La colección de las cartas de Pedro Mártir de Angleria (así llaman los
españoles á este célebre hombre de Estado, natural de Anghiera, en el
Milanesado) es uno de los monumentos históricos más curiosos de los dos
reinados de Fernando el Católico y de Carlos V. Comprende treinta y
siete años, desde Enero de 1488, en que don Íñigo de Mendoza, conde de
Tendilla, condujo al autor á España, hasta Mayo de 1525, en que hace la
animada narración de la batalla de Pavía. Este largo período, durante el
cual escribió las cartas, contiene la embajada en Egipto, descrita
separadamente con el título de _Legationis Babilonicæ libri tres_
(Basileæ, 1533).
El _Opus epistolarum_ que he leído muchas veces contiene una gran
variedad de observaciones acerca de los acontecimientos políticos que
agitaron á Italia y España; sobre las intrigas de las cortes, los
descubrimientos marítimos y los fenómenos físicos de esta época
memorable. En esta colección de cartas; en las décadas _De rebus
oceanicis et de Orbe novo_, que, en parte, fueron publicadas por primera
vez[304] en Sevilla en 1511; en la relación de la embajada en Egipto,
donde escribe el estado de los monumentos á principios del siglo XVI, en
todo muéstrase Pedro Mártir de Anghiera de superior ingenio, examinando
los hechos con la impaciente curiosidad y movilidad de imaginación
propias de un siglo ávido de instrucción y de gloria.
Escribiendo á los Pontífices romanos, no le asusta cualquier atrevida
frase que se le escapa, y en los momentos más graves, cuando pinta con
extraordinario talento la tormenta revolucionaria de Florencia y las
calamidades que pusieron á Italia bajo el yugo de los extranjeros, no
desdeña el maligno placer de emplear el género anecdótico. Véase en las
cartas 316, 318, 324, 332, 431 y 516 la animada pintura de la demencia
de la reina Juana y de la dicha que gozaba durante este estado de
locura; en la carta 531, la causa secreta de la enfermedad del viejo rey
Fernando, _habendæ prolis cupidissimi_, y su estancia, con la reina
Germana de Foix, en Carrioncillo; en las cartas 613, 614, 615, 625, 634
y 646, la sórdida avaricia y las intrigas de los cortesanos flamencos
Sres. de Crouy-Chevres y de Bures[305], durante la juventud del rey
Carlos I, _de familiarium rapacitate Flamingorum, et Harpyiarum apud
infelicem juvenem versantium unguibus_; en las cartas 689 y 760,
escritas en Valladolid y en Vitoria en 1520 y 1522, las causas de la
revolución promovida por Martín Lutero: «Infidum cucullatum tragædiæ
auctorem quam monachorum odiis debemus. Lutherum ajunt suæ perfidæ
institutionis habenas adeo solvisse, ut suæ professionis Augustinæ
cucullatis det uxores: abbatisæ cuidam publice nupsit ipse! Secunda
tragædiæ scena est pecunia á Frederico, Saxoniæ duce, magna audacia
intercepta et Apostolicæ sedi restituenda.» Anghiera prevé desde
entonces que este _prodigium horrendum_ de la reforma religiosa tendrá
consecuencias muy graves. Vereor atque iterum vereor ne hoc malum latius
serpat quam ut postea illi antidotum adhibere valeamus.
