BARTOLO.--Como no me desaires tú, niña de mis ojos, lo demás importa

seis maravedís, y como yo te cure á ti, mas que se muera todo el

género humano.

(_Sale por la derecha Lucas; va acercándose detrás de Bartolo, y

escucha._)

ANDREA.--Yo no tengo nada que curar.

BARTOLO.--Pues mira, lo mejor será curar á tu marido... ¡Qué bruto

es, y qué celoso tan impertinente!

ANDREA.--¿Qué quiere usted? Cada uno cuida de su hacienda.

BARTOLO.--¿Y por qué ha de ser hacienda de aquel gaznápiro este

cuerpecito gracioso?

(_Se encamina á ella con los brazos abiertos en ademán de abrazarla.

Andrea se va retirando, Lucas agachándose, pasa por debajo del brazo

derecho de Bartolo, vuélvese de cara hacia él, y quedan abrazados los

dos. Andrea se va riendo por la puerta del lado izquierdo._)

LUCAS.--¿No le he dicho á usted, señor doctor, que no quiero esas

chanzas?... ¿No se lo he dicho á usted?

BARTOLO.--Pero hombre, si aquí no hay malicia ni...

LUCAS.--Vete tú de ahí... Con malicia ó sin ella, le he de abrir

á usted la cabeza de un trancazo, si vuelve á alzar los ojos para

mirarla. ¿Lo entiende usted?

BARTOLO.--Pues ya se ve que lo entiendo.

LUCAS.--Cuidado conmigo... (_Le da un envión al tiempo de desasirse

de él._) ¡Se habrá visto mico más enredador!

ESCENA IV.

DON JERÓNIMO (_sale por la izquierda_), BARTOLO, LUCAS, LEANDRO.

D. JERÓNIMO.--¡Ay, amigo don Bartolo! que aquella pobre muchacha no

se alivia. No ha querido acostarse. Desde que ha tomado la sopa en

vino está mucho peor.

BARTOLO.--¡Bueno! eso es bueno. Señal de que el remedio va obrando.

No hay que afligirse, que aquí estoy yo... (_Llama, encarándose á la

puerta del lado derecho._) Digo ¡don Casimiro! ¡don Casimiro!

LEANDRO (_desde adentro_).--¡Señor!

BARTOLO.--¡Don Casimiro!

LEANDRO (_saliendo_).--¿Qué manda usted?

D. JERÓNIMO.--¿Y quién es este hombre?

BARTOLO.--Un excelente didascálico... boticario que llaman ustedes...

eminente profesor... Le he mandado venir para que disponga una

cataplasma de todas flores, emolientes, astringentes, dialécticas,

pirotécnicas y narcóticas, que será necesario aplicar á la enferma.

D. JERÓNIMO.--Mire usted qué decaída está.

BARTOLO.--No importa, va á sanar muy pronto.

ESCENA V.

DOÑA PAULA, ANDREA, GINÉS, DON JERÓNIMO, BARTOLO, LEANDRO, LUCAS.

(_Salen los tres primeros por la puerta de la izquierda._)

BARTOLO.--Don Casimiro, púlsela usted, obsérvela bien, y luégo

hablaremos.

D. JERÓNIMO.--¿Conque en efecto es mozo de habilidad? ¿Eh?

(_Va Leandro, y habla en secreto con doña Paula, haciendo que la

pulsa. Andrea tercia en la conversación... Quedan distantes á un lado

Bartolo y don Jerónimo, y á otro Ginés y Lucas._)

BARTOLO.--No se ha conocido otro igual para emplastos, ungüentos,

rosolis de perfecto amor y de leche de vieja, ceratos y julepes. ¿Por

qué le parece á usted que le he hecho venir?

D. JERÓNIMO.--Ya lo supongo. Cuando usted se vale de él, no, no será

rana.

BARTOLO.--¿Qué ha de ser rana? No, señor, si es un hombre que se

pierde de vista.

D.ª PAULA.--Siempre, siempre seré tuya, Leandro.

D. JERÓNIMO.--¿Qué? (_Volviéndose hacia donde está su hija._) ¿Si

será ilusión mía? ¿Ha hablado, Andrea?

ANDREA.--Sí, señor, tres ó cuatro palabras ha dicho.

D. JERÓNIMO.--¡Bendito sea Dios! ¡Hija mía! (_Abraza á doña Paula,

y vuelve lleno de alegría hacia Bartolo, el cual se pasea lleno de

satisfacción._) ¡Médico admirable!

BARTOLO.--¡Y qué trabajo me ha costado curar la dichosa enfermedad!

