LAS PACES
1 El cilenio Mercurio llamaba á las almas de los pretendientes,
teniendo en su mano la hermosa áurea vara con la cual adormece los
ojos de cuantos quiere ó despierta á los que duermen. Empleábala
entonces para mover y guiar las almas y éstas le seguían profiriendo
estridentes gritos. Como los murciélagos revolotean chillando en lo
más hondo de una vasta gruta si alguno de ellos se separa del racimo
colgado de la peña, pues se traban los unos con los otros: de la
misma suerte, las almas andaban chillando, y el benéfico Mercurio,
que las precedía, llevábalas por lóbregos senderos. Transpusieron en
primer lugar las corrientes del Océano y la roca de Léucade, después
las puertas del Sol y el país de los Sueños, y pronto llegaron á la
pradera de asfódelos donde residen las almas, que son imágenes de los
difuntos.
15 Encontráronse allí con las almas de Aquiles, hijo de Peleo, de
Patroclo, del irreprochable Antíloco y de Ayax, que fué el más
excelente de todos los dánaos, en cuerpo y hermosura, después del
eximio Pelida. Éstos andaban en torno de Aquiles; y se les acercó,
muy angustiada, el alma de Agamenón Atrida, á cuyo alrededor se
reunían las de cuantos en la mansión de Egisto perecieron con el
héroe, cumpliendo su destino. Y el alma del Pelida fué la primera que
habló, diciendo de esta suerte:
24 «¡Oh Atrida! Nos figurábamos que entre todos los héroes eras
siempre el más acepto á Júpiter, que se huelga con el rayo, porque
imperabas sobre muchos y fuertes varones allá en Troya, donde los
aqueos padecimos tantos infortunios; y, con todo, te había de
alcanzar antes de tiempo la funesta Parca, de la cual nadie puede
librarse una vez nacido. Ojalá se te hubiesen presentado la muerte
y el destino en el país teucro, cuando disfrutabas de la dignidad
suprema con que ejercías el mando; pues entonces todos los aqueos te
erigieran un túmulo, y le legaras á tu hijo una gloria inmensa. Ahora
el hado te ha hecho sucumbir con la más deplorable de las muertes.»
35 Respondióle el alma del Atrida: «¡Afortunado tú, oh hijo de
Peleo, Aquiles semejante á los dioses, que expiraste en Troya,
lejos de Argos, y á tu alrededor murieron, defendiéndote, otros
valentísimos troyanos y aqueos; y tú yacías en tierra sobre un
gran espacio, envuelto en un torbellino de polvo y olvidado del
arte de guiar los carros! Nosotros luchamos todo el día y por nada
hubiésemos suspendido el combate; pero Júpiter nos obligó á desistir,
enviándonos una tormenta. Después de haber llevado tu hermoso
cuerpo del campo de la batalla á las naves, lo pusimos en un lecho,
lo lavamos con agua tibia y lo ungimos; y los dánaos, cercándote,
vertían muchas y ardientes lágrimas y se cortaban las cabelleras.
También vino tu madre, que salió del mar, con las inmortales diosas
marinas, en oyendo la nueva: levantóse en el ponto un clamoreo
grandísimo y tal temblor les entró á todos los aqueos, que se
lanzaran á las cóncavas naves si no les detuviera un hombre que
conocía muchas y antiguas cosas, Néstor, cuya opinión era considerada
siempre como la mejor. Éste, pues, arengándolos con benevolencia, les
habló diciendo:
54 «¡Deteneos, argivos; no huyáis, varones aqueos! Ésta es la madre
que viene del mar, con las inmortales diosas marinas, á ver á su hijo
muerto.»
57 »Así se expresó; y los magnánimos aquivos suspendieron la fuga.
Rodeáronte las hijas del anciano del mar, lamentándose de tal suerte
que movían á compasión, y te pusieron divinales vestidos. Las nueve
Musas entonaron el canto fúnebre, alternando con su hermosa voz,
y no vieras á ningún argivo que no llorara: ¡tanto les conmovía
la canora Musa! Diez y siete días con sus noches te lloramos, así
los inmortales dioses como los mortales hombres, y al deciocheno
te entregamos á las llamas, degollando á tu alrededor y en gran
abundancia pingües ovejas y bueyes de retorcidos cuernos. Ardió
tu cadáver, adornado con vestidura de dios, con gran cantidad de
ungüento y de dulce miel; agitáronse con sus armas multitud de héroes
aquivos, unos á pie y otros en carros, en torno de la pira en que
te quemaste; y prodújose un gran tumulto. Después que la llama de
Vulcano acabó de consumirte, oh Aquiles, y se mostró la Aurora,
recogimos tus blancos huesos y los echamos en vino puro y ungüento.
Tu madre nos entregó un ánfora de oro, diciendo que se la había
regalado Dioniso y era obra del ínclito Vulcano; y en ella están
tus blancos huesos, preclaro Aquiles, junto con los de Patroclo
Menetíada, y aparte los de Antíloco, que fué el compañero á quien
más apreciaste después del difunto Patroclo. En torno de los restos
el sacro ejército de los argivos te erigió un túmulo grande y eximio
en un lugar prominente, á orillas del dilatado Helesponto; para que
pudieran verlo á gran distancia, desde el mar, los hombres que ahora
viven y los que nazcan en lo futuro. Tu madre puso en la liza, con el
consentimiento de los dioses, hermosos premios para el certamen que
habían de celebrar los argivos más señalados. Tú te hallaste en las
exequias de muchos héroes cuando, con motivo de la muerte de algún
rey, se ciñen los jóvenes y se aprestan para los juegos fúnebres;
esto no obstante, te hubieses asombrado muchísimo en tu ánimo al
ver cuán hermosos eran los que en honor tuyo estableció la diosa
Tetis, la de los pies argénteos, porque siempre fuiste muy caro á
las deidades. Así pues, ni muriendo has perdido tu nombradía; y tu
gloriosa fama, oh Aquiles, subsistirá perpetuamente entre todos los
hombres. Pero yo, ¿cómo he de gozar de tal satisfacción, si, después
que acabé la guerra y volví á la patria, me aparejó Júpiter una
deplorable muerte por la mano de Egisto y de mi funesta esposa?»
98 Mientras de tal modo conversaban, presentóseles el mensajero
Argicida guiando las almas de los pretendientes á quienes matara
Ulises. Ambos, al punto que los vieron, fuéronse muy admirados á
encontrarlos. El alma del Atrida Agamenón reconoció al hijo amado de
Melaneo, al perínclito Anfimedonte, cuyo huésped había sido en la
casa que éste habitaba en Ítaca, y comenzó á hablarle de esta manera:
106 «¡Anfimedonte! ¿Qué os ha ocurrido, que penetráis en la obscura
tierra tantos y tan selectos varones, y todos de la misma edad? Si
se escogieran por la población, no se hallaran otros más excelentes.
¿Acaso Neptuno os mató en vuestras naves, desencadenando el fuerte
soplo de terribles vientos y levantando grandes olas? ¿Ó quizás unos
hombres enemigos acabaron con vosotros en el continente porque os
llevabais sus bueyes y sus magníficos rebaños de ovejas ó porque
combatíais para apoderaros de su ciudad y de sus mujeres? Responde á
lo que te digo, pues me precio de ser huésped tuyo. ¿No recuerdas que
fuí allá, á vuestra casa, junto con el deiforme Menelao, á exhortar á
Ulises para que nos siguiera á Ilión en las naves de muchos bancos?
Un mes entero empleamos en atravesar el anchuroso ponto, y á duras
penas persuadimos á Ulises, asolador de ciudades.»
120 Díjole á su vez el alma de Anfimedonte: «¡Atrida gloriosísimo,
rey de hombres Agamenón! Recuerdo cuanto dices, oh alumno de Júpiter,
y te contaré exacta y circunstanciadamente de qué triste modo
ocurrió que llegáramos al término de nuestra vida. Pretendíamos á
la esposa de Ulises, ausente á la sazón desde largo tiempo, y ni
rechazaba las odiosas nupcias ni quería celebrarlas, preparándonos
la muerte y la negra Parca; y entonces discurrió en su inteligencia
este nuevo engaño. Se puso á tejer en el palacio una gran tela sutil
é interminable, y á la hora nos habló de esta guisa: _¡Jóvenes,
pretendientes míos! Ya que ha muerto el divinal Ulises, aguardad,
para instar mis bodas, que acabe este lienzo--no sea que se me
pierdan inútilmente los hilos,--á fin de que tenga sudario el héroe
Laertes en el momento fatal de la aterradora muerte. ¡No se me vaya á
indignar alguna de las aqueas del pueblo, si ve enterrar sin mortaja
á un hombre que ha poseído tantos bienes!_ Así dijo, y nuestro ánimo
generoso se dejó persuadir. Desde aquel instante, pasaba el día
labrando la gran tela, y por la noche, tan luego como se alumbraba
con las antorchas, deshacía lo tejido. De esta suerte logró ocultar
el engaño y que sus palabras fueran creídas por los aqueos durante
un trienio; mas, así que vino el cuarto año y volvieron á sucederse
las estaciones, después de transcurrir los meses y de pasar muchos
días, nos lo reveló una de las mujeres, que conocía muy bien lo que
pasaba, y sorprendimos á Penélope destejiendo la espléndida tela.
Así fué cómo, mal de su grado, se vió en la necesidad de acabarla.
Cuando, después de tejer y lavar la gran tela, nos mostró aquel
lienzo que se asemejaba al sol ó á la luna, funesta deidad trajo á
Ulises de alguna parte á los confines del campo donde el porquero
tenía su morada. Allí fué también el hijo amado del divinal Ulises,
cuando volvió de Pilos en su negra nave; y, concertándose para dar
mala muerte á los pretendientes, vinieron á la ínclita ciudad, y
Ulises entró el último, pues Telémaco se le anticipó algún tanto.
El porquero acompañó á Ulises; y éste, con sus pobres harapos,
parecía un viejo y miserable mendigo que se apoyaba en el bastón y
llevaba feas vestiduras. Ninguno de nosotros pudo conocerle, ni aun
los más viejos, cuando se presentó de súbito; y lo maltratábamos,
dirigiéndole injuriosas palabras y dándole golpes. Con ánimo paciente
sufría Ulises que en su propio palacio se le pegara é injuriara; mas
apenas le incitó Júpiter, que lleva la égida, comenzó por quitar de
las paredes, ayudado de Telémaco, las magníficas armas que depositó
en su habitación, corriendo los cerrojos; y luego, con refinada
astucia, aconsejó á su esposa que nos sacara á los pretendientes
el arco y el blanquizco hierro á fin de celebrar el certamen que
había de ser para nosotros, oh infelices, el preludio de la matanza.
Ninguno logró tender la cuerda del recio arco, pues nos faltaba
mucha parte del vigor que para ello se requería. Cuando el gran arco
iba á llegar á manos de Ulises, todos increpábamos al porquero para
que no se lo diese, por más que lo solicitara; y tan sólo Telémaco,
animándole, mandó que se lo entregase. El paciente divinal Ulises
lo tomó en sus manos, tendiólo con suma facilidad, é hizo pasar la
flecha á través del hierro; inmediatamente se fué al umbral, derramó
por el suelo las veloces flechas, echando terribles miradas, y
mató al rey Antínoo. Pero en seguida disparó contra los demás las
dolorosas saetas, apuntando á su frente; y caían los unos en pos
de los otros. Era evidente que alguno de los dioses le ayudaba;
pues muy pronto, dejándose llevar de su furor, empezaron á matar á
diestro y siniestro por la sala: los que recibían los golpes en la
cabeza levantaban horribles suspiros, y el suelo manaba sangre por
todos lados. Así hemos perecido, Agamenón, y los cadáveres yacen
abandonados en el palacio de Ulises; porque la nueva aún no ha
llegado á las casas de nuestros amigos, los cuales nos llorarían
después de lavarnos la negra sangre de las heridas y de colocarnos
en lechos; que tales son los honores que han de tributarse á los
difuntos.»
191 Contestóle el alma del Atrida: «¡Feliz hijo de Laertes! ¡Ulises,
fecundo en recursos! Tú acertaste á poseer una esposa virtuosísima.
Como la irreprochable Penélope, hija de Icario, ha tenido tan
excelentes sentimientos y ha guardado tan buena memoria de Ulises,
el varón con quien se casó virgen, jamás se perderá la gloriosa fama
de su virtud y los inmortales inspirarán á los hombres de la tierra
graciosos cantos en loor de la discreta Penélope. No se portó así
la hija de Tíndaro, que, maquinando inicuas acciones, dió muerte al
marido con quien se casara virgen; por lo cual ha de ser objeto de
odiosos cantos, y ya ha proporcionado triste fama á las mujeres, sin
exceptuar á las que son virtuosas.»
203 Así conversaban en la morada de Plutón, dentro de las
profundidades de la tierra.
205 Mientras tanto, Ulises y los suyos, descendiendo de la ciudad,
llegaron muy pronto al bonito y bien cultivado predio de Laertes, que
éste comprara en otra época después de pasar muchas fatigas. Allí
estaba la casa del anciano, con un cobertizo á su alrededor adonde
iban á comer, á sentarse y á dormir los siervos propios de aquél;
siervos que le hacían cuantas labores eran de su agrado. Una vieja
siciliana le cuidaba con gran solicitud allá en el campo, lejos de
la ciudad. En llegando, pues, á tal paraje, Ulises les habló de esta
manera á sus servidores y á su hijo:
214 «Vosotros, entrando en la bien labrada casería, sacrificad al
punto el mejor de los cerdos para el almuerzo; y yo iré á probar si
mi padre me reconoce al verme ante sus ojos, ó no distingue quién soy
después de tanto tiempo de hallarme ausente.»
