CAPITULO V

CONQUISTA DE LA AMÉRICA CENTRAL.--PEDRO DE ALVARADO

EN GUATEMALA: BATALLA DE OLIMTEPEQUE.--ALVARADO EN

CUSCATLÁN.--ALMOLONGA.--GUATEMALA, SEGÚN HERRERA.--PEDRO DE

ALVARADO EN ESPAÑA Y SU HERMANO JORGE EN GUATEMALA.--LAS CASAS

EN EL PAÍS.--ALVARADO EN GUATEMALA.--EL SALVADOR: ENEMIGA DE

LOS INDIOS A ALVARADO Y A MARTÍN ESTETE.--HONDURAS: EL CAPITÁN

ALONSO ORTIZ.--ANARQUÍA.--EL OBISPO PEDRAZA.--CERECEDA, ALVARADO,

MONTEJO Y ALVARADO (SEGUNDA VEZ).--PEDRAZA EN EL PAÍS.--ALONSO

DE CÁCERES.--EL VEEDOR GARCÍA DE CELIS.--NICARAGUA: SU

CONQUISTA.--TIRANÍA DE PEDRARIAS.--DOMINACIÓN DE CASTAÑEDA.--EL

OBISPO OSORIO.--TIRANÍA DE CONTRERAS.--LAS CASAS.--COSTA RICA:

ESPINOSA EN BURICA.--EL CACIQUE URRACA.--GUATEMALA: ALVARADO EN

MÉXICO.--DON FRANCISCO DE LA CUEVA.--VOLCÁN DE AGUA.--GRANDES

ANTILLAS: ISLA ESPAÑOLA (SANTO DOMINGO Y HAYTÍ).--CUBA, JAMAICA Y

PUERTO RICO: COLONIZACIÓN.

Pedro de Alvarado, natural de Badajoz (Extremadura) e hijo de D. Diego,

comendador de Lobón, que en la conquista de México se había cubierto de

gloria peleando bajo las órdenes de Hernán Cortés, pasó al frente de

algunas fuerzas y se hizo dueño del territorio que hoy constituye la

república de _Guatemala_. Refieren los cronistas que Cortés encomendó

a Alvarado que conquistase el citado territorio, y procurara vivir en

paz con los _toltecas_, a quienes traería a la religión cristiana.

Emprendió su marcha el 13 de noviembre de 1523 con un ejército de 300

soldados de infantería y 120 de caballería. Llevaba cuatro cañones

pequeños que se cargaban con balas de piedra. Además, completaban sus

fuerzas 20 tlaxcaltecas y 100 mejicanos. Venían con el ejército varios

españoles de distinción y los clérigos Juan Godínez y Juan Díaz.

Sometió a los habitantes de Tehuantepec y también a los de la populosa

villa de Soconusco. De las tres monarquías establecidas en el país

(la de _quiché_, la de los _cakchiqueles_ y la de los _tzutohiles_)

la primera se aprestó a desesperada lucha. Alvarado penetró (febrero

de 1524) en el territorio de Quiché, triunfó en varios encuentros,

especialmente en Quetzaltenango y en los barrancos de Olimtepeque,

haciendo tanto estrago en el último punto que--según Oviedo y Baños,

cronista guatemalteco del siglo XVII--«la sangre de ellos (indios)

corría a manera de un arroyo», denominándose desde entonces aquel

paraje _xequiquel_ (barranco de la sangre). Terror pánico se apoderó de

los habitantes de la capital del Quiché. El rey Oxib-Queh y su adjunto

Beleheb-Tzy reunieron en consejo a los príncipes de la familia y a los

grandes dignatarios del Estado para deliberar lo que debía hacerse en

circunstancias tan críticas. Acordaron, mediante protestas de sumisión,

llevar a Alvarado y a su ejército a Utatlán, y una vez encerrado en

la ciudad pegar fuego a ésta y exterminar a los _teules_ (españoles).

Cuando todo se hallaba dispuesto para la realización de semejante

empresa, pasaron a Xelahuh los embajadores de los reyes de Quiché a

ofrecer vasallaje a Alvarado. De Xelahuh marchó Alvarado a Utatlán,

donde, después de atravesar ásperas serranías, entró acompañado de

cortesanos y de guerreros. Noticioso el capitán español de la traición

que le tenían preparada los indios, reunió a los principales jefes de

su ejército y les informó de todo lo que se tramaba, acordándose salir

inmediatamente de la ciudad, no dando a entender desconfianza alguna. A

la vista de Utatlán estableció su campamento y allí, sin sospechar la

suerte que les estaba reservada, fueron a visitarle los reyes Oxib-Queh

y Beleheb-Tzy, a quienes recibió con mucho cariño. Cuando hubo tomado

toda clase de precauciones, mandó que una partida de soldados cargase

de cadenas a los reyes, a los príncipes y a los principales señores

de la corte. Un Consejo de guerra les sentenció a ser quemados vivos,

sentencia que se cumplió al pie de la letra[70].

[70] En una carta de Alvarado a Cortés, se lee: _Determiné

quemar a los señores_; y más abajo añade: para el bien y

sosiego de esta tierra, _yo los quemé_ y mandé quemar la

ciudad... _Colección de Barcia._

Los quichés, al saber la muerte de sus monarcas, se lanzaron a la

guerra con más desgracia que fortuna. Alvarado despachó entonces

embajadores a la ciudad de Iximché, capital de los cakchiqueles, cuyos

soberanos enviaron cuatro mil hombres, no sospechando que, al cooperar

a la ruina de sus antiguos rivales, labraban también la suya. Utatlán

fué destruido hasta los cimientos y sus habitantes castigados.

Llegó el turno a Belché-Gat y Cahi-Imox, reyes de los cakchiqueles[71].

