Granada estaba amenazada.
Los Reyes Católicos, despues de haber conquistado las principales villas
y ciudades del reino, habian acampado delante de Granada, llevando
consigo la flor de sus caballeros.
Y delante de Granada, en la vega, habian levantado su ciudad real.
La ciudad de Santa-Fé.
Un dia aquella ciudad, que solo habia sido antes un real, apareció
cercada de muros.
Cuando aquello vieron los moros desde la Alhambra, se maravillaron
porque la tarde antes no existian aquellos muros, y no podian comprender
cómo se habian levantado en una sola noche.
Aquello era una industria de los cristianos.
Por ella se cantó aquel romance que dice:
Cercada está Santa-Fé
de mucho lienzo encerado.
Pero muy pronto los muros de lienzo se convirtieron en muros de piedra,
y el real de los Reyes Católicos se convirtió en ciudad.
Y á pesar de que aquella ciudad con sus muros, sus torres y su caba, se
levantaba delante de Granada, el rey Boabdil dormia como si hubiese
estado completamente en paz con los cristianos.
Dormia en el mirador de Lindaraja entre los brazos de una esclava.
* * * * *
Lentamente la luz del dia fué creciendo, y la esclava despertó, se
envolvió en su túnica y se sentó en el diván.
Poco despues de la aparicion del alba, un ronco son de atakebiras,
dulzamas y atavales rasgó el espacio, y cuando cesó este clamor
guerrero, se escuchó la voz del mueden de la mezquita del alcázar que
llamaba á la oracion de Azzobih.
Boabdil se levantó, sonrió á la esclava, y fué á hacer su ablucion á la
fuente de la sala de las Dos Hermanas.
Despues se prosternó con el rostro vuelto al oriente, y oró un momento.
Luego fué al diván, se reclinó en él indolentemente é hizo una seña á su
esclava.
Esta se levantó y fué á una puerta.
Salió, y poco despues entraron otras cuatro hermosísimas esclavas.
La una traia un arquilla llena de perfumes y aguas olorosas, la otra una
fuente de oro, la otra un espejo, la otra una rica tohalla.
Las esclavas se arrodillaron, y luego se apoderaron del rey y le
ataviaron.
Despues se retiraron las esclavas, y entraron cuatro walíes escuderos
del rey.
Le armaron; pusiéronle su manto de púrpura sobre los hombros, la espada
al costado, y la corona en la cabeza.
Despues el rey se trasladó á la cámara de Embajadores y recibió á su
corte.
En el patio del Mexuar ondeaba su estandarte.
Los caballeros que le rodeaban, estaban cubiertos de resplandecientes
arneses.
¿Salia Boabdil contra los cristianos?
No: iba á una fiesta de cañas en Bib-Arrambla.