No en este poeta de esos baladistas de liras perezosas, de esos eternos
rimadores de las eternas novelas de amor, largas y pálidas, ni de esos
cantores del odio, ridículos y falsos, ni de esos trovadores de sus
vicios que manchan el ala de los versos. Adivino en este poeta, un
gentil poeta primaveral, un frívolo poeta del amor frívolo, coronada la
frente con las dulces rosas de Meleagro, y perfumados los labios con
el viejo vino lírico del viejo Anacreonte. Pero si de Anacreonte y de
Meleagro tiene la sensualidad, el refinamiento, el amor á la canción
frágil y alada, esa perla del arte, no es repetidor servil de ningún
viejo hacedor de rimas. Este es un poeta exótico entre los poetas de
su país: por la inspiración, que es original, y por la extraña manera
de sus versos, labrados al capricho de su musa rebelde, como fúlgidas
joyas florentinas.
Pues bien, este poeta encantador, este noble prosista, ha publicado un
libro muy bello. _Trovadores y Trovas_ se titula el libro. Y el libro
es una antología de poetas y de versos.