Alvarado se dirigió a Iximché y se alojó en Tzupam, residencia o

palacio de los mismos soberanos indígenas. Aunque el capitán español

comenzó a sospechar de la fidelidad de sus aliados, se puso al lado de

ellos en la guerra que los citados reyes tenían con Tepepul, señor de

Atitlán o rey de los tzutohiles. A la cabeza Alvarado de 150 infantes,

60 caballos y un cuerpo de indios mejicanos y tlaxcaltecas, con otro

cuerpo de cakchiqueles dirigido por sus mismos reyes, marchó a la

guerra. Costeó la laguna, venció a sus enemigos y entró en Atitlán,

cuya ciudad se hallaba edificada sobre las inmediatas rocas del citado

lago. El reino de los tzutohiles se entregó al vencedor. Recorrió

Alvarado el país, llevando por todas partes la destrucción y la muerte.

Ayudóle en la empresa su hermano Jorge de Alvarado.

[71] Los cronistas españoles hacen un solo personaje de los

dos príncipes cakchiqueles y le dan el nombre de Sinacan.

En una de sus excursiones Pedro de Alvarado llegó a Atehuán, «la

primera de las poblaciones sujetas al grande y poderoso señorío de

Cuscatlán, que comprendía una gran parte de lo que hoy constituye la

República del Salvador»[72]. En Atehuán se presentó a Alvarado una

comisión de los señores del reino ofreciendo obediencia al soberano

de Castilla. Pasó a la capital de Cuscatlán, y receloso también de

aquellos habitantes, formó un proceso por el cual condenó a muerte

de horca a los señores de aquella población y vendió a muchos como

esclavos, para con el precio pagar la compra de once caballos que

habían muerto en el combate, como también las armas y útiles de guerra

perdidos[73]. «Y yo vide--dice el obispo Las Casas--al fijo del señor

principal de aquella ciudad herrado.» No cabe duda alguna que los

prisioneros hechos en Cuscatlán fueron herrados como esclavos[74].

Animo valeroso y sobresalientes dotes militares mostró el capitán

español en esta campaña; y «en ninguna parte, quizá--escribe ilustre

historiador--se verificó la conquista con mayor brutalidad; en ninguna

parte los indios fueron maltratados más inútilmente. El carácter

violento de Alvarado y su codicia sin freno fueron la causa de todo el

mal.»

[72] Milla, _Historia de la América central_, tomo I, pág. 93.

[73] Segunda carta de Alvarado a Cortés.--Colección de Barcia.

[74] Proceso de residencia en el año 1529 contra Pedro de

Alvarado. México, 1847.

Emprendió la marcha de regreso, dejando para más adelante la conclusión

de la conquista de Cuscatlán y la de otras grandes ciudades que estaban

más al interior, y llegó el 21 de julio a Iximché, capital de los

cakchiqueles, donde se detuvo, y en nombre del rey de España, echó

los cimientos de la ciudad que llamó _Santiago de los Caballeros_ (25

julio 1524)[75]. En seguida procedió a constituir el Ayuntamiento,

nombrando a Diego de Rojas y Baltasar de Mendoza, alcaldes; a D.

Pedro y Hernán Carrillo regidores, y todos juntos eligieron por

escribano del cabildo a Alonso de Reguera. Ya el 12 de agosto del

mismo año se recibieron como vecinos cien españoles. Posteriormente, y

desconociendo los motivos que debió haber para ello, la ciudad--según

varios y auténticos datos--se hubo de trasladar a otro lugar. También

Pedro de Alvarado, en el año 1525, fundó el pueblo que se llamó _San

Salvador_. Dos años después, esto es, el 22 de noviembre de 1527, Jorge

de Alvarado--pues su hermano D. Pedro se hallaba en España--[76],

defendiendo ante la corte su conducta como político y administrador,

fundó nueva ciudad en _Almolonga_. Cuéntase que Jorge, rudo soldado,

dijo al escribano: «Asentá, escribano, que yo por virtud de los poderes

que tengo de los gobernadores de Su Majestad, con acuerdo y parecer

de los alcaldes y regidores que están presentes, asiento y pueblo

aquí en este sitio ciudad de Santiago, el cual dicho sitio es término

de la provincia de Guatimala.» Dispuso Alvarado la traza de la nueva

ciudad en dirección de Norte a Sur y de Este a Oeste. Colocó la plaza

en el centro, y dando a ella dispuso la fábrica de la iglesia, bajo

la advocación de _Santiago_, prometiendo festejarlo «con vísperas y

su misa solemne, conforme a la tierra y al aparejo de ella, y más que

la regocijaremos con toros _cuando los haya_, y con juegos de cañas y

otros placeres.» Señaló además sitio para un hospital, para una capilla

y adoratorio de Nuestra Señora de los Remedios, para cabildo, cárcel y

propios de la ciudad. Luego, poco a poco, los vecinos de la primitiva

población de Santiago se trasladaron a la nueva. Perfectamente situada,

creció de un modo extraordinario el número de sus habitantes.

[75] Remesal y otros cronistas antiguos, como también

historiadores modernos, dicen, con error manifiesto, que la

primera ciudad de Guatemala se fundó en Almolonga.

[76] Llegó el citado año de 1527.

Creemos de alguna utilidad trasladar aquí varios hechos relatados

por el cronista Herrera. Después de decir que la guerra de Pedro

de Alvarado en Guatemala terminó el 25 de abril de 1524, añade lo

siguiente: «Es aquella provincia rica de mucha gente, muchos pueblos

y grandes, y abundante de mantenimientos, y de un licor que parece

aceite, y de tan buen azufre, que sin refinar hicieron los soldados

excelente pólvora...»[77]. Añade el laborioso cronista que la

ciudad de Guatemala era muy fuerte, las calles angostas y las casas

espesas; tenía dos puertas a las cuales se llegaba, a una, subiendo

30 escalones, y a la otra por una calzada...[78]. Alvarado fué bien

recibido y hospedado en dicha población, recorriendo la tierra y

sujetándola por la fuerza de las armas, no sin la eficaz ayuda de su

hermano Jorge. Usaban los indios grandes flechas y lanzas de treinta

palmos. Escribe el citado cronista que Guatemala, llamada por los

indios _Guautemallac_, significa _árbol podrido_. Hace notar que la

ciudad de Santiago se halla entre dos montes de fuego o volcanes, cerca

de ella uno, y a dos leguas el otro. También dice que la tierra es

sana, fértil, rica y de mucho pasto; produce gran cantidad de maíz,

cacao, algodón, etc. Las mujeres son honradas y excelentes hilanderas;

los hombres, muy gruesos, y diestros flecheros[79].

