=¡Desperta!=
--Respecto a lo de las partidas--dijo doña Perfecta
cuando concluyeron de beber,--sólo te digo que hagas lo
que tu conciencia te dicte.
[20] --Yo no entiendo de ditados--gritó Ramos.--Haré lo
que sea del gusto de la señora.
--Pues yo no te aconsejaré nada en asunto tan grave--repuso
ella con la circunspección y comedimiento que tan
bien le sentaban.--Eso es muy grave, gravísimo, y yo no
[25] puedo aconsejarte nada.
--Pero el parecer de usted....
--Mi parecer es que abras los ojos y veas, que abras los
oídos y oigas.... Consulta tu corazón... yo te concedo
que tienes un gran corazón.... Consulta a ese juez, a
[30] ese consejero que tanto sabe, y haz lo que él te mande.
Caballuco meditó, pensó todo lo que puede pensar una 161
espada.
--Los de Naharilla Alta--dijo Vejarruco,--nos
contamos ayer y éramos trece, propios para cualquier cosita
[5] mayor.... Pero como temíamos que la señora se
enfadara, no hicimos nada. Es tiempo ya de trasquilar.
--No te preocupes de la trasquila--dijo la señora.--Tiempo
hay. No se dejará de hacer por eso.
--Mis dos muchachos--manifestó Licurgo--riñeron ayer
[10] el uno con el otro, porque uno quería irse con Francisco
Acero y el otro no. Yo les dije: "Despacio, hijos míos,
que todo se andará. Esperad, que tan buen pan hacen
aquí como en Francia."
--Anoche me dijo Roque Pelosmalos--manifestó el tío
[15] Pasolargo,--que en cuanto el Sr. Ramos dijera tanto así,
ya estaban todos con las armas en la mano. ¡Qué lástima
que los dos hermanos Burguillos se hayan ido a labrar las
tierras de Lugarnoble!
--Vaya usted a buscarlos--dijo el ama vivamente.--Sr.
[20] Lucas, proporciónele usted un caballo al tío Pasolargo.
--Yo, si la señora me lo manda, y el señor Ramos también--dijo
Frasquito González,--iré a Villahorrenda a ver
si Robustiano, el guarda de montes y su hermano Pedro
quieren también....
[25] --Me parece buena idea. Robustiano no se atreve a
venir a Orbajosa, porque me debe un piquillo. Puedes
decirle que le perdono los seis duros y medio.... Esta
pobre gente, que tan generosamente sabe sacrificarse por
una buena idea, se contenta con tan poco.... ¿No es
[30] verdad, Sr. D. Inocencio?
--Aquí nuestro buen Ramos--repuso el canónigo,--me
dice que sus amigos están descontentos con él por su
tibieza; pero que en cuanto le vean determinado se
pondrán todos la canana al cinto.
--Pero qué, ¿estás determinado a echarte a la calle?--dijo 162
la señora.--No te he aconsejado yo tal cosa, y si lo
haces es por tu voluntad. Tampoco el Sr. D. Inocencio te
habrá dicho una palabra en este sentido. Pero cuando tú
[5] lo decides así, razones muy poderosas tendrás.... Dime,
Cristóbal, ¿quieres cenar? ¿quieres tomar algo?... con
franqueza....
--En cuanto a que yo aconseje al Sr. Ramos que se eche
al campo--dijo D. Inocencio, mirando por encima de los
[10] cristales de sus anteojos,--razón tiene la señora. Yo,
como sacerdote, no puedo aconsejar tal cosa. Sé que
algunos lo hacen; y aun toman las armas; pero esto me parece
impropio, muy impropio, y no seré yo quien los imite.
Llevo mi escrupulosidad hasta el extremo de no decir una
[15] palabra al Sr. Ramos sobre la peliaguda cuestión de su
levantamiento en armas. Yo sé que Orbajosa lo desea; sé
que le bendecirán todos los habitantes de esta noble ciudad;
sé que vamos a tener aquí hazañas dignas de pasar a la
historia; pero, sin embargo, permítaseme un discreto
[20] silencio.