219 Diciendo así, entregó las marciales armas á los criados. Fuéronse
éstos á buen paso hacia la casería y Ulises se encaminó al huerto,
en frutas abundoso, para hacer aquella prueba. Y, bajando al grande
huerto, no halló á Dolio, ni á ninguno de los esclavos, ni á los
hijos de éste; pues todos habían salido á coger espinos para hacer el
seto del huerto, y el anciano Dolio los guiaba. Por esta razón halló
en el bien cultivado huerto á su padre solo, aporcando una planta.
Vestía Laertes una túnica sucia, remendada y miserable; llevaba
atadas á las piernas unas polainas de vaqueta cosida para reparo
contra los rasguños y en las manos guantes por causa de las zarzas;
y cubría su angustiada cabeza con un gorro de piel de cabra. Cuando
el paciente divinal Ulises le vió abrumado por la vejez y con tan
grande dolor allá en su espíritu, se detuvo al pie de un alto peral y
le saltaron las lágrimas. Después encontrábase indeciso en su mente y
en su corazón, no sabiendo si besar y abrazar á su padre, contárselo
todo y explicarle cómo había llegado al patrio suelo; ó interrogarle
primeramente con el fin de hacer aquella prueba. Tan luego como lo
hubo pensado, parecióle que era mejor tentarle con burlonas palabras.
Con este propósito fuése el divinal Ulises derecho al mismo, que
estaba con la cabeza baja cavando en torno de una planta. Y,
deteniéndose á su vera, hablóle así su preclaro hijo:
244 «¡Oh anciano! No te falta pericia para cultivar un huerto, pues
en éste se halla todo muy bien cuidado y no se ve planta alguna,
ni higuera, ni vid, ni olivo, ni peral, ni cuadro de legumbres,
que no lo esté de igual manera. Otra cosa te diré, mas no por ello
recibas enojo en tu corazón: no tienes tan buen cuidado de ti mismo,
pues no sólo te agobia la triste vejez, sino que estás sucio y mal
vestido. No será sin duda á causa de tu ociosidad el que un señor
te tenga en semejante desamparo; y, además, nada servil se advierte
en ti, pues por tu aspecto y grandeza te asemejas á un rey, á un
varón que después de lavarse y de comer haya de dormir en blando
lecho; que tal es la costumbre de los ancianos. Mas, ea, habla y
responde sinceramente: ¿De quién eres siervo? ¿Cúyo es el huerto que
cultivas? Dime con verdad, á fin de que lo sepa, si realmente he
llegado á Ítaca; como me aseguró un hombre que encontré al venir y
que no debe de ser muy sensato, pues no tuvo paciencia para referirme
algunas cosas ni para escuchar mis palabras cuando le pregunté si
cierto huésped mío aún vive y existe ó ha muerto y se halla en la
morada de Plutón. Voy á contártelo á ti: atiende y óyeme. En mi
patria hospedé en otro tiempo á un varón que llegó á nuestra morada;
y jamás mortal alguno de los que vinieron de lejas tierras á posar
en mi casa me fué más grato: preciábase de ser natural de Ítaca y
decía que Laertes Arcesíada era su padre. Yo mismo lo conduje al
palacio, le proporcioné digna hospitalidad, tratándolo solícita
y amistosamente,--que en mi mansión reinaba la abundancia,--y le
hice los presentes hospitalarios que convenía dar á tal persona. Le
entregué siete talentos de oro bien labrado; una argéntea cratera
floreada; doce mantos sencillos, doce tapetes, doce bellos palios y
otras tantas túnicas; y además, cuatro mujeres de hermosa figura,
diestras en hacer irreprochables labores, que él mismo escogió entre
mis esclavas.»
280 Respondióle su padre, con los ojos anegados en lágrimas:
«¡Forastero! Estás ciertamente en la tierra por la cual preguntas;
pero la tienen dominada unos hombres insolentes y malvados, y te
saldrán en vano esos múltiples presentes que á aquél le hiciste.
Si lo hallaras vivo en el pueblo de Ítaca, no te despidiera
sin corresponder á tus obsequios con otros dones y una buena
hospitalidad, como es justo que se haga con quien anteriormente nos
dejó obligados. Mas, ea, habla y responde sinceramente: ¿Cuántos años
ha que acogiste á ese tu infeliz huésped, á mi hijo infortunado,
si todo no ha sido un sueño? Alejado de sus amigos y de su patria
tierra, ó se lo comieron los peces en el ponto ó fué pasto, en el
continente, de las fieras y de las aves: y ni su madre lo amortajó,
llorándole conmigo que lo engendramos; ni su rica mujer, la discreta
Penélope, gimió sobre el lecho fúnebre de su marido, como era justo,
ni le cerró los ojos; que tales son las honras debidas á los muertos.
Dime también la verdad de esto, para que me entere: ¿Quién eres y de
qué país procedes? ¿Dónde se hallan tu ciudad y tus padres? ¿Dónde
está el rápido bajel que te ha traído con tus compañeros iguales á
los dioses? ¿Ó viniste pasajero en la nave de otro, que después de
dejarte en tierra continuó su viaje?»
302 Díjole en respuesta el ingenioso Ulises: «De todo voy á
informarte circunstanciadamente. Nací en Alibante, donde tengo
magnífica morada, y soy hijo del rey Afidante Polipemónida; mi nombre
es Epérito; algún dios me ha apartado de Sicania para traerme aquí
á pesar mío, y mi nave está cerca del campo, antes de llegar á la
población. Hace ya cinco años que Ulises se fué de allá y dejó mi
patria. ¡Infeliz! Propicias aves volaban á su derecha cuando partió,
y, al notarlo, le despedí alegre y se alejó contento; porque nos
quedaba en el corazón la esperanza de que la hospitalidad volvería á
juntarnos y nos podríamos obsequiar con espléndidos presentes.»
315 Tales fueron sus palabras; y negra nube de pesar envolvió á
Laertes que tomó ceniza con ambos manos y echóla sobre su cabeza
cana, suspirando muy gravemente. Conmoviósele el corazón á Ulises;
sintió el héroe aguda picazón en la nariz al contemplar á su padre, y
dando un salto, le besó y le dijo:
321 «Yo soy, oh padre, ése mismo por quien preguntas; que torno en el
vigésimo año á la patria tierra. Pero cesen tu llanto, tus sollozos y
tus lágrimas. Y te diré, ya que el tiempo nos apremia, que he muerto
á los pretendientes en nuestra casa, vengando así sus dolorosas
injurias y sus malvadas acciones.»
327 Laertes le contestó diciendo: «Pues si eres mi hijo Ulises que ha
vuelto, muéstrame alguna señal evidente para que me convenza.»
[Ilustración: ¿QUIÉN ERES, LE PREGUNTÓ LAERTES, Y DE QUÉ PAÍS
PROCEDES?
(_Canto XXIV, verso 298._)]
330 Respondióle el ingenioso Ulises: «Primeramente vean tus ojos
la herida que en el Parnaso me infirió un jabalí con su blanco
diente, cuando tú y mi madre veneranda me enviasteis á Autólico, mi
caro abuelo paterno, á recibir los dones que al venir acá prometió
hacerme. Y, si lo deseas, te enumeraré los árboles que una vez me
regalaste en este bien cultivado huerto: pues yo, que era niño, te
seguía y te los iba pidiendo uno tras otro; y, al pasar por entre
ellos, me los mostrabas y me decías su nombre. Fueron trece perales,
diez manzanos y cuarenta higueras; y me ofreciste, además, cincuenta
liños de cepas, cada uno de los cuales daba fruto en diversa época,
como que hay aquí racimos de uvas de todas clases cuando los hacen
madurar las estaciones que desde lo alto nos envía Jove.»
345 Así le dijo; y Laertes sintió desfallecer sus rodillas y su
corazón, reconociendo las señales que Ulises describiera con tal
certidumbre. Echó los brazos sobre su hijo; y el paciente divinal
Ulises trajo hacia sí al anciano, que se hallaba sin aliento. Y
cuando Laertes tornó á respirar y volvió en su acuerdo, respondió con
estas palabras:
351 «¡Padre Júpiter! Vosotros los dioses permanecéis aún en el vasto
Olimpo, si es verdad que los pretendientes recibieron el castigo
de su temeraria insolencia. Mas ahora teme mucho mi corazón que
se reúnan y vengan muy pronto los itacenses, y que además envíen
emisarios á todas las ciudades de los cefalenos.»
356 Respondióle el ingenioso Ulises: «Cobra ánimo y no te preocupes
por tales cosas. Pero vámonos á la casa que se halla próxima á este
huerto, que allí envié á Telémaco, al boyero y al porquerizo para que
cuanto antes nos aparejen la comida.»
361 Pronunciadas estas palabras, encamináronse á la hermosa casería.
Cuando hubieron llegado á la cómoda mansión, hallaron á Telémaco, al
boyero y al porquerizo ocupados en cortar mucha carne y en mezclar el
negro vino.
365 Al punto la esclava siciliana lavó y ungió con aceite al
magnánimo Laertes dentro de la casa, echándole después un hermoso
manto sobre las espaldas; y Minerva se acercó é hizo que le crecieran
los miembros al pastor de hombres, de suerte que apareciese más alto
y más grueso que anteriormente. Cuando salió del baño, admiróse
Ulises de verle tan parecido á los inmortales númenes y le dirigió
estas aladas palabras:
373 «¡Oh padre! Alguno de los sempiternos dioses ha mejorado á buen
seguro tu aspecto y tu grandeza.»
375 Contestóle el discreto Laertes: «Ojalá me hallase, ¡oh padre
Júpiter, Minerva, Apolo!, como cuando reinaba sobre los cefalenos
y tomé á Nérico, ciudad bien construída, allá en la punta del
continente: si, siendo tal, me hubiera encontrado ayer en nuestra
casa, con los hombros cubiertos por la armadura, á tu lado y
rechazando á los pretendientes, yo les quebrara á muchos las rodillas
en el palacio y tu alma se regocijara al contemplarlo.»
383 Así éstos conversaban. Cuando los demás terminaron la faena y
dispusieron el banquete, sentáronse por orden en sillas y sillones.
Y así que comenzaban á tomar los manjares, llegó el anciano Dolio
con sus hijos--que venían cansados de tanto trabajar;--pues salió á
llamarlos su madre, la vieja siciliana, que los había criado y que
cuidaba al anciano con gran esmero desde que el mismo llegara á la
senectud. Tan pronto como vieron á Ulises y lo reconocieron en su
espíritu, paráronse atónitos dentro de la sala; y Ulises les habló
halagándolos con dulces palabras:
394 «¡Oh anciano! Siéntate á comer y cese tu asombro, porque mucho
ha que, con harto deseo de echar mano á los manjares, os estábamos
aguardando en esta sala.»
397 Así se expresó. Dolio se fué derechamente á él con los brazos
abiertos, tomó la mano de Ulises, se la besó en la muñeca, y le
dirigió estas aladas palabras:
400 «¡Amigo! Como quiera que has vuelto á nosotros que anhelábamos tu
tornada--aunque ya perdíamos la esperanza--y los mismos dioses te han
traído, salve, sé muy dichoso, y las deidades te concedan toda clase
de venturas. Dime ahora la verdad de lo que te voy á preguntar, para
que me entere: ¿la discreta Penélope sabe ciertamente que te hallas
de regreso, ó convendrá enviarle un propio?»
406 Respondióle el ingenioso Ulises: «¡Oh anciano! Ya lo sabe. ¿Qué
necesidad hay de hacer lo que propones?»
408 Así le habló; y Dolio fué á sentarse en su pulimentada silla. De
igual manera se allegaron á Ulises los hijos de Dolio, le saludaron
con palabras, le tomaron las manos y se sentaron por orden cerca de
su padre.
412 Mientras éstos comían allá en la casa, fué la Fama anunciando
rápidamente por toda la ciudad la horrorosa muerte y el hado de los
pretendientes. Al punto que los ciudadanos la oían, presentábanse
todos en la mansión de Ulises, unos por éste y otros por aquel lado,
profiriendo voces y gemidos. Sacaron los muertos; y, después de
enterrar cada cual á los suyos y de entregar los de otras ciudades
á los pescadores para que los transportaran en veleras naves,
encamináronse al ágora todos juntos, con el corazón triste. Cuando
hubieron acudido y estuvieron congregados, levantóse Eupites á
hablar; porque era intolerable la pena que sentía en el alma por su
hijo Antínoo, que fué el primero á quien mató el divinal Ulises. Y,
derramando lágrimas, los arengó diciendo:
426 «¡Oh amigos! Grande fué la obra que ese varón maquinó contra los
aqueos: Llevóse á muchos y valientes hombres en sus naves y perdió
las cóncavas naves y los hombres; y, al volver, ha muerto á los más
señalados entre los cefalenos. Mas, ea, marchemos á su encuentro
antes que se escape á Pilos ó á la divina Élide, donde ejercen su
dominio los epeos, para que no nos veamos perpetuamente confundidos.
Afrentoso será que lleguen á enterarse de estas cosas los venideros;
y, si no castigáramos á los matadores de nuestros hijos y de nuestros
hermanos, no me fuera grata la vida y ojalá me muriese cuanto antes
para estar con los difuntos. Pero vayamos pronto: no sea que nos
prevengan con la huída.»
438 Así les dijo, vertiendo lágrimas; y movió á compasión á los
aqueos todos. Mas en aquel punto presentáronse Medonte y el divinal
aedo, que al despertar habían salido de la morada de Ulises;
pusiéronse en medio, y el asombro se apoderó de los circunstantes. Y
el discreto Medonte les habló de esta manera:
443 «Oídme ahora á mí, oh itacenses; pues no sin la voluntad de los
inmortales dioses ha realizado Ulises tal hazaña. Yo mismo vi á un
dios inmortal que se hallaba cerca de él y era en un todo semejante
á Méntor. Este dios inmortal á las veces aparecía delante de Ulises,
á quien animaba; y á las veces, corriendo furioso por el palacio,
tumultuaba á los pretendientes, que caían los unos en pos de los
otros.»
