Médico, _Licenciado Lerma_. Boticario,
_Dionisio_.--Enfermo, _D. Gaspar._
Caballero, _Pimentel_.
LERMA.--Dios dé salud á vuestra merced,
mi señor D. Gaspar.
D. GASPAR.--Así haga á vuestra merced
para que en tiempo tan necesario no me
olvide tanto como hoy lo ha hecho; que si
no fuera con la buena conversación del
señor Pimentel, que me ha entretenido,
muy largo se me hubiera hecho el día,
y aun con el señor Dionisio no he
holgado poco, porque tiene gran cuidado
de visitarme, y cuando los médicos se
descuidan, es bien que los boticarios
(como uno de sus miembros) vengan á
cumplir sus faltas con los enfermos.
LERMA.--Buena manera es essa de reñir
conmigo una falta que hago por no poder
hacer menos; y no la hiciera sino con
dexar á vuesa merced esta mañana en tan
buena disposición, que creo que debe
estar ya sin calentura.
D. GASPAR.--Mejor viva yo que estoy sin
ella.
LERMA.--Muéstreme vuestra merced el
pulso. En verdad que no es tanta que se
pueda decir calentura, y de aquí á mañana
yo sé cierto que no habrá ninguna.
D. GASPAR.--Menos cuenta tengo con
ella que con este dolor que siento en
el hígado, porque yo os digo, señor
licenciado, que me atormenta tanto, que
le temo, y esto es lo principal para que
yo querría que me buscásedes remedio.
PIMENTEL.--A lo que yo siento, más debe
proceder el accidente de la calentura
del mal que hay en el hígado que no el
mal ó dolor del hígado de la calentura,
y pocas veces el señor Gaspar estará sin
ella hasta que esté remediada la causa
principal de á donde se sigue el daño.
LERMA.--Vuestra merced dice gran verdad,
pero, según esto, Dionisio no ha hecho
el emplasto de melliloto que yo dexé
ordenado, ni vuestra merced lo debe tener
puesto.
DIONISIO.--Así es verdad.
LERMA.--¿Pues por qué no se hizo?
DIONISIO.--Porque no ha tantas horas que
vuestra merced lo ordenó que no se pueda
haber sufrido sin él, como se han pasado
tantos días que el señor don Gaspar
lo hubiera de haber tenido con otros
beneficios que se le pudieran haber hecho
antes de ahora.
LERMA.--¿Y qué descuidos parece á vos que
se ha tenido en esso?
DIONISIO.--Yo no he visto que hayan
precedido los remedios universales á los
particulares que agora se hacen; pues no
se han hecho las evacuaciones conforme á
las reglas de medicina, las cuales han
de preceder á las unciones y emplastos,
según la doctrina de Ipocras en sus
aforismos.
LERMA.--No es malo que queráis vos
haceros dotor en Medicina sin saber letra
della y que os parezca que estoy yo
obligado á sufrir vuestra desvergüenza de
enmendarme la cura que yo hago. ¿Sabéis
vos por ventura la intención principal
que yo he llevado en ella, y si ha habido
otros accidentes más principales y que
tienen más necesidad de remediarse?
DIONISIO.--Lo que yo sé es que no está
toda la fuerza en el emplasto para sanar
el hígado.
LERMA.--Si no tuviera respeto á estos
señores que están presentes, yo os
respondiera como vos merecíades; pero
assí no quiero deciros más de que
atendáis á hacer bien lo que toca á
vuestro oficio, y no haréis poco.
DIONISIO.--Vuestra merced se ha
apasionado sin razón, y en lo que toca á
mi oficio, yo lo hago de manera que no
hay de qué reprehenderme.
LERMA.--¿Qué podéis vos hacer más que
los otros boticarios, pues en fin sois
boticario como ellos?
DIONISIO.--¿Y qué suelen hacer los
boticarios que no sea muy bien hecho?
LERMA.--Por vuestra honra quiero
callarlo, y aun por la de los médicos,
pues lo sabemos y no lo remediamos.
