--¿Tú le viste la cara?
--¿Pero quién podría ser sino él?--repuso la doncella.--Yo
tengo la seguridad de que era él. Fué derecho a su
[5] cuarto... conocía muy bien el camino.
--Es raro--dijo el canónigo.--Viviendo en la casa no
necesitaba emplear tales tapujos.... Podía haber
pretextado una enfermedad y quedarse.... ¿No es verdad,
señora?
[10] --Librada--exclamó ésta con exaltación de ira,--te
juro por Dios que irás a presidio.
Después cruzó las manos, clavándose los dedos de la una
en la otra con tanta fuerza, que casi se hizo sangre.
--Sr. D. Inocencio--exclamó.--Muramos... no hay
[15] más remedio que morir.
Después rompió a llorar desconsolada.
--Valor, señora mía--dijo el clérigo con acento
patético.--Mucho valor.... Ahora es preciso tenerlo grande.
Esto requiere serenidad y gran corazón.
[20] --El mío es inmenso--dijo entre sollozos la de
Polentinos.
--El mío es pequeñito...--dijo el canónigo;--pero
allá veremos.