450 Así se expresó; y todos se sintieron poseídos del pálido temor.
Seguidamente dirigióles la palabra el anciano héroe Haliterses
Mastórida, el único que conocía lo pasado y lo venidero. Éste, pues,
les arengó con benevolencia, diciendo:
454 «Oíd ahora, oh itacenses, lo que os digo. Por vuestra culpable
debilidad ocurrieron tales cosas, amigos: que nunca os dejasteis
persuadir ni por mí, ni por Méntor, pastor de hombres, cuando os
exhortábamos á poner término á las locuras de vuestros hijos;
y éstos, con su pernicioso orgullo, cometieron una gran falta,
devorando los bienes y ultrajando á la mujer de un varón eximio que
se figuraban que ya no había de volver. Y al presente, ojalá se haga
lo que os voy á decir. Creedme á mí: no vayamos; no sea que alguien
halle el mal que se habrá buscado.»
463 Así les dijo. Levantáronse con gran clamoreo más de la mitad; y
los restantes, que se quedaron allí porque no les plugo la arenga y
en cambio los persuadió Eupites, corrieron muy pronto á tomar las
armas. Apenas se hubieron revestido de luciente bronce, juntáronse en
compacto escuadrón fuera de la espaciosa ciudad. Y Eupites asumió el
mando, dejándose llevar por su simpleza: pensaba vengar la muerte de
su hijo y no había de volver á la población, porque estaba dispuesto
que allá fuera le alcanzase el hado.
472 Mientras esto ocurría, dijo Minerva á Jove Saturnio: «¡Padre
nuestro, Saturnio, el más excelso de los que imperan! Responde á
lo que voy á preguntarte. ¿Cuál es el propósito que interiormente
has formado? ¿Llevarás á efecto la perniciosa guerra y el horrible
combate, ó pondrás amistad entre unos y otros?»
477 Contestóle Júpiter, que amontona las nubes: «¡Hija mía! ¿Por
qué inquieres y preguntas tales cosas? ¿No formaste tú misma ese
proyecto: que Ulises, al tornar á su tierra, se vengaría de aquéllos?
Haz ahora cuanto te plazca; mas yo te diré lo que es oportuno.
Puesto que el divinal Ulises se ha vengado de los pretendientes,
inmólense víctimas y préstense juramentos de mutua fidelidad; tenga
aquél siempre su reinado en Ítaca; hagamos que se olvide la matanza
de los hijos y de los hermanos; ámense los unos á los otros, como
anteriormente; y haya paz y riqueza en gran abundancia.»
487 Con tales palabras instigóle á hacer lo que ella deseaba; y
Minerva bajó presurosa de las cumbres del Olimpo.
489 Cuando los de la casa de Laertes hubieron satisfecho el apetito
con la agradable comida, el paciente divinal Ulises rompió el
silencio para decirles: «Salga alguno á mirar: no sea que ya estén
cerca los que vienen.»
492 Tal dijo. Salió uno de los hijos de Dolio, cumpliendo lo mandado
por Ulises; detúvose en el umbral, y, al verlos á todos ya muy
próximos, dirigió al héroe estas aladas palabras: «Ya vienen cerca;
armémonos cuanto antes.»
496 Así les habló. Levantáronse y vistieron la armadura los cuatro
con Ulises, los seis hijos de Dolio y además, aunque ya estaban
canosos, Laertes y Dolio, pues la necesidad les obligó á ser
guerreros. Y cuando se hubieron revestido de luciente bronce,
abrieron la puerta y salieron de la casa, precedidos por Ulises.
502 En aquel instante se les acercó Minerva, hija de Júpiter, que
había tomado la figura y la voz de Méntor. El paciente y divinal
Ulises se alegró de verla y al punto dijo á Telémaco, su hijo amado:
506 «¡Telémaco! Ahora que vas á la pelea, donde se señalan los más
eximios, procura no deshonrar el linaje de tus mayores; pues en ser
esforzados y valientes hemos descollado todos sobre la haz de la
tierra.»
510 Respondióle el prudente Telémaco: «Verás, si quieres, padre
amado, que con el ánimo que tengo no deshonraré tu linaje como dices.»
513 Así se expresó. Holgóse Laertes y dijo estas palabras: «¡Qué día
éste para mí, amados dioses! ¡Cuán grande es mi júbilo! ¡Mi hijo y mi
nieto rivalizan en ser valientes!»
516 Entonces Minerva, la de los brillantes ojos, se detuvo junto á él
y hablóle en estos términos: «¡Oh Arcesíada, el más caro de todos mis
amigos! Eleva tus preces á la doncella de los brillantes ojos y al
padre Júpiter, y acto continuo blande y arroja la ingente lanza.»
520 Diciendo así, infundióle gran valor Palas Minerva. Incontinenti
elevó sus preces á la hija del gran Júpiter, blandió y arrojó la
ingente lanza, é hirió á Eupites á través del casco de broncíneas
carrilleras, que no logró detener el arma, pues fué atravesado por el
bronce. Eupites cayó con estrépito y sus armas resonaron. Ulises y su
ilustre hijo se habían arrojado á los enemigos que iban delante, y
heríanlos con espadas y lanzas de doble filo. Y á todos los mataran,
privándoles de volver á sus hogares, si Minerva, la hija de Júpiter
que lleva la égida, no hubiese alzado su voz y detenido á todo el
pueblo:
531 «¡Dejad la terrible pelea, oh itacenses, para que os separéis en
seguida sin derramar más sangre!»
533 Así dijo Minerva; y todos se sintieron poseídos del pálido temor.
No bien se oyó la voz de la deidad, las armas volaron de las manos y
cayeron en tierra; y los itacenses, deseosos de conservar la vida,
se volvieron hacia la población. El paciente divinal Ulises gritó
horriblemente y, encogiéndose, lanzóse á perseguirlos como un águila
de alto vuelo. Mas el Saturnio despidió un ardiente rayo, que fué á
caer ante la diosa de los brillantes ojos, hija del prepotente padre.
Y entonces Minerva, la de los brillantes ojos, dijo á Ulises de esta
suerte:
542 «¡Laertíada, de jovial linaje! ¡Ulises, fecundo en recursos!
Tente y haz que termine esta lucha, este combate igualmente funesto
para todos: no sea que el longividente Jove Saturnio se enoje
contigo.»
545 Así habló Minerva; y Ulises, muy alegre en su ánimo, cumplió la
orden. Y luego hizo que juraran la paz entrambas partes, la propia
Palas Minerva, hija de Júpiter que lleva la égida, que había tomado
el aspecto y la voz de Méntor.
FIN
[Ilustración]
ÍNDICE DE NOMBRES PROPIOS
En este índice hallará el lector:--1.º Los nombres propios,
así personales como geográficos, que figuran en el poema, tal
como se escriben en griego; y de este modo distinguirá algunos
que en castellano se confunden.--2.º Una breve explicación de
dichos nombres.--3.º La serie de los principales hechos de cada
personaje; con lo cual, bastará recordar el nombre de cualquiera
de los que intervengan en una acción determinada, para dar en
seguida con el pasaje que se busque. Para este fin se indican al
principio de los párrafos los versos del texto original á que
corresponden.
En las citas, el número romano indica el canto, y el arábigo, el
verso.
ACASTO (Ἄκαστος): Rey de Duliquio. Ulises en la fingida relación
de sus aventuras á Eumeo, dice que Fidón, rey de los tesprotos,
envióle á Acasto, XIV, 336.
ACAYA (Ἀχαιίς): Región del Peloponeso; se toma asimismo por la
Grecia en general, XI, 166, 481; XXIII, 68.
ACRÓNEO (Ἀκρόνεως): Uno de los jóvenes feacios que tomaron parte
en los juegos celebrados en presencia de Ulises, VIII, 111.
ÁCTORIS (Ἀκτορίς): Esclava que dió á Penélope su padre, cuando
ésta se casó con Ulises. Custodiaba las puertas de la cámara
nupcial, XXIII, 228 y 229.
ADRASTA (Ἀδρήστη): Criada de Helena. Coloca el sillón en que ésta
toma asiento, IV, 123.
AEDÓN (Ἀηδών): Hija de Pandáreo. Tuvo del rey Zeto un hijo
llamado Ítilo, á quien mató por imprudencia; fué transformada
en ruiseñor, y al comenzar la primavera canta en la espesura
llorando á su hijo, XIX, 518 á 523.
AFIDANTE (Ἀφείδας): Nombre inventado por Ulises. Llama así á un
rey de quien se dice hijo, en su conversación con Laertes, antes
de darse á conocer, XXIV, 305.
AGAMEMNÓNIDA (Ἀγαμεμνονίδης): Hijo de Agamenón. Nombre
patronímico de Orestes, I, 30.
AGAMENÓN (Ἀγαμέμνων): Hijo de Atreo, rey de Micenas y caudillo
supremo de las tropas griegas que fueron á Troya. Estuvo con
Menelao en Ítaca para persuadir á Ulises á que les siguiera
á Ilión, según refiere su alma en el Orco, XXIV, 115 á 119;
regocíjase al presenciar la disputa de Ulises y Aquiles; la cual,
según el oráculo, era la señal de que iba á terminar la contienda
de teucros y dánaos, VIII, 77 á 82. Después de la toma de Ilión,
quiso detener al pueblo hasta ofrecer sacrificios á Minerva, y,
al llegar á su patria, fué muerto por Egisto, que había seducido
á Clitemnestra, y vengado más tarde por Orestes, I, 35 á 41; III,
143 á 164, 193 á 198, 234 y 235, 248 á 310; IV, 91 y 92, 512 á
537; como lo refiere en el Orco su misma alma, XI, 387 á 461;
XXIV, 20 á 22 y 95 á 97; Menelao le erigió un túmulo en Egipto,
IV, 584.
AGELAO (Ἀγέλαος): Hijo de Damástor y uno de los pretendientes de
Penélope. Exhorta á los demás pretendientes á que no maltraten
á los huéspedes ni á los criados de Telémaco y aconseja á éste
que case á Penélope, XX, 321 á 337; durante la matanza, pregunta
á sus amigos si podría salir alguien por el postigo, XXII, 131 á
136; increpa y amenaza á Minerva, que había tomado la figura de
Méntor, XXII, 212 á 223; aconseja á los demás pretendientes que
no arrojen todos á la vez el dardo, XXII, 247 á 254; y muere,
atravesado por la lanza de Ulises, XXII, 293.
AGUDAS (Θοαί): Islas situadas frente á la desembocadura del río
Aqueloo, XV, 299.
ALCANDRA (Ἀλκάνδρη): Esposa de Pólibo, que moraba en Tebas,
ciudad de Egipto, IV, 126 y 127.
ALCÍMIDA (Ἀλκιμίδης): Hijo de Álcimo. Nombre patronímico de
Méntor, XXII, 235.
ALCÍNOO (Ἀλκίνοος): Rey de los feacios en Esqueria, hijo de
Nausítoo, esposo de Arete y padre de Nausícaa y y de cinco
varones, VI, 12, 17. Accede á la súplica de Nausícaa de que
le dé un carro para ir al río á lavar la ropa, VI, 56 á 71;
su genealogía referida por Minerva á Ulises, VII, 56 á 63;
descripción de su palacio y del jardín que lo circunda, VII, 84 á
132; entra Ulises en el palacio y llega hasta la habitación donde
se hallan Alcínoo y Arete, abraza las rodillas de la reina, y
Alcínoo, por exhortación de Equeneo, lo levanta, lo hace sentar
á su vera, manda que se ofrezcan libaciones, VII, 139 á 181, y
despide á los comensales, citándoles para el día siguiente en que
tratarán de la conducción del héroe, VII, 185 á 207; siéntase con
Arete al lado de Ulises, VII, 231, oye el relato de éste acerca
de cómo llegó á la isla de Calipso y ha venido de ella al país de
los feacios, VII, 240 á 297, censura el proceder de Nausícaa por
no haberlo traído ella misma á la casa, VII, 298 á 301, expresa
su deseo de que Ulises se quede y sea el marido de Nausícaa, VII,
307 á 333, y se acuesta con Arete, VII, 346, 347; levántase al
día siguiente, se encamina al ágora, pide á los feacios que
conduzcan á Ulises á su patria, ofrece un convite á los marineros
y manda llamar á Demódoco, VIII, 1 á 45; vuelve al palacio, da un
banquete en el cual canta Demódoco, y, al ver que Ulises derrama
lágrimas, propone que se trasladen á la plaza y se prueben en
los juegos, VIII, 46 á 104; sus hijos se levantan y toman parte
en los juegos, VIII, 118; increpado Ulises por uno de los hijos
de Alcínoo, VIII, 132, 140 á 151, el rey lo apacigua y manda que
salgan los danzadores á bailar al son de la cítara, VIII, 236 á
256; Alcínoo ordena que bailen Halio y Laodamante, VIII, 370,
371; exprésale Ulises su admiración por los danzadores y el rey
manda que se ofrezcan presentes de hospitalidad á Ulises y que
Euríalo lo desenoje, y éste obedece, VIII, 381 á 405; vuelven
todos al palacio y Alcínoo dice á Arete que traiga un arca para
poner los presentes ofrecidos á Ulises y le da á éste una copa de
oro, VIII, 421 á 432; Ulises, después de lavarse, se sienta junto
á Alcínoo, VIII, 469; el rey, al ver que Ulises llora mientras
el aedo canta lo del caballo de madera, le pregunta quién es,
de dónde viene y por qué llora, VIII, 532 á 586; oye el relato
que hace Ulises de sus aventuras, IX; X; XI, 1 á 333; pide á
Ulises que continúe el relato y el héroe obedece, XI, 347 á 640;
XII; ruega á los comensales que den á Ulises sendos trípodes y
calderos, coloca por sí mismo en la nave todo lo del héroe, da un
banquete y al ponerse el sol manda ofrecer libaciones, despide á
Ulises y lo hace acompañar por un heraldo, XIII, 1 á 65; manda
ofrecer un sacrificio á Neptuno cuando, al volver la nave que
condujo á Ulises, el dios la convierte en piedra, XIII, 171 á 183.
