„En esta situacion ví á Petreo, que se empeñaba en arrancar

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han

convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos.

* La ortografía del texto original ha sido respetada, con

normalización de las variantes a la grafía más frecuente y tildado

de las mayúsculas.

* Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final

del tomo.

* Se han reubicado muy ligeramente algunas ilustraciones para que no

interrumpan un párrafo. Asimismo se han dividido algunos párrafos

para alojar una ilustración.

* Se ha añadido al final un listado de las estampas numeradas que

ilustran el tomo. El orden de las estampas 138 y 139 también aparece

invertido en el original impreso.

* Las páginas en blanco han sido eliminadas.

METAMORFÓSEOS

ó

TRANSFORMACIONES DE OVIDIO.

METAMORFÓSEOS

ó

TRANSFORMACIONES DE OVIDIO,

TRADUCIDOS AL CASTELLANO

CON ALGUNAS NOTAS PARA SU INTELIGENCIA,

_POR DON FRANCISCO CRIVELL._

NUEVA EDICION.

TOMO IV.

MADRID EN LA IMPRENTA REAL

AÑO DE 1819.

ÍNDICE

de las Fábulas contenidas en este tomo.

LIBRO DUODÉCIMO.

Pág.

ARGUMENTO. 1

FÁBULA PRIMERA. _Una cierva sacrificada en lugar de Ifigenia._ 3

FÁB. II. _Combate de los Centauros y Lapitas._ 17

LIBRO DECIMOTERCIO.

ARGUMENTO. 40

FÁBULA PRIMERA. _Ayax y Ulises se disputan las armas de

Aquiles._ 42

_Discurso de Ulises._ 51

FÁB. II. _La sombra de Aquiles detiene á los griegos._ 72

FÁB. III. _Eneas y Anquises._ 85

FÁB. IV. _Polifemo._ 92

FÁB. V. _Glauco y Escila._ 103

LIBRO DECIMOCUARTO.

ARGUMENTO. 107

FÁBULA PRIMERA. _Circe._ 109

FÁB. II. _Dido recibe á Eneas en su palacio._ 115

FÁB. III. _Eneas y la Sibila._ 117

FÁB. IV. _Eneas llega á Cayeta._ 121

FÁB. V. _Los compañeros de Ulises transformados en puercos._ 128

FÁB. VI. _Pico es amado de Circe._ 133

FÁB. VII. _Los compañeros de Diomedes convertidos en aves._ 142

FÁB. VIII. _Las naves de Eneas convertidas en Ninfas._ 149

FÁB. IX. _Vertumno y Pomona._ 156

FÁB. X. _Ifis y Anaxarete._ 161

LIBRO DECIMOQUINTO.

ARGUMENTO. 173

FÁBULA PRIMERA. _Miscilo absuelto por la transformacion de las

bolas negras en blancas._ 175

FÁB. II. _Esculapio es llevado á Roma._ 216

FÁB. III. _César transformado en astro._ 224

_Peroracion._ 232

[Ilustración: Thestorides, vincemus.]

LIBRO DUODÉCIMO.

_ARGUMENTO._

Entonces el padre Príamo, juntamente con sus hijos, hace las exequias

á Eaco, que tambien lo era, creyéndole muerto; pero alli no se halló

Páris por haber ido á la Grecia. Perseguido este por los griegos,

vieron en el puerto Aulide que un dragon se convierte en piedra.

Despues el invulnerable Cigno, habiendo sido muerto por Aquiles, se

convierte en cisne; asi como tambien la doncella Cenis se transformó

en otro tiempo en el jóven llamado Ceneo, y despues en ave. Nestor

refirió todas estas transformaciones, añadiendo á ellas la de

Periclimenes.

[Ilustración: (119) Diana se compadece de Ifigenia que iba á ser

sacrificada, y pone en su lugar una cierva.]

FÁBULA PRIMERA.

_UNA CIERVA SACRIFICADA EN LUGAR DE IFIGENIA._

El padre Príamo, ageno de que su hijo Esaco vivia, bien que

transformado en ave, llorábale amargamente por muerto: asimismo Hector

y los demas hermanos le habian hecho inútiles exequias en el túmulo,

que solo contenia su epitafio. No asistió á estas tristes ceremonias

su hermano Páris, el cual, habiendo despues robado á Elena, fue la

causa fundamental de una larga y sangrienta guerra, y de que viniesen

conjuradas contra Troya mil naves, y se formase una poderosa liga

de toda la Grecia, la cual hubiera tomado pronta venganza, si los

vientos contrarios no hubiesen impedido la salida del puerto, y la

imposibilidad de navegar no hubiese detenido la escuadra en Aulide,

puerto de Beocia, en que se hace mucha pesca. Aqui, segun costumbre de

la patria, dispuestos los sacrificios á Júpiter, apenas ardian sobre el

ara los fuegos sagrados, cuando se presenta á la vista de los griegos

un dragon, que trepaba por un plátano inmediato á las aras donde se

habian empezado los sacrificios, y en cuya copa habia un nido con ocho

pajarillos,[1] y la madre que revolteaba en torno de sus hijuelos, á

quienes juntamente con ella arrebató y engulló en su voraz vientre.

Todos quedaron atónitos con este agüero; pero Calcas, adivino infalible

de lo futuro, les dijo: „Alegraos, griegos, que venceremos: Troya

quedará reducida á cenizas; pero nos costará mucho tiempo y trabajo

el tomarla;” y para hacer creible su oráculo vaticinó que las nueve

aves significaban otros tantos años que habia de durar la guerra. La

serpiente, asi como estaba enroscada en las verdes ramas del plátano,

se transformó en piedra,[2] que conserva su antigua figura.

El violento Nereo[3] continúa inexorable, sin permitir que la escuadra

anclada en Aulide pudiese dar la vela por la furia del mar. Algunos

creian que Neptuno, como que habia trabajado en la obra de los muros

de Troya, queria por este medio favorecerla, é impedir su total ruina;

pero Calcas, que lo sabia como adivino, dijo que para que cesase

el embravecimiento del mar era preciso aplacar la ira de Diana,[4]

ofreciéndola en sacrificio la doncella Ifigenia, hija de Agamenon.

