_Que cuenta en pronosticar lo de los
agüeros; cosa de notar._
Estoy turbado de una cierta ave que
agora voló y vengo á conjeturar que
nos ha de suceder en esta noche algun
enojoso acontescimiento, por lo cual
encomendemonos á Dios y aparejemonos
á padescer, pues no se puede escusar.
Perequin, se rió mucho burlando de
Pierres; y dijo: por Dios que me
maravillo de tí que con todo tu saber
des crédito á liviandades tan sin razon,
y si en agüeros crees nunca harás cosa
buena, porque si viendo esas vanidades
esperas á ver si aciertan ó no, agora
por temor, agora por engaño del demonio
puedes peligrar en tu salud, por lo cual
te ruego que depongas de tu pecho esta
tu errada opinion y no le des alguna fe,
porque permitirá Dios que acaezca el
mal pronosticado por castigar tu yerro
y no porque de allí hubiese de suceder
necesariamente. Respondio Pierres: más
me maravillo yo de tí, porque me quieres
convencer que sea arte de vanidad, pues
en todos los acaescimientos pronosticados
he hallado que vengan á suceder segun é
como yo los he agüerado; y no pienses
que lo supe de mi, que mucho trabajo
me costó á la deprender de grandes
sabios que me la enseñaron; y cree tú
que tiene gran fundamento, pues todos
los sabios antiguos mentan que tenian
en suprema veneracion y le daban tanta
fe como á los muy dinos oráculos de su
Dios, pronosticaban de cosas acaescidas
de improviso, agora en cuerpos muertos
de animales sacrificados á sus dioses,
agora de vuelo a graznido de las aves,
y convenciales á lo creer las grandes
experiencias que se les ofrecian, como
fue lo que cuentan de Julio Cesar, qu'el
primero día que se asentó en la silla
imperial sacreficó un buey á Júpiter
y abriendole fue hallado sin corazon,
de lo qual los agüeros pronosticaron
tristemente y le señalaron todo el mal,
lo qual así ha sucedido, que de veinte é
tres puñaladas fue muerto en el senado.
Y tambien leemos que Cayo Claudio é
Lucio Petilio cónsules sacreficaron
como lo habian de costumbre á los
dioses, y en matando el buey ante las
aras le sacaron el corazon, el qual de
improviso se corrompio de podre, por lo
qual los agüeros venieron á pronosticar
triste suceso en sus muertes, á los
cuales dijeron que moririan muy breve;
é ansi fue, que no mucho tiempo murio
Claudio Cayo de una grave enfermedad y
Petilio en la guerra. Como Antioco rey
de Siria tuviese guerra con los partos
acontecio que estando en el real hizo una
golondrina nido en su mismo pavellon,
de lo qual los agüeros denunciaron mal
suceso de la batalla, y así fue, que en
el comitimiento de los ejércitos fue
muerto el rey Antioco y todo desbaratado
y perdido. Otros muchos enjemplos de las
historias notables te pudiera yo agora
traer para corroboracion de que fue
creida mi verdad; mas pues tu pertinacia
me lo ha todo de destruir, aguardemos
á lo que hubiere de acaescer. Luego le
respondió Perequin: por hombre para
poco me tienes si confiando en Dios no
te convenciere á que creas sin hacerme
algun perjuicio tus argumentos ser
falsos y diabólico y vano el agorar; yo
te probaré que estos sus acaescimientos
no pueden ser causa ni ocasion para que
dellos se pudiese pronosticar lo que
está por venir, y porque no parezca que
mi persuacion procede sin autoridad,
sabras que se lee en los Proverbios del
sapientisimo Salomon que no queramos
ser como los hombres mintirosos que se
mantienen de viento y dan credito á las
aves que vuelan, porque en la verdad gran
liviandad es seguir cosa tan incierta
y cosa que nunca se puede saber; [de]
sentencia de tanta autoridad se puede
colegir la vana supersticion que está en
esta ciencia; despues desto quiero que
vengamos á considerar cuanta fuerza é
sustentacion de las aves é cualesquiera
otros brutos en el ser y obras del
hombre; de las unas aves con su canto ó
con su vuelo o chellido; los brutos con
sus corporales dispusiciones de corazon
ó bazo, para que señalen lo que nos
ha de acaescer, y porque tú y cuantos
nascieron mejor se pueden convencer,
vengamos á la razon natural que muestra
mi entencion. Á todos es notorio que los
brutos animales tan solamente se mueven
por un sentido aquello que de presente
le es y solo se aplican aquello que ante
si tienen, sin consideracion de lo que
en ausencia les está. É ansi todas las
aves mueven su cuerpo, alas é pies por
solo impeto de su naturaleza, por hacer
cualquiera ejercicio, como para hablar,
para comer ó cantar, sin ser de otra
parte costreñidos á ello é sin primero
lo pensar que lo salgan hacer; pues esto
es ansí ¿quien será tan falto de saber
que pueda afirmar que las aves con su
vuelo ora en la mano diestra ó siniestra
cantan ó no, que senifica en nuestras
obras bien ó mal? si con hambre comen
¿qué tienen que hacer si yo moriré? y si
con sed beban ¿qué tiene que hacer? y
si comiendo algo se les caiga del pico,
¿qué convenencia tiene con si me sucederá
prósperamente un viaje? ¿qué razon lieva
que los hombres veneren todas las obras
y movimientos de los brutos y tengan
por muy cierto que todo aquello les
venefique que ellos de su libre albedrio
han de hacer? por cierto gran bajeza.
