Essos tengas de LIRIA muy cumplidos,
aunque en lo que quedaste aquí hablando
cuando se fué, ofendiste á mis oídos.
No sé qué te decías, no bastando
á cerrar en tu pecho la alegría,
ora el callar, ora el hablar dudando.
Pues mira qué consejo te daría,
que, en lo que toca á Amor, antes rebientes
que confieses agora que es de día.
Bien pareces sencillo, pues no sientes
cuánto debe excusar el hombre sabio
la envidia y la malicia de las gentes.
Al que te arrima dulcemente el labio
no le fíes el dedo, que á tu costa
podrá ser que conozcas su resabio.
Porque la fe del mundo es tan angosta,
tan ancha y prolongada la malicia,
que la virtud escapa por la posta.
Aquel que te hiciere más caricia,
si te escudriña con industria el pecho,
cree que tu mal y no tu bien codicia.
Los bienes que el Amor te hubiere hecho,
Fanio, tesoros son de duen de casa,
cállalos, y entrarante en buen provecho.
Y aquel refrán, que tan valido passa,
_que pierde el bien si no es comunicado_,
no atraviesse las puertas de tu casa.
Calla con el amigo más fundado,
que en prisión, en discordia ó en ausencia,
no te arrepentirás de haber callado.
Sabe que es general esta dolencia,
entre la gente moza respetarse
amigo á amigo sólo en la presencia.
Que ya hemos visto alguno, por fiarse
de un gran amigo, hecha su jornada,
pensar que es todo un tiempo, y engañarse.
Y alguno vi con suerte confiada,
lleno de vanagloria en sus favores,
después hallarse un nido con no nada.
Y cuando la ocasión destos temores
cessasse (que impossible me parece),
por ley han de callar los amadores.
Y en lo que ahora de tu bien se ofrece,
no te descuides, menos te apressures,
que lo extremado apenas permanece.
¿Qué me respondes, FANIO? _F._ Que no cures,
de decir más, que poco daño temo
con tal que tú por mi salud procures.
Demás que siempre huigo yo el extremo,
y callo bien, como si fuesse un canto,
y de mi hermano en mi afición blasfemo.