III

Sintiéndome cada día más caduco, y temeroso del segundo ataque,

cuidéme de revisar mis Memorias y de ver si Ido del Sagrario me había

deslizado en ellas alguna tontería. Mas nada sorprendí en aquellos

bien rasgueados renglones que fuera disconforme á mi pensamiento y á

la exactitud de los casos referidos. De acuerdo con Ido, remití el

manuscrito, puesto ya en limpio y con los nombres bien disimulados,

á un amigo suyo y mío que se ocupa de estas cosas, y aun vive de

ellas, para que lo viese y examinara, disponiendo su publicación si

conceptuaba digno del público mi mamotreto... Hoy ha venido el tal á

verme; hablamos; le invito á escribir la historia de _la Prójima_, de

la cual yo no he hecho más que el prólogo, á lo que me contesta que

aunque ya no le hace caso Pepito Trastamara, ni tiene esperanzas de ser

Duquesa, bien vale la pena de intentar lo que yo le propongo. De otras

muchas cosas hablamos, extendiéndome mucho en todo lo concerniente á la

forma y manera de imprimir estas obscuras páginas. La primera condición

que pongo es que no serán publicadas mientras yo viva. Después de mi

muerte, puede darse mi amigo toda la prisa que quiera para sacarlas en

letras de molde, y así la publicación del libro será la fúnebre esquela

que vaya diciendo por el mundo á cuantos quieran saberlo que ya el

infelicísimo autor de estas confesiones habrá dejado de padecer.

Lo prohibido (tomo 2 de 2) · 第 48 / 56 题