INTERLOCUTORES

_Los mesmos que en la primera._

DIONISIO.--Hasta agora, señor licenciado,

no me ha faltado atención para oir ni

paciencia para escuchar todo lo que

vuesa merced ha querido decir de los

boticarios, y, verdaderamente, no sería

justo que por hacer buenos á los que son

buenos yo quiero que también lo sean

los malos, pues en todas las artes y

oficios que se usan en el mundo hay de

los unos y de los otros, y que los haya

en este oficio y arte de boticario no es

maravilla, aunque yo confieso que tienen

toda la obligación que vuestra merced ha

dicho y que es muy mayor la culpa que se

les puede dar. Porque va poco en que un

platero yerre una vasija, y un sastre

una ropa, y un pintor una imagen, y va

mucho en que un boticario y un médico

yerren la cura de un hombre en que le va

la salud y la vida; el uno por falta de

las medicinas y el otro por faltarle la

ciencia y la experiencia de manera que no

lo sepa curar. Que hay pocos boticarios

en España que sepan lo que han de saber

y lo que se requiere para no errar, no

puedo negarlo, y que hay también muchos

que, sabiéndolo, pecan con malicia y que

la codicia se antepone en ellos á la

conciencia, también lo creo, y aun lo sé,

porque lo he visto estando tratando en

las casas y tiendas de muchos boticarios,

donde pasan cosas extrañas y tan

desordenadas que me han espantado, y sin

duda los malos boticarios, de cualquier

manera que sea, son cruel pestilencia

para los pueblos, y yo confiesso que no

hay cosa más justa que remediarlo si

fuesse posible; y porque no puedan decir

los culpados que en mi se cumple el

proverbio ¿quién es tu enemigo? hombre

de tu oficio, no quiero extenderme á

más, que por ventura pndiera decir otros

muchos y mayores secretos de las maldades

que hacen que no han venido á noticia

del señor licenciado. Pero con todo esto

no quiero que se dé toda la culpa á los

boticarios en muchas cosas que tienen la

mayor parte los médicos, aun á las veces

es toda, y así las autoridades que vuesa

merced ha alegado de Jacobo Silvio contra

los malos boticarios, si tiene memoria

dello, también las dice contra los que

no son buenos médicos, porque en aquel

proemio contra los unos y los otros va

hablando.

LERMA.--Creo que decís la verdad, pero

poco es lo que vos ni nadie podrá decir

contra los médicos en comparación de lo

que yo he dicho y se podría decir contra

los boticarios.

DIONISIO.--Si vuesa merced quiere tener

sufrimiento para oirlo, no le parecerá

sino mucho; que no es menor el daño ni

perjuicio que hacen en la república,

ni habría menos razón para que los

desconciertos que dellos se siguen se

remediasen.

LERMA.--Decid lo que quisiéredes, que

quiero que estos señores no digan que no

cumplo mi palabra.

PIMENTEL.--Ni aun sería justo que se

dexase de cumplir, y vos, señor Dionisio,

decid lo que os pareciere, pues que el

señor licenciado no tiene tanta priesa

que no pueda detenerse otro tanto para

escucharos como se ha detenido para hacer

verdadero lo que al principio propuso

contra los boticarios.

LERMA.--Forzado me sería hacer lo que

vuestras mercedes mandan, aunque en

verdad que hago alguna falta á dos ó tres

enfermos que tengo de visitar.

D. GASPAR.--Tiempo habrá para todo,

que si la plática se dexase en estos

términos, era quedar pleito pendiente, y

lo mejor será que luego se determine.

DIONISIO.--Aunque yo tenía harto en que

alargarme, procuraré ser breve diciendo

en suma lo que cerca desto entiendo, pues

no será necesario más de apuntarlo para

que vuestras mercedes lo entiendan y

estén al cabo de todo. Y digo lo primero

que lo que Ipocras dice de los que no

son buenos médicos en el libro que se

llama _Introductorio_ son las palabras

siguientes: Muy semejantes son éstos á

los que se introducen en las tragedias,

porque tienen la figura y vestidos y

atavíos y aun la presencia de médicos de

la misma manera que los hipócritas, y

así hay muchos médicos de nombre y que

lo sean en las obras son muy pocos. Pues

Ipocras evangelista de los médicos es

llamado, y podemos tener por cierto que

en ninguna cosa de lo que cerca desto

dice recibe engaño, y pluguiese á Dios

que en nuestros tiempos no acertase tan

de veras como acierta en esto que ha

dicho, porque así no habría los daños y

grandes inconvenientes que para la salud

de los enfermos se siguen por falta de

los buenos médicos.

