo. Y esta es la verdadera
filosofía y ciencia que todos debríamos
aprender y saber para jamás olvidarnos
della. Cuando yo duermo en el suelo
duro no despierto en toda una noche,
despertando ciento los que duermen en los
colchones blandos y sábanas delgadas.
El pan de centeno con una cebolla ó con
un tassajo de cecina me sabe mejor que
saben las perdices y gallinas y capones
á los que no saben comer otra cosa. La
agua dulce y clara de las fuentes y
arroyos para mí tiene mejor sabor que los
mejores vinos del mundo, porque el gusto
está acostumbrado á beberla sin tener
memoria del sabor ni de la diferencia
que tiene en los sabores del vino. Mi
jubón y mi capisayo y mi pellico que
trayo encima son tan calientes y me
quitan mejor el frío que á los señores
las ropas de martas que traen de Rosia.
La conversación, cuando la quiero, con
otros pastores nunca falta, que cada hora
podemos juntarnos, y si no en los lugares
comarcanos la tenemos. Y en fin, esto que
hacemos los pastores todo es con harto
menos trabajo y peligro que lo que hacen
los ciudadanos, y si á vosotros, señores,
os parece otra cosa y que la vida que
tenéis es mejor que la nuestra, seguilda,
que así haré yo la mía, y desta manera
podemos decir que cada loco con su tema.
LEANDRO.--No te veo yo, Amintas, tan
loco que no seas muy cuerdo, y tan
cuerdo que pluguiese á Dios que, assí
como me satisfacen tus razones, podiesse
acabar conmigo de seguirlas, y más si
fuese con las condiciones que tú aquí
has dicho; pero assí es el mundo, que
Dios provee para todas las cosas con
el remedio necesario y quiere que las
gentes tengan pareceres diferentes y
diversos, y que no quieran seguir todos
una manera de vida, y aun no es este el
menor de sus secretos si contemplamos
cómo para todos los oficios hay hombres
que los quieran, viendo que uno que
tiene habilidad para platero quiere ser
herrero, y otro que podría ser pintor
huelga de ser embarrador, y el que tiene
suficiencia para ser sastre toma el
oficio de ganapán, y el que tiene aparejo
para ser mercader quiere usar el oficio
de tejedor, y esto todo procede de la
voluntad y providencia del que crió todas
las cosas, dando quien las quiera y las
siga y tenga afición con ellas. Assí
que no todos podemos ser señores, ni
caballeros, ni ciudadanos, ni oficiales,
ni flayres, ni pastores, sino que unos
han de seguir una manera de vivir y otros
otra; y pues que assí es, tú, Amintas, si
estás contento con la vida pastoril, como
aquí lo has mostrado, yerro sería que la
dexases, y nosotros, pues lo estamos con
la que tenemos, también la seguiremos.
Plega á Dios que le sirvamos todos con
ella. Y pues que ya el día se viene
acercando y el lucero se nos muestra
dando manifiesta señal de su venida,
será bien que nos vamos, y tú, hermano
mío Amintas, conócenos desde agora para
tenernos por verdaderos amigos, que, si
place á Dios, algún día te podremos pagar
la honra que esta noche nos has hecho.
Y porque con la espesura de los árboles
no podremos acertar el camino, por tu fe
que nos guíes por donde hemos de ir á la
ciudad, que también el trabajo que en
esto tomares te será galardonado.
AMINTAS.--A mí me place de muy buena
voluntad; por aquí podremos ir mejor,
y en bajando aquel valle hallaréis un
camino abierto y ancho; por él os iréis
sin tomar á una parte ni á otra, que
no lo podréis errar; y porque dexo el
ganado solo no voy hasta allá; por tanto,
perdonadme y Dios vaya con vosotros os
guíe.
FLORIÁN.--Ese quede contigo y te haga
bienaventurado.
_Finis._