DE ALGUNAS ADVERTENCIAS ACERCA DE LO QUE ESCRIBE FRANCISCO LOPEZ DE
GÓMORA, MAL INFORMADO, EN SU HISTORIA.
Estando escribiendo esta relacion, acaso vi una historia de buen
estilo, la cual se nombra de un Francisco Lopez de Gómora, que habla
de las conquistas de Méjico y Nueva-España, y cuando leí su gran
retórica, y como mi obra es tan grosera, dejé de escribir en ella, y
aun tuve vergüenza que pareciese entre personas notables; y estando tan
perplejo como digo, torné á leer y á mirar las razones y pláticas que
el Gómora en sus libros escribió, é vi que desde el principio y medio
hasta el cabo no llevaba buena relacion, y va muy contrario de lo que
fué é pasó en la Nueva-España; y cuando entró á decir de las grandes
ciudades, y tantos números que dice que habia de vecinos en ellas, que
tanto se le dió poner ocho como ocho mil.
Pues de aquellas grandes matanzas que dice que haciamos, siendo
nosotros obra de cuatrocientos soldados los que andábamos en la guerra,
que harto teniamos de defendernos que no nos matasen ó llevasen de
vencida; que aunque estuvieran los indios atados, no hiciéramos tantas
muertes y crueldades como dice que hicimos; que juro amen que cada dia
estábamos rogando á Dios y Nuestra Señora no nos desbaratasen.
Volviendo á nuestro cuento, Atalarico, muy bravísimo Rey, é Atila, muy
soberbio guerrero, en los campos catalanes no hicieron tantas muestras
de hombres como dice que haciamos.
Tambien dice que derrotamos y abrasamos muchas ciudades y templos, que
son sus cues, donde tienen sus ídolos, y en aquello le parece á Gómora
que aplace mucho á los oyentes que leen su historia, y no quiso ver
ni entender cuando lo escribia que los verdaderos conquistadores y
curiosos letores que saben lo que pasó, claramente le dirán que en su
historia en todo lo que escribe se engañó, y si en las demás historias
que escribe de otras cosas va del arte del de la Nueva-España, tambien
irá todo errado; y es lo bueno que ensalza á unos capitanes y abaja
á otros; y los que no se hallaron en las conquistas dice que fueron
capitanes, y que un Pedro Dircio fué por capitan cuando el desbarate
que hubo en un pueblo que le pusieron nombre Almería; porque el que fué
por capitan en aquella entrada fué un Juan de Escalante, que murió en
el desbarate con otros siete soldados; é dice que un Juan Velazquez de
Leon fué á poblar á Guacacualco; mas la verdad es así: que un Gonzalo
de Sandoval, natural de Ávila, lo fué á poblar.
Tambien dice cómo Cortés mandó quemar un indio que se decia
Quezal-Popoca, capitan de Montezuma, sobre la poblacion que se quemó.
El Gómora no acierta tambien lo que dice de la entrada que fuimos á un
pueblo é fortaleza: Anga Panga escríbelo, mas no como pasó. Y de cuando
en los arenales alzamos á Cortés por capitan general y justicia mayor,
en todo le engañaron. Pues en la toma de un pueblo que se dice Chamula,
en la provincia de Chiapa, tampoco acierta en lo que escribe.
Pues otra cosa peor dice, que Cortés mandó secretamente barrenar
los once navíos en que habiamos venido; ántes fué público, porque
claramente por consejo de todos los demás soldados mandó dar con ellos
al través á ojos vistas, porque nos ayudase la gente de la mar que en
ellos estaba, á velar y guerrear.
Pues en lo de Juan de Grijalva, siendo buen capitan, le deshace é
disminuye. Pues en lo de Francisco Fernandez de Córdoba, habiendo él
descubierto lo de Yucatan, lo pasa por alto. Y en lo de Francisco de
Garay dice que vino él primero con cuatro navíos de lo de Pánuco ántes
que viniese con la armada postrera; en lo cual no acierta, como en lo
demás.
Pues en todo lo que escribe de cuándo vino el capitan Narvaez y de
cómo le desbaratamos, escribe segun é como las relaciones. Pues en las
batallas de Taxcala hasta que hicimos las paces, en todo escribe muy
léjos de lo que pasó.