LERMA.--Assí es como vos decís, señor

Dionisio; pero decime: ¿quiénes son essos

malos médicos, que yo á todos los tengo

por buenos?

DIONISIO.--Antes son tan pocos los

buenos médicos, que apenas hay ninguno

que no sea malo, como vuesa merced ha

dicho de los boticarios, y por no gastar

palabras, quiérome ir declarando más

particularmente, para que nos entendamos,

de las condiciones que se requieren para

que un médico cumpla con Dios y con el

mundo. La primera, que sea hombre justo,

temeroso de Dios y de su conciencia,

conforme á lo que Salomón dice (_Eccl._,

I): El principio de la sabiduría es el

temor que á Dios se tiene; porque el que

no llevare su fundamento sobre esto, no

podrá hacer las curas suficientes ni que

aprovechen á los enfermos, y así dice

Galeno: Aquel cuyo juicio fuere débil

y cuya ánima fuere mala, no aprenderá

aquello que se enseña en esta ciencia, y

esto es porque su fin no es de aprovechar

á su prójimo con ella, sino á sí mismo.

No sé yo qué temor de Dios tienen los

médicos que curan sin tener la ciencia y

experiencia y las otras cosas necessarias

y convinientes para que curen, y si

éstas les faltan, y faltándoles con la

codicia de la ganancia se ponen á curar

no sabiendo lo que hacen, no solamente

pecan, pero dañan su ánima; de manera

que no podrán aprender lo que son

obligados á saber, como Galeno les ha

dicho, ni tampoco puede ser piadoso ni

misericordioso el médico que cura las

enfermedades que no conoce, ni sabe, ni

entiende; antes es muy gran crueldad

y inhumanidad la que usan, pues que,

ó por ganar dineros ó por no confesar

su iñorancia, ponen los enfermos en el

peligro de la muerte y no guardan lo que

Rasis dice, trayéndolo por autoridad de

un gran médico judío, que los médicos han

de ser muy piadosos con los enfermos,

para que con mayor cuidado y diligencia

curen dellos.

LERMA.--¿Pues cómo sabéis vos que los

médicos no tienen suficiencia y habilidad

que se requiere para curar, de manera

que no cumplan con lo que deben á su

conciencia?

DIONISIO.--Ya yo he dicho que no son

todos los médicos, sino que hablo con la

mayor parte dellos, y si vuesa merced

quiere que le declare lo que sabe

muy mejor que yo lo entiendo, quiero

aclararme más para que estos señores lo

entiendan. Cruel cosa y fuera de todo

término de razones la que se consiente

y permite á los médicos que después que

se van á estudiar á las universidades,

con tres ó cuatro años que han oido de

medicina presumen luego de ponerse á

curar, ó por mejor decir á matar los

enfermos. Y con tres maravedís de ciencia

quieren ganar en un año quinientos

ducados, porque su intención es á sola

ganancia, no teniendo atención á lo que

Ipocras dice en su juramento, que siempre

su principal intención será en curar á

los enfermos, sin tener respecto á lo que

por ello se ha de ganar.

LERMA.--Mal podéis vos juzgar las

intenciones de los médicos.

DIONISIO.--Antes muy bien se pueden

juzgar de las obras que hacen, porque si

el médico es necio de su natural, mal

acertará en el remedio de la vida de un

hombre, donde tan gran discreción se

requiere, y si es sabio, ha de saber que

con tan poca ciencia no ha de presumir de

hacer lo que otros con mucha no pueden

ni saben, y con este conocimiento está

obligado á no curar hasta que pueda

tener mejor constanza de sí, y si no

lo hacen, claro está que la codicia de

la ganancia les hace poner en aventura

la salud y vida de los hombres en si

aciertan ó no aciertan en la cura que

hacen.

D. GASPAR.--Pues si esso es así, ¿cuándo

han de comenzar á curar los médicos?

DIONISIO.--Cuando tuvieren la ciencia

suficiente y la práctica que se requiere

para ponerla en obra.

D. GASPAR.--No os entiendo lo que queréis

decir.

