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Acabo de leer _Trovadores y Trovas_, de Rufino Blanco Fombona.
Está escrito por un alma de primavera. La primavera sólo produce
flores. Ese libro, pues, es una flor, pero de hojas aterciopeladas y
perfume exquisito; exótica, no vulgar; como que ha sido cultivada en el
jardín de un artista.
La prosa es una maravilla de factura: delicadeza y energía son sus
prendas más salientes.