ALCIPE (Ἀλκίππη): Criada de Helena. Coloca un tapete en la silla
en que ha de sentarse Helena, IV, 124.
ALCMENA (Ἀλκμήνη): Esposa de Anfitrión y madre de Hércules. Nunca
se valió de astucias como las de Penélope, II, 120; Ulises la vió
entre las sombras de los muertos cuando descendió á la morada de
Plutón, XI, 266 á 268.
ALCMEÓN (Ἀλκμαίων): Hijo de Anfiarao, XV, 248.
ALÉCTOR (Ἀλέκτωρ): Suegro de Megapentes, IV, 10.
ALFEO (Ἀλφειός): Río de Élide, padre del antiguo rey Orsíloco y
nieto de Diocles, III, 489; XV, 187.
ALIBANTE (Ἀλύβας): Ciudad del Sur de Italia, XXIV, 304.
ALOEO (Ἀλωεύς): Padre de Oto y de Efialtes, que tuvo de Ifimedia,
XI, 305 á 308.
AMITAÓN (Ἀμυθάων): Hijo de Creteo y de Tiro, XI, 259.
AMNISO (Ἀμνισός): Puerto de Creta, donde está la gruta de Ilitia,
XIX, 188.
ANABESÍNEO (Ἀναβησίνεως): Uno de los jóvenes feacios que toman
parte en los juegos celebrados ante Ulises, VIII, 113.
ANDREMÓN (Ἀνδραίμων): Príncipe etolo, padre del rey Toante, XIV,
499.
ANFÍALO (Ἀμφίαλος): Hijo de Políneo. Uno de los jóvenes feacios
que toman parte en los juegos celebrados ante Ulises, VIII, 114;
queda vencedor en el salto, VIII, 128.
ANFIARAO (Ἀμφιάραος): Hijo de Oicleo, nieto de Antífates y padre
de Alcmeón y de Anfíloco. Fué muy caro á Júpiter y á Apolo, y
murió en Tebas á causa de los regalos que su mujer recibiera, XV,
243 á 248.
ANFÍLOCO (Ἀμφίλοχος): Hijo de Anfiarao, XV, 248.
ANFIMEDONTE (Ἀμφιμέδων): Hijo de Melaneo y uno de los
pretendientes de Penélope. Concita á los demás pretendientes en
la lucha que traban con Ulises, XXII, 242; hiere á Telémaco en la
muñeca, XXII, 277; es muerto por Ulises, XXII, 284; al llegar su
espíritu al Orco, es reconocido por Agamenón y, al preguntarle
éste por qué llegan tantos y tan selectos varones, refiere que
pretendían á Penélope y cuenta detalladamente cómo Ulises ha
llevado al cabo su venganza, XXIV, 102 á 190.
ANFÍNOMO (Ἀμφίνομος): Hijo de Niso y uno de los pretendientes de
Penélope. Ve llegar la nave de los pretendientes que acechaban
la vuelta de Telémaco, y se lo dice á sus compañeros para que no
les envíen un mensaje, XVI, 351 á 357; es el pretendiente más
grato á Penélope y disuade á los demás de que maten á Telémaco,
XVI, 394 á 406; cuando Ulises vence á Iro, le sirve dos panes y
una copa de vino, y le saluda, por lo cual el héroe le aconseja
que se vaya del palacio antes de la matanza, XVIII, 119 á 396;
Ulises se sienta en las rodillas de Anfínomo, cuando se ve
amenazado por Eurímaco, XVIII, 394 á 396; Anfínomo arenga á los
demás pretendientes para que obedezcan á Telémaco, no maltraten
al huésped (Ulises) y se vayan á dormir á sus casas, XVIII, 412 á
421; su heraldo Mulio sirve el vino para las libaciones, XVIII,
424; se opone nuevamente á que se mate á Telémaco y aconseja que
se prepare la comida, XX, 244 á 247; en la escena de la matanza,
arremete contra Ulises, pero Telémaco le envasa la lanza en la
espalda, le atraviesa el pecho y le deja el arma clavada, XXII,
89 á 96.
ANFIÓN (Ἀμφίων):
1) Hijo de Júpiter y de Antíope. Con su hermano Zeto fundó y
fortificó á Tebas, XI, 260 á 265.
2) Hijo de Yaso y padre de Cloris, la esposa de Neleo. Era rey de
Orcómeno, XI, 281 á 284.
ANFITEA (Ἀμφιθέη): Esposa de Autólico y, por tanto, abuela
materna de Ulises. Abrazó á Ulises y le besó la cabeza y los
ojos, cuando el héroe fué á la casa de Autólico, XIX, 416.
ANFITRIÓN (Ἀμφυτρύων): Rey de Tebas y esposo de Alcmena, la madre
de Hércules, XI, 266 á 268.
ANFITRITE (Ἀμφιτρίτη): Hija de Nereo y esposa de Neptuno. Cría
muchos monstruos marinos, V, 422; XII, 97; sus grandes olas rugen
contra las peñas Erráticas, XII, 60.
ANQUÍALO (Ἀγχίαλος):
1) Padre de Mentes, rey de los tafios, I, 180 y 418, que
proporcionó á Ulises veneno para teñir las flechas, I, 264.
2) Uno de los jóvenes feacios que intervienen en los juegos,
VIII, 112.
ANTICLEA (Ἀντίκλεια): Hija de Autólico, esposa de Laertes y madre
de Ulises. Su alma se le presenta á Ulises en el Orco antes de
que llegue Tiresias, y el héroe no le permite beber la sangre,
XI, 84 á 89; luego que se va Tiresias, Anticlea bebe la sangre,
reconoce á su hijo, le explica cómo murió, le refiere lo que
ocurre en el palacio y la exhorta á salir á la luz lo antes
posible, XI, 151 á 224; murió por el pesar que le causaba la
ausencia de Ulises, XV, 358; crió á Eumeo junto con su propia
hija Ctímene, XV, 363 á 370.
ANTICLO (Ἄντικλος): Uno de los héroes que se encerraron en el
caballo de madera. Quiso contestar á Helena cuando ésta fué
adonde se hallaba el caballo y llamó á los caudillos, imitando la
voz de sus mujeres; pero Ulises le tapó la boca con sus robustas
manos, IV, 286 á 289.
ANTÍFATES (Ἀντιφάτης):
1) Rey de los lestrigones, que no parecían hombres sino gigantes.
Cuando los griegos enviados por Ulises llegan á su casa, echa
mano á uno y con él se apareja la comida; luego llama á los demás
lestrigones y destruyen la armada del héroe, de la cual se salva
un solo bajel, atraviesan á los hombres y se los llevan para
comérselos, X, 106 á 124, 199.
2) Hijo de Melampo, padre de Oicleo y abuelo de Anfiarao, XV, 242
á 244.
ÁNTIFO (Ἄντιφος):
1) Hijo del héroe Egiptio. Fué con Ulises á Ilión y al regresar
lo mató el Ciclope, que hizo de él la última de aquellas cenas,
II, 17 á 20.
2) Anciano de Ítaca, amigo de Ulises. Al volver de su viaje,
Telémaco va al ágora y se sienta donde están Méntor, Ántifo y
Haliterses, XVII, 67 á 70.
ANTÍLOCO (Ἀντίλοχος) Caudillo griego, hijo de Néstor y de
Eurídice. Fué muerto en la guerra de Troya por Memnón, hijo de
la Aurora, III, 111; IV, 187 y 188; su alma se le aparece á
Ulises en el Orco juntamente con las de Aquiles, Patroclo y Ayax,
XI, 468; hállanse estas mismas almas reunidas cuando llegan al
Orco las almas de los pretendientes, XXIV, 16; era Antíloco el
compañero á quien más apreciaba Aquiles después de Patroclo y sus
huesos se guardan en la misma urna que contiene los de éstos,
XXIV, 76 á 79.
ANTÍNOO (Ἀντίνοος): Hijo de Eupites. Es el principal de
los pretendientes de Penélope y el más insolente de todos.
Respondiendo á Telémaco, dice que ojalá el Saturnio no le permita
llegar á ser rey de Ítaca, I, 383 á 389; en el ágora cuenta
que Penélope engaña á los pretendientes dándoles esperanzas,
refiere el artificio de la tela y declara que no se irán hasta
que Penélope se case, II, 84 á 130; ríese de Telémaco, cuando
éste vuelve al palacio, y le invita á comer y á beber con él, II,
301 á 310, 321; sabe por Noemón que Telémaco ha ido á Pilos, y
propone que se le arme una emboscada en el estrecho que separa
á Ítaca de Samos para cuando vuelva, IV, 628 á 672; recomienda
á los demás pretendientes el secreto y les exhorta á poner por
obra la emboscada, IV, 773 á 777; después de haberse librado
Telémaco de la emboscada, propone que se le mate en el campo y se
repartan sus bienes, XVI, 363 á 392; es increpado por Penélope,
que ha tenido noticia de su propósito, XVI, 417 á 433; reprende
al porquerizo Eumeo porque les trae el mendigo (Ulises) á la
ciudad, XVII, 374 á 381; Telémaco manda al porquerizo que no le
responda á Antínoo con largas razones, pide á éste que dé algo
al mendigo y Antínoo se niega y amenaza al último con tirarle el
escabel, XVII, 392 á 410; el mendigo (Ulises) le ruega que le
dé algo, Antínoo rehusa hacerlo, le amenaza y por fin le arroja
el escabel, acertándole en el hombro derecho sin que consiga
derribarlo, XVII, 412 á 464; el mendigo (Ulises) se lamenta de
que Antínoo le haya herido por causa del funesto vientre, y
desea que halle la muerte antes que el casamiento, XVII, 473
á 476; Antínoo aconseja al mendigo que coma en silencio, es
reprendido por uno de los jóvenes y no hace caso de lo que le
dicen, XVII, 477 á 478; dice Penélope que todos los pretendientes
le son odiosos, pero Antínoo como la negra Parca, XVII, 498 á
500; propone Antínoo la lucha del mendigo (Ulises) con Iro y
que al vencedor se le dé por premio un vientre de cabra, XVIII,
34 á 50, 65; aprueba que Penélope acepte los regalos de los
pretendientes, le dice que no se irán hasta que ella se case, y
manda á su heraldo que le traiga á Penélope un peplo grande y
hermoso que tenía doce hebillas de oro, XVIII, 284 á 294; exhorta
á los pretendientes á cumplir lo que les ordena Telémaco, XX,
270 á 275; reprende al porquerizo y al boyero porque lloran al
ver el arco de Ulises y manda que lo dejen y coman ó se vayan,
creyendo que podrá tender dicho arco, XXI, 84 á 100; dice á los
demás pretendientes que se levanten por orden y vayan probando
el arco, XXI, 140 á 143; increpa á Liodes porque dice que no
armarán el arco, y manda que se encienda fuego y se traiga sebo
para engrasar el arco, XXI, 167 á 184; todos los pretendientes
intentan armar el arco menos Antínoo y Eurímaco, XXI, 186 y
187; dice Antínoo que no lograrán tender el arco porque se
celebra en la población la fiesta del dios, manda ofrecer las
libaciones y propone dejar la terminación del certamen para
el día siguiente, XXI, 256 á 269; el mendigo (Ulises) ruega á
todos los pretendientes y en particular á Eurímaco y á Antínoo
que le permitan probar el arco, pero este último se opone y
Penélope le reprende, XXI, 275 á 319; Ulises asesta el arco á
Antínoo, dispara una flecha y lo mata, XXII, 8 á 21; Eurímaco,
para apaciguar á Ulises, le dice que Antínoo fué el culpable de
todo porque deseaba ser rey de Ítaca, XXII, 48 á 53; el alma de
Anfimedonte cuenta á la de Agamenón, en el Orco, cómo Ulises
comenzó la matanza de los pretendientes quitando la vida á
Antínoo, XXIV, 179; Eupites habla á los itacenses en el ágora,
movido por el intolerable pesar que le causa la muerte de su hijo
Antínoo, XXIV, 422 á 424.
ANTÍOPE (Ἀντιόπη): Hija de Asopo y madre de Anfión y Zeto, que
tuvo de Júpiter, XI, 260 á 262.
APIRA (Ἀπείρη): Ciudad ó región desconocida. Algunos traducen
Ἀπείρηθεν, del Epiro, y el adjetivo Ἀπειραίη, _epirota, de Epiro_
ó _del continente_, VII, 8 y 9.
APOLO (Ἀπόλλων): Dios, hijo de Júpiter y de Latona. Mató con sus
suaves flechas á Frontis Onetórida, piloto de Menelao, III, 279
á 282; había vaticinado en Pito (Delfos) á Agamenón que cuando
disputaran los mejores de los aqueos empezaría á resolverse la
guerra entre los teucros y los dánaos, VIII, 79 á 82; dió muerte
á Eurito porque le provocaba á tirar con el arco, VIII, 226 á 228.
AQUERONTE (Ἀχέρων): Río del Orco, en el cual desembocan el
Piriflegetón y el Cocito, X, 513 á 515.
AQUILES (Ἀχιλλεύς y Ἀχιλεύς): Héroe, hijo de Peleo y de la diosa
Tetis, y padre de Neoptólemo. Durante la guerra de Troya, llevaba
á los aqueos por el sombrío ponto en busca de botín, III, 106;
murió en Troya, III, 109; su hijo llegó sano y salvo á su patria
con los mirmidones, III, 188, 189, y casó con Hermione, IV, 5
á 14; laméntase Ulises de no haber muerto cuando defendía el
cadáver del Pelida, V, 310; Aquiles contendió con Ulises en el
banquete de los dioses, VIII, 75 á 78; cuando Ulises baja al
Orco, el alma de Aquiles, que está con las de Patroclo, Antíloco
y Ayax, pregunta al héroe el motivo de aquel viaje, se lamenta
de la muerte, diciendo que preferiría estar vivo y ser criado
de otro á imperar sobre los difuntos, pide noticias de su hijo
Neoptólemo y, al enterarse de que siempre se ha portado como
valiente, se va alegre por la pradera de asfódelos, XI, 465 á
540; al morir Aquiles, fueron sus armas adjudicadas á Ulises y
esto originó la muerte de Ayax que era el que más descollaba
entre los dánaos, por su gallardía y sus hazañas, después del
Pelida, IX, 543 á 551; los aqueos se afligieron por la muerte
de Ayax tanto como por la de Aquiles, XI, 556 á 558; al llegar
al Orco las almas de los pretendientes, encuentran reunidas
las de Aquiles, Patroclo, Antíloco y Ayax, á las que se acerca
la de Agamenón: Aquiles deplora la muerte que padeció el
Atrida, y éste considera afortunado al hijo de Peleo y describe
circunstanciadamente las exequias con que le honraron los aqueos,
XXIV, 15 á 94.
