[Ilustración]Me ha llevado á California el amor que tengo á mi país y
el convencimiento de que el estudio de la viti-vinicultura americana
tiene para nosotros una importancia de primer orden.
Los datos copiosos recogidos en aquella hermosa región americana,
voy á condensarlos aquí, confiando en que serán leídos atentamente
por las personas que sólo conocen de oídas el desarrollo de la
vinicultura en las costas del Pacífico, y que confían aún en que
América, y sobre todo la América del Norte, podría ser un mercado
dilatadísimo para los vinos españoles.
Cuando escribí el artículo referente á la sección española de vinos
en la Exposición de Chicago, indiqué, con algún recelo por más que
la persona que me había dado la noticia me merecía confianza, que
en California arrancaban ya las viñas por exceso de producción; hoy
puedo asegurar cosas que en mi concepto han de causar asombro á mis
lectores, y entre ellas son, que en California se arrancan las viñas,
porque la filoxera las mata, porque tiene un exceso de producción y
porque, alcanzando los vinos un precio _fabulosamente_ barato,
la mayor parte de los viticultores tienen hipotecados los viñedos y
sólo confían en que el cambio de cultivo ha de facilitarles la mejora
económica de tan triste situación.
Y es que este asombro es legítimo para los que saben que la tarifa
de cincuenta centavos por galón, aplicada á todos los vinos, sea
cualquiera su fuerza alcohólica, resulta prohibitiva y que una
población de sesenta y cuatro millones de habitantes ha de ser
elemento sobrado para consumir todos los vinos de California y los
que producen los Estados de New-York, Ohio, Illinois y Missouri.
Pues este razonamiento, que parece tan sólido y tan irrebatible, va á
desvanecerse leyendo los siguientes datos estadísticos.
Promedio anual de las sustancias alcohólicas consumidas por los
habitantes de los Estados Unidos:
GALONES
--------------
Cerveza 1.000.000,000
Bebidas espirituosas: aguardientes, cognacs, etc. 20.000,000
Vino. 30.000,000
Correspondiendo sólo una mitad del vino consumido al Estado
de California, y el resto á los Estados del Este, mencionados
anteriormente.
Y para los que se asusten, con razón, del enorme desnivel que
existe entre el consumo anual de mil millones de galones de cerveza
y cincuenta millones de espíritus y vinos que acusan los datos
estadísticos _oficiales_ que me ha suministrado el «Board of
State Viticultural Commisioners», voy á dar algunas noticias respecto
á la relación existente entre el galón y el litro, entre la hectárea
y el acre, á fin de que sea rigurosamente entendido en lo que voy á
decir, y se forme así concepto claro de la viticultura y vinicultura
norteamericanas.
El galón americano es más pequeño que el inglés, y equivale á unos
cuatro litros; ó sea un poco más de cinco botellas bordelesas; á su
vez, una hectárea contiene dos acres y cuarenta y siete centavos de
acre.
Estudiadas esas relaciones, he de empezar por hacer presente que la
producción máxima de vino de California ha sido de veinte millones
de galones, siendo algunos años de doce y el promedio de quince á
diez y seis millones. Tomando este término medio y multiplicándolo
por cuatro, resulta una producción anual de 64.000,000 de litros, ó
sean 640,000 hectólitros de vino, que con otro tanto producido por
los Estados del Este, New-York, Ohio, etc., dan un total aproximado
de un millón doscientos mil hectólitros de vino, término medio anual
aceptable de producción y consumo de vino en todo el territorio de
los Estados Unidos de América.
Ahora, el que se fije en los términos que voy á poner á la vista
de mis lectores, verá que la conclusión que voy á deducir es
rigurosamente lógica:
Producción de vino en Francia en 1893:
40.000,000 de hectólitros.—Población, 36.000,000 de habitantes.
Producción de vino en los Estados Unidos de América en 1893:
1.000,000 de hectólitros.—Población, 64.000,000 de habitantes.
No quiero fiar á la memoria la producción de España, que no creo
baje de 26.000,000 de hectólitros por 18.000,000 de habitantes, y me
limito á razonar un poco los números antes expresados, cuyo simple
enunciado prueba: ó que se importan á los Estados Unidos cantidades
inmensas de vino ó que en dicho país no se bebe; no gusta el vino.
Que no se importan vinos lo dicen dos cifras elocuentísimas: los
50 centavos de derechos aplicados á cada galón de vino extranjero,
sea la que quiera su graduación, y los mil millones de cerveza que
consume anualmente el pueblo de la Unión Americana.