--Está muy bien dicho--añadió doña Perfecta.--No
me gusta que los sacerdotes se mezclen en tales asuntos.
Un clérigo ilustrado debe conducirse de este modo. Bien
sabemos que en circunstancias solemnes y graves, por
[25] ejemplo, cuando peligran la patria y la fe, están los
sacerdotes en su terreno incitando a los hombres a la lucha y
aun figurando en ella. Pues que Dios mismo ha tomado
parte en célebres batallas, bajo la forma de ángeles o santos,
bien pueden sus ministros hacerlo. Durante la guerra contra
[30] los infieles, ¿cuántos obispos acaudillaron las tropas
castellanas?
--Muchos, y algunos fueron insignes guerreros. Pero
estos tiempos no son como aquellos, señora. Verdad es
que si vamos a mirar atentamente las cosas, la fe peligra
ahora más que antes.... ¿Pues qué representan esos 163
ejércitos que ocupan nuestra ciudad y pueblos inmediatos?
¿qué representan? ¿Son otra cosa más que el infame
instrumento de que se valen para sus pérfidas conquistas
[5] y el exterminio de las creencias, los ateos y protestantes de
que está infestado Madrid?... Bien lo sabemos todos.
En aquel centro de corrupción, de escándalo, de
irreligiosidad y descreimiento, unos cuantos hombres malignos,
comprados por el oro extranjero, se emplean en destruir en
[10] nuestra España la semilla de la fe.... ¿Pues qué creen
ustedes? Nos dejan a nosotros decir misa y a ustedes
oírla por un resto de consideración, por vergüenza... pero
el mejor día.... Por mi parte, estoy tranquilo. Soy un
hombre que no se apura por ningún interés temporal y
[15] mundano. Bien lo sabe la señora doña Perfecta, bien lo
saben todos los que me conocen. Estoy tranquilo y no me
asusta el triunfo de los malvados. Sé muy bien que nos
aguardan días terribles; que cuantos vestimos el hábito
sacerdotal tenemos la vida pendiente de un cabello, porque
[20] España, no lo duden ustedes, presenciará escenas como
aquellas de la revolución francesa, en que perecieron miles
de sacerdotes piadosísimos en un mismo día.... Mas no
me apuro. Cuando toquen a degollar presentaré mi cuello;
ya he vivido bastante. ¿Para qué sirvo yo? Para nada,
[25] para nada.
--Comido de perros me vea yo--exclamó Vejarruco,
mostrando el puño, no menos duro y fuerte que un martillo,--si
no acabamos pronto con toda esa canalla ladrona.
--Dicen que la semana que viene comienza el derribo
[30] de la catedral--indicó Frasquito.
--Supongo que la derribarán con picos y martillos--dijo
el canónigo sonriendo.--Hay artífices que no tienen esas
herramientas, y sin embargo adelantan más edificando.
Bien saben ustedes que, según tradición piadosa, nuestra
hermosa capilla del Sagrario fué derribada por los moros en 164
un mes y reedificada en seguida por los ángeles en una sola
noche.... Dejarles, dejarles que derriben.
--En Madrid, según nos contó la otra noche el cura de
[5] Naharilla--dijo Vejarruco,--ya quedan tan pocas iglesias,
que algunos curas dicen misa en medio de la calle, y como
les aporrean y les dicen injurias y también les escupen,
muchos no la quieren decir.
--Felizmente aquí, hijos míos--manifestó D. Inocencio,--no
[10] hemos tenido aún escenas de esa naturaleza. ¿Por
qué? Porque saben qué clase de gente sois; porque tienen
noticia de vuestra piedad ardiente y de vuestro valor....
