¿Qué sabía él?... A pesar de ser fraile discreto y gran sabedor de
teología, ¿qué sabía él si su penitente había ido al limbo, o a otra
parte? ¿Quién puede afirmar a dónde van las almas inflamadas en
entusiasmo y fe? ¿Habrá quien marque de un modo preciso la esfera donde
el humano sentido merecedor de asombro y respeto, se trueca en la
enajenación digna de lástima? Siendo evidente que en aquella alma se
juntaban con aleación extraña la excelsitud y la trivialidad, ¿quién
podrá decir cuál de estas cualidades a la otra vencía? Glorifiquémosle
todos. Murió pensando en la página histórica que no había de llenar, y
en la fama póstuma que no había de tener. ¡Oh, Dios poderoso! ¡Cuántos
tienen esta con menos motivo, y cuántos ocupan aquella habiendo sido
tan locos como él, y menos, mucho menos sublimes!