La libertad con que el hombre de Estado trata la política de las cortes,
hasta de aquella en la que gozaba de gran favor, no llega sin embargo á
objetos que debieran conmover todos los corazones generosos, á las
persecuciones religiosas en los pueblos conquistados, y proporcionar el
bienestar á las clases inferiores. En este punto Pedro Mártir demuestra
toda la impasibilidad moral y todas las preocupaciones de su siglo;
aplaude las vejaciones impuestas á los judíos y á los moros, y elogia á
España por ser el país clásico de estas atroces persecuciones; agrádale
mostrar el mayor desprecio á las ínfimas clases sociales. (En las cartas
5, 6 y 9: «Quid in ipsa Hispania de Hispania sentiam, cupis á me,
Pomponi, cognoscere. De populo quem semper floccifaciendum censui, nihil
mihi curæ; placet Hispania nabilitas. De rege et regina qui duo
consortes Hispaniæ utrique æqua lance imperitant, hoc tibi possum ex
bimestri experimento referre, si unquam uno spiritu inter mortales duo
corpora fuisse afflata licuit disputare, hæc duo sunt corpora qæe unica
mente, unico spiritu, gubernantur. Nihil unquam ita unum in natura
Philosophi comperere, quod horum unitatem superet.») Esta admiración por
Fernando é Isabel alcanza después naturalmente al emperador Carlos V, á
quien, sin embargo, censura ingenuamente á causa de sus relaciones con
el rey cautivo, después de la batalla de Pavía, «por la excesiva bondad
de su carácter.» _Nimis mitis est Cæsar_ (Epist. 813).
Aunque aplaudiendo las persecuciones contra judíos y musulmanes,
muéstrase, sin embargo, Pedro Mártir de Anghiera algunas veces humano y
compasivo cuando el Tribunal de la Inquisición, que califica de hermosa
y laudable invención (_præclarum inventum et omni laude dignum_; Ep.
295), perseguía á los cristianos. Su pintura de las atrocidades
cometidas por el inquisidor de Córdoba, Luzerius, que por burla llama
_Tenebrerius_, es muy notable (Cartas 333, 342, 370, 385: «Astu partim,
partim cruciatibus creditur á testibus in damnatos accusationes
extorsisse. Væ miseris ademptis! Spero equidem fore ut ego aliquando in
Tenebrerium iratos Cælites omnes ac terrestres commotos ad vindictam
tanti sceleris videam).»
Este sentimiento compasivo del alma lo manifiesta poco cuando trata de
la libertad de los aborígenes de América. La intolerancia religiosa se
une entonces á la fría y prudente reserva del hombre de Estado (Carta
806: «Audi quid inter nos versetur de Indorum libertate, super qua variæ
sunt opiniones diu discussæ. Nihil adhuc repertum conducibile. Jura
naturalia Pontificiaque jubent ut genas humanum omne sit liberum.
Imperiale distinguit (!). Usus adversus aliquid sentit. Longa
experientia hoc censet, ut servi sint, non liberi hi, quod á natura sint
in abominabilia vitia proclives; ad obscænos errores, ducibus et
tutoribus deficientibus, illico revertuntur. Accitos in Senatum nostrum
Indicum bicolores Dominicanos fratres et pede nudos Franciscanos illarum
partium longo tempore colonos, quid fore putent, satius consuluimus.
Nihil á re magis alienum sanxerunt, quam quod liberi relinquantur.» En
esta carta, fechada en 1525, hay esta bella frase sobre los peligros que
cercaban á Cortés: «Frustra omnia, Cortesii genius supereminet.)»
Lo que presta particular encanto á la lectura de las cartas de Anghiera
es la viveza con que el autor describe los acontecimientos que ha
presenciado, como la toma de Granada (carta 92), de esta ciudad cuyo
clima parécele preferible al de la _Ciudad eterna_ (cartas 95 y 131); la
tentativa de asesinato de Cañamares contra el rey Fernando (carta 125);
el recibimiento de Cristóbal Colón en Barcelona, etc. La frescura de
estos recuerdos debió inducir hace tiempo á algún literato versado en la
historia del siglo de Alejandro VI, de Julio II y de León X, á publicar
un extracto de dicha obra en alguno de los idiomas modernos.
