FÚNEBRE

La montaña que tiembla, por que siento

germen de cataclismo en sus entrañas

el huracán que gemebundo emigra

quién sabe a qué región y a qué distancia:

el amor que ruge protestando airado

de la ley del nivel que lo avasalla:

los mundos del sistema, ¡tristes mundos!

que al sol de Dios obedeciendo pasan

como en la arena de la pista el potro,

a latigazos, ¡noble potro! salta:

no tienen sobre sí más amargura

que la que hospeda en sus desiertos mi alma,

porque yo arrastro sobre mí, ¡y no puedo!

como un cuerpo podrido, la esperanza.

Tú que vives la vida de los justos

allá junto a tu Dios arrodillada:

yo no creo, ni aguardo, pero pienso

que haya hecho Dios un Cielo para tu alma;

dame un rayo de luz, ¡uno tan sólo!

que restaure mi fuerza que desmaya,

que ilumine mi mente que se anubla,

que reanime mi fe que ya se apaga;

dame un beso de amor, ¡uno siquiera!

aquí, sobre esta frente que besabas,

aquí, sobre estos labios que otros labios

han besado con ósculos de infamia,

aquí, sobre estos ojos que no tienen

nada más ¡Oh mi madre! que tus lágrimas.

Nuevas poesías y evangélicas con un estudio del Dr. Alfredo Palacios · 第 45 / 75 题