Despues que la causa pública pudo mas que el amor paterno, y la

dignidad Real mas que el ser su padre, los sacerdotes con las lágrimas

en los ojos pusieron junto al ara á Ifigenia para sacrificarla, con lo

cual se dió por satisfecha Diana,[5] y ocultándola en una espesa nube;

se cuenta que mientras se hacian las ceremonias y preces del sacrificio

sustituyó en su lugar una cierva, que fue por ella inmolada; y con esto

calmó la indignacion de Diana, y juntamente con ella la del mar; y las

mil naves, despues de haber padecido tanto, llegaron viento en popa á

las playas troyanas.

Hay en medio del universo un lugar situado entre la tierra, el mar

y las regiones celestes,[6] en el cual concurren y se juntan las

extremidades y confines de aquellas tres partes: desde este lugar se

divisa lo que pasa en todas ellas, aunque esté muy distante, y desde

él se oye y penetra la voz á los oidos de todos. La Fama lo habita, y

tiene su mansion ordinaria en la parte mas elevada del alcázar, en que

por todas partes se hallan innumerables entradas y salidas hasta en el

mismo techo; los umbrales no tienen puerta alguna con que cerrarse.

De dia igualmente que de noche está abierto: toda la casa es de metal

sonoro, en el que resuenan y se aumentan las voces,[7] volviéndolas

hácia fuera el eco, el cual redobla y repite lo que se le confia.

Dentro no hay descanso ni silencio en ninguna parte; pero con todo no

es formal clamor, sino un rumor de un sonido tenue y sordo, como el que

hacen las olas del mar oidas desde lejos, ó como los truenos cuando las

nubes estan muy retiradas. Una multitud de personas sin interrupcion

ocupa los pórticos del palacio, y el vulgo novelero é inconstante va y

viene sin cesar, y á cada instante se divulgan mil patrañas confundidas

con la verdad,[8] que no puede sacarse en limpio por la confusion y

desórden de las palabras, con las que los unos llenan de noticias á

los oidos desocupados, y los otros repiten en otra parte lo que han

oido contar: crece el número de ficciones, y el último á cuyos oidos

llegan las abulta con alguna cosa nueva que les añade. Alli residen la

necia credulidad y el temerario error, la vana alegría y el infundado

sobresalto, la sedicion que cunde y los susurros,[9] cuyo orígen no se

puede averiguar.

La Fama, á quien nada está oculto de cuanto pasa en el cielo, mar

y tierra, antes bien averigua lo que sucede en todo el orbe, habia

divulgado que los griegos iban á atacar á los troyanos con una poderosa

escuadra y tropas escogidas; con cuya noticia no se hallaban estos

desprevenidos, sino que tenian fortificadas las playas, puertos y

avenidas, recibiendo á los griegos con las armas en la mano, de forma

que Protesilao,[10] que fue el primero que se atrevió á poner el pie

en tierra, fue muerto á manos de Hector, trabándose una batalla tan

sangrienta, que costó á estos la muerte de aquel y de otros esforzados

capitanes, sin haberse conocido hasta entonces el valor de Hector.

Los troyanos por su parte experimentaron lo que podia y hasta donde

rayaba el valor de los griegos á costa de no poca sangre, con la que

estaban ya teñidas las playas sigeas,[11] pues Cigno, hijo de Neptuno,

habia por su mano quitado la vida á innumerables; y por otra parte

Aquiles desde su carro[12] con su lanza arrollaba á cuantos se le

ponian por delante, y buscando furioso por medio de las huestes á Cigno

ó á Hector, se encontró con aquel, porque á este le reservaban los

hados hasta el año décimo de aquella guerra, y aguijando á los blancos

caballos de su carro, lo dirigió contra el primero, y blandiendo su

lanza con denuedo y valentía, le dice: „Quien quiera que tú seas, ó

jóven, sírvate de consuelo en tu muerte el saber que vas á fenecer

á manos de Aquiles.” Esto dijo, y al mismo tiempo le acomete con

la lanza; pero aunque le acertó con ella, solo le hizo una ligera

contusion en el pecho. Entonces Cigno responde á Aquiles: „Hijo de

Tetis (pues ya tiempo há que la fama me dió noticias de tí), ¿por qué

te maravillas (y es cierto que se admiraba) de no haberme herido?