DIONISIO.--Digo, que no solamente un

médico ha de tener muy gran ciencia y

saber muy bien los preceptos y reglas de

medicina, sino que también ha de tener

muy larga y conocida experiencia de las

enfermedades y de la manera y orden

que han de tener en curarse. Porque el

principal fundamento está en conocerlas,

y esta experiencia requiere muy largo

tiempo, conforme á lo que Ipocras dice:

La vida de los hombres es muy breve y la

arte es muy luenga; el tiempo es agudo y

la experiencia engañosa. Si esto es así

verdad, ¿qué experiencia pueden tener los

que ayer salieron del estudio, ni los que

ha un año, ni dos, ni seis que curan, á

lo menos si las curas que hacen son con

sólo su parecer y por su albedrío?

PIMENTEL.--Muy poca ó ninguna, y cuando

viniera á tenerla, habrían ya muerto más

hombres que sanado enfermos.

D. GASPAR.--¿Pues qué han de hacer los

médicos para no errar?

DIONISIO.--Lo que dice el señor

licenciado de los boticarios: que es,

tratar mucho tiempo su oficio antes que

comiencen á usar dél por su actoridad,

y primero que se atrevan á hacer una

experiencia la han de haber visto muchas

veces, ó á lo menos otra semejante; y

esto ha de ser curando mucho tiempo

los médicos mancebos en compañía de

los viejos experimentados, lo que no

hace ninguno, porque con la leche en

los labios de lo que han estudiado,

les parece que son bastantes á curar

cualquiera enfermedad por sí solos, y si

la ganancia no estuviese de por medio,

todavía se humillarían á lo que son

obligados; porque no basta que den muy

buena razón de lo que les preguntassen

si no lo saben obrar, conforme á lo

que dice Avicena: Que no basta en la

medicina la razón sin la experiencia ni

la experiencia sin la razón, porque ambas

son menester y han de andar juntas la una

con la otra.

PIMENTEL.--¿Pues qué han de hacer los

médicos en tanto que no pudiesen ganar de

comer? Que según esso primero llegarán

á viejos que justamente puedan llevar

alguna ganancia.

DIONISIO.--Que coman de sus patrimonios,

y si no lo tienen, que lo procuren por

otra vía, que no ha de ser su ganancia

tan á costa y perjuicio de las repúblicas

que sean los médicos peor pestilencia y

más crueles verdugos que los boticarios,

como el señor licenciado ha dicho,

pues que están obligados á cumplir el

juramento que su evangelista juró en

nombre de todos ellos.

LERMA.--Bien sería si los médicos de

agora que fuesen como los de los tiempos

pasados que esso escribieron, que

hablaban á su seguro y sin necesidad

de ganar de comer por su trabajo, que

Ipocras, señor fué de la isla de Coo y

tan rico y poderoso, que no quiso las

riquezas de un potentísimo rey que se las

ofrecía por que le fuese á curar de una

enfermedad, ni después temió sus amenazas

porque no quiso hacerlo. Avicena,

príncipe fué del reino de Córdoba.

Hamech, hijo fué de un rey, y así otros

muchos médicos que se podrían decir

semejantes á éstos; pero los que agora

aprendemos esta arte es para sustentarnos

con ella y no para mostrarnos sabios y

ganar honra solamente, como ellos.

DIONISIO.--Yo no quito que del trabajo

se saque el premio para sustentarse

los médicos; pero querría que con

mayor cuidado procurasen que yo no

tuviese razón en lo que digo, porque

verdaderamente por lo menos habrían

de haber visto curar y tratar las

enfermedades cinco ó seis años antes que

tuviesen licencia de curar por si solos:

porque sabe un médico dar razón de las

alteraciones que ha de haber en un pulso

para que un enfermo tenga calentura, y

cuando le toma el pulso no lo conoce por

falta de experiencia, y muchas veces

desta manera vemos que curando dos

médicos á un enfermo, el uno dice que

tiene calentura y el otro que está sin

ella, y así mesmo yerran diversas veces,

teniendo unas enfermedades por otras; y

cuando Galeno, siendo tan excelentísimo

médico, confiesa de sí mesmo haberse

engañado una vez que teniendo mal de

cólico y muy gran dolor pensó que le

procedía de tener piedra en los reñones,

haciendo diferentes remedios de los que

para aquella enfermedad eran necesarios,

¿qué harán estos médicos de quien yo

digo, y más no teniendo las enfermedades

en sus mesmos cuerpos para sentirlas,

sino en los ajenos, donde por la mayor

parte juzgan por adivinanzas? Y el no

conocer bien los médicos las enfermedades

que son tan diversas y diferentes es

causa de venir á morir muchos de los que

las tienen, que siendo curados dellas

con los remedios que se les suelen hacer

no perderían las vidas; y sin esto, ¿qué

menos obligación tienen los médicos que

los boticarios á conocer si las medicinas

son buenas ó malas, y escoger las mejores

cuando mandan hacer una purga ó unas

píldoras ó otra cosa semejante, para que

los boticarios no los engañen, que así

la culpa es de los unos y de los otros?