DIONISIO.--Si vuestra merced lo dixese,
no faltará para ello respuesta; pues no
es justo que en esse caso paguen justos
por pecadores.
PIMENTEL.--Lo que aquí se dixere no
saldrá desta puerta afuera, y con
esta condición, y con que sea sin
ningún enojo, el señor don Gaspar y
yo recebiremos muy gran merced en
que se trate algo desta materia para
satisfacerme de algunas cosas que me han
puesto duda y sospecha de que algunos
boticarios no cumplen con el mundo y con
Dios lo que son obligados.
LERMA.--Ningún engaño recibe vuestra
merced en esso, y plega á Dios que no
sean todos los que esso hacen, y pues que
aqui puede pasar, menester es que todas
sean verdades las que se dixeren.
DIONISIO.--Diga vuestra merced lo que
quisiere, que ninguna pena recebirá dello
con tal que yo sea también oído antes
que la cuestión se determine, pues estos
señores han de ser jueces della.
D. GASPAR.--Razón tiene Dionisio en lo
que pide.
LERMA.--Yo soy contento de que, cuando
sea tiempo, pueda replicar y alegar de
su derecho. Y porque vuestras mercedes
entiendan que no me muevo sin razón á lo
que he dicho, sepan que las condiciones
que han de tener los boticarios escriben
muchos autores, y quien particularmente
las trata, es Saladino en la primera
parte de su obra; y porque referir todo
lo que dice sería confusión y prolijidad,
diré algunas cosas dellas. Y lo primero
es que el boticario ha de ser de muy
buen ingenio, hombre sin vicios, sabio
y experimentado en su oficio; no ha de
ser avariento, ni deseoso de adquirir
hacienda; sobre todo ha de ser muy
fiel para que no haga cosa contra su
conciencia, ni por su parecer, sino con
consejo de médico docto, y que en el
precio de las medicinas sea convenible.
Estas son cosas tan necesarias, que
obligan tanto al boticario á guardarlas
y cumplirlas, que no lo haciendo, no es
poco el daño ni pocos los inconvenientes
que dello se siguen á los enfermos; pero
yo he hablado sin perjuicio de los buenos
boticarios (que son tan pocos, que apenas
se hallará uno entre ciento), diré lo que
cerca desto hacen. Lo primero en lo que
toca á ser hombre sabio y experimentado
en su oficio no tienen ellos toda la
culpa, que la mayor parte se puede dar
á los protomédicos porque examinan y
dan por hábiles y suficientes á muchos
que ni saben ni entienden qué cosa son
medicinas, ni tienen experiencia dellas
ni conocimiento para alcanzar cuál es una
ni cuál es otra, sino que si van á la
feria á comprar sus drogas, no solamente
se engañan en distinguir y apartar lo
malo de lo bueno, pero muchas veces
toman uno por otro sin conocerlo, porque
ignoran la condición y calidades que han
de tener para ser aquella medicina que
piensan; y por no se mostrar ignorantes,
quieren más dexarse engañar de los que
los venden que tomar consejo con quien
podría desengañarlos para que no errasen.
PIMENTEL.--Pues, ¿por qué los
protomédicos hacen una cosa tan fuera de
razón como essa?
LERMA.--O por no perder el interese de
los derechos que los pagan ó porque
reciben servicios con que se obligan
á hacer lo que no deben, y sin esto
aprovechan mucho los favores de personas
señaladas ó de algunos amigos á quien
estiman en más que á las conciencias, y
así veréis que muchos vienen examinados y
con su carta de examen muy bien escrita
y iluminada, que podrían con más justa
razón traer una albarda que usar el
oficio. Y con poner sus boticas muy
compuestas con cajas doradas y botes
pintados, y las redomas con unos rétulos
muy grandes, á muchas gentes hacen
entender que es oro todo lo que reluce,
y que vayan á tomar medicinas á sus
tiendas, que aprovechan más para enfermar
con ellas los sanos que para dar salud á
los enfermos.
D. GASPAR.--En esto también me parece
que tienen la culpa los médicos como los
boticarios, pues lo saben y lo permiten.