[77] _Década_ III, lib. V, capítulo X.

[78] Ibidem.

[79] _Década_ III, lib. V, cap. XI.

En tanto que Jorge de Alvarado se ocupaba en dar vida a la nueva

población de Santiago y en tanto que los misioneros iban de una

a otra parte predicando la religión cristiana y extendiendo la

cultura, Pedro de Alvarado continuaba en la corte de España. Si en

Guatemala encontró muchos censores de su conducta--y por ello hubo

de dirigirse a España--en la corte se hallaba, entre otros enemigos,

Gonzalo Mexía, quien le acusó de haber tomado gran cantidad de oro,

plata, perlas y otros objetos valiosos, sin dar cantidad alguna a los

demás conquistadores, y sin pagar el quinto que correspondía al Rey.

Igualmente le hacía cargos de no haber dado cuenta de su residencia en

los diferentes empleos o servicios que desempeñó. Alvarado, conocedor

de tribunales y de empleados, procuró ganar la voluntad del comendador

Francisco de los Cobos, secretario del Consejo de Indias y gran privado

del Emperador. Consiguió semejante apoyo porque hubo de casarse con

doña Francisca de la Cueva, sobrina del duque de Alburquerque, familia

a la cual protegía Cobos. Se alzó el embargo de su haber, se le dió el

título de _Don_, se le agració con la cruz de comendador de la Orden

de Santiago y se le nombró por Real Despacho, librado en Burgos el 18

de diciembre de 1527, gobernador y capitán general de Guatemala y sus

provincias con 572.500 maravedises de salario. También debió recibir

entonces el título de Adelantado, pues desde aquella época comenzó a

usarlo. A mediados del año 1528 se embarcó para Vera Cruz.

Entretanto, habían ocurrido sucesos de alguna importancia en la América

Central. Sostenía Pedrarias que lo mismo Nicaragua que Honduras

pertenecían al distrito de Castilla del Oro, y todo esto fué motivo de

discordias y guerras.

Arribó Pedro de Alvarado a Vera Cruz, acompañado de su mujer doña

Francisca y de varios altos empleados, teniendo la desgracia de que

muriese aquélla poco después de su llegada. En México tampoco encontró

amigos capitán tan valeroso, viéndose obligado a delegar la dirección

política de Guatemala en su hermano Jorge.

Arreglados luego sus asuntos, en abril de 1530 salió de México y se

puso al frente de su citado gobierno de Guatemala. Su idea constante

era preparar una expedición que saliese por el Océano Pacífico en

busca de las islas de la Especería, variando luego de opinión ante las

noticias que tuvo de los brillantes resultados obtenidos en el Perú por

los Pizarros. Entre las seguras riquezas que encontraría en el Perú y

las poco seguras que ofrecían las islas de la Especería, se decidió por

lo primero.

En los últimos días del año 1533 o comienzos del 1534--como se dirá más

extensamente en el capítulo VII--hizo una expedición al Perú. Durante

su ausencia se encargó del gobierno y de la capitanía general de

Guatemala, como cuatro años antes, su hermano Jorge. Llegó a Riobamba,

retirándose desde allí después de celebrar un convenio con Almagro.

Hacia fines del año 1535 volvió el Adelantado Don Pedro a Guatemala de

regreso de su expedición, siendo recibido con públicas demostraciones

de alegría, aunque no había motivo para tales regocijos. Por entonces,

Bartolomé de Las Casas, el protector de los indios, acompañado de

algunos religiosos dominicos, pasó de Nicaragua a Guatemala. Si

Alvarado había pacificado a los indígenas por el terror, Las Casas

se proponía atraérselos por el amor. Es el caso que en las tierras

vecinas al golfo de Honduras, los españoles habían sido rechazados por

los belicosos indios, hasta el punto que aquella región se le llamaba

_tierra de guerra_. El _Apóstol de los indios_ hizo componer en lengua

quiché sencillas canciones, las cuales aprendieron a cantar algunos

indígenas sometidos. Aquellos indígenas, haciendo de mercaderes, se

presentaron en la _tierra de guerra_, llamando pronto la atención por

la variedad de objetos que vendían, por la novedad del canto y de

la música. Ocasión tuvieron los nuevos discípulos de los dominicos

para hablar a los salvajes de unos hombres que miraban en poco las

riquezas y los placeres, pensando únicamente en predicar su religión y

consolar a los desgraciados. De este modo Las Casas y sus misioneros

lograron penetrar en el interior del país, atrayendo aquellas gentes al

cristianismo y convirtiéndolas a la civilización. Con razón la _tierra

de guerra_ fué llamada desde entonces _provincia de Vera-Paz_.

Alvarado, para asuntos particulares, hizo un viaje a España. Durante

su estancia en la metrópoli solicitó la mano de Doña Beatriz, hermana

de su primera mujer. A su vuelta a Guatemala vivieron con una

magnificencia y suntuosidad propias de reyes. «Las joyas que poseía la

señora--escribe Remesal--eran tan numerosas y ricas, que no las tendría

más y mejores un grande de España de muy distinguida casa.»

Alvarado, a su gobierno de Guatemala, unió el de la provincia de

Honduras, que hasta entonces había sido independiente. Contrariedad

no pequeña fué para el Adelantado cuando supo, que, a los pocos días

de haber salido de Guatemala para Honduras, llegó a aquella ciudad el

visitador Maldonado, quien presentó los despachos y fué recibido al

ejercicio de su cargo el 11 de mayo de 1536.

Por lo que se refiere al territorio que al presente denominamos

República del _Salvador_, según queda apuntado arriba, formaba en el

siglo XVI el señorío de Cucatlán, cuya población más importante era

Atehuán. Aunque Alvarado fué recibido con toda clase de respetos y

consideraciones de parte de los _chontales_ y de los _pipiles_, tribus

que gozaban del mayor prestigio, él, como también se indicó en este

mismo capítulo, hizo herrar como esclavos a muchos indígenas, peleando

luego con los que le hicieron resistencia. Si por lo riguroso de la

estación se retiró a la capital de los cakchiqueles el 21 de julio de

1523, volvió en el año 1525 y se hizo dueño de todo el país. Dícese que

en el mencionado año de 1525 ya existía en aquel país una villa con

el nombre de San Salvador, cuyo alcalde se llamaba Diego Holguín[80].