Por cierto cosa es para reir ver algunos

médicos de los nuevos, y aun de los

viejos, ir á nuestras boticas y pedir que

les mostremos las medicinas y tomar las

peores por las mejores, y algunas veces

unas por otras, y el xarabe que está

bueno dicen que está malo, y el que está

malo alaban por bueno, tanto que muchas

veces nos burlamos dellos, mostrándoles

una cosa por otra sin que lo conozcan.

Y no para en esto la fiesta, sino que

hay médicos que recetan disparates, y

cosas que bastarían á matar á los sanos,

cuanto más é los enfermos, y tienen

necesidad las boticarios de remediarlo,

por no ser participantes en la culpa,

que si las medicinas obran bien, quieren

ellos llevarlas gracias, y si mal,

que nos den á nosotros por culpados.

También hacen otra cosa perjudicial á

sus conciencias y honras, y es que se

aficionan á unos boticarios más que á

otros para darles provecho, no teniendo

respecto á lo que saben y entienden,

ni al aparejo que tienen, sino á los

servicios que les hacen, porque les

dan parte de las ganancias; y aunque

no sea tan descubiertamente, en fin,

aprovéchanse dellos en las haciendas y en

las personas, y el boticario que no les

sirviere y anduviere bailando delante,

poca medra tiene con ellos; y de aquí

nace que pocas veces los médicos son

amigos de los buenos boticarios, porque

confiando en su saber y bondad y en el

buen aparejo de medicinas que hay en

sus tiendas, no les quieren tener aquel

respecto que ellos desean y procuran, y

con esto no medran mucho con la ganancia

que les dan, porque se la quitan cuando

pueden.

PIMENTEL.--Si todos los boticarios les

dan el trato que vos agora les dais, poca

razón tendrán de serles amigos; pero

pasad adelante, porque me parece que os

queda más que decir.

DIONISIO.--No sería poco si se hubiese

de decir todo; pero todavía quiero

pasar más larga la carrera, que yo me

iré abreviando por no cansar á vuesas

mercedes. Por cierto, cosa es de notar, y

aun de burlar, ver á los médicos ponerse

en los portales de sus casas, esperando

por las mañanas que les traigan las

orinas de los lugares comarcanos donde

viven, que las unas son tomadas cuatro

horas ha y otras seis, y algunas por

ventura de una noche ó de todo un día

vienen mazadas y botadas, que no parecen

sino lodo, y así las están mirando

como si estuviesen para conocerse las

enfermedades por ellas, habiendo de

estar la orina tomada por lo más de una

hora y reposada en el orinal para que no

esté revuelto el hipostasis, y con esto

cumplen los pobres simples, para que les

den dineros por ello, y si á un médico

destos le llaman para cien enfermos,

á todos irá á visitar y á curarlos de

cualquiera enfermedades que tengan, no

teniendo tiempo de estudiar para los

seis dellos, ni para acabar de entender

lo que curan y los remedios necesarios,

y así andan ciegos y desatinados en lo

que es necesario tener el mayor concierto

y tino del mundo, fuera de la salvación

del ánima, porque no han de confiar de

lo que han estudiado ni de lo que tienen

en sus memorias, sino de ver de nuevo

cada día y cada hora cómo se ha de curar

la enfermedad que tienen entre manos y

qué remedios se le han de aplicar para

sanarla.

PIMENTEL.--No me parece que tenéis tanta

razón en lo que decís que no podáis

engañaros, porque los médicos viejos que

han visto y estudiado mucho, con lo que

saben pueden curar sin tornar á ver los

libros tantas veces como vos decís.

DIONISIO.--A los que eso hicieren,

acaescerles ha como á los predicadores,

que siendo grandes teólogos, presumen

de hacer algunos sermones sin estudiar

los primeros, y por una vez que aciertan

á llevarlos bien ordenados, diez veces

se pierden, de manera que luego se

les conoce que lo que predican es sin

estudio, y cuando yerran, es ésta la

disculpa que tienen; así los médicos

que quieren curar las enfermedades sin

estudiar de nuevo para cada una dellas,

por una que aciertan, errarán muchas,

para acabar la vida de aquellos que se

ponen en sus manos por alargarla.

