II

Hildebrando Béjar era el don Juan Tenorio de Arequipa. Como el burlador

de Sevilla, tenía a gala engatusar muchachas y hacerse el orejón cuando

éstas, con buen derecho, le exigían el cumplimiento de sus promesas y

juramentos. El decía:

«Cuando quiera el Dios del cielo

que caiga Corpus en martes,

entonces, juro y rejuro,

será cuando yo me case.»

Víctima del calavera fué, entre otras, la bellísima Irene, tenida hasta

el momento en que sucumbió a la tentación de morder la manzana, por

honestísima y esquiva doncella.

Desdeñada por su libertino seductor y agotados por ella ruegos, lágrimas

y demás recursos del caso, decidió vengarse asesinando al autor de su

deshonra. Y armada de un puñal, se puso en acecho a dos cuadras de una

casa donde Hildebrando menudeaba a la sazón sus visitas nocturnas,

escogiendo para acechadero el _de profundis_ del hospital.

Pero fuese misterioso presentimiento o casualidad, Hildebrando dió en

rodear camino para no pasar por San Juan de Dios.

Descubierta, al fin, como hemos referido, por el prefecto La-Fuente,

Irene le confió su secreto; y a tal punto llegó el general a interesarse

por la desventura de la joven, que hizo venir a su presencia a

Hildebrando, y no sabemos si con razones o amenazas obtuvo que el

seductor se aviniese a reparar el mal causado.

Ocho días más tarde Irene e Hildebrando recibían la solemne bendición

sacramental.

Está visto que sobre la tierra, habiendo hembra y varón de por medio,

todo, hasta las apariciones de almas en pena, remata en matrimonio, que

es el más cómodo y socorrido de los remates para un novelista.

Las mejores tradiciones peruanas · 第 98 / 206 题