Y no importándose vinos, no hay más remedio que llegar á la siguiente
conclusión: los americanos del norte prefieren los espíritus y
la cerveza al vino: los americanos no beben vino, ni europeo ni
americano. Y si todo esto no bastara, tengo aún, en apoyo de mi
modesta opinión, dos argumentos de grandísima importancia: el de los
cosecheros arruinados, aquellos que tienen sus viñas hipotecadas, y
las arrancan y cambian rápidamente de cultivo porque no pueden vender
su vino, y vino bueno, á _doce_ centavos el galón, _á dos
reales y medio de moneda española las cinco botellas bordelesas_,
cuando pagan á dollar y medio y dos dollars el jornal de diez horas
á un bracero de mediana capacidad y más mediana labor; y el de
las bodegas llenas, en donde se crían de 30,000 á 200,000 galones
de vino, sin hallar comprador que, por piedad, ponga precio á una
mercancía olvidada y tan fuertemente protegida por las leyes del país.
Una de las ventas que ha llamado poderosamente la atención en
California ha sido la de 12,000 galones de vino clarete hace poco
efectuada por Mr. Parrott, uno de los criadores más inteligentes en
vinos de Napa Valley que ha conseguido un precio de 75 centavos
por galón, cuando el mismo vino se habría vendido en Europa á tres
francos la botella bordelesa sin inconveniente alguno. Y al llegar
á estas conclusiones, para muchos quizá huelgue cuanto voy á decir,
porque lo natural y lógico es suponer que donde no hay gusto en
comprar determinada mercancía, donde no hay mercado, aun dándose á
vil precio el producto, todo intento de importación ha de fracasar;
pero, no he ido á California, ni he gastado cinco días en viaje y á
gran velocidad al través de los desiertos americanos para ahondar tan
poco en asunto tan serio, y así, síganme los que quieran ver claro en
la producción de vinos de California para que se convenzan conmigo de
que de los vinos españoles, con derechos y tarifas ó sin ellos, sólo
en marcas especiales, en vinos de lujo, en Jerez, manzanilla, etc.,
podemos esperar un mediano consumo.
Los que hemos aprendido nociones de viticultura americana en los
libros, nos figuramos que la zona californiana plantada de viña
es muy extensa; ¡qué error! vean y mediten las cifras que van á
continuación y verán lo equivocados que están:
ACRES
--------
Viñas dedicadas á producción de vino. 90,000
Idem dedicadas á uva de mesa. 10,000
Idem dedicadas á pasas. 100,000
--------
Total acres. 200,000
Dividido este total por 2'47, resulta en hectáreas una cifra
escasísima en relación con los viñedos de Europa, que cuenta los
viñedos por millones de hectáreas, y una producción grandísima de
vino por hectárea que admira más al que ve la distancia que existe
entre las cepas plantadas en los campos de California é ignora que
hay viñas tan fructíferas que han dado de 60 á 80 libras por pie. Y
como también se estudian en California estas cuestiones, vean mis
lectores las contestaciones categóricas dadas á varias preguntas mías
que juzgo de interés para los vinateros españoles.
¿Sería fácil introducir en California vinos de España para hacer el
_coupage_?
—No; los vinos de California tienen los mismos defectos que los
vinos españoles, demasiado alcohol y mucho color, para esto y aun
en cantidades muy pequeñas, preferimos los vinos franceses á los de
España.
¿Por qué razón el pueblo americano prefiere la cerveza y el
aguardiente al vino? ¿Cómo es que disponiendo California de una
prensa que tiene tanto ascendiente en la opinión, y teniendo el
productor yankee tanta iniciativa, no consigue probar que el vino es
mejor, más higiénico y más agradable que aquellos líquidos?
—Pues, porque el pueblo americano, compuesto de razas del norte,
avezadas á líquidos fuertes, halla en el vino escaso aliciente, el
vino le resulta desabrido y poco excitante, y por otra parte, siendo
tan poderosa la industria cervecera y tan rica la de espíritus, en
cuanto entabláramos la lucha en la prensa, seríamos irremediablemente
vencidos los que estamos ya arruinados por la falta de consumo.
Pero, con el tiempo, y mediante la mejora de los vinos, la educación
del pueblo y la propaganda racional, el vino alcanzará el premio que
merece; y es más, á mi se me figura que la propaganda de los vinos
americanos será beneficiosa á los vinos de España, porque el gusto se
irá afinando, y los aficionados al vino, sabrán apreciar mejor que
ahora el aroma, el cuerpo y la finura de los vinos españoles.
Sí, algo hemos de conseguir, á largo ó larguísimo plazo; pero no
olviden los españoles, y eso me lo decían como _mot de la fin_,
dos cosas esencialísimas: que los criadores de vinos americanos han
hecho en diez años progresos enormes; que entre los vinos limpios, de
buen color y bouquet ya muy pronunciado, vinos que envejecen ya en la
cepa y en los toneles y que vendemos hoy, y el _zinfandel_ de
hace 20 años, hay un abismo, y que California tiene una zona vitícola
tan extensa como no la tienen España y Portugal juntos.