DE UN RAZONAMIENTO QUE CORTÉS NOS HIZO DESPUES DE HABER DADO CON LOS
NAVÍOS AL TRAVÉS, Y CÓMO APRESTAMOS NUESTRA IDA PARA MÉJICO.
Despues de haber dado con los navíos al través á ojos vistas, y no como
lo dice el coronista Gómora, una mañana, despues de haber oido Misa,
estando que estábamos todos los capitanes y soldados juntos hablando
con Cortés en cosas de la guerra, dijo que nos pedia por merced que
lo oyésemos, y propuso un razonamiento desta manera: que ya habiamos
entendido la jornada á que íbamos, y mediante nuestro Señor Jesucristo
habiamos de vencer todas las batallas y rencuentros, y que habiamos de
estar tan prestos para ello como convenia; porque en cualquier parte
que fuésemos desbaratados (lo cual Dios no permitiese) no podriamos
alzar cabeza, por ser muy pocos, y que no teniamos otro socorro ni
ayuda sino el de Dios, porque ya no teniamos navíos para ir á Cuba,
salvo nuestro buen pelear y corazones fuertes; y sobre ello dijo otras
muchas comparaciones de hechos heróicos de los romanos.
Y todos á una le respondimos que hariamos lo que ordenase; que echada
estaba la suerte de la buena ó mala ventura, como dijo Julio César
sobre el Rubicon, pues eran todos nuestros servicios para servir á Dios
y á su Majestad.
Y despues deste razonamiento, que fué muy bueno, cierto, con otras
palabras más melosas y elocuencia que yo aquí las digo, luego mandó
llamar al cacique gordo, y le tornó á traer á la memoria que tuviese
muy reverenciada y limpia la iglesia y cruz; é demás desto le dijo
que él se queria partir luego para Méjico á mandar á Montezuma que no
robe ni sacrifique, é que ha menester ducientos indios tamemes para
llevar el artillería, que ya he dicho otra vez que llevan dos arrobas á
cuestas é andan con ellas cinco leguas; y tambien les demandó cincuenta
principales hombres de guerra que fuesen con nosotros.
Estando desta manera para partir, vino de la Villa-Rica un soldado con
una carta del Escalante, que ya le habia mandado otra vez Cortés que
fuese á la villa para que le enviase otros soldados, y lo que en la
carta decia el Escalante era que andaba un navío por la costa, y que le
habia hecho ahumadas y otras grandes señas, y habia puesto unas mantas
blancas por banderas, y que cabalgó á caballo con una capa de grana
colorada porque lo viesen los del navío; y que le pareció á él que
bien vieron las señas, banderas, caballo y capa, y no quisieron venir
al puerto; y que luego envió españoles á ver en qué pareja iba, y le
trujeron respuesta que tres leguas de allí estaba surto, cerca de una
boca de un rio; y que se lo hace saber para ver lo que manda.
Y como Cortés vió la carta, mandó luego á Pedro de Albarado que tuviese
cargo de todo el ejército que estaba allí en Cempoal, y juntamente con
él á Gonzalo de Sandoval, que ya daba muestras de varon muy esforzado,
como siempre lo fué.
Este fué el primer cargo que tuvo el Sandoval; y aun sobre que le dió
entónces aquel cargo que fué el primero, y se lo dejó de dar á Alonso
de Ávila, tuvieron ciertas cosquillas el Alonso de Ávila y el Sandoval.
Volvamos á nuestro cuento, y es, que luego Cortés cabalgó con cuatro
de á caballo que le acompañaron, y mandó que le siguiésemos cincuenta
soldados de los más sueltos, porque Cortés nos nombró los que habiamos
de ir con él; y aquella noche llegamos á la Villa-Rica.
Y lo que allí pasamos diré adelante.