ARCESÍADA (Ἀρκεισιάδης): Hijo de Arcesio. Nombre patronímico de
Laertes, IV, 755; XXIV, 270, 517.
ARCESIO (Ἀρκείσιος): Padre de Laertes y abuelo de Ulises, XIV,
182; XV, 118.
ARETE (Ἀρήτη): Hija de Rexénor, sobrina y esposa de Alcínoo, rey
de los feacios, y madre de Nausícaa. Minerva refiere á Ulises la
genealogía de Arete, VII, 53 á 77; llega Ulises á la presencia
de Arete, tiende sus brazos á la reina y le suplica que mande
conducirlo á su patria, VII, 141 á 152; Arete pregunta á Ulises
quién es, de dónde viene y quién le dió los vestidos que lleva,
VII, 231 á 239; por indicación de Alcínoo, manda calentar agua
para el baño de Ulises, da al héroe un arca donde ha puesto los
regalos que el mismo había recibido y además un manto y una
túnica, y le invita á echarle un nudo para que no le hurten nada,
VIII, 423 á 445; aconseja á los feacios que no escatimen los
dones á Ulises, XI, 335 á 342; Ulises, al partir para Ítaca, pone
una copa en las manos de Arete, la saluda y hace votos por su
dicha, XIII, 56 á 62; Arete envía algunas esclavas que llevan á
la nave de Ulises vestiduras, el arca, pan y vino, 66 á 69.
ARETÍADA (Ἀρητιάδης): Hijo de Areto. Nombre patronímico de Niso,
XVI, 395; XVIII, 413.
ARETO (Ἄρητος):
1) Hijo de Néstor. Junto con sus hermanos, acompaña á Telémaco
y lo hace sentar al lado de Néstor, III, 414; cuando va á
celebrarse el sacrificio á Minerva, saca un lebrillo lleno de
agua para lavarse y la cesta con las molas, III, 440 á 442.
2) Padre de Niso, XVI, 395; XVIII, 413.
ARETUSA (Ἀρέθουσα): Fuente sita en los alrededores de Ítaca, cabe
á la roca del Cuervo. Junto á ella se hallaba Eumeo cuando Ulises
llegó á Ítaca, XIII, 407 y 408.
ARGICIDA (Ἀργειφόντης): Matador de Argos. Epíteto de Mercurio,
que se usa por el nombre propio, I, 38, 84; V, 43, 49, 75, 94,
145, 148; VII, 137; VIII, 338; X, 331; XXIV, 99. Créese por
algunos que esta palabra es corrupción de ἀργεϊ-φάντης y que debe
ser traducida por _mensajero veloz_.
ARGOS (Ἄργος): Perro de Ulises, que el héroe dejó en su patria
cuando fué á Troya. Cuando vuelve Ulises, al cabo de veinte
años, Argos hállase moribundo sobre un montón de estiércol, pero
reconoce á su amo, mueve la cola y las orejas, quiere salir á su
encuentro, y, sin fuerzas ya, se desploma y muere; Ulises, al
verlo, tiene que enjugarse una lágrima, XVII, 291 á 327.
ARGOS (Ἄργος): Ciudad y comarca griegas. La palabra Ἄργος tiene
en la _Odisea_ las siguientes acepciones:
1) Ciudad donde imperaba Diomedes, III, 180; XXI, 108.
2) El reino de Agamenón, cuya capital era Micenas, III, 251, 263;
IV, 174, 562; XV, 224.
3) El Peloponeso, principalmente para oponerlo á la Hélade, I,
344; IV, 726, 816; XV, 80, 239, 274; XVIII, 246.
4) Toda la Grecia, IV, 99; XXIV, 37.
ARGOS (Ἀργώ): Nave en la cual Jasón y sus compañeros (llamados
por este motivo _argonautas_) fueron á la Cólquide para
conquistar el vellocino de oro. Fué la única que pasó junto á
las peñas Erráticas sin recibir daño, gracias á la protección de
Juno, XII, 69 á 72.
ARIADNA (Ἀριάδνη): Hija de Minos, rey de Creta. Teseo se la llevó
de Creta y Diana la mató en Día, por la acusación de Baco, XI,
321 á 325.
ARIBANTE (Ἀρύβας): Varón sidonio muy rico, padre de la mujer
que era esclava en la casa del rey Ctesio Orménida y se fué en
la nave de unos marineros fenicios llevándose á Eumeo, hijo del
soberano, XV, 426.
ARNEO (Ἀρναῖος): Mendigo de Ítaca, llamado por sobrenombre Iro,
XVIII, 5. (Véase Iro.)
ARTACIA (Ἀρτακίη): Fuente situada junto á la ciudad de los
lestrigones, X, 108.
ASFALIÓN (Ἀσφαλίων): Criado de Menelao, IV, 216.
ASOPO (Ἀσωπός): Padre de Antíope y abuelo de Anfión y de Zeto,
XI, 260 á 262.
ÁSTERIS (Ἀστερίς): Isleta situada entre Ítaca y Same. Cerca de
la misma se pusieron en emboscada los pretendientes para matar á
Telémaco, IV, 844 á 847.
ATENAS (Ἀθήνη y Ἀθῆναι): Capital del Ática. Al arribar Menelao al
promontorio Sunio, cerca de Atenas, Apolo mató al piloto Frontis,
III, 278 á 282; Orestes fué de Atenas á Micenas y en esta última
ciudad mató á Egisto, III, 306 á 309; Minerva, después de hablar
con Ulises en el país de los feacios se va á Maratón y á Atenas,
VII, 78 á 80; Teseo llevóse á Ariadna de Creta á Atenas, XI, 321
á 323.
ATLANTE (Ἄτλας): Padre de Calipso. Conoce las profundidades del
ponto y sostiene las columnas que separan la tierra y el cielo,
I, 52 á 54; VII, 245.
ATREO (Ἀτρεύς): Héroe griego, hijo de Pélope y de Hipodamia,
padre de Agamenón y de Menelao; IV, 462, 543; Júpiter aborreció
el linaje de Atreo á causa de la perfidia de las mujeres, XI, 436
á 438.
ATRIDA (Ἀτρείδης): Hijo de Atreo. Nombre patronímico de Agamenón
y de Menelao, I, 35, 40; III, 136, 193, 257, 268, 277, 304; IV,
51, 156, 185, 190, 235, 291, 304, 316, 492, 536, 594; V, 307; IX,
263; XI, 397, 463; XIII, 383, 424; XIV, 470; XV, 64, 87, 102,
147; XVII, 104, 116, 147; XIX, 183; XXIV, 20, 24, 35, 102, 105,
121, 191.
AURORA (Ἠώς): Diosa, hija de Hiperión y de Eurifaesa, hermana del
Sol y de la Luna, y esposa de Titón. Es la personificación de la
luz sonrosada que precede á la salida del Sol. La palabra Ἠώς
tiene en Homero uno de estos cuatro significados:
1) La aurora, II, 1, 434; III, 404, 491; IV, 194, 306, 407, 431,
576; V, 1, 228; VI, 31, 48; VII, 222; VIII, 1; IX, 151, 152, 170,
306, 307, 436, 437, 560; X, 187, 541; XI, 375; XII, 7, 8, 24,
142, 316; XIII, 18, 94; XIV, 266, 502; XV, 50, 56, 189, 396, 495;
XVI, 2, 270, 368; XVII, 1, 435, 497; XVIII, 318; XIX, 50, 319,
342, 428; XX, 91; XXIII, 241.
2) La mañana, VII, 288; IX, 56.
3) El día, XIX, 192, 571.
4) El oriente, IX, 26; X, 190; XIII, 240.
5) La diosa Aurora, que fué madre de Memnón, el que mató á
Antíloco, IV, 187 y 188. Levántase del lecho, dejando á Titón,
para alumbrar á los inmortales y á los mortales, V, 1 y 2;
arrebató á Orión, á quien mató en Ortigia la casta Diana, V, 121
á 124; lleva hermosas trenzas, V, 390; IX, 76; X, 144; su mansión
y sus danzas se hallan en la isla Eea, XII, 3 y 4; arrebató á
Clito por su hermosura, XV, 250 y 251; en la noche que siguió á
la matanza de los pretendientes, Minerva la detuvo, no dejando
que unciera los caballos de su carro, Lampo y Faetonte, hasta que
Ulises y Penélope se hubieron recreado y dormido, XXIII, 242 á
246.
AUTÓLICO (Αὐτόλυκος): Padre de Anticlea y, por tanto, abuelo
materno de Ulises, XI, 85. Descollaba entre los hombres en hurtar
y jurar, puso el nombre á Ulises, y, cuando éste fué á su casa,
mandó aparejar un banquete, curóle la herida que recibió yendo á
cazar con los hijos del mismo, y lo despidió alegremente después
de regalarle muchas y espléndidas cosas, XIX, 394 á 466; XXI,
220; XXIV, 334.
AUTÓNOE (Αὐτονόη): Una de las criadas de Penélope, XVIII, 182.
AYAX (Αἴας):
1) Caudillo griego, hijo de Telamón y nieto de Éaco. Era el
más excelente de los dánaos, por su cuerpo y por su gallardía,
después de Aquiles, XI, 468 y 469, 550 y 551; XXIV, 17 y 18;
en el Orco sigue enojado con Ulises, que le había vencido en
el certamen en que se adjudicaron las armas de Aquiles; y,
cuando aquel héroe le habla con suaves palabras, se retira sin
contestarle, 543 á 564.
2) Caudillo griego, hijo de Oileo. Al volver de Troya, acercólo
Neptuno á las rocas llamadas Giras; pero dijo soberbiamente que
aun á despecho de los dioses escaparía del mar, y Neptuno partió
la roca, cayó ésta en el piélago y se llevó el héroe al undoso
ponto, IV, 499 á 511.
BACO (Διόνυσος; y Διώνυσος): Dios, hijo de Júpiter y de Semele.
Por su acusación mató Diana á Ariadna en la isla de Día, XI, 324
y 325; había dado á Tetis el ánfora, obra de Vulcano, en que se
guardaron las cenizas de Aquiles y de Patroclo, XXIV, 74 á 77.
BOETIDA (Βοηθοίδης): Hijo de Boétoo. Nombre patronímico de
Eteoneo, criado de Menelao, IV, 31; XV, 95, 140.
BOOTES (Βοώτης = boyero): Constelación boreal cuya estrella
principal es Arturo, V, 272.
BÓREAS (Βορέας): Viento norte. Nace en el éter, levanta grandes
olas y sopla, con el Euro y el Céfiro, en la tempestad que
suscita Neptuno contra Ulises, V, 295 y 296; como el Bóreas
arrastra por el suelo unos vilanos, así los vientos juegan
con Ulises en el piélago, V, 328 á 332; el Bóreas quiebra las
olas cuando Minerva pone fin á la tempestad, V, 385; cuando
Ulises y los suyos desamparan el país de los cícones, Júpiter
suscita contra las naves el viento Bóreas, el cual, junto con la
corriente, las desvía del cabo de Malea y las hace vagar lejos de
Citera, IX, 67, 81; dice Circe á Ulises que en el viaje al Orco
el soplo del Bóreas conducirá la nave, X, 507; mira al Bóreas una
de las puertas del antro que hay junto al puerto de Ítaca, XIII,
110; en el fingido relato que hace Ulises á Eumeo, dice que la
nave en que estaba embarcado corría al soplo del Bóreas cuando
Júpiter meditaba cómo la llevaría á la perdición, XIV, 299 y
300; cuenta Ulises en el mismo relato que, estando emboscado con
otros junto á Troya, sobrevino una noche glacial porque el Bóreas
soplaba y caían copos de nieve menudos y fríos, XIV, 472 á 477;
el porquerizo se acuesta en la concavidad de una peña, al abrigo
del Bóreas, XIV, 533; en el fingido relato que Ulises hace de
sus aventuras á Penélope, antes de darse á conocer, dice que los
aqueos se quedaron en Creta doce días á causa del fuerte Bóreas
que no dejaba que nadie permaneciese firme ni aún en la tierra,
XIX, 199 á 201.
CADMO (Κάδμος): Fundador de Tebas, hijo de Agenor y padre de
Semele y de Ino, V, 333.
