IV

Durante dos días Alvear no fué visto en las calles de Chuquisaca.

Urgía a Sucre hablar con él sobre unos pliegos traídos por el correo, y

fué a buscarlo en su casa; pero el mayordomo le contestó que su señor

estaba de paseo en una quinta a tres leguas de la ciudad. ¡Vivezas de

buen criado!

Amaneció el tercer día, y fué de bullanga popular.

La superiora de las mónicas acababa de descubrir que un hombre había

profanado la clausura. Cautelosamente echó llave a la puerta de la

celda, dió aviso al gobernador eclesiástico y alborotó el gallinero.

El pueblo, azuzado en su fanatismo por algunos frailes realistas, se

empeñaba en escalar muros o romper la cancela y despedazar al sacrílego.

Y habríase realizado barbaridad tamaña, si llegando la noticia del

tumulto a oídos de Sucre no hubiera éste acudido en el acto, calmado

sagazmente la exaltación de los grupos y rodeado de tropa el monasterio.

A las diez de la noche, y cuando ya el vecindario estaba entregado al

reposo, Sucre, seguido de su ayudante el teniente Pezet, y acompañado

del gobernador eclesiástico, fué al convento, platicó con la abadesa y

monjas caracterizadas, las aconsejó que echasen tierra sobre lo

sucedido, y se despidió llevándose al Tenorio argentino.

Un criado, con un caballo ensillado, los esperaba a media cuadra del

convento.

Alvear estrechó la mano de Sucre, y le dijo:

--Gracias, compañero. Vele por Isabel.

--Vaya usted tranquilo, general--contestó el héroe de Ayacucho;--que

mientras yo gobierne en Bolivia, no consentiré que nadie ultraje a esa

desventurada joven.

Alvear le tendió los brazos y lo estrechó contra su corazón, murmurando:

--¡Tan valiente como caballero! ¡Adiós!

Y saltando ágilmente sobre el cortel, tomó el camino que lo condujo a la

patria argentina, y un año después, el 20 de febrero de 1827, a coronar

su frente con los laureles de Ituzaingó.

En el tomo I de las _Memorias de O’Leary_, publicado en 1879, hallamos

una carta del mariscal Sucre a Bolívar, fechada en Chuquisaca el 27 de

enero de 1826, y de la cual, a guisa de comprobante histórico de este

aventura amorosa, copiaremos el acápite pertinente: «El general Alvear

salió el 17. Debo decir a usted, en prevención de lo que pudiera

escribírsele por otros, que este señor tuvo la imprudencia de verificar

su entrada en las mónicas, y sorprendido por la superiora, tuve yo que

poner manos en el asunto para evitar escándalos. Pude hacer que saliese

sin que la cosa hiciese gran alboroto; pero no hay títere en la ciudad

que no esté impuesto del hecho.»

Las mejores tradiciones peruanas · 第 128 / 206 题