LERMA.--Yo no quiero excusar á los que
esso hacen.
DIONISIO.--Ni podría vuesa merced hacerlo
aunque quisiese, pero yo lo guardo todo
para mi respuesta, porque no quiero
quebrar el hilo satírico que vuestra
merced lleva tan bien ordenado.
LERMA.--Bien es que lo hagáis así, que
también, como ya he dicho, os oiré yo lo
que en favor vuestro y de los boticarios
alegásedes. Y tornando al propósito, digo
que es cosa recia la desorden que en esto
se tiene, que en una cosa que va la salud
y vida de los hombres, no se ponga mayor
diligencia en conocer á los que pueden
tratar dello.
PIMENTEL.--¿Y qué se podría hacer para
remediarlo?
LERMA.--No dar el oficio de los
protomédicos á hombres que hubiesen de
llevar derechos ni dineros algunos á los
que examinaren, porque así cesaría la
codicia y no los cegaría el interés que
se les sigue. Y demás desto habíanlos de
buscar personas muy santas, temerosas de
Dios y de sus conciencias, para que no
permitiesen que ninguno tratasse en esta
arte que no la entendiese y supiese muy
bien lo que hacía.
D. GASTAR.--Harto buena gobernación
sería essa, y aun bien necesaria, si
se hiciesse lo que decís, y aun las
justicias y regimientos de los pueblos
habían de entender en remediar esta
falta, cuando saben que un boticario
no es bastante, por el daño que dello
se sigue á la república; pero pasad
adelante en tanto que esto se remedia.
LERMA.--Es tanta la iñorancia desta
gente de quien hablamos, que en lo que
decían saber más es en lo que menos
saben, porque la principal parte que han
de tener es en el conocimiento de las
hierbas y plantas y raíces y piedras;
notorio está que la mayor fuerza de la
medicina consiste en ellas, y tanto que,
según dice Rasis en el segundo de los
anforismos, trayéndolo por auctoridad
de aquel gran filósofo Hermes, si se
conociesen bien las propiedades y
virtudes de las hierbas y plantas,
curarían los médicos con solas ellas,
de manera que pareciese que curaban
con arte mágica; pues si esto es assí,
al médico conviene ordenar y á los
boticarios poner en efeto lo que ellos
ordenassen, lo cual pueden muy mal hacer
si no conocen destintamente las plantas
y las hierbas y las raíces y piedras,
y aun las condiciones y propiedades
dellas. ¡Oh cuántos y cuántos boticarios
de los buenos se engañan en tener unas
hierbas por otras, y en no conocer y
entender muchas dellas! ¿Que harán los
que no lo son? ¿Y esto de donde pensáis
que procede? De que no saben gramática
para entender los libros que tratan
dellas, ó si la saben, porque les falta
la experiencia, que ni nunca las han
buscado ni visto, y cuando las buscan,
hallan algunas que se parecen unas á
otras en las hojas, en el tamaño y en
las flores y en el olor, y por ventura
son tan distintas y diferentes en las
propiedades, que la una mata y la otra
sana, y los mezquinos de los enfermos
han de estar sujetos á la simpleza de un
boticario, si acierta ó no acierta, y no
solamente los enfermos, pero los médicos,
que desto y de otras muchas cosas nos
ponen la culpa, sin tenerla.
D. GASPAR.--¿Y qué pueden hacer para esso
los protomédicos?
LERMA.--Yo lo diré. Que al que
examinasen, no había de ser ni en un día,
ni en ocho, ni aun en quince, y también
le habían de examinar de la teórica como
de la prática, y de la experiencia como
de la ciencia; mostrándole mucha cantidad
de hierbas juntas, á lo menos de las que
más le traen en uso, para que apartasen
las unas de las otras, y las nombrassen
por sus nombres y dixesen los efectos
que tienen y en qué pueden servir en las
medicinas, pues tienen á Dioscórides y
á Plinio y á Leonardo Susio, y á otros
muchos que tan buena noticia les dan
de todas ellas, si ellos las hubiesen
buscado y tratado para conocerlas.