Pues las guerras de Méjico de cuando nos desbarataron y echaron de
la ciudad, é nos mataron é sacrificaron sobre ochocientos y sesenta
soldados; digo otra vez sobre ochocientos y sesenta soldados, porque de
mil trecientos que entramos al socorro de Pedro de Albarado, é íbamos
en aquel socorro los de Narvaez é los de Cortés, que eran los mil y
trecientos que he dicho, no escapamos sino cuatrocientos y cuarenta, é
todos heridos, y dícelo de manera como si no fuera nada.
Pues desque tornamos á conquistar la gran ciudad de Méjico é la
ganamos, tampoco dice los soldados que nos mataron é hirieron en
las conquistas, sino que todo lo hallábamos como quien va á bodas y
regocijos.
¿Para qué meto yo aquí tanto la pluma en contar cada cosa por sí, que
es gastar papel y tinta? Porque si en todo lo que escribe va de aquesta
arte, es gran lástima; y puesto que él lleve buen estilo, habia de ver
que para que diese fe á lo demás que dice, que en esto se habia de
esmerar.
Dejemos esta plática, é volveré á mi materia; que despues de bien
mirado todo lo que he dicho que escribe Gómora, que por ser tan léjos
de lo que pasó es en perjuicio de tantos, torno á proseguir en mi
relacion é historia; porque dicen sábios varones que la buena política
y agraciado componer es decir verdad en lo que escribieren, y la mera
verdad resiste á mi rudeza; y mirando en esto que he dicho, acordé de
seguir mi intento con el ornato y pláticas que adelante se verán, para
que salga á luz y se vean las conquistas de la Nueva-España claramente
y como se han de ver, y su majestad sea servido conocer los grandes é
notables servicios que le hicimos los verdaderos conquistadores, pues
tan pocos soldados como venimos á estas tierras con el venturoso y
buen capitan Hernando Cortés, nos pusimos á tan grandes peligros y le
ganamos esta tierra, que es una buena parte de las del Nuevo-Mundo,
puesto que su majestad, como cristiano Rey y señor nuestro, nos lo ha
mandado muchas veces gratificar; y dejaré de hablar acerca de esto,
porque hay mucho que decir.
Y quiero volver con la pluma en la mano, como el buen piloto lleva la
sonda por la mar, descubriendo los bajos cuando siente que los hay,
así haré yo encaminar á la verdad de lo que pasó la historia del
coronista Gómora, y no será todo en lo que escribe; porque si parte por
parte se hubiese de escribir, seria más la costa en coger la rebusca
que en las verdaderas vendimias.
Digo que sobre esta mi relacion pueden los coronistas sublimar é dar
loas cuantas quisieren, así al capitan Cortés como á los fuertes
conquistadores, pues tan grande y santa empresa salió de nuestras
manos, pues ello mismo da fe muy verdadera; y no son cuentos de
naciones extrañas, ni sueños ni porfias, que ayer pasó á manera de
decir, sino vean toda la Nueva-España qué cosa es, y lo que sobre ello
escriben.
Diremos lo que en aquellos tiempos nos hallamos ser verdad, como
testigos de vista, é no estaremos hablando las contrariedades y falsas
relaciones (como decimos) de los que escribieron de oidas, pues sabemos
que la verdad es cosa sagrada, y quiero dejar de más hablar en esta
materia; y aunque habia bien que decir della é lo que sé, sospecho
del coronista que le dieron falsas relaciones cuando hacia aquella
historia; porque toda la honra y prez della la dió sólo al marqués D.
Hernando Cortés, é no hizo memoria de ninguno de nuestros valerosos
capitanes y fuertes soldados; y bien se parece en todo lo que el
Gómora escribe en su historia serle muy aficionado, pues á su hijo, el
marqués que agora es, le eligió su corónica é obra, é la dejó de elegir
á nuestro Rey y señor; y no solamente el Francisco Lopez de Gómora
escribió tantos borrones é cosas que no son verdaderas, de que ha hecho
mucho daño á muchos escritores é coronistas que despues del Gómora han
escrito en las cosas de la Nueva-España, como es el doctor Illescas y
Pablo Iovio, que se van por sus mismas palabras y escriben ni más ni
ménos que el Gómora.
Por manera que lo que sobre esta materia escribieron es porque les ha
hecho errar el Gómora.