II.

Pero en los tiempos antiguos, era distinto.

La torre de los Siete Suelos, era una magnífica torre.

Alzaba con altivez sus muros orlados de almenas reales.

Ostentaba los bellos mármoles labrados de su ingreso, y los ajimeces

calados del muro, y sus matacanes y sus ladroneras y su ancho cubo,

sobre cuya plataforma vagaban los soldados del rey moro.

El sol al salir alumbraba con alegría aquella puerta.

Pero antes del rey Abul-Walid, la torre de los Siete Suelos, no tenia

unida á sí la terrible tradicion que con ella vive.

Esta tradicion es sombría.

Dícese que todas las noches, al dar el reloj las doce, sale de la torre

un caballero moro, ginete en un caballo blanco sin cabeza, y precedido

por un enorme y lanudo perro blanco, que recorren con la rapidez del

relámpago los bosques de la Alhambra, y que al espirar la última

campanada de las doce, vuelven á la torre y á su último suelo, del que

no vuelven á salir hasta la noche siguiente.

Dícese que el que por acaso vé al _Belludo_ y al _Descabezado_ durante

su brevísima escursion nocturna, esperimenta una desgracia.

Añádese, que el moro que cabalga en el _Descabezado_ es un espíritu

maldito.

Y preguntad á las buenas gentes de los alrededores, si es verdad lo del

perro lanudo y lo del caballo sin cabeza, y os contestarán sin vacilar:

--Yo los he visto, una ó mas veces, y me ha acontecido tal ó cual

desgracia.

Habia un guarda en los bosques de la Alhambra que se llamaba por apodo

_el Coronel_: era un escelente hombre y un escelente cazador, y vivia en

una cueva casi frente por frente de la torre de los Siete Suelos.

Una mañana de invierno el autor subió á la Alhambra.

Hacia un hermoso dia; pero la noche anterior habia sido una noche de

tormenta.

El autor encontró al _Coronel_ sentado tristemente al sol, en el poyo de

piedras que habia junto á la puerta de la cueva.

--Eh, _Coronel_, le dijo; buenos dias: ¿qué hace Vd. ahí tan triste y

tan cariacontecido?

--¡Ay, señor de mi alma! me contestó: anoche, cuando mas arreciaba el

temporal, me dieron tentaciones de salir, porque de estas noches se

valen los matuteros[89], y abrí la puerta á punto que daban las doce: el

_Belludo_ y el _Descabezado_ pasaron junto á mí como alma que lleva el

diablo.

--¡Bah! le dije: estaría Vd. medio dormido.

--¡Cá! no señor: hace diez años los ví otra noche, y al dia siguiente

murió mi muger.

--¿Y qué desgracia le ha sucedido á Vd. ahora?

--¡Se me ha muerto la lebrela!

Cuando un hombre habla con tanta fé, no hay mas recurso que oir y

callar.

Es pues, una tradicion reconocida, creida como un hecho indudable la

existencia en la torre de los Siete Suelos de la Alhambra de un caballo

sin cabeza y de un perro con muchas lanas.

En cuanto á los Siete Suelos misteriosos no están en la torre, sino en

el cubo semicircular de defensa que está situado delante de la

torre[90].

Uno de estos suelos es una galería semicircular, en la cual de trecho en

trecho hay una especie de nicho profundo y abocinado que atraviesa el

muro, en cuya parte esterior hay una piedra con una abertura obalada y

sobre ella una cruz calada.

Aquellos nichos estaban destinados á los escuchas.

En el pavimento, y tambien de trecho en trecho, hay aberturas cuadradas,

respiraderos sin duda, de las galerías inferiores.

Cuando se arroja una piedra por uno de aquellos respiraderos, se la

siente caer retumbando, como en una sima.

En cuanto á los Siete Suelos, estando cegada la escalera que conducia al

tercero, nada puede asegurarse.

Pero cuentan los viejos, que cuando aquellas escaleras no estaban

cegadas se bajaba bien al tercer suelo, pero que en el cuarto la

atmósfera era espesa; que en el quinto no se podia ya respirar, que se

apagaban las luces, por bien preparadas que fuesen, y por último, que

los que se habian atrevido á llegar hasta la escalera que conducia al

sesto piso, habian oido un estruendo sordo y pavoroso, y se habian

vuelto aterrados.

Quede consignado, pues, que en Granada se cree en el _Belludo_ y el

_Descabezado_ de la torre de los Siete Suelos; que se cree dominada la

torre por un encanto, y que nadie ha bajado ni podria bajar hasta el

sétimo suelo.

Veamos ahora la tradicion mora.

La alhambra; leyendas árabes · 第 134 / 311 题