Posteriormente, Martín Estete, por orden de Pedrarias, se dirigió

con 110 infantes y 90 caballos hacia San Salvador. Estete fundó una

población que denominó _Ciudad de los caballeros_; pero su carácter

agrio y tiránico se atrajo la enemiga de sus soldados y el odio de los

indios.

[80] _Libro de Actas del Ayuntamiento de Guatemala_, sesión

del 6 de mayo de MDXXV años. Juarros y otros escritores

afirman que la fundación de San Salvador no se verificó hasta

abril de 1528.

Cuando en los comienzos del siglo XVI descubrieron los españoles

las costas de _Honduras_[81], encontraron los siguientes pueblos:

1.º los _chortises de Sesenti_, pertenecientes a la familia de los

quichés, cachimeles y mayas. 2.º los _lencas_, que bajo los nombres

de chontales, payas e hicaques o xicaques habitaron después en los

distritos de Olancho, Comayagua, Choluteca y Tegucigalpa. 3.º los

salvajes de la costa de Mosquitos.

[81] El nombre del país se debe--según se dice--a las honduras

o fondos que los primeros pobladores hallaron en sus costas.

Cuando salieron a tierra llana, exclamaron: _¡Bendito sea

Dios, que hemos salido de estas Honduras!_

Ya sabemos que Cristóbal Colón, en su cuarto y último viaje, llegó a la

isla de los Pinos (hoy de Guanaja) «primera tierra centroamericana que

descubrieron los europeos en el siglo XVI» (30 julio 1502); tocó tierra

firme donde a la sazón se halla el puerto de Trujillo, pasando tiempo

adelante a las orillas del Río Tinto, y allí tomó posesión de aquella

tierra, que llamó de Honduras. Continuó navegando a lo largo de la

costa de los Mosquitos y de la actual República de Costa Rica, llegando

hasta los confines de la provincia de Veragua.

Realizáronse sucesos que no demandan atenta consideración, y sólo

apuntaremos que allá por el año 1530 los indígenas de Honduras se

hallaban contentos bajo el mando del capitán Alonso Ortiz porque «los

trataba bien»[82]. Pasados dos años, el contador Andrés de Cereceda

y el licenciado Vasco de Herrera dirigieron la administración de

Honduras, si bien encontraron ruda oposición en los regidores de la

ciudad, quienes hubieron de destituir al citado Vasco de Herrera.

Motivo fué esto de serios disgustos entre Vasco y Diego Méndez, y que

terminaron con el asesinato del primero. Apoderado Méndez del gobierno

(1532), hizo jurar a todos fidelidad y mandó reducir a prisión a

Cereceda. Tanta fué la tiranía de Méndez, que se conjuraron veinte

hombres, _los mejores y más honrados_, según frase del historiador

Herrera, para matarle[83]. Los veinte conjurados, partidarios de

Cereceda, asaltaron la casa del Gobernador y le redujeron a prisión, no

sin que de aquéllos hubiese cuatro heridos y de la parte de Méndez un

muerto. Mediante un proceso, Méndez fué condenado a muerte, y otros,

sin proceso alguno, sufrieron la misma pena. Cereceda, hombre cruel y

vengativo, se atrajo el odio de los castellanos y de los indígenas.

Parecía que Dios había abandonado a Honduras, por cuanto en este año

de 1532 las enfermedades y el hambre ocasionaron muchas víctimas en el

país.

[82] Herrera, _Década IV_, lib. VII, cap. IV.

[83] _Década V_, lib. I, cap. X.

Acertado estuvo el Rey al presentar para el obispado de Honduras a D.

Cristóbal de Pedraza. También pensó lo conveniente que sería establecer

una Audiencia, considerando la mucha distancia que había a la de Santo

Domingo (1534).

En el año siguiente llegó a Honduras Cristóbal de la Cueva, mandado

por Jorge de Alvarado. Mediaron varias pláticas entre D. Cristóbal y

Cereceda, hasta que al fin vinieron a un acuerdo, que fué roto poco

después (1535). Cereceda era cada día más cruel, y por ello Pedro de

Alvarado, que residía en Santiago de los Caballeros (Guatemala), se

decidió a socorrer a los de Honduras, coincidiendo este hecho con

el nombramiento que hizo el Rey de gobernador de Honduras a favor

de Francisco de Montejo. En tanto que Montejo se disponía a ir a

Honduras, llegó Pedro de Alvarado (1536), quien recibió por renuncia

de Cereceda la gobernación de dicha provincia. Cuando Alvarado comenzó

a pacificar la tierra y en el Puerto de Caballos echó los cimientos

de una población que llamó _San Juan_, y Juan de Chaves, uno de sus

servidores, dió principio a una buena población, por medio de la

cual pudieran comunicarse las provincias de Honduras y Guatemala,

se presentó Francisco de Montejo. La población que hizo Chaves se

llamó _Gracias a Dios_, y se cuenta que después de recorrer sierras y

montañas, halló tierra buena, exclamando entonces su gente: _Gracias a

Dios que habemos hallado tierra llana_. Aquella gente recordaba que el

Almirante en su cuarto viaje dió al próximo cabo el nombre de _Gracias

a Dios_.

Respecto al gobierno de Montejo, lo primero que hizo fué quitar la

representación a las personas nombradas por Alvarado, tomando él lo

mejor para sí y lo demás lo dió a sus amigos (1536)[84]. Tuvo que

sofocar un levantamiento de los indios, cuyo jefe, llamado Lempira,

hombre prudente y valeroso, puso en gran aprieto a los castellanos,

acabando al fin sus días por un tiro de arcabuz (1537). Con la muerte

de Lempira entró la confusión entre los indios; unos se despeñaron por

aquellas sierras próximas a la ciudad de Gracias a Dios, y otros se

rindieron.

[84] Véase Herrera, _Década VI_, lib. I, cap IX.