CALIPSO (Καλυψώ): Deidad, hija de Atlante, que vive en la isla
Ogigia. Retiene á Ulises embelesándole con dulces palabras para
que olvide Ítaca, I, 51 á 57; VI, 13 á 15; propone Minerva á
Júpiter que, por medio de Mercurio, se participe á Calipso la
resolución que han tomado los dioses acerca del regreso de
Ulises, I, 84 á 87; encarga Júpiter á Mercurio que manifieste á
Calipso esta resolución, V, 28 á 32; llega Mercurio á la isla
Ogigia y á la gruta de Calipso, que le ofrece los dones de la
hospitalidad, V, 43 á 93; al oir Calipso la orden de Júpiter,
llama á los dioses malignos y celosos porque envidian á las
diosas cuando yacen con algún mortal, y dice que Ulises puede
partir, pero que ella no lo despedirá porque no dispone de naves
ni de marineros, V, 94 á 145; Calipso va á encontrar á Ulises,
le dice que ya dejará que se vaya, le jura que no maquina
nada contra él, come en compañía de Ulises, duermen, y al día
siguiente Calipso lleva al héroe á un bosque para que construya
una balsa, y le da lienzo para las velas, y cuatro días después
lo despide, V, 149 á 270; Ulises cuenta á la reina Arete cómo
llegó á la isla Ogigia y estuvo siete años con Calipso, VII,
253 á 260; Ulises no había podido cuidar de su persona desde
que partió de la gruta de Calipso, donde fué siempre atendido
como un dios, VIII, 451 á 453; dice Ulises á Alcínoo que Calipso
deseaba hacerle su esposo, pero no logró persuadirle, IX, 29 y
30; refiere Ulises al mismo rey cómo, después de diez días de
vagar por el mar, llegó á la isla Ogigia y Calipso lo acogió
amistosamente, XII, 447 á 450; cuenta Ulises á Penélope cómo
llegó á la isla Ogigia y cómo Calipso le ofreció la inmortalidad
para que fuera su esposo, XXIII, 333 á 337.
CAMPOS ELÍSEOS (Ἠλύσιον πεδίον): Región situada en un extremo de
la tierra, donde se halla Radamanto y se vive dichosamente. Dice
Proteo á Menelao que no morirá en Argos, sino que será trasladado
á los Campos Elíseos por ser yerno de Júpiter, IV, 560 á 569.
CARIBDIS (Χάρυβδις): Monstruo marino que reside en un escollo,
á un lado del estrecho de Mesina, frente á Escila. Todos los
días sorbe tres veces el agua del mar y otras tantas la echa
fuera, XII, 101 á 106; pregunta Ulises á Circe si, en el caso de
librarse de Caribdis, podrá escapar de Escila, XII, 112 á 114; al
oir el estruendo producido por el agua que sorbe Caribdis, los
compañeros de Ulises se espantan y sueltan los remos, XII, 201
á 205; pasan Ulises y los suyos entre Escila y Caribdis, oyen
el murmurio que ésta hace al sorber el agua, y mientras tanto
Escila les arrebata seis hombres, XII, 234 á 246; después de
escapar de Escila y de Caribdis, Ulises y los suyos llegan á la
isla de Trinacria, XII, 260 á 262; después que Júpiter destruye
la nave de Ulises, el viento Céfiro lleva nuevamente al héroe,
que se ha sentado sobre el mástil y la quilla, á la perniciosa
Caribdis cuando está sorbiendo el agua del mar, XII, 426 á 431;
Ulises, al llegar al escollo de Caribdis, se lanza al cabrahigo
y se mantiene asido de este árbol hasta que Caribdis devuelve el
mástil y la quilla, XII, 432 á 441; Ulises refiere á Penélope
cómo llegó á los escollos de Escila y Caribdis, XXIII, 327 y 328.
CASANDRA (Κασσάνδρη): Hija de Príamo, hermosísima, que después de
la toma de Troya fué asignada como esclava á Agamenón. En el Orco
refiere Agamenón á Ulises que oyó la voz de Casandra cuando la
estaba matando Clitemnestra, y que él, ya en tierra y moribundo,
alzaba los brazos para asirle la espada, XI, 421 á 424.
CÁSTOR (Κάστωρ): Hijo de Tíndaro y de Leda, hermano de Pólux y de
Helena (la denominación de Dioscuros que se da á Cástor y Pólux,
suponiendo que fueron hijos de Júpiter y de Leda, es posterior á
Homero), XI, 298 á 300. Á Cástor y Pólux los honra Júpiter debajo
de la tierra; ambos disfrutan honores de dioses y viven y mueren
alternativamente, pues el día que vive el uno muere el otro y
viceversa, XI, 301 á 304.
CÉFIRO (Ζέφυρος): Viento que sopla de la parte occidental. Sopla
constantemente en los Campos Elíseos, IV, 567; esparce la nieve
que luego funde el Euro, XIX, 205 y 206.
CERES (Δημήτηρ): Diosa, hija de Saturno y de Rea. Cediendo á su
amor por Yasión, ayuntóse con él en un campo noval; y Júpiter
mató al héroe con el ardiente rayo, V, 125 á 128.
CIRCE (Κίρκη): Deidad, hija del Sol y de Perse, y hermana de
Eetes, que mora en la isla Eea, X, 135 á 139. Ulises echa al
arca donde están lo regalos de los feacios un nudo que le había
enseñado á hacer la veneranda Circe, VIII, 446 á 448; dice Ulises
á Alcínoo que Circe le acogió y deseó tomarlo por marido, sin que
lograra persuadirle, IX, 31 á 33; Ulises y los suyos llegaron
á la isla Eea, donde moraba Circe, X, 135; los compañeros á
quienes envió Ulises, descubrieron el palacio de Circe en un
valle; en torno del mismo había lobos y leones amansados; y Circe
cantaba y labraba una gran tela, X, 203 á 225; los compañeros
de Ulises llamaron á Circe y ésta los hizo entrar, les dió un
potaje con ciertas drogas, los transformó en cerdos, tocándolos
con la varita, y los encerró en pocilgas, X, 229 á 243; Ulises
encaminóse al palacio de Circe, y Mercurio le salió al encuentro,
le entregó una planta para que Circe no lo encantara, y le dijo
cómo debía portarse con la ninfa, X, 274 á 307; Ulises entró en
el palacio, Circe trató inútilmente de encantarlo, le ofreció
compartir el lecho y, después de mandarlo lavar por las esclavas,
invitóle á comer, X, 308 á 374; á petición de Ulises, devolvió
Circe á los compañeros de éste su primitiva figura, X, 375 á 400;
volvió Ulises al bajel, se llevó los demás compañeros al palacio
de Circe, á pesar de la oposición de Euríloco, X, 406 á 448, y
hallaron á los otros, á quienes Circe había lavado y ungido,
celebrando alegre banquete; y Circe les incitó á comer y á beber
hasta que recobraran su antiguo ánimo, X, 449 á 465; quedáronse
Ulises y los suyos un año entero con Circe, y, cuando el héroe
deseó partir, díjole la ninfa que había de hacer un viaje al Orco
para consultar á Tiresias y le instruyó acerca del mismo, X, 467
á 540; vistiéronse Circe y Ulises, y éste dijo á sus compañeros
que ya la ninfa les aconsejaba que partiesen, X, 542 á 550;
Elpénor cayó del techo del palacio de Circe y se mató, X, 551 á
560; Ulises participó á sus compañeros que Circe le había dicho
que tenían que hacer un viaje al Orco, X, 562 á 565; Circe ató
á la nave de Ulises un carnero y una oveja negra, sin ser vista
por nadie, X, 569 á 574; al volver del Orco, Ulises envió algunos
compañeros á la morada de Circe para que le trajeran el cadáver
de Elpénor, XII, 8 á 10; Circe acudió á la playa, dió á Ulises
y los suyos carne y vino, preguntó al héroe cuanto le había
ocurrido en el Orco y le dijo luego lo que le había de suceder
hasta que dejara la isla de Trinacria, XII, 33 á 141; refiere
Ulises á Penélope los engaños y mañas de Circe, XXIII, 321.
CITERA (Κύθηρα): Isla cercana á la costa de Laconia y ciudad de
la misma muy célebre por su templo de Venus, IX, 81.
CITEREA (Κυθέρεια): De Citera. Epíteto de Venus, VIII, 288;
XVIII, 193.
CLÍMENE (Κλυμένη): Esposa de Fílaco y madre de Ificlo. Ulises ve
su sombra en el Orco, XI, 326.
CLÍMENO (Κλύμενος): Rey de los minios y padre de Eurídice, la
esposa de Néstor, III, 452.
CLITEMNESTRA (Κλυταιμνήστρη): Hija de Tíndaro y de Leda, hermana
de Helena y mujer de Agamenón. Fué seducida por Egisto, con quien
reinó siete años después del asesinato de Agamenón, y murió á
manos de su hijo Orestes, que luego dió á los argivos el banquete
fúnebre, III, 263 á 310; mató por su propia mano á Casandra,
mientras morían Agamenón y los demás asistentes al banquete, y
salió de la sala sin dignarse cerrar los ojos y la boca de su
marido, XI, 410 á 426.
CLÍTIDA (Κλυτίδης): Hijo de Clitio. Nombre patronímico de Pireo,
XV, 540.
CLITIO (Κλυτίος): Itacense, hijo de Alcmeón y padre de Pireo.
Á su casa transportan los compañeros de Telémaco, al llegar á
Ítaca, los regalos que éste había recibido de Menelao, XVI, 327.
CLITO (Κλεῖτος): Hijo de Mantio. Fué arrebatado por la Aurora, á
causa de su belleza, XV, 249 á 251.
CLITONEO (Κλυτόνηος): Uno de los jóvenes feacios que toman parte
en los juegos celebrados ante Ulises; vence á todos los demás en
la carrera, VIII, 119, 123.
CLORIS (Χλῶρις): Hija hermosísima de Anfión, esposa de Neleo y
madre de Néstor, de Cromio y de Periclímeno, XI, 281 á 286.
CNOSO (Κνωσός): Ciudad de la isla de Creta, XIX, 178.
COCITO (Κωκυτός): Río del Orco, que desemboca en el Aqueronte, X,
514.
CRATEIS (Κραταιΐς): Madre de Escila, XII, 124 y 125.
CREONTE (Κρείων): Rey de Tebas; padre de Megara, XI, 269.
CRETA (Κρήτη y Κρῆται): La mayor de las islas griegas, III, 191,
291; XI, 323; XIII, 260; XIV, 199, 252, 300, 301; XVI, 62; XVII,
235; XIX, 172, 186, 338.
CRETEO (Κρηθεύς): Hijo de Éolo y esposo de Tiro, de la cual tuvo
á Esón, á Feres y á Amitaón, XI, 235 á 259.
CROMIO (Χρομίος): Hijo de Neleo y de Cloris, y hermano de Néstor
y de Periclímeno, XI, 286.
CRUNOS (Κρουνοί): Fuente y región de Élide, XV, 295.
CTESIO (Κτήσιος): Hijo de Órmeno y padre de Eumeo. Era rey de la
isla Siria, XV, 414.
CTESIPO (Κτήσιππος): Uno de los pretendientes de Penélope,
que tenía su casa en Same y era señor de posesiones inmensas,
XX, 287 á 290. Dice que quiere ofrecer al huésped (Ulises) un
don hospitalario, le tira á la cabeza una pata de buey, y es
reprendido por Telémaco, XX, 292 á 308; en la escena de la
matanza, logra rasguñar con su pica el hombro de Eumeo, XXII, 279
y 280, y muere herido por Filetio, que se burla de él diciendo
que acepte este don hospitalario á cambio de la pata de buey que
había dado á Ulises, XXII, 285 á 291.
CTÍMENE (Κτιμένη): Hija de Laertes y hermana de Ulises; casáronla
en Same, XV, 362 á 367.
CUERVO (Κόραξ): Nombre de una roca cercana á la fuente de
Aretusa, en los alrededores de Ítaca. Dice Minerva á Ulises que
junto á ella hallará á Eumeo con los puercos, XIII, 407 á 410.
CHIPRE (Κύπρος): Isla consagrada á Venus, IV, 83; VIII, 362;
XVII, 442, 443, 448.
DAMASTÓRIDA (Δαμαστορίδης): Hijo de Damástor. Nombre patronímico
de Agelao, XX, 321; XXII, 212, 241, 293.
DEÍFOBO (Δηίφοβος): Valeroso hijo de Príamo. Iba con Helena
cuando ésta, andando alrededor del caballo de madera, llamó á
los caudillos que estaban dentro, con la fingida voz de sus
esposas, IV, 276 á 279; en la toma de Troya, Ulises y Menelao se
encaminaron á la casa de Deífobo, y allí sostuvieron un horrible
combate, VIII, 517 á 520.
DELOS (Δῆλος): Isla en que nació Apolo. Junto al altar de Apolo
vió Ulises un admirable retoño de palmera (con el cual compara á
Nausícaa), cuando llegó á aquella isla en su ida á Troya, VI, 162
á 165.
DEMÓDOCO (Δημόδοκος): Aedo ciego que vivía en la ciudad de los
feacios. Manda Alcínoo que vayan por él para que cante durante
el festín, VIII, 43 á 45; comparece guiado por un heraldo, come,
y canta luego la disputa de Ulises y Aquiles en presencia de
Agamenón, VIII, 62 á 82; encamínase, guiado por el heraldo,
al ágora donde han de celebrarse los juegos, VIII, 106 á 108;
tráenle la cítara por orden de Alcínoo, para que los mancebos
bailen, y canta los amores de Marte y Venus: cómo se ayuntaron,
cómo Vulcano los aprisionó en sus lazos y cómo los soltó mediante
la caución prestada por Neptuno en favor de Marte, VIII, 255
á 366; comparece, guiado por el heraldo, en la cena que se
celebra el mismo día; es obsequiado por Ulises y, á petición de
éste, canta la fingida retirada de los griegos, la introducción
del caballo de madera en la ciudad y la destrucción de Troya,
VIII, 471 á 520; cesa de cantar porque teme Alcínoo que lo que
relata no agrade al huésped, al ver como éste derrama lágrimas,
VIII, 537; canta nuevamente en el banquete que dan los feacios á
Ulises, antes que éste parta á Ítaca, XIII, 27 y 28.
DEMOPTÓLEMO (Δημοπτόλεμος): Uno de los pretendientes de Penélope.
Concita á los demás pretendientes en su lucha con Ulises, XXII,
242; y muere, herido por la lanza de este héroe, XXII, 266.
DEUCALIÓN (Δευκαλίων): Nieto de Júpiter, hijo de Minos y padre
de Idomeneo. Cuando Ulises habla con su esposa, antes de darse
á conocer, dice fingidamente que es Etón, hijo de Deucalión y
hermano de Idomeneo, XIX, 178 á 184.