El _Opus epistolarum_ de Pedro Mártir es también una importante
recopilación de los fenómenos físicos. (Carta 310): aparición de un gran
cometa en Julio de 1506; cartas 430 y 769: grandes terremotos en
Constantinopla en Octubre de 1509, en el reino de Granada, en el África
septentrional y en las islas Azores[306], que el autor llama
Cassitérides, durante el verano de 1522; carta 465: descripción
detalladísima de una enorme caída de aerolitos cerca de Crema, en las
márgenes del Adda, el 4 de Septiembre de 1511 al mediodía. Al fenómeno
acompañó una grande obscuridad en la bóveda celeste y explosiones
luminosas. «Est Brixiæ Bergamoque ducatus Mediolani urbibus, ex
Adriatici leonis faucibus nuper ereptis, insigne municipium nomine Crema
vicinum. Fama est, pavonem immensum pridie nonas Septembris, in aëre,
Cremensi plaga fuisse visum. Pavo visus in pyramidem converti, adeoque
celeri ab occidente in orientem raptari cursu, ut in horæ momento magnam
hemisphærii partem, doctorum inspectantium sententia, pervolasse
credatur. Ex nubium illico densitate, tenebras ferunt surrexisse, quales
viventium nullus unquam se cognovisse fateatur. Per eam noctis faciem,
cum formidolosis fulguribus, inaudita tonitrua regionem circumsepserunt.
Fulgurum fuit adeo perlucens rabida flamma ut apertius ex Bergamo sita
in montibus urbe planitei Cremensi imminenti, Cremensem agrum
despexerint montani Bergamenses, quam per claram queat despectari diem.
Ex horrendo illo fragore, quid irata natura in eam regionem pepererit,
percunctaberis. Saxa demisit in Cremensi planitie (ubi nullus unquam
æquans ovum lapis visus fuit) inmensæ magnitudinis, ponderis egregii.
Peremptos in fluminibus pices, interfectos in aëre volucres, trucidatas
in agris pecudes ferunt innumeras. Decem fuisse reperta centilibralia
saxa ferunt.» Los aerolitos fueron proyectados con tal violencia «ut suo
pondere et impetu terram elevarent concussam ad quindecim hominum
staturas, vineasque submersisse Cremenses dicant non paucas. E saxis
grandioribus Mediolanum unum allatum est, librarum Mediolanensium centum
decem. Id religiose á meis civibus, rei miraculo percussis, servatur.
Pondus auro non levius, color est semiglaucus, odor sulphureus.
Margaritam æmulatur metallariam; mira super hisce prodigiis et quomodo
hæc saxa gignantur conscripta fanatice, physice, theologice ad nos missa
sunt ex Italia.» Pedro Mártir recibió un pedazo, del tamaño del puño,
que enseñó al rey en presencia del gran capitán Gonzalo de Córdova.
Probablemente era un fragmento interior, desprovisto de la costra,
porque observador tan exacto hubiera dado cuenta de ella.
Cardan supuso que esta lluvia de aerolitos de Crema fué lanzada por un
cometa. En efecto Riccioli ha descrito uno correspondiente á esta época;
pero siendo común entonces confundir con la misma denominación los
bólidos con los cometas, quizá Cardan no quiso situar el origen de los
aerolitos fuera de la atmósfera terrestre.
Termino la enumeración de estos fenómenos físicos por el del cambio del
nivel del Mediterráneo, observado á principios del año de 1520 en
Valencia (carta 656) y por las coronas luminosas vistas en Austria en
1522, de las cuales recibió Carlos V un _dibujo detallado_ (carta 783).
La independencia de ánimo con que Pedro Mártir trata los movimientos de
los pueblos y los errores de los gobiernos, las revoluciones de Italia y
la ambición de los Papas, encontrárnosla también en la vivacidad con que
combate la impostura de la antigua física dogmática y mística. «Viro
perillustri, nostra tempestatis principi literarum, Joanni Pico
Mirandulano assentio qui astrorum penitus negat potestatem in elementis,
multa adducens in medium exempla de nostrorum temporum Astronomis, in
mendacibus nugis sæpe deprehensis, ingentes pluvias prædicando cum eo
tempore serenos cœlum vultus ostenderit; et e converso, tranquillam
aëris regionem promittendo quando gravibus nimbis et procellosis
turbinibus postea cœlum et terra quatiebantur.»
He creído oportuno copiar estos párrafos de las cartas de Pedro Mártir
de Anghiera, dirigidas á los hombres más ilustres de una época admirable
en que la emulación por la gloria estallaba por todas partes.