Cuando creía Montejo que iba a gozar de paz y de tranquilidad, se

presentó, procedente de Castilla, en Puerto de Caballos, el Adelantado

Don Pedro de Alvarado. Venía con su mujer y mucha gente de guerra.

«Traía--escribe Herrera--el obispado de aquella provincia de Honduras

para el licenciado Cristóbal de Pedraza, protector de los indios»[85].

En seguida se encargó de la gobernación de Honduras, no sin disgusto

de Montejo, quien hubo de resignarse cuando vió la provisión real.

Ajustóse la paz entre ambos gobernadores por mediación del dicho

prelado. Montejo tuvo que pagar buena cantidad de ducados; pero recibió

el gobierno de Chiapa, población que era de Guatemala. A su vez

Alvarado dejó la gobernación de Honduras al capitán Alonso de Cáceres,

«y desde entonces--según Herrera--hubo paz en Honduras, porque en

muchos años siempre sucedían en aquella provincia robos, opresiones y

tiranías, por los malos e injustos gobernadores»[86]. Inmediatamente

salió para Guatemala Pedro de Alvarado (1539), donde los Padres Fr.

Bartolomé de las Casas y Fr. Rodrigo de Andrade predicaban el Evangelio

a los indios.

[85] _Década VI_, lib. VII, cap. IV.

[86] _Década VI_, lib. VII, cap. IV.

Por algún tiempo tuvieron el mismo gobernador Honduras y Guatemala;

luego, cuando D. Antonio de Mendoza, virrey de Nueva España, dispuso

que las dos provincias recibiesen al licenciado Alonso Maldonado,

los de Honduras no quisieron y nombraron al veedor Diego García de

Celis (1542). Posteriormente, sublevados los negros del territorio de

Honduras, no pudieron hacer frente a las fuerzas que contra ellos mandó

la Audiencia, siendo pronto vencidos y castigados con rigor (1548).

Habiendo tratado de las expediciones a _Nicaragua_ realizadas por

Gil González Dávila y por Francisco Hernández de Córdoba[87],

consideremos la conquista del país. Tomó parte en ella la Audiencia

de Santo Domingo. Los oidores de dicha Audiencia, que sabían que

Gil González era el descubridor de Nicaragua, no tomaban a bien que

Pedrarias Dávila la ocupase, pareciéndoles más justo que continuara

gobernándola, en nombre de aquel alto Tribunal, Francisco Hernández.

Conociendo Pedrarias el caso, determinó ir a Nicaragua, ya para

castigar á Hernández, ya para que no se metiese en el país Hernán

Cortés. En efecto, al comenzar el año 1526, Pedrarias salió de Panamá

para Nicaragua, llegó a la ciudad de León, puso preso á Francisco

Hernández y le hizo cortar la cabeza. Después de dejar el mejor arreglo

que pudo en Nicaragua, en cuya tierra se hallaban establecidos los

_chapanecas_, se volvió a Panamá, en tanto que Diego López de Salcedo

pasó desde Trujillos a Nicaragua o al _Nuevo Reino de León_, como él

llamaba al país; también Pedro de los Ríos, gobernador de Castilla del

Oro, se presentó en la misma provincia, de la cual le hizo salir el

citado López de Salcedo, quien hubo de realizar reformas importantes

lo mismo en el orden administrativo que en el religioso. Así las

cosas, Pedrarias Dávila mandó detallada relación al Rey del estado

de Nicaragua, no sin declarar las causas que tuvo para degollar a

Francisco Hernández; también manifestó que Gil González Dávila era

muerto. Como Pedrarias prometía sacar de la provincia grandes riquezas,

se le envió el título de Gobernador, ordenando a Diego López de Salcedo

y a Pedro de los Ríos que no se metiesen en las cosas de Nicaragua.

Fué presentado por obispo de Nicaragua Diego Alvarez de Osorio; se

dispuso que se hiciese un convento de frailes dominicos y allá se

dirigió con la idea de convertir a los naturales Fray Bartolomé de Las

Casas. Duro en su gobierno se manifestó Pedrarias. Puso preso a Diego

López de Salcedo y disgustó a los indios. Tanta ojeriza habían cobrado

los indios a sus dominadores, que hacía dos años que no dormían con

sus mujeres para que éstas no diesen esclavos a dichos castellanos.

No sólo odiaban á Pedrarias los indios; los castellanos se quejaban

del mismo modo de su conducta. Hasta en las elecciones de alcaldes y

regidores se notaba la arbitrariedad del Gobernador, el cual elegía

aquellas autoridades entre sus criados y dependientes. Cuando le

censuraban por ello, decía que tenía cédula del Rey para hacerlo. Como

escribe Herrera, en Nicaragua no se vivía con justicia ni quietud[88].

Murió Pedrarias en los últimos días de julio de 1531, en la ciudad

de León «a tiempo que se le había concedido licencia de dos años

para venir a Castilla, y que se le había hecho merced de la vara de

alguacil mayor de Nicaragua para sus herederos, en la cual nombró a su

hijo Arias Gonzalo y por alcalde de una de las fortalezas de aquella

provincia...»[89].

[87] Tomo I, cap. XXIX.

[88] _Década VI_, lib. VII, cap. IV.

[89] Herrera, _Década IV_, libro IX, capítulo XV.

Desempeñó interinamente el cargo de Gobernador el licenciado Castañeda,

hombre injusto, inmoral y altanero. Continuó el malestar en la

provincia, que aumentó por las epidemias y el hambre, hasta el punto

que lo mismo en dicha provincia, que en la de Honduras, se recordó

por mucho tiempo el tristísimo año de 1532. Ausentóse del país el

licenciado Castañeda, dejando en su lugar al obispo Garci Alvarez

Osorio; pero el regimiento de la ciudad de León suplicó al Rey que el

nombramiento de Gobernador se hiciese en persona que hubiera estado en

las Indias, y proponía al capitán Francisco de Barrionuevo, gobernador

de Castilla del Oro, o al licenciado de la Gama.