DÍA (Δίη): Isla que luego se llamó Naxos y estaba consagrada á
Baco. En ella mató Diana á Ariadna, cuando Teseo se la llevaba á
Atenas, XI, 321 á 325.
DIANA (Ἄρτεμις): Diosa, hija de Júpiter y de Latona. Helena, al
salir de su estancia, se parece á Diana, IV, 122; la diosa mató
con sus dulces flechas á Orión, el amante de la Aurora, V, 121 á
124; Nausícaa sobresale entre las esclavas como Diana entre las
ninfas cuando persigue á los jabalíes ó á los ciervos, VI, 102 á
109; Ulises, al presentarse á Nausícaa, la compara á Diana, VI,
150 á 152; en el Orco pregunta Ulises á su madre si la mató Diana
con sus suaves flechas, XI, 171 á 173; Diana mató á Ariadna en
Día por la acusación de Baco, XI, 324 y 325; junto con Apolo,
mata las generaciones que envejecen en la isla Siria, XV, 409 á
411; mató á la fenicia que se había llevado á Eumeo del palacio
de su padre, XV, 478; Penélope se parece á Diana ó á Venus,
cuando sale de su cuarto y abraza y besa á Telémaco, recién
llegado de Pilos, XVII, 36 á 40; y cuando sale para hablar con el
mendigo (Ulises), XIX, 53 y 54; desea Penélope que Diana le mande
en seguida una dulce muerte, XVIII, 202 á 205; XX, 60 á 63, 80;
Diana dió á las hijas de Pandáreo buena estatura, XX, 71.
DIMANTE (Δύμας): Célebre marino feacio. Minerva toma el aspecto
de la hija del mismo, para hablarle en sueños á Nausícaa, VI, 22.
DIOCLES (Διοκλῆς): Rey de Feras, hijo de Orsíloco, descendiente
del Alfeo, y padre de Cretón y de Orsíloco. En su casa reciben
hospitalidad y pasan la noche Telémaco y Pisístrato al ir á
Esparta y al volver de ella, III, 488 á 490; XV, 186 á 188.
DIOMEDES (Διομήδης): Rey de Argos, hijo de Tideo y nieto de Eneo.
Al cuarto día de haber partido de Troya, llegó á Argos con todas
sus naves, III, 167 á 182.
DIONISO (Διόνυσος y Διώνυσος): Uno de los nombres del dios Baco
(Véase Baco).
DMÉTOR (Δμήτωρ): Nombre fingido por Ulises de un rey de Chipre,
al cual habrían mandado los egipcios el héroe, según la relación
que hace éste de sus aventuras á Antínoo, XVII, 442 y 443.
DODONA (Δωδώνη): Ciudad de Tesprocia, célebre por su oráculo de
Júpiter. En los fingidos relatos que de sus aventuras hace Ulises
á Eumeo y á Penélope, antes de darse á conocer, cuenta que Fidón,
rey de los tesprotos, le había dicho que Ulises estaba en Dodona
para consultar la voluntad de Júpiter acerca de si debía volver á
su patria manifiesta ó encubiertamente, XIV, 327 á 330; XIX, 296
á 299.
DOLIO (Δολίος):
1) Esclavo de Penélope, encargado del cultivo del huerto. Manda
Penélope que llamen á Dolio para que refiera á Laertes la trama
de los pretendientes contra Telémaco, IV, 735 á 741; Ulises no
halla á Dolio en el huerto porque había salido, junto con sus
hijos, á coger espinos para un seto, XXIV, 222 á 225; cuando
Ulises y los suyos están comiendo en casa de Laertes, llega Dolio
con sus hijos, saludan á aquél y se sientan á la mesa, después
de preguntar Dolio si Penélope está enterada del regreso de su
esposo, XXIV, 384 á 411; sale de la casa uno de los hijos de
Dolio para observar si los itacenses van á acometerlos con motivo
de la matanza de los pretendientes; y, al ver que los enemigos
están cerca, ármanse Dolio y sus seis hijos á fin de pelear al
lado de Ulises y los suyos, XXIV, 492 á 499.
2) Padre de Melantio y de Melanto, pastor y criada de Penélope
respectivamente, XVII, 212; XVIII, 321 á 323; XXII, 159.
DULIQUIO (Δουλίχιον): Isla del mar Jónico. Todos los próceres de
esta isla pretenden á Penélope, I, 245 á 248; XVI, 122 á 125;
está cerca de Ítaca, IX, 22 á 24; á ella finge Ulises que le
envió el rey de los tesprotos, en las conversaciones que, antes
de darse á conocer, tiene con Eumeo y con Penélope, y dice que
á ella quiere ir, XIV, 335, 397; XIX, 292; de ella proceden
veintidós pretendientes de Penélope, XVI, 247 y 248; de ella es
natural Anfínomo, el pretendiente más grato á Penélope, XVI, 396.
EÁCIDA (Αἰακίδης): Descendiente de Éaco. Nombre patronímico de
Aquiles, su nieto, XI, 471, 538.
EDIPO (Οἰδιπόδης): Rey de Tebas, hijo de Layo y de Epicasta ó
Yocasta. Mató á su padre y se casó con su madre, sin conocerlos;
cuando los dioses descubrieron lo que había ocurrido, Epicasta se
ahorcó y Edipo siguió reinando sobre los cadmeos, XI, 271 á 280.
EEA (Αἰαίη): de Ea. Epíteto de Circe, IX, 32; XII, 268 y 273; y
de su isla, X, 153; XI, 70; XII, 3.
EETES (Αἰήτης): Rey de la Cólquide, hijo del Sol y hermano de
Circe, X, 137; XII, 70.
EFIALTES (Ἐφιάλτης): Hijo de Ifimedia y de Aloeo ó de Neptuno.
Él y su hermano Oto fueron los hombres más altos de su tiempo,
si se exceptúa á Orión; amenazaron á los dioses; y quisieron
poner encima del Olimpo el Osa y arriba el Pelión para escalar el
cielo, y lo hubieran conseguido si Júpiter no les hubiese dado
muerte, XI, 305 á 320.
ÉFIRA (Ἐφύρη): Ciudad de Tesprocia, I, 259; II, 328.
EGAS (Αἰγαί): Ciudad de Acaya, donde se daba culto á Neptuno.
Allí tiene este dios una ínclita morada, V, 381.
EGIPTIO (Αἰγύπτιος): Anciano de Ítaca, padre de Ántifo, de
Eurínomo y de otros dos hijos. Arenga á los itacenses, pregunta
quién ha convocado el ágora y hace votos para que, quienquiera
que sea, consiga su objeto, lo cual toma Telémaco por un
favorable presagio, II, 15 á 35.
EGIPTO (Αἴγυπτος):
1) País del África. Produce muchas drogas, unas saludables y
otras nocivas; y sus habitantes son médicos ilustres porque
descienden de Peón, IV, 229 á 232; Antínoo amenaza á Ulises, que
está transformado en un mendigo, con mandarlo á Egipto, XVII,
448; una de las más ricas ciudades de Egipto era Tebas, IV, 127.
2) El río Nilo, III, 300; IV, 351, 355, 477, 483, 581; XIV, 246,
257, 258, 275; XVII, 426 y 427.
EGISTO (Αἴγισθος): Hijo de Tiestes. Sedujo á Clitemnestra y,
al volver Agamenón, lo mató traidoramente en un banquete con
todos los comensales; reinó luego siete años en Micenas y matólo
Orestes, hijo de Agamenón, I, 29 á 47, 298 á 300; III, 193 á 198,
234 y 235, 249 á 275, 303 á 310; IV, 517 á 537; XI, 387 á 434;
XXIV, 22 y 95 á 97.
ÉLATO (Ἔλατος): Uno de los pretendientes de Penélope. Fué muerto
por la lanza que le arrojó el porquerizo, XXII, 267.
ELATREO (Ἐλατρεύς): Uno de los jóvenes feacios que toman parte en
los juegos celebrados ante Ulises, VIII, 111; descuella sobre
todos los demás en tirar el disco, VIII, 129.
ÉLIDE (Ἦλις): Región del Peloponeso, IV, 635; XIII, 275; XV, 298;
XXI, 347; XXIV, 431.
ELPÉNOR (Ἐλπήνωρ): Fué uno de los compañeros de Ulises. En el
último día que pasaron Ulises y los suyos en el palacio de Circe,
Elpénor, que se había acostado en la azotea después de beber
mucho, cayó desde el techo y se mató, X, 552 á 560; cuando Ulises
llegó al Orco, apareciósele el alma de Elpénor y le pidió que
quemase su cadáver y le erigiese un túmulo, XI, 51 á 78, lo que
el héroe hizo puntualmente al volver á la isla de Circe, XII, 8 á
15.
ENIPEO (Ἐνιπεύς): Río de Tesalia. Tiro se enamoró de él, y
Neptuno tomó su figura para unirse con aquélla, que luego parió á
Pelias y á Neleo, XI, 235 á 257.
ÉNOPE (Οἴνωψ): Padre del arúspice Liodes que era uno de los
pretendientes de Penélope, XXI, 144.
EOLIA (Αἰολίη): Isla donde vivía Éolo, rey de los vientos, X, 1 y
55.
EÓLIDA (Αἰολίδης): Hijo de Éolo. Nombre patronímico de Creteo, el
esposo de Tiro, XI, 237.
ÉOLO (Αἴολος):
1) Padre de Creteo, XI, 237.
2) Hijo de Hipotes. Moraba en la isla Eolia, X, 1, 2, 57; tenía
seis hijos y seis hijas, X, 5, 13; acogió cordialmente á Ulises,
le dió hospitalidad por espacio de un mes y, al despedirle, le
entregó un pellejo en que estaban encerrados todos los vientos
á excepción del Céfiro, X, 14 á 26; XXIII, 312 á 315; los
compañeros de Ulises abrieron el pellejo, escapáronse los vientos
que promovieron una gran tempestad, volvieron las naves á la isla
de Éolo y éste arrojó de la isla á Ulises y los suyos, X, 37 á 76.
EPEO (Ἐπειός): Griego, hijo de Panopeo. Construyó, por consejo
de Minerva, el caballo de madera en que debían encerrarse los
caudillos griegos para asolar á Troya, VIII, 493 á 495; XI, 523.
EPÉRITO (Ἐπήριτος): Nombre que se da á sí propio Ulises en el
fingido relato que hace á Laertes, antes de darse á conocer,
XXIV, 306.
EPICASTA (Ἐπικάστη): Madre y esposa de Edipo (llamada también
Yocasta); la cual, al descubrir el incesto que involuntariamente
había cometido, se ahorcó atando un lazo al elevado techo, XI,
271 á 281.
EQUEFRÓN (Ἐχέφρων): Hijo de Néstor, III, 413; juntamente con
su hermano Estratio trae la novilla que ha de inmolarse en el
sacrificio á Minerva, III, 439.
EQUENEO (Ἐχένηος): Anciano héroe feacio. Exhorta á Alcínoo,
cuando Ulises se le presenta, á que lo acoja y mande que le
den de comer, VII, 155 á 166; aconseja á los demás feacios que
cumplan lo dispuesto por Arete, XI, 342 á 346.
ÉQUETO (Ἔχετος): Rey de Epiro, famoso por su crueldad. Antínoo
amenaza á Iro, si lo vence el otro mendigo (Ulises), con llevarlo
al rey Équeto, plaga de todos los mortales, XVIII, 83 á 87; los
pretendientes le dicen las mismas palabras después de la victoria
de Ulises, XVIII, 115 y 116; Antínoo hace igual amenaza á Ulises,
si llega á tender el arco en el certamen de los pretendientes,
XXI, 307 á 309.
ÉREBO (Ἔρεβος): Región obscura debajo de la tierra, que da
ingreso al Tártaro, X, 528; XI, 37, 564; XII, 81.
ERECTEO (Ἐρεχθεύς): Antiguo rey de Atenas, que nació de la Tierra
y fué criado por Minerva. Esta diosa, después de mostrar á Ulises
el palacio de Alcínoo, se va al templo construído en Atenas por
Erecteo, VII, 78 á 81.
ERETMEO (Ἐρετμεύς): Uno de los jóvenes feacios que toman parte en
los juegos celebrados ante Ulises, VIII, 112.
ERIFILE (Ἐριφύλη): Esposa de Anfiarao, que por el oro traicionó á
su marido. Ulises ve su sombra en el Orco, XI, 325 y 326; XV, 247.
ERIMANTO (Ἐρύμανθος): Monte de Arcadia, VI, 103.
ERRÁTICAS (Πλαγκταί): Peñas llamadas así por los inmortales
dioses. Están al lado opuesto de Escila y Caribdis. Dijo Circe á
Ulises que se hallaban las peñas Erráticas más allá de la isla de
las Sirenas; que, al pasar por ellas las palomas que llevan la
ambrosía á Júpiter, la peña arrebata á una y el dios manda otra
para completar el número; y que en las mismas padecen naufragio
todas las embarcaciones, habiéndose salvado tan sólo la nave
Argos, gracias á Juno, XII, 59 á 72; cuenta Ulises á Penélope
cómo llegó á las peñas Erráticas, XXIII, 327.
ESCILA (Σκύλλη): Hija de Crateis. Monstruo de doce pies y seis
cabezas que reside en una gruta, sobre el mar y enfrente de
Caribdis. Ladra como una perrita, pesca delfines y monstruos
marinos, y arrebata los hombres de las naves que se ponen á su
alcance, XII, 85 á 100; preguntó Ulises á Circe si, en el caso de
librarse de Caribdis, podría defenderse de Escila; y la ninfa le
respondió que contra ella no hay más defensa que la huída y le
aconsejó que cuando pasara cerca de la misma invocase á Crateis,
XII, 112 á 126; Ulises no les habla de Escila á sus compañeros,
para que no dejen de remar; y, cuando se acercan al escollo, se
arma y sube al tablado de proa por creer que desde allí verá
primeramente al monstruo, XII, 223 á 231; mientras Ulises y
los suyos contemplan cómo Caribdis sorbe las olas, Escila les
arrebata seis compañeros, XII, 234 á 262; después que Júpiter le
hiende la nave con el rayo, Ulises es llevado por el Céfiro al
escollo de Escila y á la horrenda Caribdis, pero la primera no
le ve y el héroe puede librarse de una terrible muerte, XII, 426
á 446; Ulises refiere á Penélope cómo llegó á la roca de Escila,
XXIII, 328.