Los contemporáneos de Anghiera, como, por ejemplo, Gonzalo Fernández de
Oviedo, le han censurado con razón lo incorrecto de algunas afectaciones
de estilo. Su agitada vida, sus ocupaciones administrativas y políticas
y el apresuramiento extremo con que escribía (algunas veces al sentarse
á la mesa para comer, según confesión propia) sus cartas y sus
_Décadas_, podrían servir de excusa; porque, como ingenuamente dice el
célebre historiador D. Hernando de Pulgar, en su carta dirigida á la
reina Isabel de Castilla, que pretendía aprender á escribir latín, hay
un latín puro y severo que rara vez logran poseer los hombres de
negocios. (_Mucho deseo saber cómo va Vuestra Alteza en el latín que
aprendeys: dígolo, Senhora, porque hay algún latín çahareño que no se
dexa tomar de los que tienen muchos negocios: aunque yo confío tanto en
el ingenio de Vuestra Alteza, que si lo tomays entre manos, por soberbio
que sea, lo amansareys, como aveys hecho otros lenguajes._ Véanse _Los
Claros Varones de España y las letras de F. de Pulgar_, Amst., 1670,
página 40.) El historiador, según las investigaciones de Julián Magón,
murió dos años antes de la llegada de Pedro Mártir á la corte de España,
quien siente no haber podido consultarle.
La rapidez con que circularon por toda Europa las primeras relaciones de
descubrimientos del Nuevo Mundo, relaciones que frecuentemente formaban
corto número de páginas incorrectamente impresas, prueba lo que
preocupaban á la opinión pública estos grandes acontecimientos. «El papa
León X, por la tarde, después de comer, leía á su hermana y á los
cardenales, _serena fronte_, y hasta la saciedad, las Décadas de
Anghiera.» El mismo autor nos lo dice[307], como también que no se
decide á salir de España, porque en ella encuentra la fuente de las
grandes noticias de las Indias occidentales. Una posición que le
proporciona tales ventajas, le infunde la esperanza de que llegará su
nombre, como historiador[308], á la posteridad más remota.
Cité al principio de esta obra la carta de Anghiera dirigida á Pomponio
Lætus, que comienza con las notables palabras: «Præ lætitia
prosiliisse...» Puede sorprender la fecha de esta carta (29 de Diciembre
de 1493), cuando se recuerda que Colón partió para su segundo viaje el
25 de Septiembre de 1493, y que en la carta á ese mismo Julio Pomponio
Lætus d’Amendalaro (conocido generalmente con los nombres de Sabino y de
Petrus Calaber) hablase ya de las noticias que Colón había dado á
Anghiera sobre el triste estado en que encontró la isla Hispaniola y
acerca del asesinato de los treinta y nueve castellanos en el fortín de
Navidad.
Examinando documentos dignos de fe, encuentro que á los treinta y nueve
días de la partida de Cádiz llegó Colón á la isla Dominica, y á los
cincuenta y ocho á la Hispaniola. Llegado el 27 de Noviembre de 1493 á
Cabo Santo, cerca de las ruinas del fortín Navidad, difícilmente pudo
Colón dar noticias á Pedro Mártir de Anghiera á fines de Diciembre del
mismo año. Sabemos con certidumbre que Antonio de Torres, que debía
llevar los primeros despachos de Colón á Europa, no pudo partir de la
Hispaniola hasta el 2 de Febrero de 1494. Estas fechas son las que
también consigna el Sr. Muñoz en la _Historia del Nuevo Mundo_, y están
conformes con lo que resulta de la carta del médico Chanca. Se deduce de
estas investigaciones, que acaso parezcan minuciosas, que, al coordinar
las diferentes partes del _Opus Epistolarum_, de Anghiera, se ha
equivocado el año, y que la carta á Pomponio Lætus, tantas veces citada,
es, por lo menos, de Diciembre de 1494.