Este morrion y este escudo que ocupa mi siniestra mano mas me sirven

de adorno que de defensa, á la manera que los plumages sirven de

gala y adorno á las armas de Marte. Vaya sin embargo todo fuera, que

yo pelearé sin estos auxilios, y no por eso conseguirás herirme. Es

mucha ventaja el no ser yo hijo de una Nereida,[13] sino de aquel que

gobierna á Nereo, á sus hijas y á todo el mar.” Dicho esto, enristró

la lanza contra Aquiles con tan gentil denuedo, que traspasó el bronce

que debia detener el golpe, y penetró los nueve primeros cueros del

escudo, quedando detenida en el décimo. Sacóla Aquiles, y arremetió

á su enemigo con el mismo brio; pero de la misma manera resaltó

del cuerpo de Cigno sin hacerle herida alguna;[14] ni á la tercera

embestida pudo tampoco conseguirlo, aunque Cigno se presentaba á cuerpo

descubierto. Se enfureció no de otro modo que cuando el toro en el

espacioso circo se ve irritado cuando le da en los ojos el color de las

vestiduras de púrpura, embiste y se halla burlado. Aquiles registra

la punta de la lanza para reconocer si se le habia caido el hierro, y

viendo que estaba fijo en ella, dijo: „¿Con que esto consiste en la

debilidad de mi brazo, y este ha perdido todo el valor que antes tenia,

pues ciertamente le tuvo, ya cuando arruiné las murallas de Lirnesa,

ya cuando inundé á Tebas y Ténedos con la sangre de sus soldados, ya

cuando hice que el Caico corriese tambien teñido con la sangre que

vertieron los que moraban en sus orillas, y ya cuando Telefo fue herido

dos veces con mi lanza? y aun aqui en este mismo lance es valerosa mi

diestra, y lo ha sido con la muerte de tantos troyanos como se hallan

y veo amontonados por la playa.” Esto dijo, y poco confiado en sus

anteriores hazañas, probó á arrojar su lanza contra Menetes, soldado

plebeyo de Lidia, y traspasándole la malla, le atravesó el pecho, y

cayendo moribundo sobre la tierra, le sacó la misma lanza de la herida,

y dijo: „Esta sí que es mi diestra, y esta la lanza vencedora. Me he de

valer de estas mismas armas contra este enemigo, y quiera Dios tenga

el mismo éxito.” Dicho esto acomete á Cigno, y sin errar el golpe le

hiere en el hombro izquierdo; pero lo rechaza como si hubiera dado en

un duro peñasco. Sin embargo se veia sangre en donde habia recibido

el golpe: Aquiles se alegró; mas duró poco su alegría. La sangre era

de Menetes y no de Cigno. Enfurecido y ciego de cólera salta ligero

de su carro, y acometiendo á su enemigo con su reluciente espada,

advierte que esta penetraba la parma[15] del escudo y el yelmo, pero

no su duro cuerpo. No siguió mas con este modo de acometerle, sino que

volviendo al contrario la espada, descargó muchos golpes con el pomo

de ella en las sienes y cabeza. Atolondrado Cigno con los golpes se

retiraba, siguiéndole Aquiles, de modo que unas veces le hacia tropezar

y otras caer, sin dejarle ni permitirle ningun descanso. Llenóse Cigno

de pavor; se le anubló la vista, y cuando se retiraba andando hácia

atras, tropezó en una piedra que habia en medio del campo, y sobre ella

le derribó Aquiles con grande ímpetu, dejándole tendido boca arriba.

Entonces oprimiéndole el pecho con sus fuertes rodillas, le aprieta

á la garganta las ataduras del yelmo, y le ahogó, cortándole á un

tiempo la respiracion y la vida. Se disponia á despojar al vencido;

pero ve solo las armas sin el cuerpo, porque el Dios del mar lo habia

transformado en una blanca ave[16] del mismo nombre que antes tenia.

Á esta primera batalla sucedió una larga tregua, y las dos partes,

cansadas de la pérdida que habian sufrido, depusieron las armas.

En tanto que los troyanos guardan sus muros y los griegos sus

trincheras, llegó el dia festivo en que Aquiles, vencedor de Cigno,

hizo un sacrificio á Palas con la sangre de una novilla adornada con

cintas.[17] Luego que puso sobre las aras las entrañas que habia de

consumir el fuego, y el olor agradable á la Deidad se difundió por el

aire, se separó una parte de la víctima para los sacerdotes, y otra

para la mesa de los asistentes.[18] Sentáronse á comer los próceres en

sus lechos convivales, saciándose de carne asada, y con el suave vino

olvidaron sus cuidados y apaciguaron su sed. No hubo en este banquete

cántico que realzase ni la cítara[19] ni la flauta, sino que durante

el banquete y de sobre mesa se engolfaron en conversacion, siendo

la materia de ella el valor y los sucesos de las pasadas refriegas,

complaciéndose en referir cada uno los peligros á que se habia

arrojado y de que habia salido. ¿De qué otra cosa podia hablar Aquiles,

ó qué conversacion podia suscitarse mas á propósito delante de él?

Sobre lo que rodó mas la conversacion fue sobre el último certamen con

Cigno. Á todos pareció cosa admirable que el cuerpo de este jóven fuese

impenetrable é invulnerable, é hiciese rebotar el hierro de las lanzas

y demas armas. El mismo Aquiles se maravillaba de esto, y tambien los

griegos, cuando Nestor[20] les habló asi: „Es verdad que en vuestro

tiempo Cigno fue el solo despreciador del acero, á quien no ofendió

hierro alguno; pero yo mismo ví en otra ocasion á Ceneo, que se le

parecia en eso de no ser herido. Ceneo Perrebo,[21] repito, que, famoso

por sus hazañas, habitó en el monte Otris;[22] y lo que mas causaba

admiracion en él era haber nacido individuo del otro sexo.” Esta nueva

monstruosidad excitó la curiosidad de los circunstantes á rogarle

contase este suceso, y entre ellos Aquiles le dijo: „Sabio y elocuente

anciano, prudencia de nuestro siglo, dí ¿quién fue ese Ceneo (pues

todos tenemos deseos de saberlo), y cuál la causa para mudar de sexo?

¿En qué guerra lo conociste, y qué hazañas lo han hecho célebre? En una

palabra ¿quién fue su vencedor, si es que pudo ser vencido?”

„Aunque el largo tiempo, respondió Nestor, haya borrado de mi memoria

el recuerdo de muchas cosas que ví en mis primeros años, no obstante

me acuerdo de otras infinitas; pero de todo cuanto he presenciado en

paz y en guerra no hay cosa que se me haya quedado mas impresa que la

historia que me preguntais; y si mi larga edad me hace recomendable en

la referencia de las muchas cosas que en ella he visto, he vivido ya

doscientos años, y estoy entrado en el tercer siglo. Cenis, hija de

Elato, fue la mas bella de las doncellas de Tesalia, cuya hermosura

avasalló y despreció el corazon de muchísimos pretendientes por

las ciudades circunvecinas y por las tuyas, porque fue, ó Aquiles,

tu prima: quizá el mismo Peleo la hubiera tambien pretendido; pero

ó estaba ya casado con tu madre,[23] ó á lo menos contratado el

matrimonio con ella. En suma Cenis no quiso casarse; y paseándose

un dia por la solitaria playa del mar, fue violentada por Neptuno,

segun asi se decia públicamente, y para recompensar la injuria de

haberla desflorado le dijo: „Pide lo que te acomode, que todo te será

concedido.” Asi tambien lo aseguraba la fama. „Esta injuria que me has

hecho, replicó Cenis, me hace desear una cosa grande y singular, y

es que me concedas el dejar de hoy en adelante el ser muger para que

no me vuelva á suceder semejante desgracia en lo sucesivo: este don

equivaldrá á todos cuantos me puedas conceder.” Articuló estas últimas

palabras con un sonido mas grave y bronco, y podia su voz equivocarse

con la de hombre, como que ya efectivamente lo era, pues el Dios del

mar le habia otorgado su peticion, y sobre esto, que no pudiese ser

herido ni morir á hierro. Despidióse Ceneo alegre con tales dones, y

pasaba su vida juvenil en las ocupaciones y egercicios propios del

hombre, recorriendo las campiñas de Tesalia, donde adquirió mucha

reputacion.”

[Ilustración: (120) Combate sangriento entre Centauros y Lapitas

suscitado en las bodas de Piritóo.]

FÁBULA II.