Aquí hubiera yo querido ver á toda la veterinaria junta y entera, á

ver qué hacía.

D. JERÓNIMO.--Conque, Paulita, hija, ya puedes hablar, ¿es verdad?

(_Vuelve á hablar con su hija, y la trae de la mano._) Vaya, dí

alguna cosa.

GINÉS (_aparte y á Lucas_).--Aquí me parece que hay gato encerrado...

¿Eh?

LUCAS.--Tú calla, y déjalo estar.

D.ª PAULA.--Sí, padre mío, he recobrado el habla para decirle á usted

que amo á Leandro, y que quiero casarme con él.

D. JERÓNIMO.--Pero si...

D.ª PAULA.--Nada puede cambiar mi resolución.

D. JERÓNIMO.--Es que...

D.ª PAULA.--De nada servirá cuanto usted me diga. Yo quiero casarme

con un hombre que me idolatra. Si usted me quiere bien, concédame su

permiso sin excusas ni dilaciones.

D. JERÓNIMO.--Pero, hija mía, el tal Leandro es un pobretón...

D.ª PAULA.--Dentro de poco será muy rico. Bien lo sabe usted. Y sobre

todo, sarna con gusto no pica.

D. JERÓNIMO.--Pero ¡qué borbotón de palabras la ha venido de repente

á la boca!... Pues, hija mía, no hay que cansarse. No será.

D.ª PAULA.--Pues cuente usted con que ya no tiene hija, porque me

moriré de la desesperación.

D. JERÓNIMO.--¡Qué es lo que me pasa! (_Moviéndose de un lado á otro,

agitado y colérico. Doña Paula se retira hacia el foro, y habla con

Leandro y Andrea._) Señor doctor, hágame usted el gusto de volvérmela

á poner muda.

BARTOLO.--Eso no puede ser. Lo que yo haré, solamente por servirle á

usted, será ponerle sordo para que no la oiga.

D. JERÓNIMO.--Lo estimo infinito... Pero ¿piensas tú, hija

inobediente, que?...

(_Encaminándose hacia doña Paula. Bartolo le contiene._)

BARTOLO.--No hay que irritarse, que todo se echará á perder. Lo que

importa es distraerla y divertirla. Déjela usted que vaya á coger

un rato el aire por el jardín, y verá usted cómo poco á poco se

la olvida ese demonio de Leandro... Vaya usted á acompañarla, don

Casimiro, y cuide usted no pise alguna mala yerba.

LEANDRO.--Como usted mande, señor doctor. Vamos, señorita.

D.ª PAULA.--Vamos enhorabuena.

D. JERÓNIMO.--Id vosotros también.

(_Á Lucas y Ginés, los cuales, con doña Paula, Leandro y Andrea, se

van por la puerta del foro._)

ESCENA VI.

DON JERÓNIMO, BARTOLO.

D. JERÓNIMO.--¡Vaya, vaya, que no he visto semejante insolencia!

BARTOLO.--Esa es resulta necesaria del mal que ha estado padeciendo

hasta ahora. La última idea que ella tenía cuando enmudeció, fué sin

duda la de su casamiento con ese tunante de Alejandro, ó Leandro,

ó como se llama. Cogióla el accidente, quedáronse trasconejadas

una gran porción de palabras, y hasta que todas las vacíe, ó se

desahogue, no hay que esperar que se tranquilice ni hable con juicio.

D. JERÓNIMO.--¿Qué dice usted? Pues me convence esa reflexión.

(_Saca la caja don Jerónimo, y él y Bartolo toman tabaco._)

BARTOLO.--¡Oh! y si usted supiera un poco de numismática, lo

entendería un poco mejor... Venga un polvo.

D. JERÓNIMO.--¿Conque luégo que haya desocupado?...

BARTOLO.--No lo dude usted... Es una evacuación que nosotros llamamos

_tricolos tetrastrofos_.

ESCENA VII.

LUCAS, ANDREA, GINÉS (_van saliendo todos tres por la puerta del

foro_), DON JERÓNIMO, BARTOLO.

GINÉS.--¡Señor amo!

LUCAS.--¡Señor don Jerónimo!... ¡Ay qué desdicha!

ANDREA.--¡Ay, amo mío de mi alma! que se la llevan.

D. JERÓNIMO.--Pero ¿qué se llevan?

LUCAS.--El boticario no es boticario.

GINÉS.--Ni se llama don Casimiro.

ANDREA.--El boticario es Leandro, en propia persona, y se lleva

robada á la señorita.