No les arriendo la ganancia a los primeros que pongan la
mano en nuestros sacerdotes y en nuestro culto.... Por
[15] supuesto, dicho se está que si no se les ataja a tiempo,
harán diabluras. ¡Pobre España, tan santa y tan humilde
y tan buena! ¡Quién había de decir que llegarían a estos
apurados extremos!... Pero yo sostengo que la
impiedad no triunfará, no señor. Todavía hay gente valerosa,
[20] todavía hay gente de aquella de antaño, ¿no es verdad, Sr.
Ramos?
--Todavía la hay, sí señor--repuso éste.
--Yo tengo una fe ciega en el triunfo de la ley de Dios.
Alguno ha de salir en defensa de ella. Si no son unos,
[25] serán otros. La palma de la victoria, y con ella la gloria
eterna, alguien se la ha de llevar. Los malvados perecerán,
si no hoy mañana. Aquél que va contra la ley de Dios
caerá, no hay remedio. Sea de esta manera, sea de la otra,
ello es que ha de caer. No le salvan ni sus argucias, ni
[30] sus escondites, ni sus artimañas. La mano de Dios está
alzada sobre él y le herirá sin falta. Tengámosle compasión
y deseemos su arrepentimiento... en cuanto a vosotros,
hijos míos, no esperéis que os diga una palabra sobre el
paso que seguramente vais a dar. Sé que sois buenos, sé
que vuestra determinación generosa y el noble fin que os 165
guía lavan toda mancha pecaminosa por causa del
derramamiento de sangre que pudierais recibir; sé que Dios os
bendice, que vuestra victoria, lo mismo que vuestra muerte,
[5] os sublimarán a los ojos de los hombres y a los de Dios; sé
que se os deben palmas y alabanzas y toda suerte de
honores; pero a pesar de esto, hijos míos, mi labio no os
incitará a la pelea. No lo ha hecho nunca ni lo hará ahora.
Obrad con arreglo al ímpetu de vuestro noble corazón. Si
[10] él os manda que os estéis en vuestras casas, estáos en ellas;
si él os manda que salgáis, salid en buen hora. Me resigno
a ser mártir y a inclinar mi cuello ante el verdugo, si esa
miserable tropa continúa aquí. Pero si un impulso hidalgo
y ardiente y pío de los hijos de Orbajosa contribuye a la
[15] grande obra de la extirpación de las desventuras patrias,
me tendré por el más dichoso de los hombres sólo con ser
paisano vuestro; y toda mi vida de estudios, de penitencia,
de resignación, no me parecerá tan meritoria para aspirar
al cielo, como un día solo de vuestro heroísmo.
[20] --¡No se puede decir más y mejor!--exclamó doña
Perfecta arrebatada de entusiasmo.
Caballuco se había inclinado hacia adelante en su asiento,
poniendo los codos sobre las rodillas. Cuando el canónigo
acabó de hablar, tomóle la mano y se la besó con fervor.
[25] --Hombre mejor no ha nacido de madre--dijo el tío
Licurgo enjugando o haciendo que enjugaba una lágrima.
--¡Que viva el señor Penitenciario!--gritó Frasquito
González poniéndose en pie y arrojando hacia el techo su
gorra.
[30] --Silencio--dijo doña Perfecta.--Siéntate, Frasquito.
Tú eres de los de mucho ruido y pocas nueces.
--¡Bendito sea Dios, que le dió a usted ese pico de oro!--exclamó
Cristóbal inflamado de admiración.--¡Qué dos
personas tengo delante! Mientras vivan las dos, ¿para
qué se quiere más mundo?... Toda la gente de España 166
debiera ser así... pero ¡cómo ha de ser así si no hay
más que pillería! En Madrid, que es la corte de donde
vienen leyes y mandarines, todo es latrocinio y farsa.
[5] ¡Pobre religión, cómo la han puesto!... No se ven más
que pecados.... Señora doña Perfecta, señor D.