Pero el mal es que nunca las buscan
sino cuando tienen necesidad dellas, y
por esto caen en tantos yerros, y tan
perjudiciales como aquí he dicho. Lo
mismo habían de hacer en las piedras y
raíces y gomas y licores, y en todas las
otras medicinas; y dexando los pecados
que hacen en esto por iñorancia, líbrenos
Dios de los boticarios que no tienen
respeto sino adquirir y ganar haciendas,
que la avaricia y codicia les hace dejar
de usar fielmente sus oficios, porque
éstos son aquellos de quien dice Jacobo
Silvio en el proemio de su obra que hizo
de las cosas que tocan á este arte, que
se pueden llamar carniceros y verdugos
los boticarios que no saben ni usan bien
su obligación, porque de lo que aprovecha
es de matar los hombres sin ningún
respeto ni piedad. Verdaderamente, si no
tienen conciencia y fidelidad, y si han
ya perdido el temor de Dios por el de los
dineros, no hay cosa más cruel que sus
manos, más sin piedad que su intención
ni más abominable que sus hechos, porque
no dan medicina que sea buena, ni que
haga buena operación. Lo que los médicos
hacen, ellos lo dañan, ellos destruyen
la buena cura. Y porque más claramente
se entienda quiero decir algunas
particularidades, pues que para decirlas
todas sería menester muy largo tiempo.
Tienen por flor una cosa que diré, y es
que cuando un médico quiere recentar una
purga ó píldoras, ó otra cosa, y pide las
medicinas que entran en ella para verlas,
suele decir: ¿Tenéis buen reubarbo ó
buen agárico? Mostradlo acá. Y entonces
el boticario saca tres ó cuatro pedazos
que no valen dos maravedises, y entre
ellos uno que es muy bueno, y antes que
el médico hable le dice: Señor, todo el
reubarbo es tal que no hay más que pedir;
pero este boleto dél es el mejor del
mundo, y por tal me ha costado á tanto
precio; dél se podrá gastar en esta purga
lo que vuesa merced mandare. El médico
le dice: Pues echad dél una dracma, ó
media dracma como ves que es menester; y
en volviendo las espaldas, el boticario
guarda aquello bueno y echa de lo malo,
de manera que con un pedazo bueno vende
cuanto reubarbo tiene que no vale nada,
porque después que lo muele y se echa en
la purga, mal se puede ver si era de lo
uno ó de lo otro.
D. GASPAR.--Si no se pudiera ver, á lo
menos podráse sentir en la disposición y
salud del enfermo, pues no hará tan buena
operación lo malo como lo bueno.
LERMA.--Lo mesmo que digo hacen en la
escamonea, en el acíbar y en todas las
otras medicinas desta suerte.
PIMENTEL.--¿Y en la cañafístola hay algún
engaño desos?
LERMA.--Si sueltan la rienda al deseo
de la ganancia, no hay medicina en sus
tiendas con que no puedan engañar á las
gentes, y en la cañafístola hay lo que
dice. Si se receuta dos onzas della y es
la cañafístola de la buena, sácale la
pulpa necesaria, y si es de la mala y
seca, todo el peso tiene la caña, y la
pulpa no es casi nada ni hace operación
ninguna, y para engañar á los médicos ó á
los que la compran, meten la cañafístola
en las cuevas y lugares muy húmedos
porque parezca mejor y pese más, y así
los enfermos con la cañafístola que les
ha de aprovechar como medicina benedita,
toman la mitad de humedad que no obra de
otra cosa sino de destruir la salud y el
cuerpo.
PIMENTEL.--Y en las otras medicinas
simples ¿qué pueden ó suelen hacer los
boticarios?