Y despues pensar que Dios onipotente
hiciese un tan perfeto animal como es
el hombre y de tan alto intendimiento
que conosciese lo que estaba por
venir por las obras de las miserabres
avecicas y de brutos sin uso de razon,
las quales como ellas mesmas comienzan
á volar no saben donde van ni qué les
pueda suceder, pues cuanto ellas en
este caso puedan muy bien nos lo mostró
Mosolamon indio, hombre de muy iminente
saber é industria de la guerra, de muy
facunda prudencia; de aqueste leemos
que siguio á los griegos y macedones
despues de la muerte de Alejandro, y
como un día fuese con él al ejército é
por el camino acaesciese que se puso
un ave en un arbol é como los agoreros
la viesen comenzaron agorar sobre si
debian de pasar adelante; paró alli el
Mosolamo como los vio en esta disputa,
tomó el arco y mató el ave, burlando
de la veneracion del agorar; y como el
agorero mayor lo vio entristeciose mucho,
é alzando Mosolamo el ave del suelo
dijo ansi: decir porque os acelereis;
nunca esta ave supiera lo que nos habia
de acaescer pues de si misma no supo
procurando por su salud, y pues inorante
de su muerte se puso en el arbol para que
la matase yo, mal podria saber nuestro
mal ó bien acaescimiento; ansí que de
todo esto se puede muy bien deducir la
vanidad del agorar de las aves é brutos
cualesquiera é de cualesquiera otros
acontecimientos que se puedan ofrecer,
como varonilmente nos lo mostró aquel
glorioso y felice gran capitan español
Gonzalo Hernandez de Córdoba, varon que
despues que la fama lo conoscio solo él
quiso, no César inmortal, porque aunque
muerto, la eternal memoria de sus buenos
hechos le hace revivir; fue en fin tal
que si le alcanzaran los gentiles que
á Aquiles y á Mares y á Palas hicieron
sacreficio, á este sin controversia le
adoraran todos por Dios. Leemos dél
que estando aparejado en Nápoles para
acometer con su ejército gran compañía de
enemigos acaescio por mal recado se les
prendio la polvora de la artilleria, y
entristeciéndose toda la gente teniendolo
por mal agüero, salió ante todos con
gran ánimo diciendo: no desmaye nadie,
caballeros; esforzad el corazon, que
estas almenures (_sic_ por luminarias)
son de nuestra vitoria; y diciendo
esto los esforzó tanto para acometer
que brevemente destruyó los enemigos.
Convencido me estoy yo bastante á creer
que todo género de agorar sea vano y de
ninguna certedumbre, ni sé mas de que el
demonio nos quiere engañar con hacernos
entender que todo sea ansí como nos lo
muestra y trabaja con toda su industria
que suceda aquello que nos mostró ó que
pronosticaron del vuelo del ave, ó de
cualquiera otra cosa, y esto aunque nunca
hubiera de acontecer, porque solamente
le creais; y agora me temo yo, señor
Pierres, que pirmitirá Dios que nos
suceda el mal que vos habeis agorado, por
castigaros el yerro que cometisteis en
dar crédito á cosa tan vana y tan errada,
la qual es de pura industria y engaño del
demonio y no porque creo que hubiese ansi
de acaescer. Pierres quedó convencido
y atemorizado con el miedo que lo puso
Perequin de parte de Dios porque daba
crédito al agorar; y asi razonando fueron
toda la tarde en esta materia hasta que
llegamos á una aldea de pocos vecinos.
MICILLO.--Pues, tú Pitágoras, ¿porque no
diste en aquel arte tu parescer, que bien
se te entendia, pues fueste discípulo de
los magos?
GALLO.--Porque mientras fue asno no
pude hablar. Como fuemos llegados á la
aldea aparejóse la cena, porque llegamos
tarde é despues de haber cenado fuéronse
mis amos á reposar y sosegose la casa.
Sucedio que junto á la media noche, en
lo mas sabroso del sueño, entran en casa
unos ladrones y roban las arcas del
huéspede, que era rico, y levantados
con la presa porque no lo podian levar
acuestas, vienen al establo y tomanme á
mí para que mis hombros lo lieven, y como
vieron que tenían cogido quien lo levase
sin trabajo suyo, tornaron á hurtar,
doblado y cargaronme de aquellos tesoros
y buena ropa una carga que no la levaran
dos como yo, y abiertas las puertas
sin ser sentidos me sacaron fuera del
lugar. Tenian su vivienda en una cueva
que habian hecho cinco millas de aquella
aldea y habiamos de pasar un rio para ir
allá por un vado, y como los ladrones
viniesen tan alegres con su priesa y
fuese algo oscura la noche, perdieron el
vado, y llegados al rio, confiando en que
yo pasaría delante aguijáronme para que
pasase y en entrando no muy lejos de la
orilla, lancé los pies y las manos en un
tremadal, y como el agua era alta luego
me ahogué y la hacienda todo se perdio
sin poder cobrar nada.