Quando, señora, la pena verdadera de amor
como es la mia está sellada en el alma,
pues que justa razon alli la haya puesto,
en el coraçon está imprimida de suerte
que sin él e sin ella no pueda salir de
alli. Pues ¿como quereys, señora, que
mi cuydado se mude?, que el dia primero
que os vi, dentro en mis entrañas e
coraçon quedó el propio traslado vuestro
perfectamente esculpido, e despues aca
quantas estradas me haueys tirado que son
infinitas, llegadas alli, el fuego que
en tal lugar hallan las funde, porque
son de oro siendo vuestras e fundidas
hallan alli vuestra effigia e de cada vna
dellas se haze vn otra semejante. Assi
que aunque el coraçon y el alma con las
principales sacassen, el cuerpo quedaria
lleno con tantas que de aqui a mill años
en mi sepultura se hallarian dellas
sin cuento, e aun en todos mis huessos
se hallaria vuestro nombre escripto en
cada vno. Ansi, que señora, si quereys
que de quereros me aparte, mandad sacar
mis huessos e raer de alli vuestro
nombre, e de mis entrañas quitar vuestra
figura, porque ya en mi está conuertido
en que si alguno me pide quien so digo
que vuestro. E si esto a desuario se
me juzgasse, mayor lo haria quien tal
quissiese juzgar, porque no hay nayde
que con mis ojos, señora, os mire que no
conozca ser justo lo que hago; e como ya
he dicho, aunque en la razon mia encobrir
lo quisiesse no puedo, porque el fuego
de dentro haze denunciar a la lengua la
causa. Pero pues que en vuestra mano
está matarme o darme la vida, e pues
que della teneys la llaue, ved vos si
lo podeys hazer e ganareys la victoria
del tal vencimiento. E si con quitarme
la vida pensays acabarlo, dudolo, porque
aunque del coraçon e las otras partes
vos apartassedes con matarme, ni mas
ni menos en el alma os quedariades, de
do jamas os podreys quitar porque es
inmortal a causa de estar vos en ella.
E si de mi se partiesse donde agora mis
passiones la tienen presa y atormentada,
jamas de vuestra presencia se partiria,
donde con mucho contentamiento estaria
contino. Assi que si agora estando comigo
os enoja ausente, mira que hará entonces
estando presente, e bien sé que pues
agora os enojays por seros yo de mi grado
captiuo, que despues de yo muerto más
enojo recibireys de vos matadora, e sola
esta gloria que de mi muerte se espera
me basta a mi para que contento pierda
la vida, pues que con ello yo seré fuera
de pena e vos con pesar arrepentida.
Podreys señora dezir entonces que no es
vuestro el cargo sino mia la culpa pues
que yo mesmo me lo he buscado y querido
mi daño contra vuestra voluntad. Entonces
mi alma os negará la partida diziendo:
no, no, no es ansi, que el cargo, señora,
tuyo es pues que tan cruelmente tan mal
le trataste no pidiendote más bien de
licencia para sofrir su mal sin ninguna
offensa tuya ni más gloria suya.