_COMBATE DE LOS CENTAUROS Y LAPITAS._

„Habia casado Piritóo,[24] hijo del atrevido Ixion, con la bella

Hipodamia, y convidó á los fieros Centauros á la boda, la cual se

celebraba en una cueva cercada de arboledas, y los hizo sentar á las

mesas que estaban puestas por órden. Asistieron á ella los próceres

de Tesalia, y yo tambien era uno de los convidados.[25] La confusa

multitud de ellos hacia en la estancia un alegre ruido: cantóse el

himeneo, humeando entre tanto las aras con las aromas que se quemaban.

Presentóse despues la novia mas hermosa que todas, rodeada y acompañada

de un gran número de casadas y doncellas. Todos dimos la enhorabuena

á Piritóo, y le felicitamos por su union con muger tan hermosa. Pero

salieron vanos los anuncios que le hicimos de su felicidad; porque en

aquel momento Eurito, el mas fiero de los Centauros, enardecido asi

con el vino que habia bebido como con la vista de la recien casada,

poseido de la embriaguez mezclada con la lascivia, echó á rodar las

mesas del convite, y arrebató con violencia á Hipodamia, asiéndola por

los cabellos. Cada uno de los demas Centauros robó la que se le antojó

ó la que pudo, de manera que parecia el saqueo de una ciudad tomada

por asalto, y en la casa no se oia otra cosa que mugeriles lamentos.

Al punto nos levantamos todos, y Teseo, tomando la palabra el primero,

dijo: „¿Qué locura, ó Eurito, te enagena para atreverte á maltratar asi

á Piritóo, estando yo con vida? ¿Ignoras acaso que á un mismo tiempo

ofendes en una á dos personas?” Para hacerle ver que sus amenazas no

eran vanas aparta á los que le detenian, recobra y le quita la novia

que habia robado. El Centauro quedó suspenso y sin poder articular

palabra, porque á la verdad ningunas tenia, ni menos razon alguna para

sostener el insulto que habia cometido; pero apelando á los hechos,

acometió con sus furiosas manos al rostro de Teseo, recuperador de

Hipodamia, y le descargó un furioso golpe en el pecho. Por casualidad

habia alli inmediato una gran copa antigua, en cuyo metal estaban

sobrepuestas de bajo relieve muchas figuras que hermoseaban su

superficie, y aumentaban su rigidez y aspereza; y tomándola Teseo, la

tiró con furia al rostro de Eurito, con cuyo golpe empezó á arrojar

por la herida y por la boca borbotones de sangre y vino y gran parte

de los sesos, y de este modo cayó en tierra boca arriba. Los demas

Centauros, enardecidos con la muerte de su hermano, empezaron todos á

gritar á una voz: „Al arma, al arma,” infundiéndoles mayor aliento el

vino que habian bebido. Al principio de la pelea volaban los vasos,

cántaros y calderos que se tiraban los unos á los otros, haciendo

armas para la guerra de lo que solo era á propósito para los convites.

Amico, hijo de Orfion, sin respetar al templo cogió un enorme candelero

de muchos mecheros ardiendo, y levantándolo en alto, como la segur

del sacrificio que va á herir el blanco cuello de un toro, le deja

caer sobre la frente del Lapita Celadon, y le quebranta los huesos

del rostro, de modo que de desfigurado no es conocido; cuyo golpe le

hizo saltar los ojos, la nariz se introdujo en la boca, y quedó pegada

al paladar. Belates Peleo le derriba en tierra, quedándole la barba

pegada al pecho, con un pie que arrancó de una mesa de acebo, y al

segundo golpe le hizo escupir los dientes mezclados con negra sangre,

y le envió á las oscuridades del tártaro. Grineo, mirando con rostro

airado al altar junto al cual estaba de pie, dijo: „¿Por qué no

echamos tambien mano de estas aras en esta refriega?” Al mismo tiempo

arrebata el altar que humeaba, y lo arroja al medio del escuadron de

los Lapitas, y aplana á dos de ellos, á Broteo y á Orion: este era hijo

de Micale, famosa maga, quien por medio de sus encantos tenia el poder

de hacer bajar á pesar suyo á la luna de la órbita por donde discurre.

„No quedarás sin castigo si encuentro alguna arma con que darte,” dijo

Exadio; y tomando las astas de un ciervo que estaban colgadas por voto

de una alta viga, acometió á Grineo, y le sacó los ojos con las puntas,

parte de los cuales venia envuelta en ellas, y parte mezclada con la

sangre que le corria por la barba.

„Reto, tomando de en medio de las aras el mayor tizon, deshizo á Carax

toda la sien derecha, cubierta de su rojo cabello, que empezó á arder

con la llama voraz del modo que arden las secas aristas, y quemándose

la sangre que le salia de la herida, dió un grande estallido, como el

que suele dar el hierro encendido, el cual, sacado de la fragua y

metido en el agua por el herrero con las tenazas, silba y rechina.

Viéndose herido Carax, sacudió el fuego voraz de sus encrespados

cabellos, y cargando sobre sus hombros un umbral que arrancó de la

tierra, y que apenas podria llevarle un carro, no podia tirarle al

enemigo por su enorme peso, y dejándole caer, lo aplanó á él y á

Cometes su compañero que estaba á su lado. Reto, que no podia contener

el gozo que le causaba este suceso, dijo: „¡Plegue á Dios que suceda

lo mismo á todos los demas de tu partido, y se defiendan con la

valentía que tú!” Y menudeando golpes con el tizon medio encendido,

le rompió las vertebras del cuello y parte de la cabeza, y los huesos

quebrantados nadaban entre los sesos. Ufano con la victoria, se dirigió

contra Evagro, Corito y Drias; y habiendo muerto á Corito, que aun no

tenia pelo de barba, le dijo Evagro: „Por cierto que es una grande

hazaña el haber dado la muerte á un muchacho.” Reto no le dejó hablar

mas, pues metiéndole el tizon por la boca, se lo introdujo hasta el

pecho.