LERMA.--Lo uno no conocerlas cuando
las compran ó cogen del campo ó de los
huertos en que nacen; y lo otro, si las
conocen, no entender cuáles sean las
mejores ni las peores para usar dellas, y
lo que peor es, que hay tantos boticarios
tan necios y iñorantes, que no saben
gramática ni entienden los nombres de las
medicinas en latín, y cuando les dan las
receutas, por no mostrar su iñorancia,
dexan de echar aquella medicina simple en
el compuesto, y por ventura es la que en
todas más hace al caso; y éstos tienen á
Mesue y á la declaración de los fraires,
y Antonio Musa y Jacobo Silvio, y otros
cien libros muy bien encuadernados que
no sirven de más que de auctorizar su
botica, estando obligados á entenderlos
tan bien como los médicos mismos. Y para
que vuestras mercedes entiendan lo que
pasa, yo sé boticario que, receutando
un médico en su casa cierta medicina en
que hubo necesidad de poner media onza
de simiente de psilio, él no lo entendió
ni supo qué cosa era, y para salir de
la duda que tenía fuesse á casa de otro
boticario y preguntóle si tenía psilio.
El otro le respondió que sí. Pues dadme
media onza dél y ved lo que me habéis de
llevar por ella. El otro boticario, que
era astuto y avisado, entendió luego el
negocio y díxole: No os la puedo dar un
maravedí menos de un ducado, porque por
dos ducados compré la onza, y no os hago
poca cortesía en dárosla sin ganancia.
Pues que assí es, dixo el que compraba,
veis aquí el ducado y dádmela. El otro lo
tomó y le dió en un papel la media onza
de psilio, y cuando lo hubo descogido y
mirado, vio que era zaragatona y dixo:
¿Qué me dais aquí, que esta zaragatona
es? Assí es verdad, dixo el otro que se
le había dado. Pues por cosa que vale un
maravedí, dixo él, ¿me lleváis un ducado?
Sí, respondió el que le había vendido,
que yo no os vendí la zaragatona, sino
el nombre, que no lo sabíades, y el
aviso para un boticario como vos vale
más que diez ducados. Y aunque sobre
esto hubieron barajas y fueron ante
la justicia, se quedó con el ducado y
reyéndose todos del boticario nescio que
se lo había dado.
D. GASPAR.--Por cierto él lo merecía bien
por lo que hizo.
LERMA.--No es menos de oir lo que agora
diré, y pasa así de verdad; que queriendo
hacer un boticario el collirio blanco de
Rasis que aprovecha para el mal de los
ojos, viό que al cabo de las medicinas
que habían de entrar en él estaba
escrito _tere sigilatim_, que quiere
decir que las moliese cada una por sí,
y él entendió que le mandaba echar una
medicina que se llamaba tierra sellada,
y teniendo todo junto para revolverlo,
llegó otro boticario, y conociendo la
tierra sellada, díxole: ¿Qué es esto que
hacéis? En el collirio de Rasis no entra
esta medicina. Y el que lo hacía porfiaba
que sí y que así estaba en la receuta
del collirio. Sobre porfía lo fueron
á ver, donde el boticario que había
llegado de fuera, conociendo la causa
de su yerro, le desengañó, mostrándole
lo que quería decir _tere sigilatim_, y
así le hizo quitar la tierra sellada,
y lo que en ello iba era que todas las
medicinas de aquel collirio son frías, y
ésta era cálida y de tal condición, que
bastaba para quebrar los ojos en lugar de
sanarlos. Otras muchas cosas pasan cada
día desta mesma manera, porque boticarios
hay que, siendo el espodio de Galeno, y
de los griegos Tucia, y el de Avicena y
los árabes raíces de cañas quemadas, y el
que nosotros comúnmente usamos dientes
de elefantes, que es verdadero marfil,
ellos hacen otro nuevo espodio echando
los huesos y canillas, y aun plega á Dios
que no sean de la primera bestia quo
hallasen muerta, y con esto les parece
que tienen cumplido con lo que deben. Y
cuando vienen á hacer algún compuesto
en que entren muchas medicinas, algunas
dellas les faltan, otras están dañadas,
otras secas y que les falta la virtud y
no dexan de echarlas sin tener respeto á
que: _improbitas unius simplicis totam
compositionem viciat_.
D. GASPAR.--No entendemos muy bien latín;
vuestra merced lo diga en romance.
