CÓMO FUÉ ORDENADO DE ENVIAR Á PEDRO DE ALBARADO LA TIERRA ADENTRO Á
BUSCAR MAÍZ Y BASTIMENTOS, Y LO QUE MÁS PASÓ.
Ya que habiamos hecho y ordenado lo por mí aquí dicho, acordamos que
fuese Pedro de Albarado la tierra adentro á unos pueblos que teniamos
noticia que estaban cerca, para que viese qué tierra era y para traer
maíz é algun bastimento, porque en el real pasábamos mucha necesidad;
y llevó cien soldados, y entre ellos quince ballesteros y seis
escopeteros, y eran destos soldados más de la mitad de la parcialidad
de Diego Velazquez, y quedamos con Cortés todos los de su bando, por
temor no hubiese más ruido ni chirinola y se levantasen contra él,
hasta asegurar más la cosa; y desta manera fué el Albarado á unos
pueblos pequeños, sujeto de otro pueblo que se decia Costastlan, que
era de lengua de Culúa; y este nombre de Culúa es en aquella tierra
como si dijesen los romanos hallados; así es toda la lengua de la
parcialidad de Méjico y de Montezuma; y á este fin en toda aquesta
tierra cuando dijere Culúa son vasallos y sujetos á Méjico, y así se ha
de entender.
Y llegado Pedro de Albarado á los pueblos, todos estaban despoblados de
aquel mismo dia, y halló sacrificados en unos cues hombres y muchachos,
y las paredes y altares de sus ídolos con sangre, y los corazones
presentados á los ídolos; y tambien hallaron las piedras sobre que los
sacrificaban, y los cuchillazos de pedernal con que los abrian por los
pechos para les sacar los corazones.
Dijo el Pedro de Albarado que habian hallado todos los más de aquellos
cuerpos sin brazos y piernas. É que dijeron otros indios que los habian
llevado para comer; de lo cual nuestros soldados se admiraron mucho de
tan grandes crueldades.
Y dejemos de hablar de tanto sacrificio, pues dende allí adelante en
cada pueblo no hallábamos otra cosa.
Y volvamos á Pedro de Albarado, que aquellos pueblos los halló muy
abastecidos de comida y despoblados de aquel dia de indios, que no pudo
hallar sino dos indios que le trajeron maíz; y así, hubo de cargar
cada soldado de gallinas y de otras legumbres; y volvióse al real sin
más daño les hacer, aunque halló bien en que, porque así se lo mandó
Cortés, que no fuese como lo de Cozumel; y en el real nos holgamos con
aquel poco bastimento que trujo, porque todos los males y trabajos se
pasan con el comer.
Aquí es donde dice el coronista Gómora que fué Cortés la tierra adentro
con cuatrocientos soldados; no le informaron bien, que el primero que
fué es el por mí aquí dicho, y no otro.
Y tornemos á nuestra plática: que como Cortés en todo ponia gran
diligencia, procuró de hacerse amigo con la parcialidad del Diego
Velazquez, porque á unos con dádivas del oro que habiamos habido, que
quebranta peñas, é otros prometimientos, los atrajo á sí y los sacó
de las prisiones, excepto Juan Velazquez de Leon y al Diego de Ordás,
que estaban en cadenas en los navíos, y dende á pocos dias tambien los
sacó de las prisiones, hizo tan buenos y verdaderos amigos dellos como
adelante verán, y toda con el oro, que lo amansa.
Y á todas las cosas puestas en este estado, acordamos de nos ir al
pueblo que estaba en la fortaleza, ya otra vez por mí memorado, que
se dice Quiahuistlan, y que los navíos se fuesen al peñol y puerto
que estaba enfrente de aquel pueblo obra de una legua dél; é yendo
costa á costa, acuérdome que se mató un gran pescado que le echó
la mar en la costa en seco, y llegamos á un rio donde está poblada
ahora la Veracruz, y venia algo hondo, y con unas canoas quebradas lo
pasamos, y á nado y en balsas, y de aquella parte del rio estaban
unos pueblos sujetos á otro gran pueblo que se decia Cempoal, donde
eran naturales los cinco indios de los bezotes de oro que he dicho
que vinieron por mensajeros á Cortés, que les llamamos lopelucios en
el real, y hallamos las casas de ídolos y sacrificadores, y sangre
derramada y enciensos con que zahumaban, y otras cosas de ídolos y de
piedras con que sacrificaban, y plumas de papagayos y muchos libros
de su papel cosidos á dobleces, como á manera de paños de Castilla, y
no hallamos indios ningunos, porque se habian ya huido; que, como no
habian visto hombres como nosotros ni caballos, tuvieron temor, y allí
aquella noche no hubo qué cenar; caminamos la tierra adentro hácia el
poniente, y dejamos la costa, y no sabiamos el camino, y topamos unos
buenos prados que llaman habanas, y estaban paciendo unos venados, y
corrió Pedro de Albarado con su yegua alazana tras un venado y le dió
una lanzada, y herido, se metió por un monte, que no se pudo haber.
Y estando en esto, vimos venir doce indios que eran vecinos de
aquellas estancias donde habiamos dormido, y venian de hablar á su
cacique, y traian gallinas y pan de maíz, y dijeron á Cortés con
nuestras lenguas que su señor enviaba aquellas gallinas que comiésemos,
y nos rogaba que fuésemos á su pueblo, que estaba de allí, á lo que
señalaron, andadura de un dia, porque es un sol; y Cortés les dió las
gracias y los halagó, y caminamos adelante y dormimos en otro pueblo
pequeño, que tambien tenia hechos muchos sacrificios.
Y porque estarán hartos de oir de tantos indios é indias que hallábamos
sacrificados en todos los pueblos y caminos que topábamos, pasaré
adelante sin tornar á decir de qué manera é qué cosas tenian; y diré
cómo nos dieron en aquel pueblezuelo de cenar, y supimos que era por
Cempoal el camino para ir al Quiahuistlan, que ya he dicho que estaba
en una sierra, y pasaré adelante, y diré cómo entramos en Cempoal.