„Á tí tambien, ó Drias, te acometió fuertemente con el mismo tizon en

torno de tu cabeza; pero no fue con el mismo suceso, porque tomando

otro mayor tizon, que ya no humeaba, rechazaste el ímpetu del que

estaba orgulloso con tantas muertes, y le fijaste con él un golpe en

la cerviz, que le hizo dar un gran gemido, y costándole dificultad

el sacar el tizon, cuyos pedazos se le habian introducido entre los

huesos, echó á huir bañado en sangre. Tambien huyeron Orneo, Licabas

y Medon, herido en el hombro derecho, asi como tambien Pisenor, Taumas

y Mermeros, que aunque en la carrera superaba á todos, le estorbaba el

correr una herida que habia recibido. Igualmente huyeron Folo, Melaneo,

Abas, diestro cazador de jabalíes, y el adivino Astilo, que en vano

pretendia disuadir á los suyos de la refriega. Viendo este que tambien

huia Neso por temor de ser herido: „No huyas, le dice, ni tengas

miedo, porque tú estas destinado[26] para ser muerto con las flechas

de Hércules.” Aunque tambien huian Eurinomo, Lícidas, Areo é Imbreo,

no por eso dejaron de morir á manos del valeroso Drias: igualmente

Ceneo recibió una herida de consideracion cuando iba huyendo, porque

volviendo la cabeza, le dio Drias un fuerte golpe en el entrecejo.

„Tanto alboroto y confusion no basta á despertar al embriagado Afidas,

el cual tenia en una mano asida débilmente una copa, y estaba tendido

sobre una piel de oso en profundo sueño. Forbas, viéndole en aquella

disposicion, le abrió la boca con los dedos, y le dijo: „Conviene que

mezcles el vino con agua de la laguna Estigia,” y al mismo tiempo sin

decir otra palabra, arrimándose á él, le lanzó un dardo que le atravesó

la garganta, dejándole en la postura que yacia. La sangre salpicó sobre

la piel y la copa que tenia; muere sin sentir su muerte, y sus ojos se

cerraron para siempre.

„En esta situacion ví á Petreo, que se empeñaba en arrancar una grande

encina, y cuando estaba abrazado á ella forcejeando á un lado y á

otro para sacarla, Piritóo le atravesó por las espaldas con su lanza,

y penetrando el pecho, se quedó clavada en el tronco de la encina.

Decíase que el valor de Piritóo habia dado muerte á Lico y á Cromis;

pero se grangeó menos lauro con esto que matando á Helops y Dictis. El

primero fue muerto de un saetazo, que atravesándole las sienes por el

lado derecho, vino á parar en la oreja siniestra; Dictis, que corria la

cuesta abajo huyendo con temblor de Piritóo, cayó de un despeñadero, y

tronzando con el peso de su cuerpo un gran quejigo, se quedaron en él

pegadas las tripas. Salió á tomar la venganza Afareo; y cuando iba á

tirar á Piritóo una gruesa piedra que habia arrancado de la montaña,

se puso delante Teseo con un pesado palo de encina, y dándole con él

un terrible golpe, le quebró el brazo, y contento con dejarlo inútil

para el combate, no cuidó de quitarle la vida por falta de tiempo;

y saltando con ligereza sobre las espaldas del Centauro Bianor, no

acostumbrado á llevar mas carga sobre sí que á sí mismo, le aprieta

las costillas con las rodillas, y sujetándole con la mano izquierda

la cabellera, le desfiguró á palos el rostro y la boca amenazadora, y

le quebrantó las sienes. Con el mismo palo de encina echó á tierra á

Nedimo y á Licotas, diestro en el dardo, á Hipason, cuya barba larga

le cubria el pecho, y á Rifeo, que habitaba las encumbradas selvas, á

Tereo, que solia llevar á su casa los osos vivos, cazados en los montes

Hemonios.

„Demoleon, envidioso de que Teseo pelease con tan buen suceso,

hizo esfuerzos para arrancar de un espeso bosque un viejo pino, y

no habiendo podido, tiró contra su enemigo el pedazo que se habia

quebrado; pero Teseo, inspirado de la Diosa Palas, ó á lo menos asi

queria hacerlo creer, hurtó el cuerpo y evitó el golpe; pero no dió

en vago, porque separó el hombro y el brazo izquierdo del cuello de

Crantor. Este habia sido, generoso Aquiles, escudero de tu padre, y

Amintor, Rey de los Dolopes, vencido en la guerra, se lo habia dado

en prenda y seguridad de la paz que habia hecho con él. Viéndole

este desde lejos despedazado, le dijo: „Recibe, querido Crantor, el

mas agraciado de todos los jóvenes, esta ofrenda que te hago en vez

de las exequias;” y enardecido con el mayor furor tiró su lanza con

toda su fuerza á Demoleon, la cual le rompió y atravesó el costado, y

quedándose clavada en los huesos, en ellos se veia blandear. Demoleon,

haciendo mil esfuerzos para sacársela, solo pudo arrancar el asta,

porque el hierro se habia quedado clavado en el pulmon. El dolor le

daba fuerzas y acrecentaba el valor, y aunque herido se levanta contra

su enemigo, y le sacude coces con sus pies de caballo; pero Peleo,

oponiendo su morrion y escudo, y asiéndolos fuertemente, recibió en

ellos las patadas, y defendió de ellas su cuerpo; y arremetiendo al

enemigo, de un solo golpe le atravesó entrambos costados de hombre y

de caballo. Antes de esto habia dado muerte á saetazos y desde lejos á

Phlegron y á Hilas, y en combate y lucha trabada á Hifinóo, á Clanis

y á Dorilas, que llevaba cubierta su cabeza con una piel de lobo,

armada con unas astas de buey, y teñida en sangre de los muertos que

habian caido en el combate. Yo,[27] á quien el enemigo aumentaba las

fuerzas, le dije: „Ahora verás cuan inferiores son tus astas á mi

lanza,” tirándosela al mismo tiempo con el mayor denuedo: el Centauro

para evitar el golpe opuso su mano derecha, defendiendo con ella la

frente; pero traspasándola la lanza, se quedó clavada en ella. Este

golpe le hizo dar un grande grito; y Peleo, que estaba mas cerca que

yo, viéndole que temblaba, y que estaba rendido con la cruel herida, le

metió la espada por medio del vientre. Dió el Centauro un gran salto,

con el cual se le cayeron las tripas al suelo, y se las pisaba y hacia

pedazos, y enredándosele entre los pies, le impedian el andar, hasta

que por último, quedándosele vacío el vientre, cayó en el suelo muerto.

„Tampoco á tí, Cilaro, te aprovechó en la refriega tu extremada

hermosura, si es que es susceptible de ella la raza de los Centauros.