LERMA.--Digo que la maldad de una
medicina simple, cuando se junta con
otras, destruye y hace que no valga
nada toda la composición. Pues si esto
es assí, qué hará en la composición de
los xarabes, y purgas, y píldoras, que
alteran y descomponen los cuerpos humanos
y más adonde entran medicinas furiosas,
recias y venenosas, que se desvelan los
médicos por no errar en la cuantía y en
el peso y medida, y los boticarios, yendo
envidada la vida de un hombre en acertar
ó en errar, no se les da dos maravedís
que sea más ni menos ni que obren bien
que mal. Su atención y intención es de
ganar, y sea como fuere, que la culpa ha
de ser del médico y no del boticario.
D. GASPAR.--Esso es en las purgas; pero
en los xarabes ¿qué hacen que no sea bien
hecho?
LERMA.--Antes creo que no hay xarabe
que se haga bien en las boticas de los
hombres desta suerte que he dicho, porque
ó no tienen los zumos tan buenos como
son menester y tan perfectos como han
de ser, ni los echan en la cantidad que
el xarabe ha de llevar; y en el azúcar
tienen una alquimia que siempre compran
y traen el más vellaco y más sucio que
hallan, porque con ser para xarabes,
parésceles que es pecado gastar azúcar
bueno y limpio. Y entre diez xarabes no
hallaréis los dos que tengan el punto
necesario.
PIMENTEL.--En esso parece que no va
tanto, aunque lo mejor sería que todo
fuese perfecto.
LERNA.--En las píldoras hay también
las mesmas faltas que en las purgas, y
aun otras que parecen mayores, porque
demás de lo que he dicho, hay una massa
de píldoras que se quieren gastar en
haciéndose, y otras que duran cuatro
meses, y otras seis y ocho y un año y
más, pero cuando passan de su tiempo
sécanse y pierden la virtud y fuerza las
medicinas que allí están incorporadas,
y assí no son para aprovechar; y los
boticarios avarientos, por no perder el
intereses que dellas se les ha de seguir,
ni gastar en hacer otras de nuevo, ¿qué
pensáis que hacen? Visitan las cajas
donde tienen las píldoras y miran un
rétulo ó cédula que tienen dentro dellas
en que está puesta la hecha del año, mes
y día, y si es pasado el tiempo quitan
aquella cédula y ponen otra, por la
cual parece que no ha dos meses que se
hicieron, habiendo por ventura más de
un año que estaban hechas, estando ya
perdidas y corrompidas; y assí engañan
al médico que las pide y receuta, y al
enfermo que con ellas se cura; y donde
han de hacer evacuar los humores si
estuviesen en su perfición, no tienen
fuerza más de para alterarlos y moverlos
más de lo que están, en grandísimo daño y
perjuicio de los enfermos y de su salud
y vida. Pues en las aguas que venden,
¿no hay engaños? Muchas veces al medio
año acaban todas cuantas han destilado
y hinchen las redomas de agua de la
fuente ó del río, y lo que les costó
una blanca hacen della tres ó cuatro
ducados, y jamás pedirán cosa ninguna
en su botica que digan que no la tienen
ó por gran maravilla; y dan unas cosas
por otras, diciendo que tienen la misma
propiedad y que hacen el mismo efecto, y
á esto llaman ellos dar _quid pro quo_,
mudando las medicinas sin la voluntad y
consentimiento de los médicos, por no
dexar de vender y hacer dineros. Y por
ventura no halló el licenciado Monardis
tantas medicinas en un diálogo que hizo
que se podiesen poner unas por otras
cuantas hallan los boticarios porque los
que traxeren dineros á sus tiendas no
se vuelvan con ellos. En los aceites,
si se les van acabando, con poco que
tenga el cántaro ó la redoma, la tornan
á henchir encima del que se vende en la
plaza; y assí me dixeron á mí de uno
