CAPÍTULO CI.

CÓMO EL GRAN MONTEZUMA CON MUCHOS CACIQUES Y PRINCIPALES DE LA COMARCA

DIERON LA OBEDIENCIA Á SU MAJESTAD, Y DE OTRAS COSAS QUE SOBRE ELLO

PASARON.

Como el capitan Cortés vió que ya estaban presos aquellos reyecillos

por mí nombrados, y todas las ciudades pacíficas, dijo á Montezuma que

dos veces le habia enviado á decir ántes que entrásemos en Méjico que

queria dar tributo á su majestad, y que pues ya habia entendido el gran

poder de nuestro Rey y señor, é que de muchas tierras le dan parias

y tributos, y le son sujetos muy grandes Reyes, que será bien que él

y todos sus vasallos le dén la obediencia, porque ansí se tiene por

costumbre, que primero se da la obediencia que dén las parias é tributo.

Y el Montezuma dijo que juntaria sus vasallos é hablaria sobre ello; y

en diez dias se juntaron todos los más caciques de aquella comarca, y

no vino aquel cacique pariente muy cercano del Montezuma, que ya hemos

dicho que decian que era muy esforzado, y en la presencia y cuerpo y

miembros se le parecia. Bien era algo atronado, y en aquella sazon

estaba en un pueblo suyo que se decia Tula; y á este cacique, segun

decian, le venia el reino de Méjico despues del Montezuma; y como le

llamaron, envió á decir que no queria venir ni dar tributo; que aun

con lo que tiene de sus provincias no se puede sustentar. De la cual

respuesta hubo enojo Montezuma, y luego envió ciertos capitanes para

que le prendiesen; como era gran señor y muy emparentado, tuvo aviso

dello y metióse en su provincia, donde no le pudo haber por entónces.

Y dejallo hé aquí, y diré que en la plática que tuvo el Montezuma con

todos los caciques de toda la tierra que habia enviado á llamar, que

despues que les habia hecho un parlamento sin estar Cortés ni ninguno

de nosotros delante, salvo Orteguilla el paje, dicen que les dijo que

mirasen que de muchos años pasados sabian por muy cierto, por lo que

sus antepasados les han dicho, é así lo tiene señalado en sus libros de

cosas de memorias, que de donde sale el sol habian de venir gentes que

habian de señorear estas tierras, y que se habia de acabar en aquella

sazon el señorio y reino de los mejicanos; y que él tiene entendido,

por lo que sus dioses le han dicho, que somos nosotros; é que se lo han

preguntado á su Huichilóbos los papas que lo declaren, y sobre ello

les hacen sacrificios y no quieren respondelles como suele; y lo que

más les da á entender el Huichilóbos es, que lo que les ha dicho otras

veces, aquello dé ahora por respuesta, é que no le pregunten más; así,

que bien da á entender que demos la obediencia al Rey de Castilla,

cuyos vasallos dicen estos teules que son; y porque al presente no

va nada en ello; y el tiempo andando veremos si tenemos otra mejor

respuesta de nuestros dioses, y como viéremos el tiempo, así harémos.

Lo que yo os mando y ruego, que todos de buena voluntad al presente se

la demos, y contribuyamos con alguna señal de vasallaje, que presto

os diré lo que más nos convenga; y porque ahora soy importunado de

Malinche á ello, ninguno lo rehuse; é mirá que en diez y ocho años que

há que soy vuestro señor, siempre me habeis sido muy leales, é yo os

he enriquecido, é ensanchado vuestras tierras, é os he dado mandos é

hacienda; é si ahora al presente nuestros dioses permiten que yo esté

aquí detenido, no lo estuviera, sino que ya os he dicho muchas veces

que mi gran Huichilóbos me lo ha mandado.

Y desque oyeron este razonamiento, todos dieron por respuesta que

harian lo que mandase, y con muchas lágrimas y suspiros, y el Montezuma

muchas más y luego envió á decir con un principal que para otro dia

darian la obediencia y vasallaje á su majestad.

Despues Montezuma tornó á hablar con sus caciques sobre el caso estando

Cortés delante, é nuestros capitanes y muchos soldados, y Pedro

Fernandez, secretario de Cortés; é dieron la obediencia á su majestad,

y con mucha tristeza que mostraron; y el Montezuma no pudo sostener las

lágrimas; é queríamoslo tanto é de buenas entrañas, que á nosotros de

verle llorar se nos enternecieron los ojos, y soldado hubo que lloraba

tanto como Montezuma; tanto era el amor que le teniamos.

Y dejallo hé aquí, y diré que siempre Cortés y el padre fray Bartolomé

de Olmedo, de la Merced, que era bien entendido, estaban en los

palacios de Montezuma por alegralle, atrayéndole á que dejase sus

ídolos; y pasaré adelante.

Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (1 de 3) · 第 119 / 133 题