Confirman esta sospecha las frases que emplea Anghiera en carta dirigida
al mismo sabio en 4 de Enero de 1495, fechada en _Complutum in Oretania_
(Alcalá de Henares). Habla á su amigo «de una carta escrita _hacía pocos
días_, que creyó interceptada, y que contenía la indicación de la
posición astronómica de la Hispaniola». Ahora bien, dicha posición está
consignada en la carta 152, que comienza con estas palabras: _Præ
lætitia prosiliisse_.
El noveno y el décimo libro de las cartas de Anghiera presentan errores
de fechas mucho más curiosos todavía. La carta 168 es una mezcla de
cosas sucedidas en 1496 y 1498; está fechada en Octubre de 1496 y habla
del descubrimiento de Paria, cuya noticia no llegó á España hasta que la
trajeron los cinco navíos enviados de Haïti, en los últimos días de
Diciembre de 1498. Con dos cartas se ha formado una sola.
De igual modo las cartas 181, 185 y 202, fechadas en Septiembre y
Noviembre de 1497 y en Febrero de 1499 hablan de la llegada de navíos
portugueses desde el cabo de Buena Esperanza á Calicut y de los peligros
que, por este suceso, amenazaban al comercio italiano. (_Damasceni et
Alexandrini mercatores_, escribe Anghiera en la carta 181, que se cree
del 1.º de Septiembre de 1497, _incommodum ingens sibi affuturum ex
Portugalensium commercio, olfaciunt. Portugalenses, Alexandrinos et
Damascenos mercatores ad medullas extenuant._) Las cartas 181, 185 y 202
no pueden corresponder á las fechas indicadas, porque Vasco de Gama no
dobló el cabo de Buena Esperanza hasta el 20 de Noviembre de 1497; llegó
á Calicut el 18 de Mayo de 1498, y de vuelta á Portugal el 19 de Julio
de 1499. La carta 181 anuncia, por consecuencia, acontecimientos que se
realizaron nueve meses después, y de los que probablemente no se tuvo
noticia en España hasta cinco meses más tarde de la fecha supuesta en la
carta 202.
Las _Décadas oceánicas_, cuyo estilo corrigió, sin examinar el fondo, el
célebre literato Antonio de Nebrija, están igualmente llenas de estos
errores de fechas[309].
En la carta de Anghiera al conde Juan Borromeo (14 de Mayo de 1493) es
donde por primera vez se nombra al Almirante: _Post paucos inde dies
rediit ab antipodibus occidius_ (el solemne recibimiento de Colón en
Barcelona se verificó en un salón y no, como se ha dicho con frecuencia,
al aire libre, en los últimos días de Abril), _Christoforus quidam
Colonus, vir Ligur, qui a meis Regibus ad hanc provinciam tria vix
impetraverat navigia; quia fabulosa, quæ dicebat, arbitrabantur_[310].
Terminaré este Apéndice citando las cartas de 1493 que se refieren á
Cristóbal Colón (Archithalasso, _Novi orbis repertori_); encuéntranse en
las páginas 72, 73, 74, 75, 76, 77, 81, 84, 85, 88, 89, 90, 92, 93, 96,
101, 102 y 116 de la edición de Amsterdam de 1670. (Compárese en la
edición de Alcalá de Henares de 1530, páginas 71, 81, 84, 89, 92, 95,
116, etc.)
Llama la atención ver designado al Almirante en una carta de Anghiera
con la frase _Christophorus quidam Colonus_, «porque es positivo que
Anghiera le conoció, aun antes de la toma de Granada» (Navarrete, t. I,
página LXVIII).
El navegante que debía dar un Nuevo Mundo á España, á quien el geómetra
Toscanelli en 1474 y el Rey de Portugal en 1484 dirigían las cartas más
halagüeñas, pues el Rey hasta le llamaba _su especial amigo_, tenía el
gran defecto de ser pobre y estar mal vestido. Para los marinos del
puerto de Palos y para los caritativos monjes del convento de la Rábida
era, en 1491, un individuo «_que ninguna persona conoscía_». Estas son
las palabras del médico García Hernández en el famoso proceso del
_fiscal del Rey_ contra Diego Colón (Navarrete, _Colección diplomática_,
t. II, pág. 578).