Inocencio, por el alma de mi padre, por el alma de mi abuelo, por
la salvación de la mía, juro que deseo morir.
--¡Morir!
[10] --Que me maten esos perros tunantes, y digo que me
maten, porque yo no puedo descuartizarlos a ellos. Soy
muy chico.
--Ramos, eres grande--dijo solemnemente la señora.
--¿Grande, grande?... Grandísimo por el corazón;
[15] pero ¿tengo yo plazas fuertes, tengo caballería, tengo
artillería?
--Esa es una cosa, Ramos--dijo doña Perfecta
sonriendo,--de que yo no me ocuparía. ¿No tiene el enemigo
lo que a ti te hace falta?
[20] --Sí.
--Pues quítaselo....
--Se lo quitaremos, sí, señora. Cuando digo que se lo
quitaremos....
[25] --Querido Ramos--exclamó D. Inocencio.--Envidiable
posición es la de usted.... ¡Destacarse, elevarse sobre
la vil muchedumbre, ponerse al igual de los mayores héroes
del mundo... poder decir que la mano de Dios guía su
mano.... ¡Oh, qué grandeza y honor! Amigo mío, no
es lisonja. ¡Qué apostura, qué gentileza, qué gallardía!...
[30] No; hombres de tal temple no pueden morir. El Señor
va con ellos y la bala y hierro enemigos detiénense...
no se atreven... ¿qué se han de atrever viniendo de
cañón y de manos de herejes?... Querido Caballuco, al
ver a usted, al ver su bizarría y caballerosidad, vienen a mi
memoria, sin poderlo remediar, los versos de aquel romance 167
de la conquista del imperio de Trapisonda:
Llegó el valiente Roldán
de todas armas armado,
[5] en el fuerte Briador,
su poderoso caballo,
y la fuerte Durlindana
muy bien ceñida a su lado,
la lanza como una entena,
[10] el fuerte escudo embrazado....
Por la visera del yelmo
fuego venía lanzando;
retemblando con la lanza
como un junco muy delgado,
[15] y a toda la hueste junta
fieramente amenazando.
--Muy bien--exclamó Licurgo batiendo palmas.--Y yo
digo como D. Renialdos:
¡Nadie en don Renialdos toque
[20] si quiere ser bien librado!
Quien otra cosa quisiere
él será tan bien pagado,
que todo el resto del mundo
no se escape de mi mano
[25] sin quedar pedazos hecho
o muy bien escarmentado.
--Ramos, tú querrás cenar; tú querrás tomar algo, ¿no
es verdad?--dijo la señora.
--Nada, nada--repuso el Centauro,--denme si acaso
[30] un plato de pólvora.
Diciendo esto, soltó estrepitosa carcajada, dió varios
paseos por la habitación, observado atentamente por todos,
y deteniéndose junto al grupo, fijó los ojos en doña Perfecta,
y con atronadora voz profirió estas palabras:
[35] --Digo que no hay más que decir. ¡Viva Orbajosa,
muera Madrid!
Descargó la mano sobre la mesa, con tal fuerza que 168
retembló el piso de la casa.
--¡Qué poderoso brío!--dijo D. Inocencio.
--Vaya que tienes unos puños....
[5] Todos contemplaban la mesa que se había partido en dos
pedazos.
Fijaban luego los ojos en el nunca bastante admirado
Renialdos o Caballuco. Indudablemente había en su
semblante hermoso, en sus ojos verdes, animados por extraño
[10] resplandor felino, en su negra cabellera, en su cuerpo
hercúleo, cierta expresión y aire de grandeza, un resabio o más
bien recuerdo de las grandes razas que dominaron al mundo.
Pero su aspecto general era el de una degeneración
lastimosa, y costaba trabajo encontrar la filiación noble y
[15] heroica en la brutalidad presente. Se parecía a los grandes
hombres de D. Cayetano, como se parece el mulo al caballo.