En la corte se trató por el año 1534 de establecer Audiencias, no sólo

en Honduras--como antes se dijo--, sino también en Nicaragua y en

alguna otra provincia. Demás de esto, deseoso el Rey en dar paz a la

mencionada provincia de Nicaragua, nombró como gobernador a Rodrigo

de Contreras, que casó con Doña María de Peñalosa, hija de Pedrarias

Dávila, la misma que estuvo prometida a Vasco Núñez de Balboa. Apenas

tomó posesión de su destino, comenzó a entender en la residencia

del licenciado Castañeda, quien, como viese mal el asunto, hubo de

marcharse a Castilla, adonde la Audiencia le mandó prender y secuestrar

los bienes. Por entonces se presentó en Nicaragua, procedente de

México, el P. Las Casas, que no tardó en declararse enemigo del

Gobernador y protector de los indios. A tal extremo llegaron las cosas,

que habiendo intentado el obispo Alvarez Osorio poner paz entre el

Gobernador y el fraile, sólo logró que se encendieran más las pasiones,

teniendo Rodrigo de Contreras que acudir en queja al Rey, mientras el

P. Las Casas marchó a Castilla decidido a favorecer a los indios en

contra de la _demasiada libertad de los gobernadores y soltura de los

soldados_[90]. Al obispo Alvarez Osorio, que murió por entonces, le

sucedió Fray Antonio de Valdivieso. No hay palabras para reprobar la

conducta de Rodrigo de Contreras. «Si á V. M.--dice atenta y razonada

Exposición--hobiesemos de facer relacion de todo lo que en esta

tierra ha subcedido de nueve años á esta parte, que ha que Rodrigo de

Contreras ha gobernado, sería facer un proceso muy grande, é de cosas

que dudamos V. M. pudiese creer»[91]. Por su ineptitud, torpeza o malas

inclinaciones, su nombre fué aborrecido de los indígenas. Por mucho

tiempo se recordó en el país la mala administración de dicho gobernante.

[90] Herrera, _Década VI_, libro I, capítulo VIII.

[91] _Colec. de doc. inéd._, etc., tomo VII.

Descubierta _Costa Rica_ por Cristóbal Colón en el año 1502[92],

fué la primera de las provincias del antiguo reino de Guatemala que

conquistaron los españoles. Dentro de la provincia llamada Castilla del

Oro, provincia que se extendía desde el golfo de Urabá hasta el cabo

de Gracias a Dios, se hallaba el territorio de Costa Rica. Bajo el

punto de vista etnográfico, las razas primitivas de Costa Rica eran:

los _chorotegas_ o _mangues_, que habitaban la región del Noroeste,

hacia el golfo de Nicoya, que se corrían hacia el Salvador, Chiapas

y Nicaragua; los _cotos_ o _bruncas_ debieron vivir al Sur y al

Sudeste de la cordillera; y los _güetares_ al Oeste de Nicoya y de los

chorotegas[93].

[92] Véase capítulo XXIII del tomo I.

[93] _Enciclopedia Universal Ilustrada_, tomo XV, pág. 1.208.

A Diego de Nicuesa, nombrado gobernador de Castilla del Oro (1508), le

sucedió Pedrarias Dávila (1513), y poco después el licenciado Gaspar

de Espinosa, alcalde mayor[94]. En busca de oro, allá por el año 1520,

se dirigió Espinosa hacia _Burica_ (hoy Boruca) en la actual República

de Costa Rica. Llamábase Urraca el cacique de Burica, hombre tan osado

como valiente. Reñido fué el combate entre los castellanos de Espinosa

y los indios de Urraca, y mal lo hubieran pasado los primeros sin el

auxilio de Hernando de Soto, que, por orden de Francisco Pizarro, hacía

a la sazón una correría por aquellas inmediaciones. Embarcóse Espinosa

y siguió la costa, tocando tierra en seguida, no sin encontrar tenaz

resistencia en otros indios, aunque la vista sólo de los caballos les

aterraba, creyendo que eran monstruos marinos. Retiróse Espinosa a

Panamá, llamado por Pedrarias, dejando en Burica al capitán Francisco

Campañón con un destacamento.

[94] A la sazón el ducado de Veragua quedó separado de

Castilla del Oro.

Cuando Urraca tuvo de ello noticia, cayó sobre Campañón, en tanto que

el citado capitán enviaba dos mensajeros a Pizarro dándole cuenta de

su apurada situación. En buen hora llegaron los refuerzos, porque ya

se hallaba sitiado por el valeroso Urraca. Posteriormente el mismo

Pedrarias con ciento cincuenta hombres y algunas piezas de artillería,

se dirigió contra los indios, llevando por capitán de su guardia a

Francisco Pizarro, tan famoso en la Historia del Nuevo Mundo. Urraca,

con la ayuda del cacique Exqueguá, se dispuso a la pelea. Casi todo

un día duró el combate, retirándose al fin los indios, que fueron

perseguidos. Pedrarias, habiendo dejado al capitán Diego de Albitez

por teniente suyo, regresó a Panamá (1520). Entre Albitez y Urraca

no cesaron las hostilidades. Al año siguiente, Campañón, sucesor de

Albitez, continuó la guerra contra Urraca; pero cansado el capitán

español de luchar un día y otro día, le propuso honrosa paz. Fiado

Urraca en la palabra de Campañón, se presentó en el pueblo y al momento

fué reducido a prisión y cargado de cadenas. Evadióse de la prisión y

sostuvo larga guerra, muriendo al fin con la pena de no haber podido

arrojar a los invasores[95]. No dejó de ser Costa Rica campo abonado

para las conquistas de los españoles. Cuando Pedro de Alvarado, allá

por el año 1527, se defendía en España de los cargos que se le hacían,

su hermano Jorge penetró hasta Costa Rica, sometiendo algunos pueblos

de indígenas. Tiempo adelante, el año 1542, hizo Diego Gutiérrez un

asiento o convenio con el Rey para conquistar y poblar la provincia de

Cartago, desde la bahía de Cerebaro hasta el cabo Camarón, en el río

Grande (el San Juan)[96]. (Apéndice B.)

[95] Herrera, _Década II_, lib. IV, cap. IX.