D. GASPAR.--Todas estas faltas se suplen

con la discreción y buen natural de un

médico, y muchas veces aprovecha más

con ello que con la arte ni con cuanta

medicina han estudiado.

DIONISIO.--No digo yo menos que esso,

y vuestra merced me ha quitado de

trabajo en echarlo en el corro, para

que aquí se declare; pero diga vuestra

merced ¿cuántos médicos hay hoy con las

propiedades y condiciones que cerca de

eso se requieren? Pluguiese á Dios que

antes les faltase parte de la ciencia

que no el buen natural y el juicio

claro, reposado y assentado, porque

teniéndolo, con él suplirían muchas

faltas, juzgando con discreción en

algunas cosas, que sólo ella bastaría;

porque la buena estimativa, como dice

Averroes, sola hace bueno al médico. Lo

mismo tiene Halirodoan y Galeno en el

primero de los días críticos, y conforme

á esto Damasceno: el ingenio natural del

médico con pequeño fundamento ayuda á la

naturaleza, y el que es defetuoso hace

el effeto contrario. Pues siendo esto

assí, como estos autores dicen, ¿qué

podrán hacer muchos médicos alterados,

locos, desasosegados, elevados y, lo que

peor es de todo, muy grandes necios?

Por cierto, en los tales como éstos yo

tengo en muy poco la ciencia que tienen,

porque no sabrán usar della por mucha

que tengan, ni aprovechar á los que

tuvieren necesidad de su ayuda. Porque

los unos dellos todo lo que saben

lo tienen en el pico de las lenguas,

alegando textos y autoridades á montones

sobre cada cosa que se trata, sabiendo

entenderla para tratarla y no para usar

della. Otros que les parece que todo su

saber consiste en sustentar opiniones

contrarias de los otros médicos; y

en fin si les preguntasen dónde está

el bazo ó el hígado, apenas sabrían

mostrarlo, porque, como he dicho, no lo

han tratado ni tienen experiencia dello.

Y estos tales son como unos marineros

que saben aritmética, cosmografía y

astrología, y dan buena razón de todo lo

que les preguntan cerca de la arte de

marear, y les pusiessen un timón de una

nave en las manos, presto la pondrían

en trabajo y peligro de anegarse, por

no saber gobernarla y guiarla, y así

como se hiciese pedazos en las peñas ó

se encallase en algunos vaxios, para

no poder salir de la arena, porque no

conocen la tierra, ni saben los puertos

donde acogerse, ni los lugares seguros

donde echar áncoras hasta que pase la

tempestad y tormenta. Y así los médicos

que no han visto las enfermedades ni

las han curado otras veces, no saben

guiarlas á puerto seguro, ni sacarlas

de los peligros desta mar del mundo en

que navegamos, y dan con los enfermos

al través; de suerte que en lugar de

sacarlos á puerto de salvación, los

llevan al de perdición de su salud y

vida; y de estas cosas muchas remedia el

buen entendimiento, y el buen natural

y claro juicio y la buena estimativa á

donde la hay, aunque esto todo juntamente

con las letras necesarias pocas veces

y en pocos médicos se halla, y éstos

pierden la bondad que tienen por el fin

que pretenden de las riquezas, que la

codicia les hace desordenarse de manera

que no atienden tanto á hacer con su

habilidad cuanto á sacar el provecho que

pueden della, y así hacen mil descuidos

y desatinos, proveyendo lo que conviene

á las enfermedades sin haber estudiado

sobre ellas, no mirando lo que dice

Galeno: Que conviene al médico ser muy

estudioso para que no diga ni provea

alguna cosa en la enfermedad que curare

absolutamente y sin haberla primero bien

mirado. Al médico que esto hiciese no le

acaecería lo que á mí me han contado de

uno que mirando cierta enfermedad de un

hombre dixo que con muy gran brevedad la

curaría, y el enfermo, que lo deseaba,

oyendo esto dióle mayor priesa al médico.