Empezaba á apuntarle la barba de color de oro, y el cabello del mismo

color le ondeaba sobre los hombros: tenia un semblante vigoroso y

agradable, al cual correspondia el cuello, los hombros, las manos, el

pecho y todo lo que tenia de hombre, pues todo parecia sacado á torno y

hecho por manos de artífices; y no era menos proporcionado al rostro de

hombre lo que tenia de caballo, porque añadiendo á su figura un cuello

y cabeza de esta última especie, pareceria ser el de Castor.[28] Sus

ancas eran anchas, el pecho levantado y nervioso, la piel negra como la

pez, la cola blanca, y del mismo color sus piernas. No habia jóven en

toda la especie de Centauros que no le amase; pero sola Hilonome, la

mas bella de todas las Centauras que habitaban las selvas, le conquistó

para sí, y le atrajo á su cariño con caricias, halagos y declarándole

su amor, para lo cual se componia con cuanta cultura y ornato puede

adaptarse á los miembros de una Centaura, como era peinarse el cabello,

cuidar de rociarlo con agua del mar, ensortijarlo con violetas, rosas

y azucenas, lavarse la cara dos veces al dia con el agua que corria de

una fuente que estaba en la cumbre de la selva Pagasea, y bañarse en

el rio otras dos veces; y no vestia ni adornaba sus hombros y brazo

izquierdo con otras pieles que las mejores y mas escogidas, y que le

acrecentasen su hermosura. Cilaro é Hilonome se amaban mutuamente, y

no podian separarse el uno del otro: juntos vagaban por los montes,

juntos entraban en las grutas, y juntamente habian ido á las bodas de

Piritóo, y no se habian alejado el uno del otro durante el choque.

Un dardo tirado casualmente, no se sabe de quien, vino á dar en el

pecho de Cilaro á la parte inferior del cuello; penetróle la herida el

corazon, el cual, despues de sacado el hierro, se le quedó yerto y frio

con todo el cuerpo. Al punto Hilonome abraza los moribundos miembros

del Centauro; le aplica su mano sobre la herida para detener la sangre

que corria, y juntando la boca con la suya, procura inspirarle vida, é

impedir que exhale su espíritu. Luego que le vió muerto, prorumpiendo

en expresiones que yo no pude entender á causa del ruido y gritería,

tomó el mismo dardo que habia causado la muerte al Centauro, y

echándose sobre él, se le clavó, y murió abrazada á su marido.

„Me parece que estoy viendo á Feocomes, el cual llevaba sobre sus

hombros seis pieles de leon, cosidas las unas á las otras. Este

Centauro ocultaba con ellas lo que tenia de hombre y de caballo;

y habiendo arrojado un enorme tronco que pudieran arrastrar con

dificultad dos yuntas de bueyes, le abrió de arriba abajo la cabeza al

hijo de Fonoleno, y le salen los sesos magullados por ojos, narices,

oidos y boca, asi como suele salir la leche coagulada al pasarla por un

tamiz de mimbres, ó como otro cualquier licor por la criba de pequeños

agujeros. Mas yo, mientras el bárbaro se entretenia en despojarle de

las armas, tu padre, ó Aquiles, testigo fidedigno de lo que digo, sabe

que le atravesé el vientre con mi espada. Al mismo tiempo cayeron al

rigor de su filo Chtonio y Teleboas. El primero llevaba una horquilla

de dos puntas, y el segundo un dardo con que me hirió: aqui están las

señales, porque las cicatrices se conservan en mí todavía. Entonces

debia haber ido á la toma de Troya, y á lo menos, si no podia vencer,

hubiera retardado los progresos que Hector hacia con sus armas. Pero

en aquel tiempo ó no habia nacido este, ó era muy jóven, y ahora

mi cansada edad está sin fuerzas. ¿Para qué te he de referir que

Perifantes venció á Pireto, Centauro de dos formas, y que Ampico en la

parte posterior del celebro clavó una punta, ó lanza sin hierro, de

cerezo silvestre al otro Centauro Oeclo cuando iba huyendo, y metiendo

ruido con todos sus cuatro pies: que Macareo mató al Lapita Erigdupo,

clavándole de parte á parte una barra de hierro en el pecho, y que Neso

atravesó de un saetazo la ingle de Cimelo? No creas que Mopso, hijo

de Ampico, se ocupó solo en pronosticar lo futuro.[29] Dió muerte

tambien al Centauro Odites, lanzándole una flecha, con la que pegándole

la lengua á la barba, y esta á la garganta, no pudo proferir ni una

palabra. Ceneo por su parte habia quitado la vida á cinco de ellos,

á Estifelo, Bromo, Antimaco, Helimo y Piracmon, que llevaba por arma

una segur. Aunque no me queda en la memoria de qué manera murieron, no

obstante me acuerdo de sus nombres y número.

„Latreo, corpulento y fornido de miembros, armado de los despojos de

Haleso, á quien habia vencido, vuela para oponerse á los progresos de

Ceneo, cuya edad era entre jóven y viejo, su fuerza juvenil, pero su

cabeza estaba poblada de canas: este, arrogante con su morrion, espada

y pica macedonia,[30] poniéndose al frente de uno y otro escuadron,

empezó á blandear la pica y á correr en círculo, y llenando el aire de

descompasadas voces y amenazas, dijo á Ceneo estas palabras: „¿Piensas

acaso, Cenis, porque tú siempre serás para mí Cenis, es decir, una

muger y no hombre, que he de sufrir tu atrevimiento? ¿Has olvidado

por ventura tu débil sexo para atreverte á venir á las manos conmigo?

