Y para que no hubiera lugar á dudas, una mano con ademán imperativo
mostraba la puerta, oficiosidad un tanto inútil, porque no había más
portal que aquél en la casa.
Los tres balcones del único piso, muy bajos, casi cuadrados, estaban
atestados de flores. En el de en medio, la persiana verde antes de
llegar al barandado, se abombaba al pasar por encima de un listón
saliente de madera; de este modo, la persiana no cubría completamente el
balcón y dejaba al descubierto un letrero que decía: