FÁBULA LXX

_El Canario y el Grajo_

(_El que para desacreditar a otro recurre a medios injustos, suele

desacreditarse a sí propio._)

Hubo un Canario que, habiéndose esmerado en adelantar en su canto, logró

divertir con él a varios aficionados y empezó a tener aplauso. Un

Ruiseñor extranjero, generalmente acreditado, hizo particulares elogios

de él, animándole con su aprobación.

Lo que el Canario ganó, así con este favorable voto, como con lo que

procuró estudiar para hacerse digno de él, excitó la envidia de algunos

pájaros. Entre éstos había unos que también cantaban, bien o mal, y

justamente por ello le perseguían. Otros nada cantaban, y por lo mismo

le cobraron odio. Al fin un Grajo, que no podía lucir por sí, quiso

hacerse famoso con empezar a chillar públicamente entre las aves contra

el Canario. No acertó a decir en qué cosa era defectuoso su canto; pero

le pareció que para desacreditarle bastaba ridiculizarle el color de la

pluma, la tierra en que había nacido, etc., acusándole, sin pruebas, de

cosas que nada tenían que ver con lo bueno o malo de su canto. Hubo

algunos pájaros de mala intención que aprobaron y siguieron lo que dijo

el Grajo.

Empeñóse éste en demostrar a todos que el que habían tenido hasta

entonces por un Canario diestro en el canto, no era sino un borrico, y

que lo que en él había pasado por verdadera música era en la realidad un

continuado rebuzno. "¡Cosa rara! decían algunos; el Canario rebuzna; el

Canario es un borrico." Extendióse entre los animales la fama de tan

nueva maravilla, y vinieron a ver cómo un Canario se había vuelto burro.

El Canario, aburrido, no quería ya cantar; hasta que el Águila, reina de

las aves, le mandó que cantase para ver si en efecto rebuznaba o no;

porque, si acaso era verdad que rebuznaba, quería excluirle del número

de sus vasallos los pájaros. Abrió el pico el Canario, y cantó a gusto

de la mayor parte de los circunstantes. Entonces el Águila, indignada de

la calumnia que había levantado el Grajo, suplicó a su señor, el dios

Júpiter, que le castigase. Condescendió el dios, y dijo al Águila que

mandase cantar al Grajo. Pero cuando éste quiso echar la voz, empezó,

por soberana permisión, a rebuznar horrorosamente. Riéronse todos los

animales y dijeron: _Con razón se ha vuelto asno el que quiso hacer asno

al Canario._

Fábulas literarias · 第 83 / 89 题