[96] Recuérdese que en el año 1534 Felipe Gutiérrez fué

nombrado gobernador de Veragua, cuyos límites eran «desde

donde se acaban los de la gobernación de Castilla del Oro,

llamada Tierra Firme, y fueron señalados a Pedrarias Dávila

y a Pedro de los Ríos, gobernadores que fueron de la dicha

provincia, hasta el cabo de Gracias a Dios.» Un pleito

contra la corona por D. Diego Colón, hijo del Almirante

D. Cristóbal (comenzado en 1508 y terminado en 1537) se

resolvió, adjudicándose a D. Luis Colón un territorio de 25

leguas en cuadro desde el río Belén al Occidente y Sur. En

nuestros días la República de Costa Rica intentó probar que

el ducado de Veragua estuvo incluído durante la dominación

española en dicho Estado, sosteniendo lo contrario la

República de Colombia y decidiendo la cuestión en contra de

las pretensiones de Costa Rica el Presidente de la República

francesa.

Terminaremos la conquista de la América Central, recordando los

siguientes hechos. Tranquilo se hallaba Pedro de Alvarado en su

gobierno de Guatemala, cuando la resolución de asuntos interiores le

obligaron a trasladarse a México para consultar con el virrey Don

Antonio de Mendoza. Sucedió á la sazón un levantamiento de chichimecas

en el distrito de Guadalajara (Reino de la Nueva Galicia). Los

indómitos chichimecas, por no pagar los tributos a sus señores, se

subieron a las cumbres de las sierras y se dispusieron a pelear como

bravos. Contra ellos fué Pedro de Alvarado, quien encontró allí la

muerte (24 junio 1541)[97]. El virrey Mendoza, cediendo a los deseos

de la viuda, Doña Beatriz, conocida desde la muerte de su marido con

el nombre de _La Sin Ventura_[98], nombró gobernador interino de

Guatemala a Don Francisco de la Cueva, hermano de la citada señora.

Del gobierno de Honduras se encargó el tesorero Diego García de Celis.

Terrible desgracia ocurrió en Guatemala bajo el gobierno de la Cueva.

Cuentan las crónicas de aquellos tiempos que copiosa y abundante lluvia

comenzó a caer sobre la ciudad y en sus inmediaciones desde el 8 de

septiembre del año 1541. El día 10 bajó de la montaña, conocida desde

aquella época con el nombre de _Volcán de agua_, terrible inundación,

que destruyó gran parte de Santiago de Guatemala, encontrándose entre

los ahogados Doña Beatriz de la Cueva, viuda del adelantado Don Pedro

de Alvarado, una hija natural del dicho Don Pedro, llamada Ana, de edad

de cinco años, y otras personas distinguidas. Los daños causados por la

tormenta fueron muchos y muy importantes. Don Francisco de la Cueva,

que hacía oficio de gobernador, y el obispo, se portaron perfectamente

en aquel día tristísimo. Los supervivientes, aterrados por desgracia

tan inmensa, se trasladaron una legua más al Norte, donde se encuentra

el valle de Panchoy, fundando allí la tercera ciudad, capital del reino

y hoy arruinada, y a la cual se la conoce con el nombre de la _Antigua_.

[97] De esta campaña se tratará en el capítulo XV de este tomo.

[98] Tanta fué su tristeza, que en adelante no quiso ser

conocida sino con dicho nombre.

Pasamos a relatar ciertos hechos referentes a la conquista de las

Grandes Antillas. Dijimos en el primer tomo de esta obra que Cristóbal

Colón, en su primer viaje, salió el 19 de noviembre de 1492 de Puerto

Príncipe, camino de Babeque, Bohio y Haytí o Baytí. De Puerto Príncipe

no se dirigió directamente a Babeque, pues se entretuvo hasta el 5 de

diciembre en las costas de Cuba. Fondeó en la extremidad occidental

de _Haytí_, isla a la que dió Colón el nombre de _Española_ el

día 6 de dicho mes, comenzando el 7 a explorar sus costas. Tenía

entonces la isla--según Colón--cerca de un millón de habitantes[99],

y estaba habitada por los _cebuneyes_ al Oeste, y por los _aravacos_

en el Centro y Este. Dividíase en cinco partes, gobernadas por sus

respectivos caciques: Caonabo era señor de _Maraguana_, Bohechio de

_Xaragua_, Garionez del país donde se fundó después _Concepción de la

Vega_, Guanagari de la tierra que estaba a orillas del _Artibonito_, y

Cayacoa del _Higuey_. Recordaremos que, habiendo fundado el Almirante

la _Isabela_, primera ciudad europea del Nuevo Mundo, Bartolomé Colón

echó los cimientos de Santo Domingo en el año 1498, sobre la costa

del río Ozama. Dicen unos escritores que el hermano del Almirante dió

el citado nombre a la ciudad en honor de su padre, llamado Domingo;

según otros, por la devoción que tenía a Santo Domingo de Guzmán. En el

correr de los tiempos el nombre de la capital Santo Domingo sustituyó

al de Española, aplicándose después únicamente a la parte oriental de

la isla. El P. Las Casas, cariñoso por demás con los indios, hace subir

a 3.000.000 el número de víctimas que los conquistadores españoles

hicieron en el país[100].

[99] Reclus, _América Central_, pág. 688.

[100] Ibidem.

Descubierta la isla de _Cuba_ por Colón en su primer viaje, y poblada

por los _siboneyes_, fué conquistada en el año 1511 por Diego

Velázquez, gobernador de la Española. Velázquez, con 300 soldados y

acompañado del sacerdote (no fraile a la sazón), Bartolomé de las

Casas, conquistó la isla, no sin derrotar y quemar vivo al cacique

Hatuey. Encargó luego la pacificación del Camagüey al capitán Narváez,

cuyos soldados lo llevaron todo a sangre y fuego. Velázquez fundó las

ciudades de _Baracoa_, _Sancti-Spíritus_, _Puerto Príncipe_, _Santiago

de Cuba_ y la _Habana_. Murió en el año 1524.