que vendió un gran cántaro de aceite
rosado no teniendo sino un poco en el
hondón, sobre el cual tornólo á henchir,
y revolviéndolo todo, quedóle un poquito
de olor con que lo pudo vender, afirmando
que era el mejor del mundo. Y en los
ingüentos también pecan, ó por iñorancia
ó por malicia, que pocas veces salen
en su perfición. Lo mesmo hacen en los
polvos, y finalmente, no hay medicina
ninguna que no hagan de manera que
justamente se pudiese condenar por falsa
si se pudiesen averiguar los simples que
echan en la composición, á lo menos si
son costosos ó dificultosos de haber ó de
conocerse. Si mandaren á estos boticarios
hacer una buena triaca, muchos de ellos
no conocerían la mitad de las medicinas
simples que entran en ella, y plega á
Dios que conozcan las de la confeción
de Hamech, que son menos y más usadas,
y las que entran en otras confeciones
desta suerte. La triaca de esmeraldas que
venden no creo más en ella que en Mahoma,
si no la viese hacer por los ojos, y por
más cierto tendría que echan esmeraldas
contrahechas de alquimia ó de vidrio ó
de unas que vienen de las Indias, que de
las finas; y por mi consejo nadie las
tomaría, ni daría á quien bien quisiese,
si no la hubiese visto cuando se hacía
ó si no fuesse de mano de boticario de
quien estuviese tan saneado que no se
tuviere duda de su conciencia y virtud.
D. GASPAR.--Harto ha dicho vuesa merced,
señor licenciado, para que estemos más
avisados y advertidos de lo que los
boticarios pueden hacer; pero no es
posible que todos pequen tan á rienda
suelta.
LERMA.--No digo yo que todos, porque
haría injuria á algunos buenos que hay
entre ellos, aunque no sean muchos, y los
que son malos es, ó porque son simples y
iñorantes, ó porque son malos cristianos
y tienen poco temor de Dios, ó porque
son pobres, que la pobreza es ocasión de
grandes males.
PIMENTEL.--Pues, ¿qué remedio se podría
poner en este desconcierto que bastase
para estorbar tan gran daño como los
malos boticarios hacen?
LERMA.--El primero ya yo le he dicho,
que no habían de permitir que ninguno
usase el oficio que no fuese muy docto
y muy experimentado; y lo principal que
ha de tener es ser muy buen gramático,
para entender los libros de su arte, muy
estudioso y curioso de saber y aprender
todos los primores que hay en ella, y sin
esto, se requiere que hayan estudiado
alguna medicina para que sepan mejor lo
que hacen. Los boticarios que son buenos
muchas veces aprovechan de advertir á los
médicos en algunos descuidos y yerros que
hacen, y no holgaría yo poco de que todos
los boticarios con quien tratase fuesen
tan suficientes que supiesen hacer esto.
D. GASPAR.--¿Pues por qué os enojasteis
de que Dionisio dixo poco ha que la cura
del hígado no iba por los términos que
convenía?
LERMA.--No me enojé yo porque me lo
dixese, sino porque me lo dixo en
público, y no ha de ser por vía de
reprensión sino de consejo, y en esto no
me negará él que tengo razón; y, aunque
no lo quisiera decir en su presencia,
sería mal que vuesas mercedes pensasen
que ninguna cosa de las que he dicho aquí
toca en su honor, porque yo certifico que
ninguna falta tiene para que no sea uno
de los mejores boticarios que hay en el
reino y de quien más sin sospecha puedan
confiarse los enfermos y los médicos que
los curaren.
PIMENTEL.--Bien me parece que después
de descalabrado le untéis la cabeza;
yo fiador que, á lo que creo, no os
vais, señor licenciado, sin respuesta,
que no sin causa os ha escuchado sin
contradeciros en nada. Pero pasad
adelante y decidnos otros remedios.