¿No te acuerdas por qué medio adquiriste la forma engañosa de varon

y en premio de qué hazaña? Reflexiona que naciste muger, y lo que ha

pasado por tí; vete á tomar la rueca y la almohadilla de coser; emplea

tus dedos en hilar estambre, y deja los combates para los hombres

barbados.” Á estas fanfarronadas Ceneo le tiró un dardo, y se lo clavó

en el costado por la parte en que se juntaba lo que tenia de hombre y

de caballo. El Centauro, enfurecido con la herida, dió un golpe con

su pica al jóven Ceneo en el rostro que llevaba descubierto. Esta

rebotó como los granizos cuando caen sobre un tejado, ó como cuando se

tiran piedrecillas sobre un tambor: entonces el Centauro arremete y le

embiste mas de cerca, empeñándose en esconderle su espada en el duro

costado; pero este negó la entrada al acero. „No te me escaparás, le

dijo, pues si se ha embotado la punta, y con ella no puedo herirte, te

degollaré con el filo de en medio;” y tirándole reveses de lado, le

tenia asido con su largo brazo. Los golpes sonaban como si diesen en un

mármol; y la hoja saltó hecha pedazos cuando dió en su cuello. Luego

que le mostró Ceneo el poco fruto de sus armas en herir sus miembros,

le dice al atónito Centauro: „Ea pues, veamos ahora si mis armas

tienen mejor temple que las tuyas para herirte,” y le clavó hasta la

empuñadura la mortífera espada por la espalda, y moviendo y revolviendo

las entrañas con la mano introducida en la herida, hízosela mucho mas

crecida. Los demas Centauros al ver esto arremeten rabiosos, y todos

disparan contra él sus dardos; pero estos resaltan y se caen sin que

ninguno pudiese herirle, ni sacarle una gota de sangre con tantos

golpes.

„Este nuevo prodigio los tenia atónitos, y Monico exclama diciendo:

„¡Esto es una grande afrenta! Todos nosotros somos vencidos por solo

uno que apenas es hombre, sin embargo de que él es quien lo es en

realidad, y nosotros con nuestras cobardes hazañas somos mugeres, como

él lo fue antes. ¿De qué nos aprovechan los agigantados miembros?

¿De qué las duplicadas fuerzas que la naturaleza reunió en nosotros

de caballo y de hombre? Si un enemigo tan poco temible es nuestro

vencedor, creo no somos hijos de ninguna Diosa ni del temerario Ixion,

que se atrevió á dirigir sus deseos á la suprema Juno, pues nos vemos

vencidos de un enemigo que solo es medio hombre. Caigan sobre él

peñascos, árboles, troncos y montes enteros revueltos y confusos, y

con todo esto arranquémosle el alma. Carguemos sobre él toda la leña

de una selva que le impida la respiracion, y el peso hará lo que no

pueden hacer las heridas.” Dijo esto, y echando mano de un árbol que

acaso habia arrancado el viento impetuoso, lo vibró contra Ceneo.

Sus compañeros siguieron su egemplo, y en breve el monte Otris quedó

despoblado de árboles, y Pelion sin sombras. Agoviado Ceneo con la

grande mole, hizo algunos esfuerzos por levantarse, forcejeando con

sus duros hombros contra los troncos que le oprimian; pero creciendo

el monton enorme de la leña, y tapándole el rostro y cabeza, ya no

podia respirar. Unas veces se desanimaba, otras se esforzaba por sacar

la cabeza al aire, y á sacudir de sí la fagina que sobre él habian

arrojado. Algunas veces con sus esfuerzos la movia, y hacia temblar

aquella inmensa mole, á la manera que el monte Ida tiembla con los

terremotos. No se sabia si era muerto ó vivo, y unos opinaban que

sofocado con el monton de leña habia bajado al abismo; pero Mopso

nos quitó la duda, diciéndonos haber visto salir volando por el aire

transparente de entre aquellos acinados árboles una ave con plumas

rojas, la cual fue la primera y última que he visto de su especie. El

adivino Mopso luego que la vió discurrir por los reales con sosegado

vuelo, y que cantaba al rededor en alta voz, siguiéndola con los ojos y

juntamente con el corazon, dijo: „Salve, Ceneo, honor y gloria de los

Lapitas, en otro tiempo el sin igual varon, y ahora la sola ave de tu

especie.” Nadie tuvo dificultad en creerlo por la autoridad de quien lo

decia. El dolor que nos causó la pérdida de este Lapita aumentó nuestra

ira, y no pudimos sufrir que uno hubiese sido oprimido por tantos

enemigos; y no dejamos de las manos las armas que nos hacia manejar

con furia el dolor, hasta que habiendo muerto á los mas de ellos, los

restantes huyeron, y los dispersó la noche.”

Tlepolemo, habiendo oido la relacion del combate de los Centauros y

Lapitas que habia contado Nestor, no sufrió con ánimo tranquilo el

que no hubiese hecho mencion de Hércules, y se le hubiese pasado en

silencio, y dijo á Nestor: „Me maravillo mucho de que no te hayas

acordado de las hazañas de mi padre, el que en su edad avanzada me

solia contar muchas veces el combate que tuvo con los Centauros,

cómo los venció y sujetó.” Entonces Nestor, llenándose de tristeza,

le respondió: „¿Por qué me traes á la memoria tales desgracias, y me

obligas á renovar el llanto ya enjuto con los años, y á que tenga que

confesar el odio que tuve á tu padre por las ofensas que me hizo? Él

egecutó ciertamente hazañas increibles, llenó al mundo de beneficios,

que quisiera poder ocultar; pero ni tampoco he alabado á Deifobo,

á Polidamante ni al mismo Hector, porque ¿quién se ha de empeñar en

alabar á su enemigo? Hércules tu padre arruinó los muros de Mesena en

otro tiempo, y destruyó las inocentes ciudades de Elis y Piles sin

motivo, y trajo la guerra á sangre y fuego hasta mi mismo reino; y

aunque omita decirte otros muchos que mató, no podré dejar al silencio

que de doce hermanos que éramos, hijos de Neleo, todos jóvenes, no

quedó ninguno sino es yo, porque á todos quitó la vida: que los demas

hubiesen sido vencidos por sus superiores fuerzas al cabo es tolerable;

pero parece increible la victoria que consiguió y la muerte que dió

á Periclimenes, uno de ellos, á quien Neptuno nuestro abuelo habia

concedido el tomar y dejar las formas y figuras que se le antojase.

Este, despues de haber variado y transformádose vanamente en todas las

formas y figuras, se convierte en el ave[31] que en sus corvas uñas

lleva los rayos de Júpiter, que tanto la estima; y valiéndose de las

ventajas que le da esta figura, maltrata á su enemigo con las uñas y

encorvado pico, hiriéndole la cara. Hércules, mientras Periclimenes

estaba en alto con las alas tendidas, le dispara una saeta muy segura,

y le hiere con ella entre el ala y el costado; y aunque la herida no

era grave, le cortó los nervios, y no pudiendo mover el ala ni volar,

cayó en tierra, y oprimida con el peso de su cuerpo, la saeta que

traia presa en el ala le traspasó todo, saliendo la punta por la parte

contraria inmediata á la garganta. ¿Te parece pues, Tlepolemo, gefe

de los rodios, que yo debo celebrar las hazañas de tu padre Hércules?