Por abreviar, mandóle que, así como había

de tomar para purgarse cuatro ó cinco

xarabes que digestiesen el humor, que se

trajesen todos juntos y que los tomase

de una vez, pareciéndole que por ser la

mesma cantidad haría el mesmo efeto que

si se tomaran en cinco días; y así le dió

luego la purga, la cual nunca le salió

del cuerpo, porque se murió con ella, lo

cual por ventura no pasara si el tiempo

ayudara á los xarabes repartidos, que en

cinco días tuvieron el humor digesto

para poder hacer la evacuación que por

falta de éste no se hizo. Y porque ya

me parece que me voy alargando, quiero

resumirme con que el día de hoy hay

pocos médicos que verdaderamente lo

sean, y muchos que tienen los nombres

de médicos que no lo son, porque tienen

el nombre sólo, sin las obras; y no hay

menos necesidad de que en esto se pusiese

remedio que en lo de los boticarios,

no dexando curar sino á las personas

que fuesen suficientes para ello y que

tuviesen todas las partes y condiciones

que se requieren para no matar á los

enfermos en lugar de sanarlos.

PIMENTEL.--Conforme á eso, ¿queríades que

los médicos fuesen tan perfetos que todas

sus obras fuesen sin reprehensión?

DIONISIO.--Yo querría lo que Galeno dice

que conviene á los médicos (así como

antiguamente está dicho) ser semejantes á

los ángeles, para que no yerren en lo que

hicieren.

D. GASPAR.--Mucha medicina habéis

estudiado, á lo que parece, señor

Dionisio, pues tantas autoridades y de

tantos autores traéis para probar vuestra

intención contra los médicos.

LERMA.--Aquellas tiénenlas estudiadas

y recopiladas muchos, días ha, para

satisfacerse de los médicos que dixeren

alguna cosa de los boticarios, aunque

no puedo dexar de confesar que Dionisio

tiene tanta habilidad que basta para más

que esto, y en todo lo que ha dicho dice

muy gran verdad y tiene razón, porque son

todas cosas convenientes y necesarias;

y verdaderamente es mucho el daño que

hacen los médicos que no son suficientes

ni tienen la habilidad que se requiere

para usar bien sus oficios, de las

cuales es la mayor la arte y después la

experiencia, y con ellas se ha de juntar

el buen natural, la discreción y la buena

estimativa para conocer y juzgar y obrar

con la calidad y cantidad, y guardar los

tiempos, las condiciones, diferenciando

con el buen juicio la manera que se ha

de tener en las curas, que requieren

diversas formas y maneras para ser

curadas; y conforme á esto, los médicos,

para ser buenos médicos, si fuese cosa

que se pudiese hacer, habrían de ver

curar cuando mozos y curar cuando viejos

y experimentados.

PIMENTEL.--Lo que yo infiero de lo que

ha dicho Dionisio y de lo que vos, señor

licenciado, decís, hartos más son los

que enferman y mueren por la iñorancia

ó malicia de los médicos y boticarios

que los que sanan con las curas que les

hacen y medicinas que reciben. Y así lo

que dice Salomón, que el Señor altísimo

crió de la tierra la medicina y el varón

prudente no la aborrecerá, entiéndolo yo

por la buena medicina; pero por lo que

se ha platicado, pocas medicinas tienen

buenas los boticarios, y tan pocas son

las que ordenan bien los médicos; y así

lo mejor sería que las gentes se curasen

todas como yo he visto á los mismos

médicos cuando están enfermos, y á sus

mujeres y hijos cuando están malos.

LERMA.--¿Y qué diferencia ha visto vuesa

merced hacer?

PIMENTEL.--Yo os la diré luego. Cuando

un médico está malo, jamás le veréis

comer ni tener dieta, á lo menos tan

estrecha como la mandan á los otros

enfermos; no comen lentejas, ni acelgas

cocidas, ni manzanas asadas, sino muy

buenos caldos de aves y parte dellas con

otras cosas sustanciales. Beben siempre,

aunque tengan calentura, un poco de vino

aguado, y no del peor que pueden haber.

No permiten sangrarse ni purgarse, si

la necesidad no es tan grande que vean

al ojo la muerte; á sus mujeres y hijos

cúranlos tan atentadamente, que siempre

dicen que dexan obrar á la naturaleza,

y nunca les dan purgas ni les hacen

sangrías, sino son en enfermedades

agudas y peligrosas. Pero si uno de

nosotros está un poco mal dispuesto ó

tiene calentura, por poca que sea, luego

receutan xarabes y purgas y mandan sacar

cien onzas de sangre, con que recibe

el cuerpo más daño que provecho puede

recoger en toda su vida de los médicos.