LERMA.--No habían de ser los boticarios
pobres, sino que también les habían de
pedir si tenían patrimonio de donde
ayudarse á sustentar, como hacen á los
clérigos cuando van á ordenarse; que
recia cosa sería fiarse de un hombre
pobre muchos dineros sin contarlos, y
sin pensar que se aprovecharía del los
en sus necesidades, podiendo hacerlo,
y lo mesmo de un boticario con pobreza
las medicinas, sin pensar que procurase
remediarla con ellas; y por esto hay
autores que dicen que en un tiempo se
tuvo en Roma tanta cuenta con este
oficio, que las medicinas estaban
depositadas en ciertas personas de gran
confianza; que llevaban salario por ello,
y que allí iban los médicos á tomarlas
y los boticarios las gastaban así como
las llevaban, sin que en ello, ni por
iñorancia ni por descuido, pudiese haber
yerro ninguno. El otro remedio que se
podría tener es en las visitas que les
hacen, para las cuales, habiendo buena
gobernación, había de haber visitadores
generales que no entendiesen en otra
cosa, y éstos habían de estar proveidos
en cada provincia y pagados del dinero
público, de manera que no se les siguiese
interés particular ni les cupiese parte
de la pena ni de otra cosa, para que más
sin afición ni pasión pudiesen juzgar,
y que los que no hallasen suficientes
los inhabilitasen y privasen del oficio
sin tener advertencia á la honra ó bien
particular de uno en perjuicio y daño de
toda la república.
PIMENTEL.--Bien sería esso, si se
hallasen personas de quien se pudiese
tener tan buena confianza, y el rey, con
otros cuidados que tiene mayores, no
puede tener tan particular cuenta con
este negocio.
LERMA.--Pues habríala de tener él ó los
que tienen cargo de la gobernación de sus
reinos, como lo tienen con examinar á uno
que ha de ser escribano real, que quieren
que sepa hacer bien una escritura en que
va la hacienda de un hombre; y sería
más justo que procurasen de que también
fuesen bien hechas las medicinas en que
va la salud y vida de los hombres, porque
no son pocos los que mueren por culpa
dellos. Y conforme á este parecer es lo
que dice Jacobo Silvio hablando desta
gente que digo: Dios haga y provea que
la justicia real alguna vez tenga cuenta
con los que primero usan esta arte que la
hayan entendido, siendo á los cuerpos de
los hombres tan saludable cuando bien se
hace y tan dañosa cuando iñorantemente se
trata. Y, finalmente, habrían de tener
los boticarios fieles que les mirasen las
medicinas y se las tasasen en precios
convenibles, averiguando la costa que
tienen y dándoles ganancia con que se
pudiesen sustentar, aunque fuese más de
la que agora llevan, pues las medicinas
serían mejores y de más valor; porque
si las que agora venden son buenas, yo
digo que las venden muy baratas, y si son
malas, en cualquiera precio, aunque den
dinero por que las lleven, son tan caras
que ninguna mercaduría hay que tanto lo
sea.
PIMENTEL.--Pues, decidme, señor
licenciado: ¿de que aprovecha el visitar
las boticas cuando los regimientos de los
pueblos traen boticarios de fuera para
hacerlo?
LERMA.--Algún fruto hace, aunque
poco, porque si los médicos se hallan
presentes, como siempre lo están, es
para ayudar á los boticarios, y ellos
que habían de acusar sus defetos se
los encubren, porque son sus amigos, y
cuando les preguntan alguna cosa que no
saben, responden por ellos, tomándoles la
palabra de la boca, y también defienden
algunas cosas cuesta arriba, y con otras
disimulan todos ellos; y aun plega Dios
que no haya algunas que ni los unos ni
los otros no las entiendan. Y sobre esto,
no hay botica tan bien visitada que si
veniesse otro día alguno que entendiese
bien el oficio no hallase cosas nuevas
que reprender y enmendar. Y cuando ya se
viene á dar la sentencia, nunca faltan
amigos y favores que con buena maña
bastan para procurar con solicitud que
sea muy moderada; y de ciento que podrían
privar, no hallaréis dos inhabilitados,
y ya que lo sean luego hay mil remedios
para que la sentencia no se execute y
tornen á usar sus oficios contra justicia
y conciencia suya y de los que se lo
permiten y consienten. Dios ponga remedio
en esto, que harta necesidad hay de que
lo provea de su mano.
_Fin de la primera parte del colloquio de
los médicos y boticarios._