La venganza que tomaré por la muerte de mis hermanos será omitir sus

hechos heroicos; y esto no obstante seremos los dos amigos.”

Luego que Nestor acabó de hablar con tanta gracia y elocuencia,

repitieron los brindis, se levantaron de sus asientos, y lo que restaba

de la noche lo dieron al sueño. Pero el Dios que con su tridente

pone en calma los mares alterados y los gobierna, no podia olvidarse

como padre, ni dejar de sentir la muerte que Aquiles dió á su hijo

Cigno, ni que este se hubiese transformado en ave, y esta memoria y

el aborrecimiento del cruel Aquiles, que excedia los límites de lo

regular, encendia cada dia mas su ira. En fin, despues de casi diez

años que iban pasados en la guerra de Troya, habló á Apolo, diciéndole

de este modo: „Ó el mas amado de los hijos de mi hermano, tú que me

ayudaste á edificar los muros troyanos, ¿cómo es que no te lamentas

cuando los ves que estan ya á punto de caer? ¿Cómo es que no te causa

dolor la muerte de tantos millares de soldados que los defienden?

¿Por qué no se te aparta de la memoria (por no nombrar á todos) la

imagen de Hector arrastrado al rededor de las murallas, y no tienes

en consideracion que el feroz Aquiles, mas cruel que la misma guerra,

destructor de lo que nosotros edificamos, esté todavía vivo? Venga

él mismo á las manos conmigo, y verá lo que puede mi tridente; pero

supuesto que no nos es dado pelear cara á cara contra el enemigo,

muera con tu saeta cuando menos lo piense.” Convino Apolo en ello, y

dejándose llevar de su propia ira y de la de su tio, encubierto en

una nube se pone en medio del campo troyano, en el que vió que Páris

disparaba sus saetas contra los griegos, causando la muerte á muchos de

la clase comun: llegóse á él, y manifestándose un Dios, le dice: „¿Para

qué malogras tus saetas tiñéndolas en sangre plebeya? Si tomas interes

por los tuyos, dispáralas contra Aquiles, y venga en él la muerte que

ha dado á tus hermanos.”

Dijo esto; y mostrándole á Aquiles, que derribaba en tierra con su

espada á muchos troyanos, enderezó contra él el arco de Páris, y con

su propia mano le ayudó á dirigir la mortal saeta. Si el viejo Príamo

despues de la muerte de su hijo Hector pudiese tener algun gozo, solo

seria el ver que tú, ó Aquiles, fueses vencido y muerto por el cobarde

robador de Elena. Pero si habias de morir por una mano afeminada,

quisieras mas y te fuera mas decoroso haber sido muerto á los golpes de

la hacha de Pentesilea, Reina de las Amazonas. Ya este guerrero, terror

de los troyanos, honor y defensa de los griegos, caudillo insuperable

en la guerra, habia sido quemado en la pira, y le habia consumido el

mismo Dios que lo habia armado:[32] ya era ceniza, y del grande Aquiles

solo quedaba un no sé qué, que no era bastante para llenar una pequeña

urna; pero aun vive su gloria, que llena todo el orbe, el cual solo es

la correspondiente medida de sus hazañas, y esta es igual al mérito

de Aquiles, que nunca morirá ni sentirá las regiones tartáreas. Para

que mejor se conozca su valor basta saber que por su escudo se suscitó

una contienda entre los griegos, y por obtener sus armas se toman las

armas. Diomedes no se atreve á pretenderlas, ni Ayax, hijo de Oileo,

ni Menelao, hijo menor de Atreo, ni tampoco Agamenon ni los demas

capitanes. Ayax, hijo de Telamon, y Ulises fueron los que disputaron

esta gloria. Agamenon, por no exponerse al resentimiento de aquel de

los dos pretendientes que quedase vencido en el certamen, mandó sentar

en medio de los reales á los capitanes griegos, y deja en manos de

ellos la decisión de esta contienda.

[Ilustración]

LIBRO DECIMOTERCIO.

_ARGUMENTO._

Despues de la muerte de Aquiles, ocasionada por Neptuno, Ayax y Ulises

tienen una contienda sobre sus armas. Habiendo Ayax muerto por esta

causa, su sangre se convierte en la flor llamada jacinto. Despues de la

ruina de Troya Hécuba se transforma en perra, cuya desgracia como fuese

llorada de todos los Dioses, la Aurora lloraba tan solamente á Memnon,

ya convertido en ave. Eneas, saliendo prófugo de Troya, se presenta

á Anio, cuyas hijas habian sido transformadas en palomas; desde alli

penetra á varios lugares célebres por las transformaciones. Luego que

por remate de sus viages arribó al Lacio, emprende la guerra contra

Turno.

FÁBULA PRIMERA.

_AYAX Y ULISES SE DISPUTAN LAS ARMAS DE AQUILES._

Sentáronse los capitanes griegos, y las tropas, que estaban en pie,

formaban en círculo, cuando Ayax, señor del siete veces doblado

escudo,[33] no cabiendo en sí de enojo, se levanta, tiende la vista con

ceño airado á la playa de Sigeo en que estaba la armada, y alargando

las manos hácia la escuadra: „¡Ó Júpiter![34] exclama: ¿cómo se permite

que teniéndose esta controversia á la vista de esas naves, se quiera

Ulises comparar conmigo? ¿Ese Ulises, que no tuvo valor para oponerse

al incendio que Hector las puso, y del que yo las liberté y reservé

de sus voraces llamas? El pelear con voces de elocuencia y vanagloria

es cosa mas fácil y hacedera que el combatir con las manos armadas de

valor; ni á mí me será fácil aquel modo, ni él podrá adelantar ni hacer

cosa alguna por este medio, y cuanto yo le excedo en los combates,

tanto vale él en su facundia y sus astucias.[35]

[Ilustración: (121) Ayax y Ulises pretenden las armas de Aquiles; se le

adjudican á Ulises.]

Metamorfóseos o Transformaciones (4 de 4) · 第 1 / 11 段