Al S. de Cuba se encuentra _Jamaica_, descubierta por Cristóbal Colón

en su segundo viaje, el año 1494. El Almirante la llamó _Santiago_,

nombre que se olvidó pronto. Es una de las grandes Antillas, y en ella

se establecieron los españoles en 1509. Los indígenas, pertenecientes

a la misma raza que los de las otras grandes Antillas, se sometieron

fácilmente; pero a Esquivel, su primer Gobernador, hombre bueno y

compasivo, sucedieron malos conquistadores, cuya obra se redujo a

exterminar a los aborígenes. Una flota que envió Cromwell, se apoderó

de la isla (1655), en la cual sólo se contaban 3.000 habitantes, la

mitad españoles y la otra mitad negros.

Consideremos la isla, que los indios llamaron _Borinquén_, Cristóbal

Colón, _San Juan Bautista_[101], y los españoles, _Puerto Rico_[102].

Se dijo en su lugar correspondiente, que Cristóbal Colón, en su segundo

viaje, descubrió la isla de Puerto Rico. En el año 1508, Juan Ponce de

León, que se hallaba en la Isla Española, solicitó de Nicolás Ovando

permiso para ir a la de San Juan de Puerto Rico. Concedido el permiso,

se dirigió a la citada isla y desembarcó en un sitio, cuyo señor, el

más poderoso de aquella tierra, se llamaba Agueinabá. Los habitantes

tenían color cobrizo, más obscuro que el común de los naturales de

América. Afirman antiguos escritores que era una tierra muy poblada

de gente, y cultivada con tanto esmero, que parecía una huerta. Ponce

de León fué recibido perfectamente por el cacique Agueinabá, y por él

supo que algunos ríos conservaban oro abundante en sus arenas. La isla

tenía pocos llanos, aunque sí muchos valles y altas montañas, numerosos

ríos y algunos puertos, el mejor de ellos el de Puerto Rico. Ovando,

inmediatamente que llegó a España, manifestó al Rey el servicio que

le había hecho Ponce de León con su expedición a la isla. El Monarca

premió a Ponce de León, nombrándole gobernador de Puerto Rico (1510),

_sin que el Almirante_, como dice Herrera, _le pudiese quitar_[103].

[101] El 19 de noviembre de 1493 tomó el Almirante tierra en

la ensenada de Mayagüez, y de la misma isla se hizo a la vela

dicho Almirante el 22 de noviembre de aquel año.

[102] Ya por la mucha riqueza de oro que se halló en ella, ya

porque el puerto era bueno, cerrado y seguro de tormentas.

[103] _Década I_, libro VII, capítulo XIII.

El Gobernador envió presos a España a Juan Cerón y Miguel Díaz,

hechuras del Almirante; fundó una población que llamó _Caparra_ y

otras menos importantes, e hizo el repartimiento de los indios. Entre

los castellanos e indios comenzó la guerra, teniendo la desgracia

Cristóbal de Sotomayor y otros cuatro castellanos de morir a manos de

sus enemigos. Juan Ponce, comprendiendo la gravedad del caso, nombró

tres capitanes para castigar a los revoltosos; los capitanes eran:

Diego de Salazar, Miguel de Toro y Luis de Añasco, los cuales, cada uno

al frente de treinta hombres, triunfaron de los indios. Ponce puso en

paz la isla de Puerto Rico, aunque los indígenas, en su desesperación,

llamaron en su ayuda a los caribes de las islas cercanas.

Posteriormente, disgustado Juan Ponce de León por la vuelta a la isla

de Juan Cerón y Miguel Díaz, se dispuso a realizar descubrimientos de

otras tierras. Al efecto, salió de la isla de San Juan en los primeros

días de marzo de 1512, y pasando por la isla del Viejo, por Caycós

(isleta de los Lucayos), por Amaguayo, por Maneguá, por Guanahani,

llegó a la Florida[104]. Orgulloso con sus descubrimientos, pensando

siempre que eran islas y no tierra firme, marchó a Castilla, esperando

recibir mercedes de la corte. Tantas y tan grandes fueron las quejas

que se dieron al Almirante acerca de Juan Cerón y Miguel Díaz, que,

aconsejado de los Jueces de Apelación y de los Oficiales Reales, les

quitó los Oficios y envió de gobernador al comendador Moscoso. Como

tampoco se portara bien el citado Moscoso, pasó él a la isla, donde

dejó por nuevo Gobernador, al tiempo de marcharse, a Cristóbal de

Mendoza. Mendoza era persona discreta y contuvo las invasiones de los

caribes, cada vez más atrevidos e insolentes.

[104] Véase esta expedición en el tomo I, capítulo XXVI.

Premió el Rey los servicios de Juan Ponce nombrándole Adelantado de

la isla de Bimini y también de la Florida (considerada entonces como

isla); además le ordenó que levantase una fortaleza en la isla de San

Juan para la defensa de los caribes. Tanto miedo llegaron a inspirar

dichas gentes, que se mandó armar tres navíos para correr las islas

que eran guarida de los caribes, dándose el mando de la escuadrilla

al citado Ponce (año de 1514). En los comienzos de mayo de 1515 se

dirigió Ponce a la isla de Guadalupe, donde hizo desembarcar algunos

hombres para recoger agua y leña, y algunas mujeres para que lavasen

la ropa. Los salvajes, que estaban emboscados, mataron á los hombres

y cautivaron las mujeres. Corrido por este suceso Ponce de León, se

retiró con sus naves a San Juan de Puerto Rico, mientras el Gobierno

dió licencia para que todos pudieran armarse contra los caribes y

hacerles esclavos. Disgustado Ponce de León porque la fortuna no se

había mostrado propicia ni en Guadalupe ni en la Florida, volvió a

Cuba, acabando sus días en el año 1521. El Rey dió el Adelantamiento

y las demás mercedes del padre al hijo, cuyo nombre era Luis. Como

diremos al tratar del gobierno de Puerto Rico, la colonización se

hizo con más lentitud que en la Española. «Los comienzos de la

colonización--según Reclus--fueron muy difíciles: huracanes, una

invasión de caribes y la destrucción de los primeros cultivos por las

hormigas, hicieron abandonar la isla, que se repobló lentamente»[105].

(Apéndice C).

[105] _Geografía Universal, América Central, México_, etc.,

pág. 732.

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo II · 第 16 / 141 题