LERMA.--La culpa desto tiene la común

opinión del vulgo, porque si un médico

va á visitar tres ó cuatro veces á un

enfermo y no provee luego en hacer

remedios, tiénenle por iñorante y

murmuran dél, diciendo que no sabe curar

ni hace cosa buena en medicina, y si no

les mandan comer dietas y estrecharse,

parésceles que aquello es para nunca

sanarlos; y por otra parte, desmándanse á

comer mil cosas dañosas, y muchas veces

por esta causa estrechamos la licencia,

que bien sabemos que hay pocos enfermos

que no la tomen mayor que nosotros se

la damos, y acaece á muchos venirles

la muerte por ello. Y á la verdad, los

médicos habrían siempre de mandar lo

que se ha de hacer puntualmente, y los

enfermos cumplirlo sin salir dello; y lo

que nosotros hacemos con nuestras mujeres

y hijos es porque osamos aventurarlas, y

si la cura fuere más á la larga, nuestro

ha de ser el trabajo.

D. GASTAR.--Si los médicos teniendo mayor

afición y voluntad para procurar la salud

á sus mujeres é hijos hacen eso con

ellos, lo mismo querría yo que hiciessen

conmigo.

LERMA.--Vuesa merced, que lo entiende

y tiene discreción para ello, holgaría

de que se tuviese esa orden en sus

enfermedades; pero las otras gentes, á

los médicos que luego receutan y sangran

y purgan y hacen otras cosas semejantes

y experiencias malas ó buenas, tiénenlos

por grandes médicos y con ello cobran

fama y reputación entre las gentes.

PIMENTEL.--Entre las gentes necias

será esto; pero no es buena razón,

señor licenciado, que miren los médicos

ninguna cosa desas para dexar de cumplir

con lo que son obligados á Dios y á

sus conciencias, y al bien general y

particular de sus repúblicas; y habrían

siempre de tener cuenta con la necesidad

de los enfermos, y no con el juicio

de las gentes; y cuenta con curar las

enfermedades de manera que de los

remedios que aplican para sanar las unas

no se engendrasen otras mayores, y cuenta

con que la han de dar á Dios si usan bien

ó mal sus oficios, y desta manera nunca

errarán en lo que hicieren ni tendrán de

qué ser reprendidos ni acusados. Pero

¿quién hay que haga esto?

LERMA.--Algunos habrá, si vuessa merced

manda no llevarlos á todos por un rasero.

PIMENTEL.--Si los hay yo no los veo, y

reniego del mejor de vosotros, como dixo

el que araba con los lobos.

LERMA.--Vámonos, señor Dionisio, que

basta lo que el uno al otro nos hemos

dicho sin esperar la cólera del señor

Pimentel, que yo le veo en términos de

ponernos á todos muy presto del lodo.

PIMENTEL.--Eso será por no esperarse á

oir las verdades.

DIONISIO.--¿No bastan las que nosotros

hemos tratado sin que vuessa merced

quiera traer cosas nuevas? Y si han de

ser para echarnos de aquí por fuerza,

mejor será que nos vamos antes que oyamos

con que nos pese.

LERMA.--Aunque yo quisiese detenerme,

no puedo hacerlo. Vuessa merced, señor

Gaspar, está mejor, loado Dios, y para

el dolor del hígado se aplicarán luego

los remedios necesarios. Yo me voy por la

botica de Dionisio, donde dexaré dada la

orden en lo que se hubiese de hacer. No

se beba otra agua sino la de doradilla,

y con tanto, beso las manos á vuesas

mercedes.

D. GASPAR.--No sea esta visitación para

olvidarme tanto como estos días.

DIONISIO.--No será, porque yo tendré

cuidado de ponerlo al señor licenciado

para que venga muchas veces.

D. GASPAR.--A vos, señor Dionisio, os

pido yo por merced que vengáis, que no

huelgo menos con vuessa visitación que

con la de cuantos médicos hay en el mundo.

DIONISIO.--Yo lo haré así, y agora

vuestras mercedes me perdonen, que el

licenciado lleva priesa y quiero seguirle

porque no se agravie, y aun podrá ser que

sospeche que todavía quedamos murmurando.

PIMENTEL.--No sería pecado mortal si

la murmuración fuesse tan verdadera y

provechosa como las passadas.

_Finis._

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 576 / 605 题