ESCIRO (Σκῦρος): Isla del mar Egeo y ciudad de la misma. Ulises
condujo á Neoptólemo, hijo de Aquiles, desde Esciro al campamento
de los aqueos, XI, 509.
ESÓN (Αἴσων): Hijo de Creteo y de Tiro, y padre de Jasón, XI, 259.
ESPARTA (Σπάρτη); Capital de Laconia, una de las ciudades
predilectas de Juno. Telémaco va á Esparta para que Menelao le dé
noticias de Ulises, I, 93, 285; II, 214, 327, 359; IV, 10; XI,
460; XIII, 412.
ESQUERIA (Σχερίη): Isla de los feacios, puramente fabulosa y
situada, según Homero, hacia el Occidente, V, 34; VI, 8; VII, 79;
XIII, 160.
ESTIGIA (Στύξ): Laguna del Orco, por cuya agua juraban los
dioses, V, 185; X, 514.
ESTRATIO (Στρατίος): Hijo de Néstor, III, 413. Estratio y su
hermano Equefrón traen la novilla que Néstor sacrifica á Minerva,
III, 439.
ETEONEO (Ἐτεωνεύς): Criado de Menelao é hijo de Boétoo. Da
noticia á Menelao de la llegada de Telémaco y Pisístrato, y
luego, ayudado por otros servidores, desunce el carro é introduce
á los huéspedes, IV, 20 á 43; comparece temprano en el palacio y,
por orden de Menelao, enciende fuego y asa carne, XV, 95 á 98.
ETÓN (Αἴθων): Nombre fingido que se da Ulises cuando,
transfigurado en mendigo, refiere á Penélope sus supuestas
aventuras, XIX, 183.
EUBEA (Εὔβοια): Isla, III, 174; VIII, 321.
EUMELO (Εὔμηλος): Caudillo griego, hijo de Admeto y de Alcestes,
rey de Feras (Tesalia). Estaba casado con Iftima, hermana de
Penélope, IV, 797 y 798.
EUMEO (Εὔμαιος): Hijo de Ctesio Orménida. Fué robado por unos
fenicios y comprado por Laertes. Es el porquerizo de Ulises y
uno de sus esclavos más fieles y adictos. Cuando Ulises llega
á Ítaca, Minerva le aconseja que se encamine á la cabaña del
porquerizo, XIII, 404; hácelo así Ulises y halla á Eumeo en el
vestíbulo de la majada que había labrado él mismo, XIV, 3 á 24;
Eumeo aparta los perros que acometían á Ulises, da hospitalidad
á su amo sin conocerle, sacrifica dos puercos, los asa y se los
sirve; se lamenta de que los pretendientes arruinen la casa; no
cree que Ulises haya de volver; pregunta al mendigo (Ulises)
quién es, y éste cuenta una larga y supuesta historia, XIV, 29
á 359; conmuévese el porquero al oir el relato, pero se figura
que el mendigo miente en lo que refiere de Ulises, XIV, 360 á
389; desea que lleguen los demás pastores para cenar, vienen
éstos, Eumeo manda sacrificar el puerco más excelente, obsequia
al mendigo con el lomo, le entrega un manto para que se abrigue
durante la noche, y sale luego para acostarse junto á los cerdos,
XIV, 401 á 533; cena con el mendigo (Ulises) y los pastores, y,
al oir que aquél desea ir á la ciudad, procura disuadirle, y le
da noticias de Laertes y de Anticlea, XV, 301 á 379; cuenta su
historia, á petición del mendigo, XV, 381, 389 á 486; recibe con
grandes demostraciones de alegría á Telémaco, comen todos, Eumeo
presenta el mendigo á Telémaco, éste manda al porquerizo que vaya
á participar á Penélope su regreso de Pilos, y Eumeo obedece en
seguida, XVI, 7 á 40, 49 á 69, 130 á 156; encuentra en el camino
al heraldo, llega á la presencia de Penélope, cumple el mandado
y se vuelve á sus puercos, XVI, 333 á 341; llega á la majada, da
cuenta del cumplimiento del encargo y refiere que ha visto que
la nave de los pretendientes tornaba al puerto, XVI, 461 á 475;
acompaña al mendigo (Ulises) á la ciudad, y, cuando Melantio da
una coz á aquél, invoca á las ninfas y á Júpiter para que vuelva
Ulises y castigue la petulancia del cabrero, XVII, 199 á 246; al
llegar al palacio del rey, conviene con el mendigo (Ulises) que
él entrará primero, le pasa inadvertida una lágrima que vierte
Ulises al ver el perro Argos, le refiere cuán hábil era éste para
la caza, y entra en el palacio, XVII, 264, 272 á 289, 305, 306,
311 á 325; contesta á Antínoo, que le increpa por haberles traído
el mendigo (Ulises), 380 á 391; le manda Penélope que llame al
mendigo (Ulises), y Eumeo hace el elogio de éste, va á llamarle
y le lleva á Penélope la respuesta de que es mejor dejarlo para
la noche, 507 á 584; se mezcla con la turba de los pretendientes,
expresa á Telémaco su deseo de irse y después de cenar se vuelve
á sus puercos, XVII, 589 á 605; al día siguiente lleva tres
cerdos á la casa de Ulises y pregunta al mendigo (Ulises) si
ya le tratan mejor en el palacio, XX, 162 á 169; suplica á los
dioses que Ulises vuelva á su casa, XX, 238; le manda Penélope
que presente el arco á los pretendientes y se le saltan las
lágrimas, XXI, 80 á 83; sale de la casa juntamente con el boyero,
Ulises se les da á conocer, ambos pastores lloran y abrazan á
su amo, éste les dice cómo han de portarse, y luego vuelven á
entrar en el palacio, XXI, 187 á 244; Eumeo y el boyero reciben
de Telémaco sendas armaduras, y se ponen al lado de Ulises para
luchar contra los pretendientes; manda Telémaco que Eumeo vaya
á ver quién da armas á éstos, advierte Eumeo que el culpable
es Melantio y, por orden de Ulises, él y Filetio sorprenden al
cabrero, lo tiran á tierra, le retuercen hacia atrás los pies y
las manos, y, atándolo con un lazo, lo suben á lo alto de una
columna y vuelven al lado de Ulises, XXII, 103 á 204; Ctesipo
logra rasguñar con su lanza el hombro de Eumeo, XXII, 279 y 280;
después de la matanza, Eumeo, Telémaco y el boyero pasan la
rasqueta por el pavimento de la sala, XXII, 454 y 455; sacan al
patio las esclavas culpables y luego á Melantio á quien mutilan,
XXII, 457, 474 á 480; por orden de Ulises, se levantan de la
cama, toman las armas, salen al campo y Minerva los cubre con una
nube, XXIII, 367 á 372; cuando Ulises y su padre entran en la
casería, hallan á Telémaco, al boyero y al porquerizo ocupados
en preparar la comida, XXIV, 363 y 364; cuando los itacenses van
á acometerles, Eumeo viste la armadura para pelear en favor de
Ulises, XXIV, 497.
EUPITES (Εὐπείθης): Padre del pretendiente Antínoo, I, 383;
IV, 641, 660; XVI, 363; XVII, 477; XVIII, 42, 284; XX, 270;
XXI, 140, 256. Llegó á Ítaca habiendo ido en conserva de los
piratas tafios á dañar á los tesprotos, por lo cual el pueblo
quería matarlo y Ulises lo contuvo, XVI, 424 á 430; después de
la matanza de los pretendientes arenga al pueblo para que vaya
contra Ulises, logra persuadir á casi la mitad de los ciudadanos;
los acaudilla y, al llegar á la casa de Laertes, es muerto por la
lanza que éste le arroja, XXIV, 421 á 437, 465 á 469, 521 á 525.
EURÍADES (Εὐρυάδης): Uno de los pretendientes de Penélope, muerto
por la lanza que le arroja Telémaco, XXII, 267.
EURÍALO (Εὐρύαλος): Uno de los jóvenes feacios que tomaron parte
en los juegos celebrados en presencia de Ulises, VIII, 115. Queda
vencedor en la lucha, VIII, 127; aconseja á Laodamante que invite
á Ulises á probarse en los juegos, VIII, 140 á 142; al oir que
Ulises se excusa, le increpa diciendo que más se parece á un
patrón de barco que á un atleta, VIII, 158 á 165; por orden de
Alcínoo, apacigua á Ulises y le regala una espada de bronce con
vaina de marfil, VIII, 396 á 405.
EURÍBATES (Εὐρυβάτης): Heraldo de Ulises. Era metido de hombros,
de negra tez y rizado cabello, XIX, 244 á 248.
EURICLEA (Εὐρύκλεια): Hija de Ops Pisenórida y esclava primero
de Laertes, que la compró por veinte bueyes, y luego de Ulises á
quien crió. Alumbra con teas encendidas á Telémaco cuando éste
se va á acostar, I, 428 á 441; al oir que Telémaco le encarga
que le aparte harina y vino, pues se va á Pilos y á Esparta, se
echa á llorar, intenta disuadirle, y, no lográndolo, presta el
juramento que le exige Telémaco y hace lo que éste le manda, II,
345 á 380; cuando Penélope se queja de las esclavas porque no la
enteraron de la partida de Telémaco, se disculpa con el juramento
y aconseja á la reina que no mande ningún aviso á Laertes, IV,
742 á 757; al volver Telémaco de su viaje, es la primera que en
el palacio le sale al encuentro derramando lágrimas, XVII, 31 á
33; por encargo de Telémaco, tiene encerradas á las mujeres en
sus habitaciones mientras Ulises y su hijo quitan las armas de
las paredes del palacio, XIX, 14 á 30; por orden de Penélope,
lava los pies á Ulises, lo reconoce por la cicatriz, quiere
decírselo á la reina, Ulises se lo impide, y sale á buscar agua
por haberse derramado la del lebrillo, XIX, 357 á 394, 467 á
505; cuando nació Ulises, Euriclea lo colocó en las rodillas
de Autólico y le pidió que le impusiese el nombre, XIX, 401 á
404; Telémaco pregunta á Euriclea si se han cuidado del huésped
(Ulises), y ella responde que Penélope mandó aparejarle una
cama, pero quiso tenderse en el vestíbulo y le cubrieron con
un manto, XX, 128 á 143; Euriclea da orden á las esclavas para
que arreglen la casa, XX, 147 á 156; cierra las puertas de las
habitaciones por orden que le da Eumeo en nombre de Telémaco,
poco antes de la matanza de los pretendientes, XXI, 380 á 387;
llamada por Telémaco, que cumple el encargo de Ulises, ve los
cadáveres de los pretendientes y empieza á proferir gritos de
júbilo, pero Ulises le impone silencio y le manda que haga venir
las mujeres culpables, XXII, 391 á 434; Ulises le ordena que le
traiga azufre y diga á Penélope que se presente con sus criadas
y todas las siervas, XXII, 480 á 493; sube á lo alto de la casa
y dice á Penélope que ya llegó Ulises y ha dado muerte á los
pretendientes; al oir que la reina lo pone en duda, se ofrece en
prenda; y bajan Penélope y Euriclea á la sala para ver muertos
á los pretendientes y á quien los ha matado, XXIII, 1 á 84;
Penélope, para saber si el huésped es Ulises, manda á Euriclea
que le saque la cama afuera de la habitación y le apareje el
lecho, XXIII, 177 á 180.
EURIDAMANTE (Εὐρυδάμας): Uno de los pretendientes de Penélope.
Envía dos esclavos para que le traigan unos pendientes de tres
piedras preciosas, que regala á Penélope, XVIII, 297 y 298;
muere, herido por la lanza que le arroja Ulises, XXII, 283.
EURÍDICE (Εὐρυδίκη): Hija de Clímeno y esposa de Néstor. Da un
grito, con sus hijas y nueras, cuando Trasimedes degüella la
novilla, III, 450 á 452.
EURÍLOCO (Εὐρύλοχος): Compañero y deudo de Ulises. Al llegar á
la isla de Circe, Ulises forma con sus compañeros dos secciones
mandadas respectivamente por él y por Euríloco, y decide la
suerte que esta última explore el terreno y vea quiénes lo
habitan; parte Euríloco con veintidós hombres, llegan al palacio
de Circe y entran todos á excepción de Euríloco, que teme algún
engaño y se queda fuera; y, como no ve salir á los compañeros,
vuelve á la nave y cuenta á Ulises lo que ocurre, X, 202 á 260;
niégase á ir con Ulises al palacio de Circe y le aconseja que
huyan, X, 263 á 273; opónese á que Ulises se lleve al palacio de
Circe los compañeros que se habían quedado en la nave; pero, al
verse amenazado por el héroe, le sigue con los demás hombres, X,
429 á 448; llegados al Orco, Euríloco y Perimedes sostienen las
víctimas que ha de inmolar Ulises, mientras éste abre el hoyo,
XI, 23; al pasar por junto á las Sirenas, Ulises, que está atado
al mástil, pide que lo desaten y Euríloco y Perimedes lo sujetan
más reciamente, XII, 191 á 196; cuando se acercan á la isla del
Sol, Ulises quiere pasar de largo, pero Euríloco se opone y el
héroe accede á detenerse en la misma después de hacer jurar á los
suyos que no matarán ninguna de las vacas ni de las ovejas del
Sol, XII, 278 á 302; como los compañeros de Ulises padecieran
hambre, Euríloco aconseja matar y comer las vacas del Sol, y los
demás aprueban y llevan á efecto la proposición, XII, 339 á 352.