Ediciones del Arcipreste puede decirse que no las hay. Don Tomás
Antonio Sánchez, en el tomo IV de su _Colección de poesías castellanas
anteriores al siglo XV_ (año 1790, Madrid), formó un texto arbitrario
de los tres códices, _escardó_ lo que le pareció ir contra la moral,
confundió la ortografía y dejó sin explicar la mayor parte del
glosario. Janer (tomo 57, _Bibliot. Rivadeneyra_, 1864) enmendó yerros
de lectura y entremetió los trozos suprimidos; pero sólo tuvo en sus
manos el códice de Gayoso y fué menos sincero que su predecesor.
Ducamin tuvo intención de hacer la edición crítica, pero se entró en
el claustro sin hacerla.
Le debemos, sin embargo, el mayor servicio que pudo hacer al libro del
Arcipreste: hizo la edición paleográfica (Toulouse, 1901), recogiendo
en su obra las variantes de los códices _G_ y _T_ al pie del texto
íntegro del códice _S_, que tuvo por el mejor. Con este trabajo, que
pocas veces habrá que recurrir a los códices, la edición estaba
preparada. Adviértase que los códices _G_ y _T_ carecen de títulos y
divisiones, que se hallan en _S_, de manera que no son del Arcipreste.
Los manuscritos principales del _Libro de Buen Amor_ son:
El manuscrito _G_ o de D. Benito Martínez _Gayoso_, que hoy es
propiedad de la Academia Española y fué escrito el año 1389, esto es,
cuarenta y un años después de escribir el autor su libro. Es, sin
duda, el mejor, aunque Ducamin prefiera el manuscrito _S_ por razones
secundarias, pues _G_ tiene ortografía más popular y más antigua y sus
versos constan mejor que los de _S_, que se ve añadido y cambiado no
poco por dar claridad al texto. Yo le sigo siempre que las variantes
de los otros no prueben estar errado.
El manuscrito _T_ o de la Catedral de _Toledo_, que hoy está en la
Biblioteca Nacional (vitrina 4-8), concuerda más en todo con _G_ que
con _S_ y es de la misma época que _G_, lo cual comprueba la
preferencia que doy a _G_, pero tiene más erratas. Otra copia del de
Toledo en la Nac. Dd., 14.
El manuscrito _S_ o del Colegio Mayor de San Bartolomé, de
_Salamanca_, que hoy para en la Biblioteca Real, es el más moderno de
los tres, de principios del siglo XV, su ortografía más complicada y
conserva más trozos que los otros dos. Estas dos razones movieron a
Ducamin a darle la preferencia; yo prefiero atenerme al texto más
antiguo en todo caso y a la más antigua ortografía.
Los tres fueron impresos por _Ducamin_: _S_ íntegramente, y los otros
dos al pie en las variantes. Mi edición se atiene, en cuanto es
posible, al texto más antiguo, que es _G_, corrigiendo por los demás y
siempre con la ortografía del texto de donde las palabras se toman.
Pero en todos los códices hay muchos versos de deslavazada expresión y
en el cuento de sílabas echados a perder, por comezón de aclarar el
texto.
Cuanto a la ortografía, conservo la de los códices y sólo pongo _z_
por la [Griego: z] y [Griego: s] de Ducamin, cuando responden a esta
letra, dejando _s_ en los trozos de _G_, cuando la llevan. Por _nn_
siempre pongo _ñ_, como hizo Ducamin. El signo que responde a la
conjunción _y_ o _et_ del latín, lo transcribo siempre _é_, pues
escribiéndose indistintamente _e_ y _et_ en los libros de entonces y
no evitándose el hiato en la poesía de aquellos tiempos, no creo que
debía poner a capricho una u otra forma. Para que el lector no
informado lea sin tropezar el texto, paréceme advertirle que _f_,
_ff_ y _h_ tenían un mismo sonido, el de la _h_ aspirada andaluza; que
_ç_ sonaba siseada, y todavía más suavemente _z_; que _j_, _i_, _g_
sonaban como _gi_ en italiano, menos _g_ con _a_, _o_, _u_, hablando
en general, pues a veces está por _j_ y otras veces para que sonase
como [Griego: g] escribíase _gua_, _gualardón_; que _b_ y _v_ sonaban
como hoy, esto es, _v_ como _b_ más suave entre vocales; que _x_ valía
lo que la _ch_ francesa y _ch_ lo mismo que ahora en castellano; que a
menudo va la _n_ sin tilde, pero que sonaba como _ñ_ cuando está por
ella en las voces que hoy la conservan; que ante labial siempre sonó
_n_, como se halla en el texto, y no _m_.[D]
He arreglado enteramente la acentuación, que entonces no la había, y
la puntuación, no menos que la unión en cada palabra de las sílabas
que la forman. Los poetas medioevales empleaban siempre el hiato sin
escrúpulo, y hase de tener en cuenta al leer sus versos; cuando lo
evitaban era mediante la sinalefa, escribiendo entonces las dos
palabras juntas como las pronunciaban; yo en este caso las separo,
conforme al uso moderno, echando mano del apóstrofo o virgulilla
superior que indica la vocal suprimida. No se hagan sinalefas al leer
donde no las hay. Para no multiplicar las notas he puesto el _Indice_,
donde se puede acudir cuando se dude del significado de una palabra.