D. JERÓNIMO.--¿Qué dices? ¡Pobre de mí! Y vosotros, brutos, ¿habéis

dejado que un hombre solo os burle de esa manera?

LUCAS.--No, no estaba solo, que estaba con una pistola. El demonio

que se acercase.

D. JERÓNIMO.--¿Y este pícaro de médico?...

BARTOLO (_aparte lleno de miedo_).--Me parece que ya no puede tardar

la tercera paliza.

D. JERÓNIMO.--Este bribón, que ha sido su alcahuete... Al instante

buscadme una cuerda.

ANDREA.--Ahí había una larga de tender ropa.

LUCAS.--Sí, sí, ya sé dónde está. Voy por ella.

(_Vase por la izquierda, y vuelve al instante con una soga muy

larga._)

D. JERÓNIMO.--Me las ha de pagar... Pero ¿hacia dónde se fueron?

¡Válgame Dios!

ANDREA.--Yo creo que se habrán ido por la puerta del jardín que sale

al campo.

LUCAS.--Aquí está la soga.

D. JERÓNIMO.--Pues inmediatamente atadme bien de piés y manos al

doctor aquí en esta silla... (_Bartolo quiere huir, y Lucas y Ginés

le detienen._) Pero me lo habéis de ensogar bien fuerte.

GINÉS.--Pierda usted cuidado... Vamos, señor don Bartolo.

(_Le hacen sentar en la silla poltrona, y le atan á ella, dando

muchas vueltas á la soga._)

D. JERÓNIMO.--Voy á buscar aquella bribona... Voy á hacer que avisen

á la justicia, y mañana sin falta ninguna este pícaro médico ha de

morir ahorcado... Andrea, corre, hija, asómate á la ventana del

comedor, y mira si los descubres por el campo. Yo veré si los del

molino me dan alguna razón. Y vosotros no perdáis de vista á ese

perro.

(_Se va don Jerónimo por la derecha, y Andrea por la izquierda. Lucas

y Ginés siguen atando á Bartolo._)

ESCENA VIII.

BARTOLO, LUCAS, GINÉS, MARTINA.

GINÉS.--Echa otra vuelta por aquí.

LUCAS.--¿Y no sabes que el amiguito este había dado en la gracia de

decir chicoleos á mi mujer?

GINÉS.--Anda, que ya las vas á pagar todas juntas.

BARTOLO.--¿Estoy ya bien así?

GINÉS.--Perfectamente.

MARTINA (_saliendo por la puerta de la derecha_).--Dios guarde á

ustedes, señores.

LUCAS.--¡Calle, que está usted por acá! Pues ¿qué buen aire la trae á

usted por esta casa?

MARTINA.--El deseo de saber de mi pobre marido. ¿Qué han hecho

ustedes de él?

BARTOLO.--Aquí está tu marido, Martina: mírale, aquí le tienes.

MARTINA (_abrazándose con Bartolo_).--¡Ay, hijo de mi alma!

LUCAS.--¡Oiga! ¿Conque esta es la médica?

GINÉS.--Aun por eso nos ponderaba tanto las habilidades del doctor.

LUCAS.--Pues por muchas que tenga, no escapará de la horca.

MARTINA.--¿Qué está usted ahí diciendo?

BARTOLO.--Sí, hija mía, mañana me ahorcan sin remedio.

MARTINA.--¿Y no te ha de dar vergüenza de morir delante de tanta

gente?

BARTOLO.--¿Y qué se ha de hacer, paloma? Yo bien lo quisiera excusar,

pero se han empeñado en ello.

MARTINA.--Pero ¿por qué te ahorcan, pobrecito, por qué?

BARTOLO.--Ese es cuento largo. Porque acabo de hacer una curación

asombrosa, y en vez de hacerme protomédico han resuelto colgarme.

ESCENA IX.

DON JERÓNIMO, ANDREA, BARTOLO, LUCAS, GINÉS, MARTINA.

(_Sale don Jerónimo por la puerta de la derecha, y Andrea por la

izquierda._)

D. JERÓNIMO.--Vamos, chicos, buen ánimo. Ya he enviado un propio á

Miraflores; esta noche sin falta vendrá la justicia, y cargará con

este bribón... Y tú ¿qué has hecho?, ¿los has visto?

ANDREA.--No, señor, no los he descubierto por ninguna parte.

D. JERÓNIMO.--Ni yo tampoco... He preguntado, y nadie me sabe dar

razón... Yo he de volverme loco... (_Dando vueltas por el teatro,

lleno de inquietud._) ¿Adónde se habrán ido?... ¿Qué estarán haciendo?

ESCENA X.

DOÑA PAULA, LEANDRO (_salen por la puerta del lado derecho_), DON

JERÓNIMO, BARTOLO.

LEANDRO.--¡Señor don Jerónimo!

D.ª PAULA.--¡Querido padre!

D. JERÓNIMO.--¿Qué es esto? ¡Picarones, infames!

LEANDRO (_se arrodilla con doña Paula á los piés de don

Jerónimo_).--Esto es enmendar un desacierto. Habíamos pensado irnos

á Buitrago y desposarnos allí, con la seguridad que tengo de que mi

tío no desaprueba este matrimonio; pero lo hemos reflexionado mejor.

No quiero que se diga que yo me he llevado robada á su hija de usted,

que esto no sería decoroso ni á su honor ni al mío. Quiero que usted

me la conceda con libre voluntad, quiero recibirla de su mano. Aquí

la tiene usted, dispuesta á hacer lo que usted la mande; pero le

advierto que si no la casa conmigo, su sentimiento será bastante

á quitarla la vida; y si usted nos otorga la merced que ambos le

pedimos, no hay que hablar de dote.

D. JERÓNIMO.--Amigo, yo estoy muy atrasado, y no puedo...

LEANDRO.--Ya he dicho que no se trate de intereses.

D.ª PAULA.--Me quiere mucho Leandro para no pensar con la

generosidad que debe. Su amor es á mí, no á su dinero de usted.

D. JERÓNIMO (_alterándose_).--¡Su dinero de usted, su dinero de

usted! ¿Qué dinero tengo yo, parlera? ¿No he dicho ya que estoy muy

atrasado? No puedo dar nada, no hay que cansarse.

LEANDRO.--Pero bien, señor, si por eso mismo se le dice á usted que

no le pediremos nada.

D. JERÓNIMO.--Ni un maravedí.

D.ª PAULA.--Ni medio.

D. JERÓNIMO.--Y bien, si digo que sí, ¿quién os ha de mantener,

badulaques?

LEANDRO.--Mi tío. ¿Pues no ha oído usted que aprueba este casamiento?

¿Qué más he de decirle?

D. JERÓNIMO.--¿Y se sabe si tiene hecha alguna disposición?

LEANDRO.--Sí, señor; yo soy su heredero.

D. JERÓNIMO.--¿Y qué tal, está fuertecillo?

LEANDRO.--¡Ay! no, señor, muy achacoso. Aquel humor de las piernas le

molesta mucho, y nos tememos que de un día á otro...

D. JERÓNIMO.--Vaya, vamos, ¿qué le hemos de hacer? Conque... (_Hace

que se levanten, y los abraza. Uno y otro le besan la mano._) Vaya,

concedido, y venga un par de abrazos.

LEANDRO.--Siempre tendrá usted en mí un hijo obediente.

D.ª PAULA.--Usted nos hace completamente felices.

BARTOLO.--Y á mí ¿quién me hace feliz? ¿No hay un cristiano que me

desate?

D. JERÓNIMO.--Soltadle.

LEANDRO.--Pues ¿quién le ha puesto á usted así, médico insigne?

(_Desatan los criados á Bartolo._)

BARTOLO.--Sus pecados de usted, que los míos no merecen tanto.

D.ª PAULA.--Vamos, que todo se acabó, y nosotros sabremos

agradecerle á usted el favor que nos ha hecho.

MARTINA.--¡Marido mío! (_Se abrazan Bartolo y Martina._) Sea

enhorabuena, que ya no te ahorcan. Mira, trátame bien, que á mí me

debes la borla de doctor que te dieron en el monte.

BARTOLO.--¿Á ti? Pues me alegro de saberlo.

MARTINA.--Sí por cierto. Yo dije que eras un prodigio en la medicina.

GINÉS.--Y yo porque ella lo dijo lo creí.

LUCAS.--Y yo lo creí porque lo dijo ella.

D. JERÓNIMO.--Y yo porque estos lo dijeron, lo creí también, y

admiraba cuanto decía como si fuese un oráculo.

LEANDRO.--Así va el mundo. Muchos adquieren opinión de doctos, no por

lo que efectivamente saben, sino por el concepto que forma de ellos

la ignorancia de los demás.

[Ilustración]

ÍNDICE

Pág.

LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN. 5

DISCURSO PRELIMINAR. 21

La comedia nueva. 59

El sí de las niñas. 109

La escuela de los maridos. 183

El médico á palos. 239

End of Project Gutenberg's Comedias escogidas, by Leandro Fernández de Moratín

Comedias escogidas · 第 17 / 17 段